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Escrita por: “Irene Naridza”
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Yo era un hombre llamado Jacinto y vivía en Ecuador. Era un hombre sin hogar. La vida nunca me sonrió, fui huérfano y estuve en las calles desde que el orfanato donde estaba cerró por falta de fondos.
Algunos de los chicos que conocía pudieron asegurarse un techo sobre sus cabezas porque lograron casarse o ir a la cárcel. Estos últimos no duraron nada allí. Una vez terminé dentro por robar piezas de autos, no sé cómo sobreviví.
Robar comida es visto como más noble que robar objetos de valor, pero. ¿En qué creen que gastamos el dinero que obtenemos al vender lo robado? La gente dice que en lugar de robar, deberían buscar trabajo, pero esa misma gente nunca le da trabajo a las personas sin hogar y mucho menos si llegan a tener antecedentes.
Me despertaba debajo de algún puente e iba a buscar comida en comedores municipales o en los basureros de los mercados. Luego iba a pedir limosna o buscar botellas para venderlas en puestos de reciclaje. Por la noche buscaba algún puente o cualquier lugar con cubierta donde intentar descansar.
Así pasaron los días, así los meses y luego los años. Así fué como llegué a los 40 años. Solo vivía porque la única otra opción era la muerte.
Muchos lugares de reciclaje tenían balanzas dañadas para que marcaran menos peso de lo que realmente les dabas. Como limosnero pacífico, no me quedaba más que aguantar esas condiciones. Pelear por eso haría que ya no me quisieran comprar, hubiera muerto de hambre. También podría haber terminado en la cárcel, hubiera terminado muerto.
Lo único que podía hacer era aprender programas de alfabetización pública para gente como yo. Te estafaban menos si sabías contar y calcular el peso de las cosas que llevabas. Además, podía llevar mejor las finanzas de esos pocos billetes que conseguía.
Un día, llovió mucho en el barrio, la zona bajo el puente donde solía dormir ya estaba hacinada con gente peleando por el poco espacio seco que quedaba. Vagando por las calles buscando algún rincón con techo, encontré esas grutas dejadas atrás por la alcaldía.
Era un proyecto para crear líneas de metro, es decir, trenes subterráneos. Una apuesta por modernizar el transporte público. Los únicos trenes que había en Ecuador en ese momento eran meramente turísticos y lucían super viejos.
Esas apuestas no llegaron a ningún lado. La administración anterior lo comenzó a paso realmente lento. Intenté pedir trabajo allí una vez, pero me rechazaron porque apestaba. Aún así, siempre le daba un vistazo. La cantidad de obreros era cada vez menor hasta que un día colocaron rejas y un letrero de; OBRA EN PAUSA.
La nueva administración de ese momento dijo que la obra era irrealizable por lo costosa que era, lo único que prometió era que rellenaría los agujeros ya creados. Por fortuna, tampoco lo habían hecho.
Aunque iba hacia dentro, tenía un canal en la entrada que evitaba la entrada del agua de lluvia. Dentro pude encontrar un lugar algo cálido y seco y otros vagabundos que también buscaban cobijo.
Fue mi nuevo hogar. Aunque conocía poco a la gente de allí, era lo suficiente como para que no te mataran para robarte lo poco que tenía.
Era el pleno año 2000, todos pensaban que para ese entonces, ya todo sería controlado por computadoras robustas y que habría coches voladores. En mi barrio las calles aún eran de tierra y las computadoras eran tan raras como ver un unicornio.
Un día hubo un terremoto, yo apenas despertaba. La tierra caía como lluvia sobre el cartón que era mi cama. Todos intentaban salir corriendo, un agujero en el suelo era el peor lugar para estar en un terremoto.
No alcancé a salir, el techo se derrumbó en frente y detrás de mí, las paredes también cedieron. Todo se quedó en silencio por un momento.
