martes, 24 de febrero de 2026

LA NIÑA DE MAMÁ - Parte 10: Un Trabajo Aburrido

-- Escrita por “Irene Naridza”

Qué fastidio. Nadie viene a la librería a esta hora los sábados. Eso antes me tranquilizaba. Era un terror constante que algún compañero del colegio entrara por la puerta y me reconociera con el uniforme de la tienda. Pero ahora, con lo mucho que he cambiado en el último año, eso es simplemente imposible.

Han pasado casi dos años desde que mi madre me obligó a ser Nadia como segunda identidad. El castigo más largo que cualquiera podría imaginar. Si lo pienso bien… ahora dudo que todo esto sea realmente un castigo. Puedo entender esos meses en la academia de ballet con el uniforme de chicas. ¿Pero dos años siendo Nadia después de la escuela? ES MUY EXTRAÑO.

Algo que he notado últimamente es que… mientras mis compañeros son altos, musculosos y ya se les ve el vello facial, yo sigo teniendo la misma altura y complexión que hace dos años. Por no hablar de mi pelo largo. La profesora de biología nos enseñó que cada persona se desarrolla de forma diferente. Bueno, nos dio esa explicación después de que los idiotas de mi clase me empujaran al baño de chicas mientras se burlaban de mi apariencia. Al menos esa vez, las chicas no se enojaron conmigo, aunque tampoco se sentían muy cómodas con la situación. Una dijo que cortarme el pelo me ayudaría a evitar el acoso. ¡Qué tontería! ¿Por qué iba a ser yo quien cambiara solo para que dejaran de acosarlas? Al final, el director, tan cobarde, solo las suspendió dos míseros días. ¡Menuda cobarde!

Fuera del colegio tampoco es mejor. Tengo que pasar aquí en mi único día libre, el sábado sagrado. Al menos me pagan 1600 maygels (40 dólares) por toda la jornada diaria. Un poco alto, pero justo. Nadie más quiere usar su sábado para estar sentado por horas esperando por pocos clientes. Ni siquiera la gerente. 

Suspiro mientras veo un auto pasar lentamente tras la hilera de árboles que delimitan la acera con la calzada. Estos a la vez son el hogar de aves que siempre trinan durante el día y hacen sombra para las bancas de las cafeterías que emiten un olor a café bastante agradable. La biblioteca está muy bien ubicada, leer un libro en las bancas de afuera se sentiría como estar en algún libro de romance adolescente. No me molestaría protagonizar una historia así, la verdad. 

Aquí se vendía todo tipo de libros. O eso se intentaba, el formato digital en verdad que está desplazando el formato físico a pasos agigantados. Por las bajas ventas pasamos a vender otro tipo de literatura. Comics, mangas, historietas e incluso el periódico local. Con eso las ventas mejoraron. A los raritos y a los ñoños les fascinan los libros de dibujitos de chicas asiáticas. 

Atenderlos a ellos es ciertamente incómodo porque me miran de forma fija y… ¡EW! Un momento. ¿Dije EW? Bueno, no lo dije, lo pensé. ¿Qué pasa conmigo? 2 años siendo chica a medio tiempo definitivamente está comenzando a cambiar mi mente de maneras extrañas. Un ejemplo es este atuendo, el uniforme de la librería. Normalmente era solo una sudadera con el logo del lugar. Pero también estaba este. Falda celeste, camisa blanca, mallas negras y tacones bajos oscuros. Escogí este atuendo porque quería verme linda al estar en un puesto de atención a clientes. 

Espera, ¿Qué fue eso?, ¿QUÉ PASA CONMIGO? Quería decir que con la sudadera daba mucho calor, caso contrario con la camisa y la falda. En verano al medio día hacía tanto calor que me quitaba las mallas, pero me las ponía de vuelta cuando caía la tarde y la temperatura también. Afortunadamente esa estación ya pasó. La temperatura es más fresca por el medio día y más fría por la mañana y tarde. Yo entro a las 8:00 AM y salgo a las 7:00 PM. El otro día vine sin las mallas porque no las encontraba. Las brisas frías me hacían tiritar. Resultó que mamá las tomó por error. Como disculpa me regaló unos pares para que siempre tenga un repuesto. 

