martes, 11 de agosto de 2026

El Columpio en el Campo

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Escrita por Irene Naridza

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Hoy, toda la familia de Pedro partió a la ciudad para ver en la plaza la proyección del partido mundialista de la selección nacional.

Pedro vio eso como la oportunidad perfecta de quedarse solo en casa y poder usar la hermosa ropa de su hermana sin que nadie lo molestara. Su familia no sospechó nada, sabían que a él no le gustaba el fútbol.

Ni bien vio que la camioneta desapareció por el camino, corrió fuera de la casa. Su hermana siempre cerraba su habitación con llave al irse, pero aún podía entrar por la ventana, la cual por suerte, no estaba muy alta. Le fue muy fácil trepar allí junto a una bolsa pequeña.

Sintió una cálida electricidad recorrer su columna vertebral al abrir de par en par el armario y ver allí toda esa colorida ropa. Los vestidos estaban impecablemente ordenados en el perchero. Las faldas, pantis y pantimedias estaban dentro de los cajones, acomodadas en patrones cuadriculados.

No le tomó mucho decidir qué ponerse, ya tenía en mente un conjunto del que se había enamorado al ver a su hermana usar tantas veces con tanta naturalidad.

Consistía de un vestido verde pino con rayas cuadriculadas de un verde más claro. Unas pantimedias amarillas y unos zapatos de cuero marrón bastante bajos.

Sacó de la bolsa una peluca del mismo tono marrón de su cabello y se la puso con ayuda del espejo. Tampoco perdió la oportunidad de maquillarse un poco en el tocador de su hermana. Aunque no tenía mucho, tenía más de lo que él podría soñar.

Al final, allí estaba Katia, la simpática chica rural.

Puso su ropa de hombre dentro de su bolsa y la arrojó por la ventana para salir. Se quitó los zapatos para poder saltar. Menos mal, abajo había un tupido césped que servía como una colchoneta natural.

El contacto de sus piernas en malladas con el frío césped fue una sensación muy agradable, estaba fresquito pero no húmedo. Caminó así por un momento, aprovechando el aire fresco de la tarde.

Amaba tener tiempo para ella sola donde podía ser Katia sin temor. Le encantaba la brisa acariciando sus piernas y la sensación de exposición de la falda del vestido. Le recordaba que ya no estaba oculta dentro de una habitación, si no libre en el exterior.

Escondió la bolsa y se puso de vuelta los zapatos, quería ir a dar un paseo por los alrededores y allí sí era necesario tener un calzado decente.

Caminó por el sendero inclinado entre los árboles. Podía ver la montaña de al frente cubierta por árboles, había una carretera al fondo. Le gustaba pensar que los viajeros que lograsen verla, por la lejanía pensarían que se trataba de alguna chica linda dando un paseo.

Daba pasos cortos, un paso en falso y rodaría por la pendiente, lo cual era bastante peligroso. Aquel sendero terminaba en un barranco formado por años de deslaves. Para más seguridad, se aferraba a los árboles cercanos.

Llegó hasta un árbol en específico, este tenía un columpio en su rama más fuerte. En sus fuertes raíces expuestas se formaba un cómodo lugar para recostarse en días soleados.

Decidió jugar un poco en el columpio, disfrutando del movimiento vertiginoso. Aunque estaba completamente solo, decidió atrapar la falda del vestido con sus rodillas como instinto femenino que tanto había escuchado a su madre recomendar a su hermana.

Dió un par de risitas mientras se columpiaba más y más alto, esa suave adrenalina era algo que le encantaba, mucho más cuando era Katia. Había parques con columpios más decentes, pero no había forma de ir hasta allí siendo ella misma.

La gente podía presumir de ser moderna y tolerante, pero a la hora de interactuar o tener que convivir en persona con alguien así de diferente, actuaban de la misma forma ignorante y cerrada de la que podía esperarse.

En ese momento, Katia no quería pensar en ellos, quería pensar en ella y en lo divertido que era columpiarse en ese rincón personal entre los árboles, donde no había nadie que pudiera juzgarla o hacer chismes dañinos.

Simplemente reír y pasarla bien por un momento.

