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Escrita por Irene Naridza
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------- Índice de Capítulos. -----------------------------------
Capítulo 1: https://irenenaridzastorycaptions.blogspot.com/2026/06/agobiante-espera.html
> Capítulo 2: https://irenenaridzastorycaptions.blogspot.com/2026/07/un-buen-trato.html
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“Estás perfecto, solo intenta no ensuciarte esta vez.” dijo mi madre mientras me daba un último vistazo después de pasar una eternidad vistiéndome, maquillándome y echándome cosas que huelen muy dulce.
“Sí mamá…” respondo mientras parpadeo rápidamente por esa última pasada de perfume de esa botellita rosa con forma de granada acolchada. “¿Ya puedo tener tu celular para pasar el tiempo?” le recuerdo mi parte del trato.
Ella camina hacia un lado del tocador donde está su bolso. Busca por unos segundos y saca un teléfono. Tiene una funda tipo agenda de color beige. “Toma, pero no hagas mucho ruido.” dice al ponerlo en mis manos, con el esmalte blanco ya seco en mis uñas.
“Sí, mamá.” respondo de inmediato. “Ahora que lo tienes, espero que te mantengas quieto en una silla sin hacer relajo.” dijo mientras empieza a guardar el maquillaje y todos esos cachivaches que acaba de usar para cambiar mi apariencia de un niño promedio a la de una niña algo guapa. “Sí, mamá.” digo mientras estoy más concentrado en el celular.
Salgo del camerino de damas y voy hasta la zona común. No tengo miedo de que nadie me reconozca, ya pasé la mitad del tiempo sorprendiéndome por la habilidad de mi madre para hacerme irreconociblemente femenino. Nadie más me notará.
SIN EMBARGO…SOY UN NIÑO. Esto sigue siendo algo molesto, pero ahora que tengo su celular, esto es más tolerable.
El vestido se siente algo más pesado de lo que había imaginado. Siento un poco más la brisa por su falda. Afortunadamente, no me dieron zapatos de tacón como lo llevan las chicas más grandes. Eso es una ventaja, no quisiera tropezar con esto.
No puedo decidir qué me da más comezón. Si esta peluca rubia, sostenida en su lugar por una corona de flores o estas mallas blancas, aunque ayudan un poco a que no me de frío. Lo cual es bueno. Hoy amaneció lloviendo y sigue nublado.
Agh, creo que me decido por las mallas. ¿Cómo es que las niñas las usan todos los días sin volverse locas?
Mamá y papá me arrastraron a la boda de una de sus amigas. Es la Señora Emilia, la conozco desde hace años. No, ella no es quien se casa, quien se casa es la hermana de la Señora Emilia, pero fuimos invitados por ser considerados amigos de la familia.
Me hubiera gustado que mi amigo Dante hubiera estado aquí para al menos charlar de algo, pero no lo he visto por ningún lado.
Este campo de ceremonias tiene un área recreativa al aire libre, pero todo está con charcos de agua o empleados del lugar intentando barrerla.
Soy el único niño de mi edad. El resto de varones son niños que no se despegan de sus madres, adolescentes que me echan de sus conversaciones o adultos que ni bien me acerco me dicen que me vaya para otro lado.
Fue en ese momento que unas niñas que también estaban aburridas propusieron que jugáramos a las cogidas en un pasillo solitario, uno de los pilares sería casa, osea la zona segura. Ellas habían traído zapatillas bajas, por lo que no tendrían problemas para correr.
Finalmente pude entretenerme un rato. Había otras niñas que querían unirse, pero usaban tacones, los que les impedía correr sin tropezarse. Solo se quedaban a un costado apoyando a alguno de nosotros o curiosas por ver quién corría más rápido o era más escurridizo.
Todo iba perfecto, hasta que una de las chicas que se nos había unido tropezó por sus taconcitos dorados. Para no caer de bruces se agarró de mí y me terminó empujando fuera del pasillo. Caí directo hacia un charco en el césped.
El choque de frío fue tan repentino que todo mi cuerpo tuvo un espasmo. Todas las otras chicas dieron un suspiro al mismo tiempo.
Aquella chica torpe se disculpó mientras evitaba mirarme a la cara. La verdad, si hubiese sido un chico, la habría golpeado. Terminé empapado, con frío y con mi padre regañándome.
Los otros adultos llegaron y pusieron fin al juego, llevándose a sus hijas a otro lugar del centro de ceremonias. Papá dijo que me dejaría así para que ‘aprendiera la lección’.
La señora Emilia se disculpó conmigo, al parecer esa niña era la amiga de su hija y por eso la invitaron. Me llevó a una habitación donde había un calefactor y me dijo que esperara mientras me buscaba ropa seca.
Eso hice, pero empezaban a pasar varios minutos y nadie me llevaba nada. La sensación del lodo húmedo es algo que no le deseo a nadie.
