martes, 1 de octubre de 2024

LA NIÑA DE LAS FLORES - PARTE 6 (EPÍLOGO)


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------ Epílogo – Para ti -----

– Escrito por “Gale Kepler” e “Irene Naridza”

Mercedes ya había vuelto con las niñas a casa. Metió el auto directo al garaje, no era buena idea dejarlo fuera ni por un momento. Una vez adentro de la casa, se tumbó en el sofá, estaba exhausta de tanto bailar.

Se quitó los tacones y se puso unas pantuflas de algodón bastante cómodas. Siempre reservaba un par en un armario de zapatos junto a la entrada. Esto alivió sus pies que ya comenzaban a doler un poco. Fue hasta la cocina y se sirvió un poco de agua.

Entonces regresó a la sala donde su hija y su sobrina seguían descansando. Le dio un poco de ternura verlas a ambas con sus lindos vestiditos. – Hora de cambiarse niñas, no querrán arruinar los vestidos. – Dijo la mujer.

– ¿Podemos tomar un último par de fotos? – Preguntó Adelaida, queriendo aprovechar esos últimos momentos con el vestido. Doménica sonrió al escuchar la idea.

-- Está bien, traeré la cámara. – dijo Mercedes. – Tomamos un par durante la boda, pero tienes razón. Hay que usar todo el rollo. – Aseguró la mujer mientras buscaba en su bolso. Entonces tomó un par de fotos, una tras otra, indicando un par de poses a replicar.

Madre e hija sentían que sus corazones se derretían con el nivel de ternura que Adelaida reflejaba en las fotografías.

Mercedes le hizo una seña a su hija. – Ve con tu prima, les tomaré un par de fotos juntas. – Doménica sonrió y de un brinco se unió a Adelaida. Doménica hacia pose tras pose bastante contenta.

Adelaida ya entendía por qué varias mujeres parecían gustarles eso. Lucir sus atuendos era algo vanidoso, pero gratificante. – No siempre puedes verte así de linda – Ahora que Pedro debía ser Adelaida, supuso que debía aprovechar el momento también.

– Aww, que tiernas se ven – Dijo Mercedes bastante conmovida al ver que Doménica había abrazado a Adelaida. – Bien, me uniré a ustedes. – Mercedes se puso entre las dos niñas y se tomó un par de fotos hasta que un sonido familiar indicó que se terminó el rollo fotográfico. – Duró más de lo que esperaba. Son más que suficientes. –

La mujer fue a su habitación donde retiró el rollo de la cámara y lo colocó en su estuche de cartón. Allí le anotó un par de datos con ayuda de un esfero. – Domingo 20 de abril, 2003. – guardó el rollo en su cajón y lo cerró con llave.

Entonces ayudó a Doménica y a Adelaida a sacarse sus vestidos y ponerse algo más cómodo para el resto del día. Era apenas las 15:40 PM.

Adelaida esperaba en la habitación de huéspedes a que su tía le trajera algo para ponerse. Al final trajo un poco de ropa de Doménica. Una camisa blanca y un pantalón celeste. – Lo siento, Pedro. Pero tu ropa todavía no está seca. Aunque, después de usar un vestido, no creo que usar esto sea un problema para ti. – Dijo al poner la ropa en la cama junto a él.

– Está bien… – respondió Pedro. – Pero… ¿podrías seguir llamándome Adelaida mientras estoy aquí? – la petición del pequeño tomó por sorpresa a la mujer, pero accedió. – Si lo prefieres así, está bien. – Dijo mientras sonreía. – Es un nombre lindo después de todo. – agregó.

Mercedes miró como Pedro sonreía de forma tímida antes de salir de la habitación. Fue hasta la planta baja.

Al pasar por el pasillo, encendió una velita en el altar que había hecho en honor para su difunto esposo, quien había fallecido en un accidente de tránsito pocos años atrás. Le dio una sonrisa a la foto de su esposo de cuando era joven, la misma edad de cuando se conocieron.

– Ojalá lo hubieses visto. – Murmuró. Mario había sido un esposo atento e incluso una persona muy abierta. Siempre defendió el derecho de las personas a amar como su corazón dijese. De seguir vivo, le hubiese gustado asistir a la boda de Lurdes y Nadia.

