martes, 2 de junio de 2026

LA CADENA DORADA - HISTORIA TG COMISIONADA POR Anónimo.

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Escrita por: “Irene Naridza”

Comisión pagada por “Anónimo”

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Maldición. Todavía estoy muy lejos de casa y casi no siento mis piernas. Debo haber caminado ya más de 10 kilómetros. Al menos el sol ya se ocultó entre las nubes. Eso es bueno, ya no me queda dinero, me queda poca agua en esta botella y ningún auto se está deteniendo. 

Insensibles. ¿Por qué no les conmueve una chica caminando a lado de la carretera? Qué dilema es este en el que me he metido.

Yo era un chico universitario llamado Kevin. Estudio contabilidad y me iba regular. Cuando llegó mi etapa de prácticas profesionales, me enviaron a una vieja casa de empeño que tenía más polvo que objetos de valor en sus repisas. 

Aun así, la anciana que dirigía el lugar seguía atendiendo gente que venía de vez en cuando a cambiar oro o cheques. Hacer su documentación era tedioso, pues debía pasar a digital las anotaciones a mano de la anciana y por su edad, no tiene la mejor caligrafía. Encima tenía que limpiar mi zona de trabajo si no quería estornudar erráticamente.

La anciana siempre limpiaba torpemente, enfocada en contar sus historias de cómo antaño, esa era una Casa de Empeño llena de clientes que le traían todo tipo de tareas y objetos misteriosos, casi mágicos. Yo siempre le daba la razón en todo, para contentarla y hacer que me diera un buen trato.

Esto que voy a contar, no me enorgullece, pero… es lo que pasó. Antes de que terminaran mis prácticas, noté que la anciana dejaba olvidados muchos de los objetos de la tienda. Uno de ellos, era una cadena de oro que estaba literalmente enterrada en polvo. Si no fuera porque yo limpiaba, jamás la habría notado en la parte baja de esa vitrina.

Me llamaba mucho la atención los símbolos extraños que tenía grabados en cada eslabón. Una rápida investigación dijo que eran algo de tribus antiguas de Europa del este. Esa cadena debía ser toda una reliquia, una de buen valor.

Revisando los inventarios de la anciana, ni esa cadena ni otros objetos estaban en sus garabatos que tenía en sus cuadernos. Para no levantar sospechas si alguna vez recordaba estas cosas, solo tomé la cadena antes de irme.

Las siguientes semanas, no escuché que ella pusiera alguna queja o que notara su ausencia. Había logrado sacarla sin que se diera cuenta de nada.

Por sí sola no me servía de nada, necesitaba dinero, no presumir cosas costosas. Fue así como se me ocurrió ir a Las Vegas. Aproveché que tenía un fin de semana libre y que tenía un poco de dinero ahorrado.

Mi plan era ir a una tienda de joyas y venderla. Conocía algunas que no pedían comprobante de propiedad, pero a cambio no te daban el precio completo. Era un cambio justo.

Mi amigo que está en la facultad de derecho me ha contado que hay UN MONTÓN de formas de seguir las pistas de alguién. Por eso decidí ir en bus. Sería más discreto que ir en auto y dejar registro de placas en los peajes. También decidí dejar en mi habitación del campus mi identificación, así ni aunque de alguna forma me requisaran, no sabrían quién era.

Allí en el bus decidí ponerme la cadena y tomarme un par de fotografías con mi teléfono. La vendería de todas formas, pero no estaba mal tomarme un par de fotos antes de hacerlo. Se me veía genial, brillaba de forma discreta alrededor de mi cuello, resaltando de forma elegante entre mi chaqueta negra y mi camisa blanca.

Empezó a darme sueño, por lo que me acomodé en mi asiento y bostecé antes de cerrar los ojos. Antes de quedarme dormido, sentí un calorcito recorrer todo mi cuerpo, pensé que era la comodidad, por lo que simplemente me seguí poniendo cómodo.

Me desperté de golpe cuando sentí que alguien me tiraba al suelo. Todo estaba de cabeza y escuchaba susurros, no me daba cuenta aún de nada. Entonces, en el pasillo del autobús, ví como un sujeto encapuchado y delgado se estaba bajando corriendo del bus con la cadena de oro en la mano.

De inmediato, grité que lo detuvieran y lo raro empezó. Mi voz era muy aguda y femenina. Pensé que era por no tomar agua, por lo que me puse de pie e intenté perseguirlo. Me vi ralentizado porque mi ropa me quedaba grande. 

Cuando llegué a la puerta del bus, ví al sujeto subir en una moto dónde lo esperaba un secuaz y alejarse rápidamente. Solo allí me di cuenta de dónde estábamos en una pausa en la gasolinera.

Intenté pedirle a alguien que persiguiera a esos tipos, estaba muy alterado. Fue en eso cuando un hombre se me acercó y me preguntó. “¿Está bien, señorita?” eso me dejó sin palabras, lo ignoré e intenté explicar que ese sujeto me había robado la cadena.