FIN

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------------------- Opinión de la Autora -------------------

  • La historia iba a terminar de forma cruel, con la familia llegando antes y Katia teniendo que esconderse en una zona cerca de su casa, teniendo que quedarse de pie hasta que se fueran nuevamente, pero decidí que tenga un buen momento. Su vida ya es lo suficientemente dura en una zona rural de Ecuador.

  • Me contuve mucho al describir a su entorno, no quiero que parezca que desprecio a la comunidad campesina, pero por experiencia propia, he tenido encuentros MUY feos y he visto otros que indignan. No todos los campesinos son crueles, pero también hay algunos conversadores y groseros y eso hay que señalarlo.




------------------------------------ GRACIAS POR VER ------------------------------------

lunes, 10 de agosto de 2026

Trabajo a Medio Tiempo

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Escrita por: “Irene Naridza”

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AÑO 2004

Fred estaba desesperado por encontrar un trabajo. Desde que se mudó de ciudad para poder ir a la universidad, sus padres lo ayudaban enviándole dinero cada mes. Sin embargo. Su padre había tenido un accidente laboral, por lo que ya no podía trabajar.

“Estaremos acudiendo a recursos legales para que le den una compensación legal a tu padre, por eso no te podremos enviar más dinero.” Le explicó su madre por teléfono. “Pero tienes suerte. En la ciudad en la que estás, nunca falta trabajo a jóvenes como tú. Te quiero, Fredo.”

La madre de Fred tenía razón a medias. Había mucho trabajo para jóvenes universitarios. Pero la paga era apenas del mínimo establecido por la ley a menos que tuviesen experiencia. Esos sueldos estaban pensados para jóvenes que querían tener un ingreso adicional a las ayudas que les diesen su familia. Pero en el caso de Fred, estaba completamente solo. 

Buscó en periódicos los anuncios de trabajo y tomó lo primero que encontró. Pero después de un mes trabajando como mesero de una cafetería en el centro, pudo ver como lo que ganaba se escurrió rápidamente entre las facturas.

Un día vio un anuncio que atrajo su atención de inmediato. “Se busca ayudante en Boutique. A medio tiempo. La paga será de 7500 maygels. (250 dólares)” La paga era un poco más del salario mínimo, pero tampoco era lo suficiente. Pero Fred estaba seguro de hacer alcanzar ese monto el tiempo suficiente hasta graduarse o hasta que la situación de sus padres se solucionara.

Al siguiente día se presentó en el lugar que marcaba la dirección. Era un local que estaba cerca de un centro comercial y no muy lejos de su universidad. Una zona que se veía bonita. Sin embargo, la sonrisa que se había formado en el rostro de Fred se desvaneció.

Cuando entró a la boutique y dijo que venía por el anuncio de la oferta de trabajo. La gerente le dio malas noticias. “La oferta es solo para chicas. El editor omitió esa parte por error. Les pediré que lo arreglen.” Dijo ella apenada.

Fred sintió que estaba nuevamente sin esperanza, estaba por irse cuando la mujer dijo. “Espera. Creo que te conozco. Eres Fred. ¿verdad?, el de la cafetería.” En ese momento, Fred también recordó a la mujer. Era Sandy, la mujer amable que amaba los capuchinos y que siempre dejaba buenas propinas.

Fred asintió con la cabeza. Sandy le preguntó porque estaba buscando un segundo trabajo de medio tiempo y Fred se desahogó con ella, contándolo todo por lo que había estado pasando últimamente. Al final de la conversación, Sandy se sentía con cierta obligación moral.

“Bueno, Fred. Ya conozco tu forma de atender clientes. Así que estoy segura de que lo harás muy bien.” Una sonrisa volvió a dibujarse en el rostro de Fred. “Pero el inconveniente es que esta es una tienda de ropa femenina. Y necesito una chica para que las clientas no se sientan incómodas… pero creo que tengo la solución para eso.” 

Mientras Sandy buscaba en un pequeño armario de su oficina, Fred se rascaba la cabeza sin entender a lo que se refería. “Entonces… ¿podré tener el trabajo…o no?” preguntó confundido. “Claro, pero primero. Necesitas una pequeña transformación.” Respondió Sandy mientras mostraba un conjunto de ropa femenina y un estuche de maquillaje.