Si bien no estaba legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo. No había trabas para tener ceremonias de unión de ese tipo. Lo cual ya era una victoria. Ver la consumación del amor puro, era algo que siempre celebraba, independientemente del sexo de los protagonistas.

Lo siguiente que hizo fue sentarse en el sofá junto a su hija, que había puesto una película para disfrutar el resto del domingo. A ella le gusto la idea, pues la boda había sido muy agotadora.

Al cabo bajó Pedro con la ropa usual de Doménica y se les unió a ambas. – Oye, ¿esa es mi ropa dominguera? – dijo su prima. – Vaya. Te queda tan bien como el vestido y eso que mides poco menos que yo. – Alagó con una sonrisa. – Gracias. – Respondió Pedro.

La siguiente hora fue de risas y palomitas calientes mientras disfrutaban de la película, una comedia familiar que se estrenó hace un año, pero que seguía sacando tantas sonrisas como la primera vez que la vieron.

Cuando esta terminó. Mercedes decidió hablar de un tema importante con las niñas. – Adelaida. Si tus padres te preguntan cómo fue la boda, procura no decir que las que se casaban eran dos mujeres, mucho menos cual fue tu atuendo. – Sugirió la mujer dando paso a un silencio incómodo en la sala.

– ¿Qué?, ¿por qué? – preguntaron Pedro y Doménica al unísono. – Sé que es difícil tener que ocultar este tipo de cosas. Nadie debería hacerlo. Pero lastimosamente, nuestra sociedad no parece estar lista para esto. – explicó Mercedes con una mirada triste.

– Pero si tratamos de explicarlo, tal vez ellos entiendan. – dijo Pedro, esperanzado. – Lo sé. Pero, algunos adultos son muy rígidos. Ellos no entenderán de la noche a la mañana algo que siempre han entendido de una sola forma. – la mujer intentaba encontrar las palabras para que ellos puedan entender.

– Adelaida. Tus padres no son muy abiertos. Que sepan sobre esto, solo hará que se molesten. No se trata solo de intentar convencerlos. Se trata de protegerte a ti de lo que ellos puedan llegar a hacer si consideran que será lo mejor para, ‘mostrarte el buen camino’ – Mercedes estaba legítimamente preocupada por el futuro de su sobrino.

– De acuerdo, Tía Mercedes. Seré cautelosa. – Respondió Pedro después de analizarlo un poco. Se dio cuenta de que era lo mejor, pues conocía a sus padres. No precisamente malas personas, pero tampoco quería hacer nada que los pusiera a prueba.

– Espero que, de alguna forma, en algún futuro. Todo esto pueda ser considerado normal, como nosotras ya lo hacemos. – dijo la mujer. – Eso no pasará si nos quedamos calladas esperando a que la sociedad cambie sola. – las palabras de Doménica golpearon a su madre con fuerza, eran palabras con verdad.

Mercedes había pasado por mucho acoso por algunos vecinos e incluso Doménica había sufrido en la escuela por intentar proteger a gente homosexual. No podían quedarse indiferentes, pero era algo agotador.

– Si es tu decisión. Intentar mostrarle al mundo que está equivocado. No te voy a detener, pero si te advertiré. Es algo duro, pero también es algo de lo que no te arrepentirás. – Aseguró Mercedes.

Adelaida volvió a sumirse en sus pensamientos y en los recuerdos de esa misma mañana. La sonrisa de Lurdes y Nadia fue algo hermoso, tanto como las parejas usuales. Consideraba que era una felicidad que no debía de negársele a nadie y cualquiera que lo quisiese, era un villano.

– La vida ya está llena de riesgos. Este es uno que vale la pena correr. – dijo Adelaida, poniendo una sonrisa en los rostros de su tía y prima.

JUEVES 20 DE ABRIL, 2023.

Diego y José eran dos hombres que trabajaban en un pequeño restaurante en la Provincia de Imbabura, Ecuador. Era su propio emprendimiento que les había tomado varios años para concretar. Ahora, era su orgullo.

Ahora que tenían su negocio, otro de sus sueños podía estar entre sus planes. La boda perfecta. Hace ya varios años que se había legalizado el matrimonio igualitario en el país, aunque la sociedad no había avanzado de la misma forma.

No tuvieron miedo de anunciarlo a sus familiares e incluso a un par de clientes usuales que venían a comer en su restaurante y con los que ya habían establecido una pequeña amistad.