Fue en eso que pude verme en el reflejo del parabrisas del bus… me había convertido en una chica. No sé qué me ocurrió, de pronto perdí fuerza en las piernas y luego solo vi blanco.

Recuerdo despertarme en una camilla de una ambulancia. Mucha gente me estaba viendo y un par de policías querían hablar conmigo. Yo seguía tan alterado, sin saber que hacer ni por dónde empezar. No podía decir palabra alguna.

No tenía idea alguna de cómo terminé con esta forma… probablemente haya sido esa cadena, pero incluso ahora no estoy seguro. Lo que sí estaba seguro en ese momento, es que lo que menos debía hacer era llamar la atención.

La idea de denunciar el robo era ideal. Pero eso implicaría que me pregunten de dónde saqué la cadena o quién era yo. Decir que era un chico y que la había robado era tan descabellado que si no terminaba en la cárcel por hurto habría terminado en algún manicomio.

No pude evitar que me llevaran a la comisaría, solo guardar silencio. Allí dije que no quería presentar cargos y que solo quería irme a casa. Ellos no insistieron y se ofrecieron a llamar a mis familiares. Les dije que estaba bien, que no lo necesitaba. No podía esperar a que me dejaran ir, cuando ellos me dijeron que tomarían mis datos como registro rutinario.

Me quedé en blanco cuando me preguntaron mi nombre y número de identificación. Estaba por decirles mis credenciales reales, pero temiendo que se dieran cuenta de todo, simplemente me quedé en silencio.

Inventé que por la presión y porque me golpeé la cabeza, no recordaba mis datos. Ellos dijeron que intentara revisando mi billetera. Decirles que no la traía hubiera sido muy sospechoso, pero para mala suerte, o buena suerte en ese caso, al buscarla mi billetera noté que no la tenía, solo mis llaves quedaban. Decidí usarlo como excusa para poder irme.

Ellos entonces solo pidieron mi nombre, para dejar alguna constancia. Un nombre inundó mi mente, “Kendall McLean” dije sin saber de dónde venía. Eso les bastó y finalmente pude irme. Es así como terminé aquí varado en la ciudad. Sin dinero, sin identificaciones y sin idea de lo que realmente había pasado con mi cuerpo.

Sin saber qué hacer, me quedé sentada en un parque cercano. Intentaba pensar en una forma de volver, pero no se me ocurría nada. De pronto, algo cayó frente a mí. Al verlo bien, noté que era un billete de 5 dólares. Al levantar mi vista, vi a un hombre con traje que me miraba con lástima mientras se alejaba. ME ESTABAN TOMANDO POR ALGUNA VAGABUNDA.

Indignado, pensé en tirarle el dinero, pero luego, pensé en mi situación. Una chica joven con aspecto desaliñado y con ropa que le queda grande. A simple vista… en verdad parecía una chica de la calle.

Como no tenía dinero. Decidí seguir sentado allí, dando lastima para conseguir un poco de limosna. Intentaba reunir lo suficiente para al menos volver a casa. Puse una lata que había sacado de un basurero cercano para dejar más claras mis súplicas.

Por el resto de la mañana, la gente siguió dándome algunas monedas. La lata se llenó rápidamente. Lo bueno de Las Vegas es que hay mucha gente con dinero. Muchos vienen a malgastarlo en los casinos, por lo que, no sentía que los estafaba de ninguna forma.

El único problema era el sol. Pero estar cerca de una fuente era un poco refrescante. Me hubiera gustado quedarme más tiempo. Pero vi que alguien me señalaba a la distancia. Al fijarme, noté que estaba con unos policías.

Antes pensaba que eso de echar a los vagabundos de las zonas públicas es algo cruel, ahora sé que es completamente inhumano. Terminé caminando sin rumbo otra vez, pero al menos ya con algo de dinero.

Fui directo a una terminal de buses e intenté pedir un boleto de vuelta a mi ciudad. Pero me exigían dar alguna identificación. Eso es una tontería, tenía el dinero justo, pero insistieron en que sin identificaciones no podían vender. ¿Cuál es la necesidad de las empresas de siempre querer los datos personales de los clientes? QUE TONTERÍA, en otros estados no te piden eso.

Con menos opciones. Decidí que regresaría caminando y pidiendo aventón en la carretera, pero primero necesitaba comprar comida y algo nuevo que ponerme. Lo bueno es que incluso aquí hay tiendas de segunda mano con baratijas. Lo malo, es que no siempre tienen lo más discreto.

Lo único que estaba en mi presupuesto eran unos pantaloncillos de mezclilla cortos y algo apretados. Decidí comprarlos ya que, de todas formas, hacía mucho calor. También compré unos tenis de mi talla de color blanco. Mi camisa y chaqueta, aunque algunas tallas más grandes, se sentían bien, aunque tenía que llevar la chaqueta en la mano.

