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Escrita por: “Irene
Naridza”
Imagen IA por CHAT-GPT: https://chatgpt.com/
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Link to
Caption en Inglés en Deviant Art: https://www.deviantart.com/nair-tg-stories/art/CyberTroll-TG-STORY-1007264414
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----- Ciber Troll
-- Escrito por “Irene Naridza”
Franco no tenía nada mejor que hacer que molestar con una de
sus cuentas falsas de DevianArt a creadores de contenido al azar. Le divertía
mucho dejar comentarios ofensivos en cada Deviant que se le aparecía por
delante, muchas veces no tenía ninguna respuesta, otras eliminaban su
comentario e incluso el dueño del canal se ponía a pelear con él. Esas eran las
ocasiones que más le gustaba, se le hacía una práctica divertidísima, pero para
el resto era algo realmente molesto.
Un día, encontró una página que subía Captions de Historias
TG, es decir, una imagen acompañada de un texto donde algún protagonista
termina vistiéndose o transformándose en el sexo contrario. Ajeno a esta
afición, le pareció algo totalmente tonto “que ridiculez tan mierda.” se burló
en una de las Captions, como no recibió respuesta alguna siguió con su
día.
Una semana después, estaba teniendo un mal día, desde que
amaneció se sintió enfermo, era como una gripe, pero sin los fastidiosos
problemas nasales u orales. Eso no lo detuvo de molestar en internet. No duró
mucho tiempo, la sensación de fiebre y escalofríos empeoró, por lo que decidió
dormirse de una vez, esperando a despertar mejor.
Al despertarse sintió extraño, se movió para intentar
sentirse un poco más cómodo, pero a pesar de intentarlo, sus músculos no le
hicieron caso. Abrió los ojos y no pudo reconocer dónde estaba. No podía mover
su cabeza, pero ese techo definitivamente no era de su habitación, en vez de
madera, el tumbado era de cemento negro, miró a los alrededores, alguna luz
blanca provenía de algún sitio.
“¿Pero… ¿qué?” Intentó hablar, pero ya no tenía cuerdas
bucales. Entró en pánico, sin poder moverse, sin poder hacer sonido alguno,
encerrado en la celda que ahora era su cuerpo. Entonces, escuchó un susurro
venir de algún lado, comenzó a mover sus ojos en busca del sonido, pero ya no
le respondía.
De repente sintió gotas de agua caer sobre su rostro, un
rápido vistazo lo hizo descubrir que venían del tumbado. Estaba por apartar la
vista cuando notó que lentamente aparecían grumos, uno cada vez más grande que
el otro. Aún con la poca iluminación, pudo distinguir como si comenzasen a
formar una sonrisa torcida.
Su corazón se aceleró al ver que los grumos cobraban vida y
un ser con aspecto de larva comenzó a descender. A pesar de sus latidos, los
crujidos del cuerpo del monstruo penetraban sus oídos hasta apuñalar sus
nervios. Se posó frente a sus ojos y el muchacho pudo ver a la bestia. Varios
cráneos humanos sobresalían por su grisácea piel, atravesando músculos
secos.
Sus fauces se abrieron dejando escapar un nauseabundo olor. Una
hilera de dientes torcidos resplandeció con la poca luz que había, atrapados
entre estos, había carne en descomposición de sus anteriores presas.
En sus adentros, el joven gritó con horror, pero nadie — ni
siquiera él — pudo oírlo. La bestia no lo atacó, retrocedió al escuchar una voz
que la llamó. “Hey, seré yo quien decidirá su suerte. Cuando termine con él,
podrás devorar las sobras.” Una mujer delgada, se acercó sin tocar el suelo. Al
verla, el joven sintió como si el corazón estuviera por salirsele del tórax.
Ella tenía canas, mejillas hundidas y verrugas secas, pero conservaba cierta
belleza en su rostro y figura. Ella lo miró de arriba abajo sin decir una
palabra.