Una noche, mientras organizaban las cuentas del día. Diego llegó a la oficina con una noticia. – Llegó otro cheque. – dijo con entusiasmo. Sin siquiera ver el cheque, José supuso de donde provenía. – ¿Es de la Fundación Lurdes? –

Dicha fundación ayudaba económicamente a personas homosexuales que tuvieran dificultades en sus vidas. Diego y José habían recibido ayuda de la fundación cuando empezaban con el emprendimiento de su restaurante. Ahora tenían una caja de propinas destinadas para el mismo fin, era su forma de devolver el favor.

– No. Pero es de la misma donante. – Dijo Diego. – Llegó junto a una carta. – se acercó a su prometido mientras abría la hoja de papel que tenía un corto mensaje.

– Queridos Diego y José – José empezó a leer en voz alta. – Me he enterado de que han oficializado su compromiso. Me conmueve ver como su historia ha podido llegar a no un final feliz, si no a un nuevo comienzo. Una nueva etapa en sus vidas en la cual estarán el uno para el otro, en una unión más allá de cualquier lazo o entendimiento común. El amor es algo que solo puede ser descrito por aquellos quienes lo han experimentado. Y ustedes tienen la fortuna de sentirlo en sus corazones, todos los días mientras intercambian miradas y unen sus fuerzas para un mismo fin. Una vida en la que ambos son felices, siendo una sola familia. –

Una lagrima solitaria corría por la mejilla de Diego, José la limpió antes de continuar leyendo.

– Por mi parte, quería asegurarme que este fuese un momento especial para ambos. Por lo que he decidido obsequiarles 3000 dólares para los gastos de su boda. Espero puedan sacarle el mejor provecho, sé que lo harán. He ido varias veces a su restaurante. Son excelentes para gestionar su negocio. Un matrimonio es algo más complejo, pero estoy segura de que podrán hacerlo. Atentamente, Adelaida. –

José tomó de la mano a Diego mientras veían el cheque. Adelaida era una de las principales donadoras e incluso una de las fundadoras de la Fundación Lurdes. Sus vidas eran testimonio del esfuerzo que ella hacía por ver a gente como ellos vivir felices.

Aunque nunca la habían visto, no había palabras para describir lo agradecidos que estaban. Pero sabían que sí había acciones. Era la de tener una boda con todos sus seres queridos presentes y vivir fieles a sí mismos.

Esta historia a llegado a su fin 😊

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-------- Si encuentran alguna falta de ortografía, por favor, háganmelo saber --------


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THE FLOWER GIRL - PART 6 (EPILOGUE)


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------ Epilogue – For You------

-- Written by “Irene Naridza” and “Gale Kepler”

Mercedes had already returned home with the girls. She drove the car straight into the garage; leaving it outside even for a moment wasn’t a good idea. Once inside the house, she collapsed on the couch, exhausted from all the dancing.

She took off her heels and put on some very comfortable cotton slippers. She always kept a pair in a shoe cabinet by the entrance. This relieved her feet, which were already starting to ache a little. She went to the kitchen and poured herself some water.

Then she returned to the living room, where her daughter and niece were still resting. It was heartwarming to see them in their cute little dresses. “Time to get changed, girls, you don’t want to ruin your dresses.” the woman said.

“Can we take one last round of photos?” Adelaida asked, wanting to make the most of her time in the dress. Domenica smiled at the idea.

“Alright, I’ll grab the camera.” Mercedes replied. “We took a few during the wedding, but you’re right. Let’s use up the whole roll.” She assured them as she rummaged through her purse. Then she took a few pictures, one after another, suggesting a couple of poses for them to replicate.

Mother and daughter felt their hearts melt with the tenderness that Adelaida reflected in the photos.

Mercedes gestured to her daughter. “Go with your cousin. I’ll take a few pictures of you two together.” Domenica smiled and, with a jump, joined Adelaida. Domenica kept striking pose after pose, clearly enjoying herself.

Adelaida now understood why many women seemed to like this. Showing off their outfits was vain, but satisfying. “You don’t always get to look this cute.” she thought. Now that Pedro had to be Adelaida, she figured she should also seize the moment.

“Aww, you both look so adorable.” Mercedes said, touched, when she saw that Domenica had hugged Adelaida. “Alright, I’m joining in!” Mercedes positioned herself between the two girls and took a few more pictures until a familiar sound indicated the roll was finished. “It lasted longer than I expected. But these will be more than enough.”