Pude cambiar mis zapatos y pantalones de hombre al vendedor por unos cupones de comida para un restaurante cercano. Por supuesto acepté. La comida nunca supo mejor, aunque sabía que esos restaurantes servían peor comida que las cadenas de comida chatarra.

Lo último que compré fueron unas botellas de agua y me puse a pedir aventón de vuelta a mi ciudad. No tardé en conseguirla, un sujeto joven se detuvo de inmediato y me preguntó muy sonriente a dónde iba. Lo bueno de ser una cara bonita, supongo.

Al subirme se puso a interrogarme incluso más que los policías. Preguntó de dónde era, qué me gustaba y si tenía novio. Sabía a dónde quería llegar, yo mismo había usado esa técnica de ligar antes, pero siendo más discreto. Este tipo no podía ocultar estar algo urgido por tener una cita.

Pensé en decirle las palabras mágicas para quitármelo de encima. “(Vuelvo de un seminario. No puedo esperar a ver a mi novio.)” eso en definitiva funcionaría, pero también podría hacer que me dejara a un lado de la carretera. Por lo que simplemente me la pasé dándole la razón en todo lo que decía.

Cuando finalmente llegamos a mi ciudad, decidí darle el primer número que me vino a la mente. Le dije que había perdido mi celular, pero que ese era el número de una amiga. Eso lo hizo sonreír. Me siento un poco mal por él, pero no podía complacerlo como él buscaba.

Caminé otra hora hasta poder llegar al campus, por un momento pensé que no me dejarían entrar sin identificación. Probé caminar despreocupadamente por la entrada y… el sujeto de la caseta solo me chifló y se rió entre dientes cuando volteé a verlo. Sonreí torpemente y seguí mi camino.

Apenas pude evitar correr por los pasillos hacia mi habitación. Al entrar, sentí mi corazón caer al piso. Mis cosas no estaban. Mis sábanas rojas ahora eran violetas y mi escritorio dónde estaba mi laptop ahora tenía una MacBook con unas estampas de ositos.

Estaba desesperándome cuando alguien tocó mi hombro y me volteé sobresaltado. Una chica que nunca había visto estaba allí. “Kendall. aquí estás.” dijo ella. “¿Quieres salir un rato?” dijo despreocupada. “Las chicas y yo vamos a salir por café en ese nuevo StarBucks.”

Me quedé quieto, esperando que notara que no era a quién buscaba, pero ella me seguía mirando, esperando una respuesta. “¿Estás bien?… luces algo quemada. ¿saliste a caminar?” su tono preocupado no hacía más que confundirme más.

“Te pondré una pomada.” antes que pudiera decir algo, me tomó de la mano y me sentó en una silla cerca del escritorio. Allí recordé algo. Abrí lentamente el cajón del escritorio. Entre lápices, una calculadora y un paquete de compresas estaba una identificación. “LICENCIA DE CONDUCIR DE CALIFORNIA.” leí en voz baja mientras esa chica buscaba la pomada.

La levanté para verla. “NOMBRE: KENDALL MCLEAN PANE – Fecha de nacimiento: 26/05/2005 – SEXO: Femenino. – Estatura: 1,61 m – C. OJOS: Marrones – DIRECCIÓN: Bakersfield, CA.” 

Allí, estaba yo… o al menos. La chica que ahora era yo… esto no puede estar pasando.


FIN

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viernes, 29 de mayo de 2026

UN TRABAJO AL FIN

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Escrita por: “Irene Naridza”

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Me quedo de pie intentando procesar todo, sin saber por dónde empezar. Estoy notando como los tacones que estoy usando se hunden en la blanca escarcha acumulada por todas partes. No hace falta que sople el viento para sentir lo frío que está el ambiente en estas montañas.

Llevar mangas hasta el codo no es lo mejor, tampoco que este sea un vestido corto, pero estas mallas blancas sí hacen un buen trabajo protegiéndome del frío, además de combinar con la nieve.

Sigo hipnotizado en mi figura y en este atuendo que olvidé por un momento mi situación concreta. Mi novia me acaba de dejar en este lugar en medio de la nada.

Todo empezó hace una semanas. Yo perdí mi trabajo tras el quiebre de la empresa donde trabajaba como oficinista. Un trabajo rutinario y mundano. Algunos lo llamarían aburrido, pero para mí era una rutina cómoda.

Intenté buscar empleo en todos lados, pero alguien que solo sabe redactar cosas y llevar agendas no es muy solicitado hoy en día. Mi novia me ayudó a conseguir trabajos, pero como barrendero o conserje. Eso me pareció humillante, pero tuve que tragarme mi orgullo a regañadientes por el dinero.

Todo tiene un límite, y ese trabajador en la oficina que entró con lodo justo después de que limpiara el pasillo, cruzó un límite claro de desconsideración. Le reclamé de forma leve, sin alzar la voz ni ser ofensivo. Resultó que era buen amigo del jefe y me despidieron. “Si no te gusta tu trabajo, podrás encontrar algo mejor en otro sitio.” fue lo que me dijeron mientras me dieron la carta de terminación de contrato.