Empecé a gritar solo para confirmar que no estaba muerto. Mi voz resonó en la gruta ahora muy estrecha. Escuché más gente gritando de todas direcciones, también atrapadas. Todos empezamos a gritar por ayuda, rezando para que nos escucharan. Así hasta que se cansaron nuestras gargantas.
Tanteé por las paredes y el suelo, intentando guiarme. Encontré tierra, piedras y basura, mucha basura. Entre ellas, un encendedor de aquellos que fumaban. Por fin pude ver a mi alrededor. Ya no parecía una perforación descuidada, era una gruta irregular en todo sentido.
Caminé un poco, buscando alguna salida, cuando los muros cedieron, abrieron un espacio, estrecho, pero había más de lo mismo. No había salida.
Tenía que apagar el encendedor a ratos porque mi dedo se cansaba o porque se calentaba demasiado. En eso, noté algo brillando en el suelo, al principio pensé que era alguna botella semienterrada. Al no tener nada más que hacer, me acerqué a mirarla de cerca.
Era una especie de jarra de metal muy pequeña. Al acercar el encendedor, mis ojos se abrieron, tenía un brillo inusual. La desenterré como pude y la sostuve con mi mano… mi corazón se aceleró. Parecía oro.
No sería descabellado encontrar algo así, los Incas tuvieron asentamientos por toda la región. Muchos de sus tesoros quedaron enterrados por la tierra y maleza del tiempo. Era un sueño posible.
Recordé una forma de comprobar si un metal era oro auténtico; FROTARLO. El oro no necesita de trapos húmedos ni limpiezas complicadas para relucir. Brilla por sí mismo y para eso bastaba con quitar el polvo que cubría su superficie.
Tallé suavemente con mis dedos y ese metal me respondió con un destello precioso, aquello era oro. Sonreí como nunca en la vida, había encontrado un auténtico tesoro invaluable.
Incluso me puse a llorar, sin poder parar de reir. Lentamente, esa sonrisa se fue desvaneciendo. Sentía que el aire me faltaba. Tras toser una vez, esas lágrimas se volvieron amargas.
La vida que siempre me había dejado olvidado era perfectamente capaz de ser cruelmente irónica conmigo. Había encontrado un tesoro que podría cambiar completamente mi vida para bien, pero estaba en una caverna oscura con el oxígeno terminándose con cada segundo que pasaba.
Abrazaba la jarra de oro contra mi pecho. No podía dejar de frotarla para verla destellar, era como si me guiñara un ojo de forma simpática. Así hasta que el combustible del encendedor se terminó y me quedé a oscuras.
Aún así, parecía que podía verla brillar, justo en mis manos. Las horas pasaron, el silencio era incómodamente absoluto. Me dormí y desperté varias veces, empezó a darme sed.
Fue cuando empecé a frotar la jarra más insistentemente. Un destello me cegó, ver tanta luz de repente hizo que me cubriera los ojos con una mano mientras que con la otra seguía sosteniendo la jarra de oro.
Pensé que por fin habían llegado los rescatistas, pero cuando la luz se estabilizó, frente a mí no había ningún sujeto con traje de excavación ni nada parecido. Había un ser transparente que flotaba y salía de nada menos que la jarra.
— Saludos, humano. Has encontrado la lámpara sagrada. Dime, cuál es tu deseo. — me dijo en un tono formal. No podía creerlo, pensé que alucinaba, me le quedé viendo tanto tiempo en silencio que volvió a repetirme el saludo.
— ¿Que… ¿Quién eres tú? — pregunté. —Soy el genio de la lámpara. Puedes pedirme un deseo, cualquier deseo. — repitió.
Volví a reír incontrolablemente, aquello era mejor que una lámpara de oro, era todo. Podía pedir lo que sea, incluso mil lámparas de oro, pero, contuve mis impulsos, casi le pido algo de beber, pero me mordí el labio para detenerme.