Como sea. Allí viene una clienta. Preparo la sonrisa cálida. Después de meses de práctica por fin luce genuina. La mantengo antes y después de saludarla. “Bienvenida a La Librería de Ginger. ¿En qué te puedo ayudar?” Es una chica de mi edad, íbamos juntos a las clases de ballet, pero nunca hablamos mucho. “Hola, Nadia.” me devuelve el saludo y sigue su camino hasta la sección de literatura gráfica que está cerca de la caja. Trabajando aquí entendí que un manhua, manhwa, manga, comic e historieta no son lo mismo. Provienen de culturas y regiones del mundo diferentes. Lo que influye mucho en su contenido y estilo de dibujo. 

La chica vuelve enseguida con un manhwa, es decir, una historieta coreana. ‘La flor entre tú y yo’ Trata de un chico adinerado que forma una amistad con su compañero de habitación, un chico becado que hacía sus mejores esfuerzos por aprovechar su beca, graduarse de doctor y poder ayudar económicamente a su familia. Pronto se dan cuenta de que hacen un buen equipo dentro y fuera de las clases.

Ese era el tomo más reciente. Digito su código en la computadora para realizar la factura que la chica quería sin sus datos y cobro 480 maygels (12 dólares) “Que tengas un buen día, Lizbeth.” Digo con una sonrisa falsa mientras se va. Todavía no le perdono que haya sido elegida en vez de mí para el recital. “Rata a dos patas, dos patas derechas. Te tropezabas en las últimas clases e incluso casi tropiezas durante el recital. ¡Ridícula!” Murmuro una vez se ha alejado lo suficiente. Desde hace tiempo que ya no necesito los caramelos de miel para tener esta voz femenina. Lo cual es bueno, comenzaba a hartarme su sabor, además que a la larga me podría haber dado diabetes por tomarlos a cada rato.

Los largos minutos sin tener otro cliente y limpiar por quinta vez los libreros con música de ‘Twenty Three Pilots’ hace que la curiosidad me invade. Cuando llega la hora de descanso donde por normativa se cierra la tienda, tomo el tomo de ‘La flor entre tú y yo’ y voy hasta la sala de descanso.

Allí me quito los tacones. No importa que sean bajos, llega a cansar usarlos por largas horas. De forma automática acomodo mi falda antes de sentarme. Con cuidado abro la pegatina de la funda. Algo complicado, pero si se hace bien, podré volver a poner el manhwa en su lugar y nadie notará nada. Finalmente lo tengo en mis manos. En secreto empecé a leerlo ya que me aburría bastante en las largas horas sin clientes, ahora lo sigo porque la historia es muy buena. En la siguiente hora en la que se suponía debía almorzar, me la pasé leyendo las 100 páginas del tomo de principio a fin.

“QUÉ DECEPCIÓN. NO PASÓ NADA RELEVANTE.” No puedo evitar exclamar una vez termino la última página. La alarma que me indica que el descanso terminó hace que me apresure a dejar el tomo como estaba. Me pongo los tacones de vuelta y regreso al frente de la tienda. Después de atender a un cliente que buscaba un libro de yoga puedo por fin sentarme a reflexionar. “¿Cómo es que alguien se tarda tanto para sacar algo tan corto y mediocre?” Está bien, sé que dibujar es complicado y hacer un guion también. Pero es que el último tomo de ‘La flor entre tú y yo’ es un trabajo tan aburrido que es simplemente indefendible. Incluso reutilizó bocetos y temáticas que ya había usado más de una vez.

Espera un momento. ¿Por qué me importa tanto un libro para chicas?, ¿Porqué es que tengo ganas de matar al autor por no hacer que Derek y Sebastián se besen de una vez? DESGRACIADO, YA VAN MÁS DE 100 CAPÍTULOS.


¿Continuará?

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LA NIÑA DE MAMÁ - PARTE 8 - RECITAL NAVIDEÑO

 

----- Parte 9: No es lo que ella quería, pero está satisfecha -----

-- Escrito por “Irene Naridza”

Mientras avanzamos en el sedán por las calles de la ciudad, me siento confundido. No se como afrontar esto, pero supongo que ya se me ocurrirá estando allí. Estamos de camino al recital… como espectadores. Sí, es un poco vergonzoso que la única forma de estar allí sea pagando un boleto de entrada.

Mi madre ya sabía que sí me interesaba. No le dije textualmente, pero verme llorar casi a moco tendido por no lograr un puesto le dijo todo. Además, en el paquete de las clases de ballet venía un 25% de descuento en boletos de zona general para el recital final para las alumnas que no fueran seleccionadas y hasta 2 representantes.

