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Escrita por: “Irene Naridza”
Imagen IA hecha por CHAT-GPT: https://chatgpt.com/
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EN ALGÚN LUGAR DE ECUADOR.
Era un día tranquilo en un lugar apartado de la ciudad. En una cafetería con un puñado de clientes, había un grupo de chicas con vestidos de sirvienta atendiendo a los clientes con sonrisas amplias.
Era una cafetería con temática de Maid. Esta era una estrategia divisiva, por un lado, había un determinado grupo de gente que amaba esas temáticas, en especial si las chicas eran bonitas. Por otro lado, era algo considerado inadecuado por buena parte de la sociedad y que te vieran allí podía manchar tu reputación.
Por eso el lugar nunca llegaba a llenarse completamente, pero tampoco estaba vacío. Siempre llegaban aquellos con poca o nula reputación y los que poco o nada les importaba lo que dijeran de ellos.
Había docenas de cafeterías en la ciudad. Podían ser como las demás, más “amigables” para el público general o continuar con su temática atendiendo a ese nicho que ya habían formado. La dueña consideró la incertidumbre un riesgo que no podía asumir.
Allí trabajaba un grupo de 5. Dos cocineras, una cajera y dos meseras. Muchas habían pasado por allí, pero la presión social había hecho que renunciaran y buscaran algo menos comprometedor. Las que quedaban estaban porque su necesidad de dinero era más importante que los chismes de gente extraña.
La dueña, una de las cocineras, era quien dirigía el lugar y conocía las mejores recetas. Su asistente en cocina eran su hija mayor y su hija menor. Ambas eran universitarias que trabajaban allí a medio tiempo para ayudarla. Una por la mañana y otra por la tarde.
En la caja estaba Selena, sobrina de la dueña que ya se había graduado. Por otro lado, las dos meseras eran nada menos que Luis y Marcelo. Dos chicos que Selena había conocido en la universidad. No eran los chicos más avispados del lugar y seguían intentando graduarse de la carrera de contabilidad.
Antes ellos trabajaban en un bar como meseros ya que era algo que no les era complicado. Pero por mala suerte, la mano del crimen organizado golpeó el negocio. Los extorsionadores pusieron una bomba en el lugar cuando se negaron a pagar una vacuna. Lo que no se destruyó por la explosión, se quemó en el incendio.
Todo el personal se quedó sin trabajo y el dueño tuvo que vender el terreno a una empresa extranjera que quería poner un Airbnb. Los vacunadores, aunque fueron arrestados. Salieron en libertad a las pocas horas bajo “medidas sustitutivas” ya que no encontraron pruebas suficientes o eso dijo el juez. En realidad, le dieron 70 dólares cada uno y él los dejó ir.
Ese evento coincidió cuando las anteriores meseras del turno vespertino renunciaron. Selena repartió panfletos por su universidad con la oferta de trabajo, pero casi nadie se animó. Fue cuando Luis y Marcelo se le acercaron preguntando si podían aplicar para el puesto. Ella les dijo que solo buscaban mujeres, pero que, de todas formas, los llamaría si surgía algo.
Al final de la semana, ninguna chica había aplicado. Al informarle a su tía, ella palideció. Decidió hacer una excepción con su regla y admitir chicos. Los primeros en tomar el puesto fueron Luis y Marcelo, quienes tuvieron que usar un traje de mayordomo.
La recepción no fue nada favorable, la clientela que habían formado quería chicas lindas con vestidos de sirvienta y mallas blancas, ninguna otra temática. La dueña notó esto al revisar las cámaras del local.
Temiendo que su negocio se viniera abajo, decidió hacerle una oferta al dúo. Que se vistieran como chicas o que fueran despedidos. Los chicos en verdad necesitaban el trabajo, en Ecuador no hay quien viva con poco dinero, ni se diga sin un sucre.
Fue así como llegaron temprano al local. Las hijas de la dueña pasaron varios minutos maquillándolos y arreglándoles extensiones de cabello para que lucieran lo más natural posible. Para la voz les dieron miel y extracto de manzanilla, no sonarían como ángeles, pero tampoco como varones veinteañeros.
Entonces vinieron los vestidos, estos eran negros, con dobladillos blancos. El delantal era aparte. Las pantimedias y los zapatos negros de hebilla eran prendas genéricas. La cofia blanca ayudó a sujetar las extensiones en su lugar.
Luis estaba por morir de vergüenza, pero Marcelo estaba más resignado. Las chicas hicieron tan buen trabajo que ningún cliente notó la diferencia, ellos estaban contentos con que las ‘chicas lindas’ hubieran regresado.