— ¿Cuántos deseos tengo? — pregunté con mis manos temblando. — Puedo concederte UN solo deseo. Aquello que más quieras. — respondió, dejándome más nervioso. — ¿Puedo pedir más deseos? — me apresuré a preguntar.
— Lo lamento, solo puedo conceder un solo deseo por humano que acuda a mí. — respondió con firmeza, había reglas. Eso me dejó preocupado. — ¿Preguntarte algo se considera un deseo? — pregunté. — No, pero puedes desear saber todas las respuestas del mundo. — contestó.
Eso era un alivio. — ¿Puedes hacerme rico? — le pregunté con ansias. — Claro. Puedo hacerte el hombre más rico del mundo. — respondió, haciendo que mi corazón se acelerara. — Pero no sería el lugar apropiado. — agregó. — Si te diera todo el dinero para ser el hombre más rico del mundo. Todo ese dinero te aplastará en esta gruta. — aclaró.
—¿Puedes sacarme de aquí primero entonces? — pregunté con cuidado. — Sí, pero eso contaría como un deseo. — contestó. Me quedé helado, esto empezaba a sonar mal. — ¿Pedir ser millonario y estar a salvo… no puede ser eso un solo deseo? — pregunté casi tartamudeando.
— Si puedes separar tu deseo con cualquier conector lingüístico, es más de un deseo. Solo puedo concederte uno. — contestó con firmeza. La vida volvía a darme un golpe bajo, ya no tenía oro. Tenía la posibilidad del todo frente a mis narices, pero ninguna maravilla que pidiera me serviría estando atrapado en esa gruta con el oxígeno apunto de terminarse.
Pensé en varias alternativas. Palas de oro, podía intentar salir con ellas y venderlas. Pero ya no tenía fuerzas ni luz para guiarme. Pensé en pedir que todo lo que tocase se convirtiera en billetes de gran denominación, así quitar la tierra y rocas mientras amasaba una fortuna, pero entonces no podría tocar nada sin convertirlo sin querer, ni siquiera a mi mismo.
Pensé en pedirle que esperara a que me sacaran para pedir mi deseo, dijo que él podía esperar, solo debía frotar la lámpara dorada cuando estuviera listo. Pero el aire se hacía cada vez más pesado y con olor a amoniaco, tosía con más frecuencia y hasta me dolía la cabeza.
No tenía tiempo, debía pedir algo o moriría sin siquiera tener un lingote de oro con diamantes como consuelo. Afortunadamente, abrazaba la lámpara, pude llamar al genio.
— ¿Ya sabes cúal es tu deseo? — preguntó. Me quedé pensando, no se me ocurría nada que mezclara salir vivo e ileso con tener una gran fortuna que solucionara mi vida.
Entonces lo noté, otro hedor. No era el aire llenándose de dióxido de carbono por mi propia respiración. Era el hedor de mis dientes y mi cuero. Un vagabundo rara vez podía darse el lujo de un baño con jabón.
Miré a mis manos, peladas y con callos. Mis brazos ya tenían arrugas, tanto mis rodillas y codos estaban negras. Al tocar mi rostro, encontré cicatrices mal sanadas y más arrugas. La forma en que moriría no era lo único que me intrigaba, era cómo me encontrarían.
Mi vida había sido una basura, tendría el mismo final y nadie lloraría por mi.
Fue ese pensamiento que empezaba a atormentar lo que me dió la idea. — ¿Puedo pedir renacer? — pregunté, mirando al genio con ojos ya llorosos. — Por supuesto, puedo hacer que renazcas. Empezarás una vida desde cero. Pero pedir dónde, bajo qué familia, con qué salud o incluso tu género, todo eso corresponde más de un deseo. — respondió con la misma firmeza.
Aquello era una ruleta de incertidumbre. Podía sacar el premio y nacer como un niño en una familia millonaria, o la vida podía burlarse de mí de nuevo y hacerme nacer igual de pobre o incluso peor.