Fred se sonrojó al darse cuenta de lo que tendría que hacer. Estaba por negarse, hasta que recordó que en verdad necesitaba el dinero. Suspiró y dejó que Sandy hiciera su trabajo.

DOS MESES DESPUÉS.

“Muchas Gracias por su compra.” Dijo con simpatía una dependienta mientras otra clienta satisfecha dejaba el local después de adquirir una nueva prenda. Fran, era la mejor empleada que Sandy había tenido en mucho tiempo. Fran era dócil, tenía paciencia y siempre tenía una sugerencia basada en el estilo de cada clienta.


“Sabes, Fran. Sigue así y pronto tendrás tu foto en el marco de ´Empleada del Mes´ en la vitrina principal.”
 Le dijo Sandy, su jefa, mientras se tomaban un descanso en una pequeña cafetería en la parte de atrás de la tienda.

Fran por su parte, estaba perdida una vez más en su propio mundo, mirándose en el espejo que había en una de las paredes. No podía creer que aquella chica que usaba una delicada blusa blanca, falda tubo negra, mallas oscuras, tacones y el cabello recogido en una cola de caballo era realmente una fachada de medio tiempo.

“Oye, Fran. ¿me escuchas?” Dijo Sandy, atrayendo finalmente la atención de su empleada. “Oh, sí. Te he escuchado. Sandy. Solo que… todavía no puedo creer lo rápido que ha pasado el tiempo y lo rápido que me he acostumbrado a ser…tú sabes. Una chica, al menos para el trabajo.” Dijo antes de darle un sorbo al café que ella misma había preparado.

Las primeras semanas de Fred siendo Fran fueron días donde los nervios hacían que tartamudease, pero gracias al apoyo de su jefa y la necesidad de tener dinero para subsistir. Fred logró adaptarse a ser Fran por 4 horas al día de lunes a viernes.

“En eso tienes razón.” Dijo su jefa. “El tiempo puede escurrirse de entre tus manos si no sabes aprovecharlo. Además, con respecto a ser chica. Todos podemos acostumbrarnos a lo que sea si existen las circunstancias adecuadas. Por cierto. ¿cómo sigue la situación de tus padres?”

Los ojos de Fran transmitieron tristeza mientras recordaba los acontecimientos más recientes. “La empresa constructora para la que trabajaba sigue sin querer reconocerle su indemnización pese a que se descubrió que la negligencia venía de los jefes por no dar equipos de seguridad adecuados para los trabajadores.” Relató Fran antes de dar un pesado suspiro.

“Lo que mamá gana en su trabajo se va en los costes legales, además de los cuidados que mi padre necesita para recuperarse de sus fracturas. Parece que seguiré teniendo que arreglármelas por mi cuenta por un tiempo más largo.” Agregó abatida.

“Descuida, linda. Estoy segura de que se arreglará pronto.” Las palabras de su jefa, pese a ser unas motivaciones genéricas, hicieron que Fran se sintiera mejor, después de todo. Desde que la situación de sus padres empeoró y tuvo que buscar dinero por su cuenta, muchas cosas habían cambiado.

Se había tenido que mudar del campus universitario a un departamento muy pequeño y alejado de su universidad. Entre el trabajo en la cafetería, la boutique y sus estudios, había dejado de ver a sus amigos. Era por eso que esas palabras de apoyo de su jefa, la cual de por si era amable, se sentían como un gran apoyo.

Fran miró el reloj y se dio cuenta de que era hora de volver a trabajar. Se puso de nuevo sus tacones y volvió a atender la boutique con su simpática sonrisa. El local estaba decorado con temática de Halloween, el cual ya estaba muy próximo. La noche anterior se había quedado haciendo horas extras junto a su jefa para asegurarse que cada detalle estuviera en orden y acorde a la festividad.

Una nueva clienta entró. Era una mujer mayor que decía buscar el disfraz perfecto para su hija. “A ella le interesan las galaxias… y las brujas.” Dijo la mujer. “Una inusual mezcla. Pero creo que tenemos el vestido perfecto.” Fran buscó con agilidad entre los percheros y encontró uno. Era uno de color violeta con brillantina, su diseño asemejaba a imágenes del cosmos.