The woman went to her room, removed the roll from the camera, and placed it in its cardboard case. She wrote down a few details with a pen. “Sunday, April 20, 2003.” she noted, before putting the roll in her drawer and locking it.

She then helped Domenica and Adelaida out of their dresses and into something more comfortable for the rest of the day. It was only 3:40 PM.

Adelaida waited in the guest room for her aunt to bring her something to wear. In the end, she brought over some of Domenica’s clothes. A white shirt and light blue pants. “Sorry, Pedro, but your clothes aren’t dry yet. Though, after wearing a dress, I don’t think wearing this will be a problem for you.” she said, placing the clothes on the bed next to him.

“It’s fine…” Pedro replied. “But… could you keep calling me Adelaida while I’m here?” The boy’s request surprised the woman, but she agreed. “If that’s what you prefer, it’s okay” she said, smiling. “It’s a nice name, after all.”

Mercedes watched as Pedro smiled shyly before leaving the room. She went downstairs.

As she walked through the hallway, she lit a candle at the altar she had set up for her late husband, who had passed away in a car accident a few years ago. She smiled at the picture of her husband when he was young, the same age as when they had met.

“I wish you could’ve seen this.” she murmured. Mario had been a loving husband and a very open-minded person. He had always defended the right of people to love as their hearts desired. If he were still alive, he would have loved to attend Lurdes and Nadia’s wedding.

While same-sex marriage wasn’t legalized yet, there were no barriers to having union ceremonies like theirs, which was already a victory. Seeing the consummation of pure love was something he always celebrated, regardless of the genders involved.

The next thing she did was sit on the couch next to her daughter, who had put on a movie to enjoy the rest of the Sunday. She liked the idea, as the wedding had been exhausting.

Soon, Pedro came downstairs, dressed in Domenica’s usual clothes, and joined them. “Hey, is that my Sunday outfit?” his cousin asked. “Wow, it fits you as well as the dress, even since you’re shorter than me.” she complimented with a smile. “Thanks.” Pedro replied.

The next hour was filled with laughter and hot popcorn as they enjoyed the movie, a family comedy that had premiered a year ago but still brought as many smiles as the first time they watched it.

When it was over, Mercedes decided to bring up an important topic with the girls. “Adelaida, if your parents ask you about the wedding, try not to mention that it was two women getting married, much less what your outfit was.” the woman suggested, creating an awkward silence in the room.

“What? Why?” Pedro and Domenica asked in unison. “I know it’s hard to hide these things. No one should have to. But unfortunately, our society doesn’t seem ready for this yet.” Mercedes explained with a sad look.

“But if we try to explain, maybe they’ll understand.” Pedro said hopefully. “I know, but some adults are very rigid. They won’t understand something overnight that they’ve always seen one way.” the woman tried to find the right words for them to grasp.

“Adelaida, your parents aren’t very open-minded. If they find out about this, they’ll only get upset. It’s not just about trying to convince them. It’s about protecting you from what they might do if they think it’s the ‘right thing’ to show you the ‘correct path’” Mercedes was genuinely concerned for her nephew’s future.

“Okay, Aunt Mercedes. I’ll be cautious.” Pedro replied after thinking it over. He realized it was the best course of action, knowing his parents. They weren’t bad people, but he didn’t want to do anything that would test their limits.

“I hope that, somehow, in the future, all of this will be considered normal, as we already do.” the woman said. “That won’t happen if we stay silent, waiting for society to change on its own.” Domenica’s words hit her mother hard. They were true.

Mercedes had faced a lot of harassment from some neighbors, and even Domenica had suffered at school for standing up for homosexual people. They couldn’t remain indifferent, but it was exhausting.

“If it’s your decision to try to show the world it’s wrong, I won’t stop you, but I’ll warn you. It’s tough, but it’s also something you won’t regret.” Mercedes assured her.

Adelaida returned to her thoughts, remembering that same morning. Lurdes and Nadia’s smiles had been beautiful, just like any usual couple. She considered it a happiness that should not be denied to anyone, and anyone who thought otherwise was a villain.

“Life is already full of risks. This is one worth taking.” Adelaida said, putting a smile on her aunt and cousin’s faces.

THURSDAY, APRIL 20, 2023

Diego and Jose were two men who worked at a small restaurant in Imbabura Province, Ecuador. It was their own business, which had taken them several years to establish. Now, it was their pride.

