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Escrita por: “Irene Naridza”
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Mamá está como loca con esto del aumento de la delincuencia en la capital, se ha puesto hacer lo poco que tiene a su alcance para aumentar la seguridad en casa. No la culpo, nunca habíamos tenido este nivel de violencia antes aquí en Quito.
Puso un par de cámaras baratas y un alambrado delgado sobre la reja del patio frontal. También se ha puesto a cargar consigo un gas pimienta en su bolso, entre otras cosas para defensa personal.
Aún así, no parecía sentirse segura. Decía que el momento desde que salimos de casa hasta que llegamos a nuestro destino es cuando más propensos estamos a ser abordados por delincuentes. También tiene razón en eso.
En lo que no estoy muy seguro de que tenga razón es en esta nueva medida de seguridad que me ha hecho tomar. La cual es nada menos que usar el vagón femenino del metro mientras vuelvo de la escuela. No sería la gran cosa, de no ser que soy un chico.
— Si usas esto, nadie te mirará dos veces antes de dejarte usar el vagón de las mujeres. — Fue lo que dijo mientras me mostraba que consiguió el uniforme femenino de mi escuela. — Mamá, ¿perdiste la cabeza? — fue lo que pude responder después de escupir el agua de horchata que estaba bebiendo.
— Claro que no. — respondió mientras ponía el uniforme en mis manos. — Los vagones femeninos son mucho más seguros que los vagones estándar. Siempre tienen guardias vigilando que ningún malviviente suba y tienen más cámaras. — fue su justificación.
— Ya… ¿y qué ocurre si todas esas cámaras y guardias me descubren? — La idea tenía muchos peros que no me convencían. — Primero, no te van a descubrir, me aseguraré de eso. Segundo. Si te descubren, no te harán nada peor a lo que un criminal podría hacerte por robarte el celular. — dijo convencida.
No pude argumentar mucho más antes de que me hubiera metido en aquel uniforme. Mallas blancas, falda plisada azul marino, chompa azul sin mangas, corbata y zapatos negros de hebilla. También me dió una peluca de cabello largo. Así me diferenciaría más de mi yo masculino.
No morí de vergüenza solo porque estábamos solo ella y yo en la privacidad de la casa. Pero cuando me arrastró hasta la estación de metro para hacer una prueba, casi me desmayo. Sentía mil miradas clavadas en mi. No sabía si el frío que sentía eran los nervios recorriendo mi espalda o el viento filtrándose por la falda.
En cuanto entramos al vagón femenino. Todo fue diferente. Era más silencioso, menos gente llamando la atención. Las únicas miradas ocasionales eran de la guardia que estaba en una esquina.
Nos bajamos en la siguiente estación y solo salimos para entrar por el otro lado hacia la línea de regreso. El trayecto fue igual, sumamente tranquilo. Así fue como me convenció del método de transporte seguro.
El único pero que quedaba era el cómo cambiarme de ropa sin que nadie me note. Las mallas podía usarlas bajo los pantalones. La chompa es la misma en ambos uniformes. La peluca, los zapatos y la falda eran lo difícil.
Lo solucioné todo al ir a cambiarme en la solitaria bodega que está en un rincón perfecto de la escuela. Siempre pido permiso para ir al baño 10 minutos antes de la salida, es una perfecta excusa para salir temprano. Al esconderme en la bodega no me notaría ni regañarían por deambular por los pasillos.
Allí en la bodega me cambio con el resto del uniforme femenino que oculto en la mochila y espero la sirena de salida. Es cuando los pasillos se inundan de chicos charlando y moviéndose hacia la salida. Nadie se fija mucho en la chica que sale de la bodega. Los primeros días casi lo hacen, no dejaba de temblar ni sudar nerviosamente.
Ahora, me mezclo y me deslizo suavemente hasta la estación de metro donde me deslizo dentro del pacífico vagón femenino sin mayores inconvenientes que no encontrar asientos libres.
Otro complemento más que me ha dado mamá, son estos audífonos de diadema. Ayudan a que la peluca no se caiga y a que pueda escuchar mi música favorita mientras soy una chica más del montón intentando llegar segura a casa después de la escuela.
FIN
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--------------- Opinión de la Autora ---------------
Lastimosamente, las preocupaciones de la madre están inspiradas en el aumento real de la violencia en Quito, la capital de Ecuador.
Omití un detalle para no hacer la historia muy oscura. El protagonista describe que encontraron un cuerpo decapitado casi colgado de un puente. Esto fue un hecho real que pasó en Quito y fue noticia en TODO el país pues ese tipo de violencia nunca se había visto en la capital.
Tenía pensado en describir más un trayecto en tren hacia casa, pero creo que la historia ya era lo suficientemente larga. Esa idea la guardaré para otra historia.
------------------------ GRACIAS POR VER ------------------------