Los boletos en dicha zona estaban a 800 maygels (20 dólares), con el descuento son solo 600 maygels. No es mucho, pero al menos podemos usar esos 200 maygels para comprar canguil y sodas. Realmente me gusta una soda de color amarillo, Picchu Cola. Si mal no estoy, fue creada en Perú. La receta es tan buena que una cadena de refrescos multinacional la compró.

El frío del invierno puede sentirse cuando mamá y yo bajamos del sedán en el estacionamiento. Estoy usando una sudadera celeste con corazones y un calentador blanco con rosas bordadas. Por debajo está mi traje de ballerina, incluso me peiné con el moño. Es porque quería sentirme parte del espectáculo de alguna forma.

Llegamos un poco temprano para evitar las largas filas cuando faltan pocos minutos para el recital. Mientras caminamos hacia el teatro municipal me doy cuenta de que no somos los únicos tempraneros ni yo la única en llevar un traje de ballerina.

Dos hombres llevan de la mano a dos niñas pequeñas vestidas con trajes de ballerina completos. Desde el tutú amplio hasta las zapatillas punteras, solo que llevaban colores distintos.

Mientras hacíamos la corta fila pude escuchar como las niñas estaban muy emocionadas. “Papis, nos van a inscribir en clases de ballet ¿verdad?” chilla la que tenía tutú violeta. “Claro, azucarillo. Pero si sacan buenas calificaciones.” Dice el hombre de chaqueta roja.

No pude evitar sonreír. es muy aconsejable comenzar con ballet a temprana edad si se quieren resultados profesionales. Madame Melody sí tiene clases más avanzadas, pero el ballet simplemente no es para mí en un enfoque más avanzado. Este recital era la única oportunidad para estar bajo los reflectores sin dejar de lado mis otros planes.

“Aug” suspiro mientras trato de resignarme. Una vez estamos dentro, la calefacción hace que me sienta más cómoda. “Creo que deberíamos comprar las picaditas cuando empiece el recital. Dudo que si lo hacemos ahora duren hasta que siquiera apaguen las luces.” Me mamá dice con una sonrisa. Asiento en silencio y buscamos nuestros asientos, 14G y 15G.

Creo que mejoraron los asientos. Pues al sentarme estos se sentían más agradables. Estuve aquí hace dos años por que mamá quería ver el recital de Madame Melody de esa ocasión. Como en ese entonces no me gustaba el ballet, me aburrí mucho. Por no hablar del cuero duro que tenias las sillas en ese entonces.

No me gustaba porque yo mismo me limitaba y lo rechazaba por ser algo femenino, me negaba a verle el lado divertido o artístico. Gracias a mamá que me envió forzadamente a las clases de Ballet, eso y otras cosas han cambiado.

En un momento veo a Madame Melody rondar un par de veces en el escenario. Lleva el mismo traje de ballet que usaba en las fotos que tenía en la academia. Es de la vez que ganó una competencia de ballet amateur.

En un momento noto que ella me reconoce entre el público y me llama al escenario. Me acerco porque sería lindo intercambiar un par de palabras con ella. “Nadia, querida. Me alegra que vinieras.” Dice con una sonrisa. “También estoy feliz de encontrarnos, Madame.” Le contesto.

“Vayamos al grano.” Dice mientras pone su mano en mi hombro. “Por una falla en la organización. Estamos necesitando a alguien para abrir tanto el gran telón rojo como el telón blanco secundario. ¿Quieres hacerlo por mí?” dice sin más rodeos.

Me quedo con la mirada perdida por uno segundos recordando cuanto lloré cuando no fui seleccionado. Cuando vuelvo a mirar a Madame Melody no puedo evitarlo. “¡CLARO QUE SÍ!, ¡YO ME ENCARGO DEL TELÓN!” exclamo temblando de la emoción.

“Perfecto, querida. Avísale a tu madre y ven enseguida a los vestidores, hay que prepararte.” Dijo antes de regresar dentro del escenario. “Mike. Esta niña está en la presentación. Déjala pasar cuando vuelva.” Le indica al guardia más cercano.

Fui corriendo para avisarle a mamá. Ella me sonrió y dijo que no perdiera tiempo. “El ballet te espera.” La escuché decir antes de correr al escenario. El guardia me ayuda a pasarme la barda con cuidado. Él era bastante fuerte.

Al encontrarla, Madame Melody me toma de la mano y me lleva hasta los vestidores donde ya todas estaban con los atuendos, solo les daban unos retoques de maquillaje. Allí me quité la sudadera, dejándole ver el traje de ballet que llevaba por debajo.