With their business thriving, another dream could now be part of their plans: the perfect wedding. Same-sex marriage had been legalized in the country several years ago, although society hadn’t progressed at the same pace.

They weren’t afraid to announce it to their families and even to a few regular customers who frequented their restaurant and with whom they had already formed a small friendship.

One night, while organizing the day’s accounts, Diego came into the office with some news. “Another check arrived.” he said excitedly. Without even looking at the check, Jose knew where it came from. “Is it from the Lurdes Foundation?”

The foundation helped homosexual people who were struggling in their lives. Diego and Jose had received assistance from the foundation when they were starting their restaurant business. Now they had a tip jar dedicated to the same cause, their way of giving back.

“No, but it’s from the same donor.” Diego said. “It came with a letter.” He approached his fiancé as he opened the piece of paper, which contained a short message.

“Dear Diego and Jose.” Jose began to read aloud. “I’ve heard that you’ve made your engagement official. I’m touched to see how your story hasn’t reached a happy ending, but rather a new beginning. A new chapter in your lives where you will be there for each other, in a bond beyond any common understanding. Love is something that can only be described by those who have experienced it, and you are fortunate to feel it in your hearts every day as you exchange glances and join forces toward the same goal. A life in which you are both happy, being one family.”

A single tear ran down Diego’s cheek, and Jose wiped it away before continuing to read.

“As for me, I wanted to ensure that this would be a special moment for both of you, which is why I’ve decided to gift you $3,000 for your wedding expenses. I hope you make the most of it, and I’m sure you will. I’ve been to your restaurant several times. You are excellent at managing your business. Marriage is something more complex, but I’m confident you will succeed. Sincerely, Adelaida.”

Jose took Diego’s hand as they both looked at the check. Adelaida was one of the main donors and even one of the founders of the Lurdes Foundation. Their lives were a testament to her efforts in helping people like them live happily.

Though they had never met her, there were no words to describe how grateful they were. But they knew there were actions they could take. That action was to have a wedding surrounded by all their loved ones and to live true to themselves.

 

This Story has come to Its End.

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----------- If you find any misspellings or a dead link, please let me know ------------


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viernes, 27 de septiembre de 2024

LA NIÑA DE LAS FLORES - PARTE 5 (FINAL)


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------ Parte 5 – VIVAN LAS NOVIAS (FINAL) -----

– Escrito por “Gale Kepler” e “Irene Naridza”

Después de la comida, retiraron las sillas de frente del altar, dejando espacio libre para una pista de baile. Un hombre se acercó a la grabadora, la misma donde se había reproducido la música nupcial y cambió el cd.

Comenzó a sonar, siendo la invitación para que los invitados y las novias sacaran a sus parejas a bailar. Pronto todos estaban bailando disfrutando del momento. Al centro estaban las dos novias, se habían quitado los tacones para bailar un poco, mientras a su alrededor sus amigos se encargaban de grabar el momento.

Adelaida veía desde la distancia junto a Cecilia bastante feliz grabando con una cámara prestada. – ¿Quieres bailar conmigo? – Le propuso Doménica. – Lo siento, estoy haciéndole compañía a Cecilia, además no sé bailar. – Se excusó Adelaida.

-- No importa, aquí estoy bien, ve. – Doménica la tomó del brazo y la llevó consigo. – Solo muévete como yo. – Indicó mientras comenzaban a imitar los movimientos de los demás invitados tomándose de las manos. Cecilia se encargó de grabarlas también.

Así estuvieron por un momento hasta que Adelaida sintió algo, eran ganas de orinar. –Tengo que ir al baño. – Dijo mientras se retiraba. – Vamos juntas. – Propuso Doménica, le preguntó a una adulta por la ubicación del baño y se dirigió a este junto a su amiga.

A unos pasos fuera del recinto, había una casa blanca, tenía el cartel de “Baños” en el muro del frente. A la izquierda había un cartel con una silueta masculina y la palabra “Caballeros”. A la derecha una silueta femenina y la palabra “Damas”

Adelaida caminó un poco incómoda hacia la izquierda. -- ¿A dónde vas? Ven, acá está el baño de niñas. -- Dijo Doménica. – Por eso, tú sabes que en realidad soy un niño. – Dijo en voz baja, incómoda por la situación. Doménica viró los ojos. – Ahora no. – Tomó del brazo a su prima y la arrastró al interior del baño.