Escuché que alguien discutía y me asomé por la puerta. Pude ver a la Señora Emilia alzando la voz a uno de los encargados del lugar, junto a ella estaba una de las niñas con las que estaba jugando, ahora con la cara roja y lagrimeando.
Resulta que los encargados tomaron mal las indicaciones y trajeron cestas de rosas en lugar de lirios como ella había pedido. No era un pedido por capricho, la niña de las flores era alérgica a las rosas y por eso había pedido una alternativa como esa.
Por lo visto, alguien no estaba muy atento el día de tomar el pedido y ahora la niña de las flores estaba teniendo una reacción alérgica. No sólo la cesta tenía rosas, toda la decoración estaba compuesta con rosas de distintos colores.
El hombre con el que hablaba no paraba de disculparse, asegurando que como compensación no le cobrarían las decoraciones florales, pero que lamentablemente, no había tiempo para reemplazarlas.
Aunque lo hicieran, ya era tarde. Los padres de la niña de las flores decían que tendrían que llevarla al hospital y que ya no volverían.
La Señora Emilia intercalaba entre reclamarle al encargado a una disculpa dócil con los padres de la niña. No quería meterme en ese lío, simplemente volví a sentarme junto al calefactor.
Poco después, mi mamá y la señora Emilia entraron a la habitación. Pude notar que querían algo pues tanto ella como mi madre tenían unas miradas demasiado simpáticas como para haber estado discutiendo hace solo unos segundos.
El vestidito blanco que la Señora Emilia traía dentro de un forro plástico me dió una pista sobre lo que querían. “Necesitamos que seas la niña de las flores.” fueron sus palabras. Por supuesto que me negué. Si me reconocían, jamás me dejarían en paz en la escuela. Si mi padre me ve así, tendrían que darle tranquilizante de osos para que deje de vociferar.
Les dije que se lo pidieran a alguna de las tantas niñas que estaban aquí. Pero me dijeron que ninguna era de la talla exacta del vestido de repuesto que tenían. Sus vestidos tampoco eran similares al estilo exacto al que la novia había pedido.
La Señora Emilia me dijo que la novia no quería algo parecido, quería exactamente lo que había soñado para su boda ideal. Al parecer, quién más se acercaba a esa posibilidad, era yo.
Cuando intenté volver a negarme, Mamá dijo que pescaría un resfriado si no me ponía algo limpio y seco pronto. La única ropa de repuesto que alguién tenía disponible, era el vestido de la niña de las flores.
La idea de algo limpio, cómodo y seco ya era tentadora, pero quedaba la duda sobre qué diría papá. “Despreocúpate. Se lo comenté y dijo que mientras no tenga que hacerlo conducir a ningún lado, podía vestirte de lo que sea.” dijo Mamá.
Eso no fue lo que me convenció, aunque ayudó que mamá dijera que además me prestaría su celular hasta que empezara la ceremonia.
La señora Emilia es la madre de Dante. Intentando cambiar el tema, le pregunté porque él no estaba en la ceremonia. Ella dijo que estaba castigado.
Era algo que suponía. La semana pasada tuvimos un examen de matemáticas y Dante fue el único en reprobar. El exámen no era difícil, él se quedó dormido sobre la hoja y la manchó con baba. Solo se despertó cuando la maestra dijo que recogería las hojas.
Intentando ayudarlo con su madre, se me ocurrió decir. “No sea muy dura con él. Ese examen fue muy complicado, media clase lo reprobó.” una mentirita blanca, la verdad es que él mismo me dijo que la noche anterior se quedó hasta tarde jugando videojuegos.
“¿QUÉ EXAMEN?” respondió ella mirándome a los ojos y en un tono repentinamente serio. “...el de… el de matemáticas.” supe que metí la pata. Ella apretó los puños y la mandíbula mientras mi madre me preguntaba si yo lo había aprobado, me apresuré a decirle que sí.
“Tengo otra propuesta.” dijo la Señora Emilia tras dar un ruidoso suspiro. “Si aceptas ser la niña de las flores… te daré la consola de mi hijo.” dijo con una sonrisa. “Él no va a necesitar esas cosas en un buen tiempo.” se notaba como contenía su furia.
Intenté negarme, sé qué consola tiene, la XBOX-360. ¿Cómo es que aún se usan? Mi padre me contó que dejaron de fabricarlas antes de que yo naciera.
Mamá intervino para decir que debería estar agradecido, pues al final, era una consola. Lo pensé por un momento y… me di cuenta de que ya sonaba como un buen trato. Terminé aceptando.
Creo que debería sentirme mal por Dante pero… no importa, lo invitaré a jugar a mi casa cuando termine el castigo que muy seguramente tendrá.
En FIN… Aún falta para que la ceremonia empiece, jugaré en el celular mientras tanto. En silencio no es lo mismo, pero, es lo que hay por el momento.
FIN
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