“Genial. Viniste preparada. Eso nos ahorrará tiempo.” Me señaló un casillero donde dejé la sudadera, el calentador y los tenis. Entonces me pasó unos punteros rojos y un tutú rígido con lentejuelas que era doradas de un lado y rojas del otro. Me los puse enseguida y fui hasta una silla frente a los tocadores.

Allí una de las maquilladoras empezó a echarme agua con un atomizador y pasar un pañito de algodón para limpiar mi rostro. No es la primera vez que alguien me maquilla, pero sí la primera vez de forma profesional.

La mujer me aplicó sombras doradas, delineador negro y brillo labial rojo. “Estás lista.” Dijo al girar la silla, permitiéndome verme en el espejo. Me quedo sin palabras ante este lindo resultado. Una sensación cálida en mi pecho se hace presente. “Muchas Gracias, señora.”

Veo que Madame Melody me hace una seña y voy con ella. “Estamos por empezar. El telón funciona por un sistema de correderas en el marco superior del escenario. Solo tendrás que tirar de la soga dorada del centro para que se abra.” Me explica mientras avanzamos, el murmullo de la gente se hace más alto.

Un leve temblor de nervios recorre mi cuerpo al pararme en la esquina del escenario mientras Madame Melody presentaba. Todo pasa de forma extraña, se siente irreal. Puedo escuchar como ella explica algo, pero apenas noto sus palabras hasta una frase en específico “Me complace presentarles. EL CASCANUECES.” Dice por el micrófono antes de mirarme.

Suspiro hondo y salgo al centro dando un par de giros sobre mí misma. Se nota que las clases fueron excelentes, ya que no pierdo el rumbo recto hasta llegar a la soga dorada del telón. Un par de personas me aplaude por la hazaña. Entre ellas noto a mi madre, quien sonríe de orgullo mientras sostiene su cámara.

Le sonrío devuelta para enseguida tomar la soga y regreso al costado del escenario con los mismos giros, la soga serpentea sobre mi mientras el telón se abre, desvelando a las ballerinas y coristas que desempeñarían el recital. Todo el auditorio empezó a aplaudir.

Es totalmente hermoso. La elegancia se mezcla con la danza, música suave y canticos del coro. Pensar que yo podría haber sido una de las ballerinas ya no es tan frustrante. No es como fantaseaba, pero aún así se me ha permitido formar parte de esta joya de espectáculo.

Siento que quiero llorar. Algo dentro de mí me dice que no debería pues a la final, soy un chico y debería estar odiando esto. Otra parte de mí le grita a la primera que se calle. A mí también me grita, también con que no debería llorar. Eso arruinaría el maquillaje y el teatro estaba lleno de espectadores atentos a cada detalle.

Uno de los mejores momentos fue cuando Lizbeth, chica que eligieron en vez de mí, SE TROPEZÓ con un simple arabesque. ¡UN ARABESQUE! Cualquiera con la mínima práctica puede hacerlo, incluso con un traje pesado como el de soldado casca nuez.

Hice un arabesque propio al costado del escenario. El público no me vio por el muro, pero espero que Lizbeth sí. TODO el auditorio se estaba carcajeando. Incluso parte de los niños que hacían el coro se cubrieron sus bocas para que sus risas no se escucharan por los micrófonos. Por suerte Jenifer, la chica que hacía de Clara, improvisó. Danzó hasta la torpe para ayudarla a levantarse y seguir con el recital.

Ninguna nos quejamos cuando la escogieron como principal, ni siquiera las más dedicadas. Irónicamente solo Lizbeth lo hizo. Qué bueno que el recital haya demostrado cual lugar se merecía cada una.

Al terminar todos aplaudimos. Algunos lanzaron rosas y otras flores al escenario cuando cerraba el gran telón rojo. Allí en el centro una reverencia al público antes de regresar tras el telón mientras los aplausos aún rugían.

Lo que siguió fue una sesión de fotos en la que me incluyeron en las tomas generales y en una individual con Madame Melody y mamá, también otra con Olga y Jenifer. Las felicité a casi todas con un abrazo que recibieron gustosas. Algunas me susurraron que definitivamente yo merecía el lugar de ballerina y cierta torpe el del telón.

LA NIÑA DE MAMÁ - Parte 10: Un Trabajo Aburrido

-- Escrita por “Irene Naridza” Qué fastidio. Nadie viene a la librería a esta hora los sábados. Eso antes me tranquilizaba. Era un terror ...