Con un movimiento rápido de su mano, enterró sus delgados y
largos dedos en el pecho del joven, el aire se le escapó de los pulmones. Sin
hacer mucha presión, llegó más profundo y con otro movimiento rápido, levantó
su mano. Sostenía el corazón aún latiente de Franco. Las venas y válvulas
permanecían conectadas, pero tan estiradas que advertían romperse en cualquier
momento.
Con una sonrisa, ella se lo acercó a la boca y le dio una
mordida. Sangre escurrió por sus labios, la cual lamió al instante siguiente. “Valla,
eres… diferente.” Dijo sorprendida. Devolvió el órgano en su lugar. “Hermana,
atrás, tendrás que esperar un poco más.” le ordenó a la bestia, la cual pareció
molestarse. “…tendrás sus sobras, déjame trabajar.”
La mujer realizó otro movimiento y el lugar donde Franco
estaba recostado se levantó hasta quedar en un ángulo inclinado. Mirándolo de
reojo, presionó su mandíbula, forzándola a abrirse. Sus uñas puntiagudas
pellizcaron su lengua, Franco solo pudo gemir mientras ella empezaba a tirar
con fuerza. Un sonido de desgarro seguido de su boca siendo inundada por un
líquido rojo precedió a su lengua entera siendo arrancada.
Franco torció para escupir la sangre que empezaba a
ahogarlo, empapando su mandíbula, sensación que no notó por el dolor que lo hacía
emitir sonidos casi animales. La mujer sonrió mientras examinaba la lengua.
Mientras la sangre aún goteaba, se lo comió. En un momento, ella habló y Franco
reconoció la voz, era su voz.
Ella comenzó a hablarle frases e insultos fuera de lugar, él
no podía entender la razón de ellos, solo quería desaparecer. “que ridiculez
tan mierda.” Tardó en procesar esa frase extremadamente familiar, entonces lo
entendió. Sus ojos delataban su descubrimiento.
La mujer se tocó la garganta y volvió a hablar, esta vez con
su propia voz. “Sabes, tengo más edad que cualquier cosa que hayas visto,
excepto la Tierra.” Estaba molesta. “Sin embargo, aunque soy adulta, no suelo
tolerar comentarios de gente con odio.” Se acercó más al joven. “Mucho más si
son hombres patéticos.” Hizo una mueca que mostraba que le repugnaba.
“Hubiese dejado que alguna de mis hermanas te destrozase, te
disecara para conservarte o te devorase, pero cambié de opinión al probar tu
corazón.” Señaló el pecho que aún tenía aquella grieta abierta con el blanco de
los huesos asomando y el corazón latiendo en el fondo. “Eres diferente… tu
alma, es peculiar… la quiero para mí. Será otro de mis trofeos.” Se notaba un
frenesí enfermo. “Pero antes, tengo que… arreglarte.”
Franco quería arrancarse las orejas, sacarse los ojos, ya no
quería estar allí. El dolor en su cuerpo y el miedo ya lo habían dejado casi
sin cordura cuando en cualquier caso humano ya lo hubiera fulminado. La muerte
no estaba viniendo por él. Ahora esperaba con pavor lo que esa mujer le fuese a
hacer.
Ella recitó unos versos, parecían un manojo de palabras con
letras desordenadas. Entonces, Franco sintió como su cuerpo cambiaba. Sus
huesos y músculos se movían, sentía que se hacía más pequeño y parte de su piel
se caía, sobre esta crecía otra nueva de inmediato, mechones de cabello
hirviendo cayeron sobre su rostro quemándole los ojos.
Si hubiese tenido voz, Franco hubiera rogado por la muerte,
ahora sentía la suma de los peores dolores. Un olor a carne quemada fue
reemplazado con el inconfundible hedor a fibra plástica chamuscada. Su ropa se
comenzó a derretir sobre él, formando una nueva.