Los siguientes días estuve tan molesto que lo único que hacía era quedarme en casa, ordenar todo, enviar hojas de vida y sentarme a jugar vídeo juegos. En verdad no se me ocurría nada más y no quería volver a ser conserje, pues no era un trabajo respetado.

Un mes entero pasó en un parpadeo, solo me di cuenta por la nueva temporada del juego en el que viciaba. Mi novia estaba enfadada conmigo. Ella me había conseguido contactos, pero todos eran lo mismo; conserje, limpia baños o cosas por el estilo.

Creo que yo también crucé otro límite con ella cuando me escondió la consola de videojuegos y me exigió que consiguiera un trabajo en lo que sea. Fue cuando por fin puse los pies en la tierra, estaba desperdiciando demasiado tiempo y oportunidades que, aunque no eran las mejores, eran mejor que no tener nada.

Por mala suerte, ahora todos esos puestos ya estaban ocupados. No tenía palabras para explicárselo adecuadamente, por lo que simplemente se lo escupí. “Ya no hay vacantes disponibles.” lo dije en voz baja, pero ella lo escuchó correctamente. Esa noche dormí en el sofá.

Me despertó con otro ultimátum. “Vas a tomar el próximo trabajo que te consiga, sea en lo que sea y con las condiciones que sean.” dijo Natasha de forma cortante. “Si no, AQUÍ TERMINAMOS.” exclamó. Yo asentí sin decir nada.

Dicho y hecho. Ella logró conseguir un trabajo en un lugar lejano. En pocas palabras; es un motel de lujo. En palabras más apropiadas; es una cabaña campestre en las montañas con una asombrosa vista al paisaje de los bosques de pinos y las colinas blancas. Se renta a parejas que buscaban una cita inolvidable o amantes de la naturaleza y tranquilidad.

Necesitaban que alguien limpiara a cada que los inquilinos se iban y que dejara todo listo para los nuevos. Allí es donde entraría yo, como conserje nuevamente.

Había una letra pequeña en esto. Los dueños de la cabaña, o mejor dicho, dueñas, preferían contratar solo mujeres. No me detuve a cuestionar las razones de ello, solo pensé que era una opción descartable… hasta que mi novia me pasó una caja con su ropa vieja.

“Ahora esto es para tí.” dijo con una cara seria. “¿Quieres que las venda?” pregunté sin ganas. “No, tonto. Vas a usarlas para tu trabajo en la cabaña.” la sorpresa fue tan grande que dejé caer la caja. “¿Qué?” dije con voz desafinada. “Vas a trabajar en la cabaña y sí. Tendrás que hacerte pasar por chica.” me aclaró mientras buscaba algo en su tocador.

“¿PERDISTE LA CABEZA?” pregunté cuando por fin salí de mi asombro. “Esto no es solo más humillante que ser conserje. Es ilegal ir contra términos de un contrato." Este era un problema en el que no quería meterme.

“Tú descuida. No estamos estafando a nadie.” respondió al ordenar un par de productos de maquillaje. “Solo ocultando ciertos detalles que, en este caso específico. No tienen mucha importancia.” señaló el banquito. “Ahora siéntate, tengo que maquillarte para tu entrevista, es en unas horas.”

Debí quedarme en otro shock, porque recuerdo que me tomó de los hombros y me hizo sentarme para pasar varios minutos con ella frotando brochas con productos que olían extraño. También me dio un caramelo que cambió mi voz. Cuando terminó, me parecía un poco a mi hermana. Las chicas en verdad pueden hacer magia con su maquillaje.

La entrevista fue sorprendentemente bien. Fue por internet. “Hola… ¿Connie?” dijo una mujer de mediana edad que estaba muy atenta a su celular. “Sí, soy yo.” dije torpemente. “Me fuiste recomendada por un contacto. ¿Sabes algo sobre limpiar cabañas?” solo me miró dos veces antes de devolver su mirada a su celular. “Por supuesto.” respondí.

“¿Tienes problemas para transportarte hasta Overlook Hills?” preguntó aún con su indiferencia. Conocía el lugar, Natasha y yo incluso habíamos alquilado esa cabaña para nuestro aniversario hace unos meses, es fácil llegar en auto. “No, tengo un auto decente.” respondí.

“¿Tienes problemas para trabajar en lugares fríos?” levantó sus ojos celestes de su teléfono por un segundo antes de devolver su atención allí. “No, claro que no.” dijo con una sonrisa. En la parte que mostraba mi cámara, pude ver el labial resplandecer.

“¿Te parece bien el sueldo básico?” preguntó sin ganas. “No, es perfecto.” contesté mientras Natasha me miraba inquisitivamente desde la puerta de la habitación. “Perfecto, el trabajo es tuyo.” dijo al mirarme finalmente. “Ven mañana a la cabaña para firmar el contrato. Está en el primer camino secundario del kilómetro 237 del condado de Overlook Hills.” indicó mientras un gran alivio me llenaba.