Sin embargo, no había más opciones. Era esa apuesta, o morir ahogado entre esa miseria que ya conocía.
—Genio…— dije con dificultad por la falta de aire. — Deseo renacer. — le pedí. — Así será. — dijo con esa voz. Lo siguiente que ví, fue un destello, una luz muy fuerte. Ya no escuchaba ni sentía nada, así por algunos segundos. Pensé que tardé mucho y morí sin desear.
Pero entonces, escuché un grito, una mujer. Sentí que algo cálido me rodeaba, pero fue interrumpido por una fuerza que me estaba empujando. Volví a escuchar, volví a sentir todo. Hacía frío, mucho frío.
Unas manos gigantes tomaron mi cabeza con delicadeza. Sentí un empujón más y de repente, estaba fuera de ese lugar. Lo siguiente que vi, era un grupo de personas extrañas, parecían deformes. Totalmente pálidos y con cosas extrañas rodeándolos.
Escuché una risita y un calor de nuevo. Mientras aquella figura me abrazaba, mi vista se aclaró. Aquellas eran personas, tenían tez blanca. Llevaban trajes de enfermeros y doctores. Aquello era una sala de parto, yo era el bebé.
Mi diminuto cuerpo reaccionó antes que yo, sin esperar a que yo decidiera. Empecé a llorar ruidosamente, era un movimiento involuntario.
— It’s a girl. — dijo una de las enfermeras, pero no pude entender lo que dijo. Aquella mujer que intentaba calmarme, no era menos que mi madre. Ella dió una risita de ternura. — We will call her… Ellise. — dijo un hombre que se acercó y nos abrazó a ambos.
Aquella escena fue interrumpida por otro hombre. Este no lucía ningún traje médico como el resto. Lucía un traje elegante, aún más fino de aquellos hombres que alguna vez me dieron una limosna generosa.
— Congratulations, Mr. Henan. For your firstborn. — dijo aquel hombre en palabras que no entendí del todo. Pero ese apellido, Henan, me sonaba bastante. — Thank you. Ron… — dijo el hombre, algo incomodado por la interrupción.
— Please, call our private doctor and nurses. My wife and my little girl… — dio una larga caricia desde el rostro de la mujer que era mi madre y descendió con más delicadeza para tocar mi rostro. —... will recover in the mansion. — agregó. — Yes, Mr. Henan. — respondió ese chico de inmediato.
Recordé entonces esa frase que otro vagabundo me dijo. — Sufrimos mucho, como si de alguna forma pagamos para que si hay otra vida, tener un buen karma. — fueron sus palabras. — En nuestro caso, sería el mejor de los karmas. — dije esa vez antes de tirar más basura para alimentar ese fuego que nos calentaba en aquella gruta.
No estaba seguro de muchas cosas, pero hasta el momento, tenía cierta certeza, eran buenas personas. Tal vez esa frase era verdad, la vida me escupió tanto en esa anterior vida, pero ahora me compensaba con algo mejor.
No puedo esperar a ver qué otras sorpresas tengo por delante.
FIN
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--------------- Opinión de la Autora ---------------
Cuando estaba en bachillerato, leí un libro corto sobre un chico pobre que al final tuvo una vida mejor. Pero entonces, el libro decía que todo había sido un sueño febril mientras moría, lo que le ayudó a morir en paz y felicidad a pesar de la miseria que lo rodeaba. Eso me hizo llorar mucho. Por eso, esta historia termina con una reencarnación CANÓNICA en una vida mejor para Jacinto.
¿Dónde renació Jacinto? En Suiza.
Suiza a menudo está entre las conversaciones de ecuatorianos sobre como sería ser el país ideal, por eso lo terminé eligiendo como el futuro ideal de Ellise.
¿Cómo será la vida de Ellise ahora? La mejor de las vidas, se lo merece.
------------------------------------ GRACIAS POR VER ------------------------------------