Es perfecto.” Dijo la mujer después de darle una rápida revisión tanto a la calidad de la tela como a la talla. “Me lo llevo… me llevaré dos más bien, quién sabe qué inconveniente pueda pasar y lo necesite.” Dijo la mujer, convencida por la sugerencia. Fran sonrió, puso los vestidos en una bolsa y se los dio a su compañera en caja para que comenzase a hacer la factura.

Mientras Fran volvía su atención a la entrada de la boutique, esperando la llegada de nuevas clientas, comenzó a reflexionar. Si bien sentía que todo eso era un poco incómodo y extraño, los beneficios eran muy buenos. Este trabajo le estaba resultando fácil. Además de tener una jefa amable, también tenía una paga decente. 

Fran sonrió antes de atender a una nueva clienta que entró al lugar. Se sentía afortunada de tener ese trabajo de medio tiempo.

FIN
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----- Si por allí encuentran alguna falta de ortografía, por favor, háganmelo saber -----


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--------------- Opinión de la Autora ---------------

  • 1 dólar son 30 maygels. (de veras que tengo que memorizarme esto)

  • El concepto ya lo tenía. Pero no sabía cómo implementarlo. Al principio quería implementarlo como una hipotética tercera parte de “La ninia de mamá”, una en donde también aparecieran otros personajes de otras de nuestras historias. Pero esa idea fue desechada por ciertas incompatibilidades y porque como dijo Hugo, sonaba un poco forzado y poco orgánico. Es por eso que decidí hacerlo de esta forma.

  • NO. No es la misma Boutique de “Problemas de Devolución”, fue una de las ideas iniciales, pero la deseché, pues como dije. Quedaba demasiado forzado, además que el tono entre estas dos historias varia muchísimo.

  • Quería aprovechar este espacio para agradecer a “Cinder-The-Fallen” por su constante apoyo. MUCHAS GRACIAS POR TUS COMENTARIOS.




------------------------------------ GRACIAS POR VER ------------------------------------

sábado, 8 de agosto de 2026

Maldición Obsoleta

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Escrita por Irene Naridza

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Todavía no puedo creer que ese genio de la lámpara en verdad haya sido real. Cuando le pedí de todo corazón que deseaba haber nacido como una chica, él cumplió mi deseo.

Una oleada cálida recorrió mi cuerpo de pies a cabeza. Mi cabello creció, me hice más bajita y mi cuerpo se reorganizó. Mi ropa de chico mutó en un vestido veraniego y un sombrero ligero. Recuerdos de miles de días de una infancia femenina desplazaron a los oscuros días donde el temor de que notaran mi gran anhelo no me dejaba dormir.

Finalmente el error de haber nacido en el cuerpo equivocado se había corregido, no pude contener las lágrimas. Era una chica en todas las de la ley, como siempre soñé ser. Por fin sentía que la vida que tenía por delante tenía algún sentido.

Solo entonces, el genio rió maniacamente, diciendo que todo tenía un pero. Me puse a temblar, pensando que tendría alguna maldición grave o mis días contados. Pero entonces dijo que ahora jamás podría usar una rueca —Sí, UNA RUECA— y que por eso ahora era “menos útil" y “una vergüenza”

Fingí estar aterrorizada, si se enteraba de que están completamente obsoletas o que las mujeres ya no somos solo costureras, seguramente me hubiera lanzado una maldición más actualizada.

Así fue como el genio, entre humo y risas maliciosas, desapareció junto a la lámpara que había en aquella cripta a la que llegué tras seguir las pistas de viejos libros sobre objetos milagrosos.

Eso pasó hace ya varios años, pero sigo recordándolo bastante bien. 

Ahora soy una mujer bastante bonita, que puede darse algunos caprichos gracias a su trabajo como redactora de contenido y que además toma fotos increíbles mientras posa con sus hermosos atuendos frente al espejo.

FIN

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----------------- Notas de la Autora -----------------

  • El genio sí se enteró después de cómo era el mundo moderno. Esta chica fue la primera que recordó, dándose cuenta de que lo habían engañado, este gritó; ME CAGO EN TUS MUERTOS.