No era la primera vez que estaba en un baño de niñas. Cuando era aún más pequeño, cuando estaba solo con su madre, ella lo llevaba a este baño pues no confiaba que estuviese solo con hombres más grandes que pudiesen tener desconocidas intenciones. Eso cambió cuando creció.

Pero ahora y en este evento nupcial, el pequeño niño feminizado sentía que estaba haciendo algo malo. Se fue a uno de los cubículos y se dio cuenta de un problema, no podía quitarse el vestido por más que intentase llegar al cierre y el lazo.

Salió e intentó pedirle ayuda a su prima. – Oh no. No te saques el vestido para orinar. – Indicó ella. – Solo levántate la falda y usa el baño. No lo olvides, debes sentarte. Ah y no olvides limpiar la taza antes de sentarte. –  Adelaida agradeció las indicaciones y entró nuevamente en el cubículo. Hizo tal como indicó su prima.

Afortunadamente los baños no estaban tan sucios. De hecho, estaban bastante limpios y con pastillas aromatizantes que hacían más ameno el tiempo allí. Se le hizo un poco raro sentarse para orinar, pero admitió que era un poco más cómodo de esa forma.

Una vez terminó fue a lavarse las manos y antes de salir se arregló un poco la falda de su vestido. Ambas primas regresaron a la pista de baile y se toparon con una sorpresa. Romeo estaba en la tarima donde estaba el altar. Él cantaba mientras sus acompañantes tocaban los instrumentos, los invitados seguían bailando.

– Por un único Beso. Con ella soy feliz. Me puedo enamorar, sin necesidad de palabras, cupido los flechará. -- Las novias parecían estar disfrutando mucho la canción. – Romeo volvió. –Exclamó Adelaida. – Llegó con una corona de flores a disculparse por la interrupción. Habló un poco con mamá Nadia y se subió a cantar. – Explicó Cecilia. –Tiene una bonita voz. – Adelaida estuvo de acuerdo.

Romeo tenía una linda voz, pero le llamó la atención el vendaje que tenía en la mano derecha, parecía como si hubiera estado golpeando algo y se hubiera lastimado, incluso notó algo de color rojo.

Adelaida y su familia ya conocían a Romeo, pues era un famoso cantante de bachata, pero verlo allí en esa situación era algo curioso e incluso surrealista. Después de unos minutos le pidió una foto, la cual se la dio sin problemas.

El baile continuó por un momento. Hasta que anunciaron el evento final de la noche. La salida de las novias. – Supongo que debemos despedirnos. – Dijo Cecilia. -- ¿A dónde vas? – Preguntó Adelaida. – A la luna de miel de mis mamás. Es una tradición que los recién casados vayan a la luna de miel, es una especie de vacaciones. Iremos a “DreamWish Landia”, ese que hay en Estados Unidos. – Explicó con emoción.

Tanto Adelaida y Doménica le dieron un abrazo a su amiga. –Espero que podamos volvernos a ver después. – Dijo Cecilia. Adelaida se sintió un poco mal, pues sabía que eso no sería posible por más que quisiera. – Sí, ojalá, pero vivo lejos de aquí. – Contestó apenada. – Eso no importa. Si lo intentas, de seguro nos volveremos a ver todas juntas. – Adelaida se puso pensativa ante lo que dijo su prima.

– Después de esto, no había forma de que “Adelaida” pudiera volver a ser vista. ¿verdad? – Se preguntó a sí misma.

­Un auto blanco apareció a las afueras del recinto, había llegado el momento del último adiós. Los invitados se pusieron a los lados de camino hacia el auto. Por allí pasaron las novias y su hija, su silla de ruedas era movida por la niña de las flores.

Todos arrojaron arroz a su paso. Algunas de las invitadas no pudieron evitar derramar lágrimas de alegría una vez más. Las tres subieron al auto, un convertible abierto.

– Antes de irme. Quisiera agradecer una última vez. – Lurdes comenzó un discurso. – Por muchos años. Me sentí confundida. Sabía lo que sentía, pero sabía a la vez que la gente no entendía eso. Cuando crecí, me enfrenté a una realidad que me decía directa e indirectamente que mi corazón estaba mal y que debía cambiar. Lo intenté de verdad. Me casé con alguien que al principio fue un hombre cariñoso y atento. – La voz de Lurdes comenzó a quebrarse.