Después de una transformación tan cruenta, la mujer realizó
otro movimiento y Franco recuperó el control de su cuerpo, este abrió su boca
para dejar escapar un grito y desahogar su dolor, pero un sonido ahogado fue
todo lo que salió. Se retorció en el suelo, presionando sus dedos sobre su
torso en un abrazo a sí mismo que empezaba a lastimar su nueva piel.
Después de lo que parecieron horas, se puso de rodillas, se
acomodó el nuevo cabello. Este era castaño y tenía pequeños rizos. Intentó
examinar su cuerpo, preocupado por lo que ella le había hecho. Su cuerpo era
ahora uno femenino; más delgado y bajito que su yo masculino.
Su ropa era una camisa una talla más pequeña, unos
pantaloncillos de mezclilla bastante cortos le apretaba sus caderas. Tenía
nuevos atributos sexuales, pero era lo menos que le importaba, quería salir de
allí, huir de esa mujer. Con terror escuchó como ella volvía a recitar otro
verso, un brillo blanco que inundó la habitación lo segó.
Cerró los ojos por un buen rato y los abrió lentamente
cuando notó detrás de sus párpados que el brillo había disminuido. Ahora estaba
en un lugar abandonado, un edificio que era de una gran corporación que quebró
y todo lo perdió. Miró al frente y, entre los árboles, la mujer lo acechaba con
ojos rojos.
Franco notó algo áspero en su muñeca, una manilla. “Angelin.”
Estaba escrito en letras violetas. A su mente vinieron los recuerdos, las
historias de aquella página que insultó. Las imágenes de esas chicas, todas
tenían ese mismo nombre en algún lugar de su atuendo, como si fuera la marca
que un niño dejara en sus juguetes. Levantó su cabeza y los ojos de dicha mujer
observó.
Ella movió una de sus manos y el cuerpo de Franco se movió contra su voluntad. “vieja… bruja” con su último intento de insulto, su voluntad se agotó. En cambio, la mujer a carcajadas reía mientras sus colmillos esbozaban. “Querida, veo que descubriste mi don.”
La bruja recitó un último verso y una luz lo cegó nuevamente. Franco no pestañeo, aún sentía su cuerpo, pero por más esfuerzo, este no se movía. Blanco, era lo que veía, los segundos pasaron, se hicieron minutos, horas y hasta días. Su cuerpo le dolía y los ojos le ardían.
De repente escuchó un susurro, que se hacía cada vez más fuerte hasta sonar como un grito. Allí pudo entender lo que decía, era un lenguaje soez. El ruido lastimaba sus tímpanos, solo entonces se detuvo.
Franco volvió a desear la muerte, pero no importaba lo que pensase, le pertenecía a la bruja, solo ella podría librarlo de su sufrimiento, pero era algo que ella no le concedería. Un nuevo susurro apareció, varios de ellos, como si alguien estuviera leyendo algo. Era una historia, lo mencionaba en situaciones vergonzosas.
La bruja lo había encerrado en una de sus Captions y lo estaba exhibiendo con orgullo, era su trofeo.
Franco sintió vergüenza antes de que sintiera como los gritos le desgarraban los tímpanos.
Esta historia se repetía una y otra vez, solo siendo interrumpidas por todos los comentarios vulgares que había escrito alguna vez en línea.
Franco no perdía la conciencia, no podía hacer nada, era un ciclo sin fin de dolor, vergüenza y desesperación.
FIN
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---- Si por allí encuentran
alguna falta de ortografía, por favor, háganmelo saber ----
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--------------- Opinión de la Autora ---------------
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Una vez un hater se puso a insultar en los
comentarios. No sé si me afecto mucho, pero sí me dejo muy enojada. No solo
eso, también me dejó creativa, tanto como para crear esta historia.
·
Intentaré hacer de oídos sordos al próximo muspo
que venga a molestar. Pero no voy a borrarlo, que todos se enteren de su
actitud.
------------------------------------ GRACIAS POR VER ------------------------------------