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Sacrificios Familiares

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Escrita por Irene Naridza

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------- Índice de Capítulos –-----

Capítulo 1: https://irenenaridzastorycaptions.blogspot.com/2026/08/nuevo-pais-nuevas-leyes-nuevo-tu.htm

> Capítulo 2: https://irenenaridzastorycaptions.blogspot.com/2026/08/sacrificios-familiares.html

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Matilde era una programadora talentosa, sin embargo, en Ecuador nunca le prestaron atención a su potencial. Siempre dudaron de sus capacidades con tan solo verla, nunca la dejaron desempeñarse libremente y siempre la relegaban a tareas repetitivas donde no podía destacar.

Hubo quienes le ofrecieron puestos mejores, pero a cambio de reunirse fuera del trabajo en horarios extraños y lugares que no dejaban a la imaginación, como moteles.

Su jefe incluso había sido directo la vez que ella pidió un aumento argumentando que su impecable puntualidad y cumplimiento la hacía merecerlo. El le respondió con un “Veme en mi oficina después del trabajo.” con una sonrisa sencilla. Ya había escuchado a muchas amigas relatar lo que significaba.

Matilde se negaba fingiendo amabilidad, cuando en realidad estaba asqueada. Algo que le enseñó el ver a tantas compañeras siendo despedidas era que tenía que soportar el tóxico ambiente patriarcal en el trabajo si quería poder llevar el pan a su mesa.

La paga no era lo único que la hacía tolerar esa situación. En ese periodo conoció al amor de su vida, con quien se terminó casando y eventualmente, quedándose embarazada. Ambos estaban muy contentos. Algunos de sus compañeros en el trabajo también los felicitaron, pero había quien no estaba nada contento.

Su jefe no solía contratar mujeres embarazadas por los permisos y prestaciones que implicaba, pero tuvieron que mantener a Matilde pues despedirla en ese punto sería ilegal. Pero no perdía la oportunidad de hacerla sentir incómoda enviándola a hacer trabajos físicos como recoger carpetas o documentación física pesada. “Si es mucho para tí, puedes renunciar.” era lo que decía.

Matilde consideró hacerlo, pero pensó en su esposo y en el hijo que esperaban, decidió que valía la pena hacer algunos sacrificios por su familia. Cuando Ethan nació, fue de los días más felices de ambos. Fué su esposo quien eligió el nombre basándose en un personaje de videojuegos.

“Que afortunados, fue un niño.” fue el desubicado comentario que soltó su jefe al enterarse de la noticia. Matilde supo contenerse y fingir risa.

Sin embargo, las complicaciones no hicieron más que comenzar. Cuidar a un bebé era completamente agotador y necesitaba mucha atención. Pronto el permiso de maternidad terminó y ella tuvo que confiarle a su bebé a una niñera, aún así, llegaba exhausta al trabajo.

Esa fue la época más pesada. Trabajaba todo el día y cuidaba a su bebé toda la noche, no había tiempo de descanso y su rendimiento empezaba a mermar. Su jefe tomó esto como una oportunidad. “Si no eres capaz de estar a la altura como los demás, toma tus cosas y lárgate.”

Fué cuando habló con su esposo y acordaron que ella renunciaría para poder cuidar de Ethan hasta que fuera más independiente. Matilde insistió en que él se quedara en la empresa, pues tenía un mejor puesto y ganaba más. Podía mantenerlos sin problema por un tiempo.

Su jefe aceptó su renuncia con una enorme sonrisa. Matilde más tarde se enteraría por su esposo que su jefe ahora comentaba en las reuniones que ella era el perfecto ejemplo del porque no le gustaba contratar mujeres. “Tienen su lugar y ya vieron. No es éste.” habían sido sus palabras.

El siguiente año y medio. Matilde cuidó a su bebé y ayudó a su esposo siendo ocasionalmente su secretaria. Él le contó que siempre relataba como ella le ayudaba en esos detalles, pero a su jefe no le gustaba oírlo. “¿También le pides ayuda para atarte los zapatos?” era lo que decía cortante.

Finalmente, Ethan tenía dos años y ya no necesitaba atención constante con pañales o biberones. Fue cuando Matilde intentó volver a ejercer su profesión, pero una a una, sus solicitudes fueron rechazadas. Ella nunca entendió por qué.