“No harás ningún trabajo pesado y la cabaña tiene buena calefacción. Hay ya poca nieve, así que no es necesario que vengas muy abrigada.” indicó antes de que nos despidiéramos.

Natasha me dió unas palmaditas en el hombro. “Felicidades, Connie, ya no estás desempleada.” dijo con un sarcasmo tan sutil que parecía que lo decía en serio.

Ella me despertó muy temprano para que me duchara, me maquillara, me pusiera el atuendo de vestido corto negro, mallas blancas y unos tacones. Parecía más un atuendo para ciudad que para ir a una cabaña. “Es para dejarle la impresión correcta de tí… Connie.” dijo mientras ajustaba una peluca negra. “Ella tiene otros negocios que atender. No la verás en mucho tiempo.” aclaró.

El trayecto fue más corto de lo que esperaba. En tan solo una hora, ya estaba frente a la cabaña. “Voy a necesitar el auto hoy, pero no te preocupes, volveré a las 19:00 PM” Natasha no me dejó contestar, se fue antes de que pudiera protestar, podría jurar que la vi sonreír por un momento.

Al no tener mucho más que hacer, recogí el bolso blanco que también me dió y caminé hasta la cabaña, el tacón se hundió en la nieve más de una vez, pero pude mantener mi paso firme.

Ni bien golpeé la puerta, allí estaba mi nueva jefa. “Por fin llegas.” dijo, en verdad tenía prisa, bastante en verdad. Me pidió dejar mis tacones en la entrada, en un armario de zapatos. Las tablas del suelo se sentían tibias mientras caminaba hasta la sala, donde me hizo firmar el contrato, me entregó todas las llaves que necesitaría.

“Esas son las puertas principales, esas de las habitaciones, esas del cobertizo y esas de la caseta del personal. Está media colina más abajo, puedes quedarte allí mientras la cabaña está ocupada por los inquilinos.” Explicó rápidamente. No tendría problemas en recordarlo, pues las llaves tienen un forro plástico de un color específico según su función.

Sin permitirme preguntar algo, me indicó que limpiara las ventanas antes de salir y subirse a su camioneta. Lo siguiente que supe, fue que estaba completamente solo en esta cabaña y con una larga lista de tareas que aparecían en el documento compartido en mi celular.

No puedo detenerme a reflexionar nada más. Los próximos inquilinos estarán aquí en media hora. Se irán antes del atardecer, pero una hora después, otra pareja vendrá a pasar una noche espectacular.

El reflejo de ‘Connie’ se marcó en cada ventana que limpiaba, se veía más bonita mientras sonreía. Ella no me convencía del todo, pero me parece un detalle a asumir bastante justo teniendo en cuenta los beneficios: Tendré la cabaña sola mientras la limpio, un sueldo decente, lo más pesado que haría es palear nieve y lo mejor; no tendré que usar esos tacones aquí dentro. Es un alivio, empezaba a odiarlos.


FIN

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--------------- Opinión de la Autora ---------------

La idea de esta historia ya rondaba por mi cabeza, pero como concepto suelto. Ayer volví a ver la película de “El Resplandor” y por fin pude tener la inspiración para los últimos detalles.

 

------------------------------------ GRACIAS POR VER ------------------------------------

 



sábado, 23 de mayo de 2026

Vecindario Fantasma

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Escrita por: “Irene Naridza”

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A Mike le gustaba usar ropa de chica desde muy joven. Siempre pensó que esos deseos que se sentían como una necesidad se irían con el tiempo, no ocurrió.

Lo que sí se terminó yendo fue la gente de su vecindario. Era una zona rural, no estaba nada mal y no le faltaba ningún servicio básico. Y eso también era el problema. Tenía lo básico, pero no lo que la gente moderna quería; la gran ciudad y sus maravillas.

No eran meros caprichos. Tener tu fuente de trabajo, servicios de emergencias, centros de ocio o al menos repartidores cerca de tu hogar era algo que cualquiera desearía y muchos daban por sentado. Fue así como uno a uno, se fueron mudando y las calles se hicieron más silenciosas de lo que ya eran.

Incluso la hermana de Mike se fue cuando se casó. Él lo hubiera hecho si no fuera porque tenía un trabajo remoto donde solo necesitaba su computadora con internet.

Lo segundo que le cayó bien fue que su hermana dejara mucha ropa suya en su antigua habitación. Sus padres acordaron que seguiría siendo su habitación para cuando viniera de visita. Mike había tomado la llave, le había sacado una copia y devuelto la original antes de que nadie lo notara, asegurando así acceso a un armario generosamente lleno.

Lo tercero que le cayó de maravilla, fue que ahora el vecindario era casi un pueblo fantasma. Él podía vestirse enteramente como chica y dar un paseo por sus calles sin tener miedo a que alguien lo reconociera.