La actitud nerviosa de Luis fue interpretada como una tierna timidez, típica de algunos personajes de animes, lo que les fascinó a los clientes. Marcelo era quien trabajaba de forma más serena.
Hubo pedidos de cafés simples, de capuchinos, mocaccinos con empanadas, pasteles de chocolates o tortillas de papa con centro de omelette.
Al terminar ese primer día, su jefa les dijo que lo habían hecho bien y que sería el primero de muchos. Lo que parecía un reto, ahora era una rutina. los días se volvieron semanas y luego en meses. La dueña le pidió a Luis que mantuviera su actitud nerviosa pues encajaba con su ‘personaje’, en realidad no tenía que pedirlo, Luis seguía sin adaptarse del todo.
La situación mejoró un poco. El Maid Café aumentó su número de clientes, el dúo logró ganar dinero suficiente para mantenerse e incluso ahorrar.
En cuanto a su antiguo trabajo, el negocio de Airbnb quebró por sus excesivos precios y porque su formato no era compatible con un lugar tan irregular. El anterior dueño logró comprar el local a la mitad del precio por el que lo vendió y volvió a poner su negocio de bar, el cual pudo mantenerse a flote. Aunque nadie sabía de dónde sacó el dinero.
Los vacunadores volvieron otra vez, pero el que debía poner
la dinamita fue torpe y el de la moto fue alcanzado por el populacho y bueno…
ya no serían un problema para nadie más. No era la mejor forma de lidiar con
los vacunadores, pero era el único método que le quedaba a la ciudadanía.
Luis se vio tentado a volver a su anterior trabajo para dejar los vestidos y las sonrisas fingidas. Su anterior jefe apenas lo reconoció por que, tras un año de cuidados femeninos, sonaba y lucía de forma afeminada. De todas formas, le dijo que ya tenía llena su nómina.
Luis no se rindió, decidió buscar en otros lugares. Hoteles, centros comerciales y restaurantes. Pero se repetía la historia; ya tenían a todo el personal que necesitaban o pagaban menos que en su actual trabajo.
Como ya no dependía tanto del Maid Café, Luis estaba dispuesto a dejarlo y buscar algo diferente, aunque pagara un poco menos. Fue cuando su amigo Marcelo lo detuvo.
“No pensarás en renunciar justo ahora, ¿verdad?” le preguntó mientras se arreglaban para ir a su turno. Tras ese año, habían aprendido a maquillarse solos, tampoco necesitaban extensiones ahora que habían dejado crecer su cabello, solo cuidarlo y peinarlo.
“Estoy cansado de toda esta tontería.” dijo Luis mientras se aplicaba sombra de ojos. “Una tontería sería dejar un buen trabajo solo porque no puedes hacer un pequeño sacrificio.” replicó Marcelo antes de ponerse labial.
“Siento que mantener esta identidad falsa y ese aspecto andrógino en público es mucho por solo el sueldo mínimo.” volvió a objetar. “Al menos es un lugar estable, ya somos empleados vitales. No pueden despedirnos tan fácilmente como lo harían en otros lugares.” dijo mientras ayudaba a Luis a ponerse la cofia.
“¿No ves la realidad? Casi no hay trabajo para profesionales con título, mucho menos para alguien que todavía no tiene el suyo.” terminó de ajustarle unos moños en el cabello a su amigo. “Además… ¿no querías tú tener una PC GAMER?” le dio un codazo suave en el costado.
“Este año sale el GTA VI. ¿Acaso quieres estar en un trabajo peor pagado y con menos dinero para esas fechas sólo porque te molestaba usar vestidos?” Rodeó con su brazo a su amigo, quien empezaba a reflexionar sobre su situación. “Vamos, Luis. Has este pequeño sacrificio.” lo animó.
Él se quedó pensativo mientras veía el reflejo de ambos, casi irreconocible de las figuras masculinas que hace un año solía ver. Las palabras de Marcelo calaron profundo, imaginó su cuenta bancaria enflaqueciendo y esforzándose para llegar a fin de mes.
“Está bien.” dijo finalmente. “Pero el GTA VI sale solo para consola.” Tomó su bolso, no eran tan necesarios que los tuvieran, pero Marcelo lo había convencido de que eran más versátiles e ideales para su trabajo. “Lo compraremos a medias antes de que vuelvan a subirle el precio.” propuso. “Trato hecho.” respondió Marcelo sin demora.
Salieron de su departamento, ignorando miradas curiosas y susurros extraños. Les esperaba una larga tarde como meseras, una clientela que disfrutaba de su atención, unas compañeras de trabajo amables y un cheque decente a fin de mes.
FIN
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