– Un día del mes de junio. Mientras paseaba por un parque, encontré a una chica simpática a la que se le había roto el tacón. Como venía de recoger mi ropa en la tintorería, le ofrecí que usara un par de mis zapatos planos. Ella me dio su dirección donde podría ir a recogerlos más tarde. – Miró a Nadia quien sonreía a su lado.

– Le dije que si podía podría visitarme más tarde ese día y yo tendría sus zapatillas lavadas. – Nadia continúo con el relato. – Ella llegó a la hora acordada. Le ofrecí un café pues sus zapatillas aún estaban en mi secadora. Ese día nos quedamos charlando por horas. Cuando nos dimos cuenta de que ya era noche, nos despedimos. Pero no fue la última noche en la que nos vimos. El siguiente día nos volvimos a encontrar en el parque para charlar y lo convertimos en nuestra rutina mañanera. Siempre trotábamos por el parque, compartimos mucho la una de la otra. Nos fuimos conociendo cada vez más. – Todos estaban atentos a la historia.

– Entonces un día. Al despedirnos después de una reunión. Ella me dio un beso en la mejilla y me sentí de manera diferente a las otras veces que hice ese mismo tipo de despedida. Sentí una calidez que nunca había sentido antes. Al otro día. A la hora de despedirnos, en vez de que ella me diera un beso en la mejilla. Yo le di un beso en los labios. Por un momento pensé que cometí un error, pero ella solo sonrió. Desde ese día, nos volvimos más cercanas todavía. Compartimos nuestro número de teléfono y hablábamos por horas en la noche. Un día, mientras teníamos nuestras típicas reuniones. Le pregunté ¿Qué sientes por mí? –

Nadia miró fijamente a la mujer quien ahora era su esposa, recordando esa vez que le hizo la segunda pregunta más importante. – Por un segundo dudé y dije que solo la veía como amiga. No quería perderla, pero ella solo apretó mi mano y me dijo esas palabras que recuerdo hasta ahora. “YO TE AMO” – había un silencio entre los presentes, solo roto por los sollozos de algunos invitados, incluso el de Romeo y sus acompañantes.

– Ese fue un día donde sentí que podía dejar caer un peso que sentía que había estado en mis hombros por mucho tiempo. Era como haber encontrado lo que, sin saberlo, necesitaba. Desde ese día, fuimos amantes. Queríamos estar juntas, finalmente nos habíamos encontrado la una a la otra. Pero aún había un problema, era que yo ya era una mujer casada. Amaba a mi esposo, fue con él con quien tuve a mi amada hija. Pero me di cuenta, de que el amor que sentía por él no era igual al amor que sentía por ella. Por lo que hice lo correcto y me terminé separando de él. – Lurdes no se sentía orgullosa de esa forma de romper con él, pero sabía que era lo correcto, pues ella no podía darle el amor que él buscaba ni él a ella el amor que necesitaba.

– Fue cuando comenzamos a vivir juntas. que le hice la pregunta más importante en mi vida. le pregunté. ¿quieres casarte conmigo? La respuesta. Todos ya la saben. – los presentes, en especial Adelaida aplaudieron por su inspiradora historia.

– Gracias a todos por estar aquí, gracias por acompañarnos en este momento tan especial, pero lo más importante. Gracias por aceptar nuestro amor y que hay más de una forma de hacer las cosas. – Lurdes hablaba con lágrimas en los ojos. – Gracias por apoyarnos cuando más lo necesitábamos. – Concluyó Nadia, esas palabras le llegó al corazón a más de uno.

Cecilia tomaba de la mano a sus dos madres cuando finalmente el motor del auto se encendió. Todos despidieron al auto cuando éste partió.

– VIVAN LAS NOVIAS – fue lo que Adelaida gritó, con sentimientos que venían de su corazón.

Ahora la familia Chabla partía al inicio de esta nueva etapa de sus vidas. listas para vivir la vida como siempre quisieron, amarse sin restricciones. Teniéndose siempre mutuamente.

 

FIN

(El Epílogo saldrá el Miércoles 02 de Octubre)

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UNA MEJOR LETRA - HISTORIA TG

  ------------------------------------------------------------------- Escrita por: “Irene Naridza” IMAGEN IA HECHA POR CHA-GPT: https://chat...