Sus padres trabajaban en la ciudad, de lunes a viernes regresaban ya cuando atardecía y en los fines de semana pasaban todo el día en casa, pero toda la noche divirtiéndose en sus clubs de póker de gente mayor.

La primera vez, salió en medio de la noche de un sábado, agregando el manto oscuro nocturno a su camuflaje. Solo caminó en círculos frente a su casa, escuchando como el chasquido de sus tacones hacían un eco ruidoso en la calle. Se arrepintió de no ponerse algún par de las decenas de mallas que tenía a disposición. Volvió dentro después de estornudar tras recibir varias brisas heladas de la noche. Eso fue lo que le hizo perder el miedo.

Ahora, siempre que estaba solo en casa durante su trabajo remoto, se ponía algún conjunto. Por reformas de la ley, era prohibido exigir cámaras encendidas, no tenía nada que temer en ese aspecto.

Cuando llegaba su hora de descanso, daba un corto paseo por el jardín trasero, donde comía su almuerzo. Cuando llegaba su hora de salida a las 16:00 PM, aún tendría una hora para sí mismo antes que sus padres volvieran. Era cuando daba sus largas caminatas.

Este era uno de esos días. Usaba tacones negros, mallas negras hechas de un nylon algo rígido pero que reflejaba la luz directa. Una falda marrón rígida que llegaba hasta sus muslos, una blusa negra de mangas largas tubo. Usaba también un sujetador y calcetines para imitar formas de senos, ponérselo era una de sus rutinas matutinas.

Salió de su casa y recibió directamente la briza fría vespertina. Esta vez, el uso de esas mallas gruesas le aseguraba mantener cierta protección cálida en sus piernas. Ya no necesitaba dar un profundo suspiro para reunir fuerzas, simplemente sonreía y bajaba las escaleras de cemento hasta la calle y decidía qué ruta tomaría. Se había vuelto muy confiado, tal vez demasiado.

Ya se había acostumbrado a que sus tacones hicieran ruido. El viento soplando por las calles era el único otro ruido que lo acompañaba. Viera a donde viera, veía casas con letreros que las declaraban en venta.

Antaño era un vecindario lleno de vida, pero también lleno de ojos inquisidores que no veían bien los gustos que estuvieran fuera de la norma. Esa fue otra de las razones por las que Mike no había intentado mudarse.

Él no quería ir donde estaba la gente. No quería tentar a la suerte comprobando si eran prejuiciosos o de mente abierta. No había garantías de no ganarse burlas o estigma social. Pero allí, la gente brillaba por su ausencia, y Mike prefería ese tipo de brillo. Todo un vecindario por el cual pasear sin preocupaciones.

El viento volvió a soplar, acariciando y moviendo su cabello largo. Veía el cielo azul pálido mientras sentía la tela rígida de la falda rozando sus muslos con suavidad. La caricia de las mangas tubo que sentía a cada que movía sus brazos le recordaban que estaban allí. Todo un momento de paz sin nadie más que lo juzgase. No pudo evitar emitir una risita.

La incomodidad ocasionada por la fatiga tras usar tacones todo el día era lo que le indicaba que era hora de volver a casa. Miró por última vez a un conjunto de casas vacías que tenían un bosque tras de sí. Dio media vuelta y se dirigió a casa.

Tarareó una canción que sincronizó con el chasquido de sus pasos. Acercó su muñeca a su rostro para consultar la hora en su reloj inteligente. Eran las 16:43, su paseo había tenido una duración adecuada. Un par de minutos más tarde, la silueta de su casa no tardó en aparecer.

Justo en el umbral, palpó su falda, en busca de los ajustados bolsillos donde había puesto sus llaves, pero se encontró con el plano tacto de la tela revisara donde revisara. El escalofrío que sintió fue más helado que cualquier briza. Se dio cuenta, se había confiado y se había descuidado.

Esa era una falda sin bolsillos, ya las había usado antes, llevando su celular y sus llaves en la mano. Esa tarde no notó que había dejado ambos sobre su escritorio antes de salir.

No había árboles altos ni fuertes cerca, no había ventanas laterales en el primer piso, el camino hasta el patio trasero estaba bloqueado por una puerta de metal,  los muros eran muy lisos, las ventanas frontales estaban con seguro y no podía hacerle nada a esa puerta de vidrio. Hasta ahora, nunca había maldecido la extraña forma de caja de zapatos que tenía su casa.

Mike estaba sentado en las gradas de cemento, se había quitado los tacones y los había acomodado junto a él. Acercó su muñeca a su rostro por quinta vez, pero el tiempo parecía haberse ralentizado. Seguían siendo las 17:27 y sus padres todavía no volvían a casa. Eso no era un alivio, era una agobiante tortura.

Solo podía esperar la larga espera mientras buscaba la mejor forma de explicarles a sus padres sobre su gusto por la ropa femenina.

FIN

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Un Momento de Diversión

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Escrita por: “Irene Naridza”

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Andy disfrutaba mucho de usar la ropa de su hermana mientras estaba solo en casa. A él le parecía absurdamente divertido jugar a ser una niña boba haciendo cosas torpes.

Siempre se ponía la ropa que su hermana había dejado tirada en el suelo, de esa forma ella nunca notaba que alguien la había tomado.

A veces también tomaba los labiales de su madre y los usaba. Como ella tampoco parecía notar nada, a veces ni los devolvía.

Hoy había tomado un par de mallas negras, un pequeño vestido blanquinegro que su hermana ya casi no usaba y una peluca rubia de sus disfraces de Halloween.

Se paseaba por la sala fingiendo ser una princesa. “Decreto que todos los días sean festivales…” decía con una voz exageradamente aguda. “...y que hagan tartas en mi honor.” dijo antes de romper a reír.

Algo que Andy no sabía, era que sus padres habían oído sobre ladrones que habían entrado a condominios cercanos. El notar que 3 de sus costosos labiales habían desaparecido alarmó a su madre. Todo eso los apresuró a plantar cámaras ocultas en la sala.

Esa tarde finalmente descubriría al responsable. 


FIN

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CONVERSACIONES DE ESCALERAS

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Escrita por: “Irene Naridza”

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Desde que se divorció, mamá vive en su propio mundo de farándula bajo los destellos de las cámaras y micrófonos de los reporteros que siempre quieren saber su opinión. Resulta sorprendente que tantos estén pendientes de ella mientras que cuando hablo con gente por medio de cuentas falsas en internet, muchos no tienen idea de quién es Teti Llivicura. 

Mi madre es diseñadora de moda aquí en Francia, pero no somos franceses. Somos de Ecuador, de la zona andina. Allí hace frío pero no lo suficiente como para que caiga nieve como aquí… o eso decía mi padre.

Llegamos a Francia gracias a que mamá era costurera. Tenía su propio taller de costura donde hacía uniformes de niñas para todas las escuelas y colegios de nuestra localidad. Pero no se quedaba allí, su sueño era ser una gran diseñadora de moda cuyas prendas las lucieran las mejores celebridades.

Un día, tuvo un golpe de suerte cuando confeccionó el vestido de quinceañera a una niña que era nieta de unos jubilados franceses que venían de vacaciones. Desde entonces ellos la recomendaron entre sus amigos cercanos quienes eran gente pudiente. 

En un año ya era reconocida como alguien talentosa y creativa entre esa clase alta. Fue entonces que uno de los extranjeros le propuso llevarla a trabajar a Francia como una de sus diseñadoras. Esa es la historia del ascenso de mi madre… o al menos eso es lo que me ha contado medio millón de veces. Yo era un bebé en ese entonces.

Lo que sí pude corroborar de primera mano fue como mamá se hizo millonaria con las regalías de sus diseños y que sus vestidos se venden en boutiques o secciones costosas de las tiendas departamentales.

( … )

¿Qué pasó con mi padre? Él era albañil, siempre me contaba sus historias de trabajar de sol a sol partiéndose la espalda haciendo trabajos pesados. Mamá le consiguió contactos para que pudiera trabajar como asistente de ingenieros mientras estudiaba una carrera en ese campo.

Yo apenas empezaba a entender las cosas cuando se graduó. Mamá le diseñó un terno especial. Si te fijabas, las hebras negras formaban un patrón de ladrillos sobre la tela gris, había también patrones de reglas y lápices junto a planos con una especie de tela reflectante. Incluso le confeccionó unos zapatos de cuero pese a que no era su especialidad.

El problema es que se enamoró de una de sus compañeras de esa academía y se mudaron a Inglaterra. No necesité que mamá me lo contara, lo ví hacerlo. Él dijo que era cuestión de compatibilidad y que cuando ya no hay amor, lo mejor es cortar por lo sano. ¡Tremendo enfermo! mamá le pagó la carrera e incluso armó un escándalo cuando intentaron deportarlo cuando aún no tenía la nacionalidad.

Eso fue hace muchos años. Al divorciarse dejó a mamá con mi custodia. Al revisar sus redes sociales en ese tiempo, descubrimos que había tenido una bebé con esa otra mujer. Eso pareció romper algo en la mente de mamá, quien empezó a actuar de forma super extraña.

Primero se cambió de nombre. No solo se quitó el apellido de papá, cosa que  me han dicho que pasa en todos los divorcios. Ya no quería que nadie la llamara Tatiana. Ahora es Teti y se molesta conmigo si incluso la llamo Tati. También quemó su vestido de novia, que pese a ser sencillo, lo amaba. Lo había confeccionado ella misma cuando aún vivía en Ecuador y no tenía mucho dinero.

( … )

¿En cuanto a mí?... bueno… hay algo que no he explicado… soy un chico… jeje. Mamá dijo que le recordaba demasiado a papá y que como no quería conservar nada relacionado a él… empezó a vestirme de niña... jeje. No le fue difícil. Con su sentido de la moda, siempre tenía una idea de que conjunto debía usar para no levantar dudas, si no existía en las tiendas, las creaba en una sola tarde.

Al principio pensé que era una broma extraña o parte de un episodio de delirio, pero este se extendió y se extendió, y ahora ya pasaron 3 años de eso. No he visto ni una sola prenda masculina en casa desde entonces, cortó toda y las rediseñó en un estilo femenino.

Como en casa tenemos todo lo que necesitamos, casi no salía de ella. Fue así como no mucha gente notó este cambio, excepto en mi escuela, estudio en línea. Mamá habló al respecto con las maestras y ellas empezaron a referirse a mí como Alya y tratarme como a una niña nueva. Como fueron tan cariñosas, no le vi problema alguno, me gusta esa escuela.

Ahora que sacó su colección de primavera, empezó a hacer más presentaciones a la prensa en festivales de moda alrededor de toda Francia. Me lleva con ella ya que le dije que no quería quedarme con niñeras.

Ella siempre tiene preparado un vestido, mallas, zapatos e incluso estilos de peinado diferentes para cada una de las presentaciones. Por ejemplo, este vestido blanco de ahora es uno de sus nuevos diseños de primavera. Me gusta como se ve este moño en forma de flor que tiene enfrente, aunque es muy grande y simplemente no puedo hacerlo sola.

Las mallas también son un diseño suyo, ahora que hay rayos de sol sobre nosotras, se pueden notar los patrones en color gris de flores florecientes. Los zapatos rosados bajos de hebilla los diseñó como alternativa de los tacones, pero están hechos de sus mismos materiales.

Ella también diseña mis peinados, siempre son simples pero ciertamente bonitos. Una coleta lateral sujetada por un lazo de listón rosado. Hace que parezca que tengo más cabello del lado derecho. Lo que termina de darle estilo es que está ondulado. Esta vez usó rizadores en lugar de planchas de calor.

Mamá acordó no hacerme llevar conjuntos ni peinados incómodos porque yo ya tengo suficiente con los destellos de las cámaras que también me terminan cubriendo. No me gustan porque me irritan los ojos, me marean y luego me cuesta dormir.

( … )

¿Qué pienso de esto de Alya? No estoy segura, es algo extraño sin lugar a dudas y hasta riesgoso cuando es en público. No quiero ni imaginar lo que pensaría la gente de mí o mi madre. Es por eso que casi siempre intento ir a un rincón donde no me enfoquen mucho las cámaras. Como estas escaleras amplias, me gusta la forma de alfil de las barandas. Se alejan del minimalismo que papá tanto promueve en sus redes sociales con sus trabajos.

Disculpa si estoy bostezando demasiado. Al principio de esta semana, mamá me llevó con una doctora para hacerme un chequeo médico. Tal parece que estoy sano, aún así ella me recetó unas pastillas que dice que debo tomar hasta nuevo aviso. Explicó que me harán crecer como una niña sana, pero que tenían algunos efectos secundarios inofensivos.

Sumado a los destellos, me han hecho sentir tan mareada que he tenido que sentarme. Fue en eso que te vi a tí, ajustando tu maquillaje en un espejo de bolsillo. Recordé que mamá me había comprado un brillo labial. Ella dice que será perfecto para las sesiones de fotos porque ya tengo edad para usarlo, pero nunca me explicó cómo aplicarlo.

En verdad hice un pequeño desastre manchándome la mejilla. Fue cuando me notaste, me ayudaste a limpiarlo e incluso ofreciste aplicarlo correctamente. A la vez me preguntaste cómo una niña tan linda como yo no sabía de labiales. Aún estaba tan mareada que incluso me había olvidado un poco el idioma, pero como se me estaba pasando, empecé a hablar y bueno, la explicación fue un poco larga, perdona por eso.

( ….. )

Gracias de nuevo por tu ayuda. Ya me llama mamá para que salga con ella junto a otras celebridades. Le gusta que posemos juntas para las fotos. Dice que es para guardarlas en un álbum especial y para presumirlas a papá para que vea lo que abandonó por una extraña. Aunque creo que ni las ve porque no me ha escrito en estos tres años.

No se como decirlo, señorita… Presse. Eso en tu gafete es tu nombre, ¿verdad?... Qué pregunta más tonta, disculpa. Es solo que, por favor, guarda el secreto. Esto no es algo que mamá quiera admitir y yo tampoco quiero que la gente empiece a decir que en realidad soy un niño en vestidos.

Si te he contado todo esto es por qué, aunque tengo algunas amigas, no he podido hablar con alguién más sobre esto, en verdad necesitaba hacerlo.

( … ) 

MUCHAS GRACIAS, SEÑORITA PRESSE. Usted es muy amable. Tengo que volver con mamá antes de que me llame por algún micrófono. Fue un gusto conocerla, que tenga un buen día.

FIN

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