Hubo ofertas que se veían justo como lo que buscaba, pero al presentarse a la entrevista se daba cuenta de las verdaderas intenciones y ambiente en el que estaría. Cosas como; horarios muy largos, actividades adicionales que no estaban descritas en las ofertas laborales y salarios bajos con la vaga promesa de aumentos si se cumplían con sistemas muy extraños de cuotas.

Rechazó todas esas ofertas, por irreal que le pareciera, eran aún peores que su vieja empresa.

Sabiendo que su esposo no podría mantenerlos por mucho más tiempo, decidió volver a esa empresa y ver nuevamente la cara de ese hombre al que deseaba no volver a llamar ‘jefe’. Este alegó ya estar con el personal lleno, pero que reconsideraría el expandir la nómina si ella le hacía ‘cierto favor.’

Matilde quiso negarse e incluso golpeárlo, pero recordó que necesitaba con urgencia trabajo y seguir con su carrera, por lo que, decidió hacer otro sacrificio por su familia. No se lo dijo a su esposo, sabía que él hubiera perdido por completo los estribos e ir directamente a sacarle la puta a su jefe y ahora sí estarían en un problema del cual no podrían salir. 

Así Matilde volvió a esa incómoda normalidad. Trabajos repetitivos, casi prohibida de opinar y mantenida en una zona ignorada de la empresa. De nuevo, la paga y los años de experiencia eran lo único que la hacían tolerarlo. Aún más ahora que tenía un hijo que mantener.

Los años pasaron uno a uno hasta que un día, su esposo le pasó el contacto de una atractiva oferta de trabajo que encontró en línea, pero que él no pudo aplicar pues solo contrataban mujeres. Esta era una compañía de programación extranjera, buscaban talento por todo el mundo.

Matilde investigó un poco a dicha empresa para asegurarse de que no era otra oferta estafa. No tardó en comprobar que la empresa sí existía y era una de las que destacaba en su país de origen, Venfemia.

Hasta hacía poco, esta nación formaba parte de un mega país llamado ‘Reino de Regnard’, pero tras décadas de inestabilidad política, atención menguante a las necesidades de sus estados y diferencias culturales marcadas que se mantenían a través de los siglos de irregular convivencia, este finalmente se había fragmentado en 10 naciones independientes.

Una de esas fue Venfemia que, por sus raíces culturales, muchas de sus políticas estaban enfocadas en mujeres y su rol en la innovación en todos los campos posibles. Eso le pareció genial a Matilde.

Ella les envió su hoja de vida y su portafolio, al poco tiempo tuvo su entrevista de trabajo. Un día llegó a la oficina de su jefe con una simple noticia; renunciaba y se lo hacía hacer con la requerida antelación de un mes.

Él fingió indiferencia, pero estaba sorprendido al ver la sonrisa de satisfacción en Matilde. Supo que él no la había hecho renunciar, ella se iba en sus términos. Aquello lo molestó bastante. “Gracias por tu responsable previsión.” respondió conteniéndoce, él quería decirle algo más parecido a “Muérete, golfa.”

En su nuevo trabajo remoto por fin recibió el reconocimiento que buscaba. Siempre la felicitaban por su gran desempeño y estaban muy atentas a las propuestas que hacía para mejorar los productos digitales que ofrecían a un público internacional. En un solo año pasó a ser considerada una pieza fundamental en la empresa, lo que le ganó un ascenso.

Lamentablemente, no todo fue bueno. Su esposo, quién aún trabajaba en esa misógina empresa, había hablado de lo bien que le iba a Matilde. Su jefe no lo tomó nada bien y lo terminó despidiendo con la excusa de que había bajado su rendimiento.

Gracias a contactos que Matilde había hecho, le encontró una empresa en Venfemia que sí contrataba hombres. Así fue como ambos trabajaban desde casa, ganando buen dinero y teniendo tiempo para pasar ratos en familia junto a Ethan. Era la vida perfecta con la que alguna vez habían soñado.

Escuchar de la bancarrota de la empresa de su ex-jefe hubiera sido la cereza sobre el pastel, pero eso no ocurrió. Siguió a flote, con algunas novedades como que ampliaban mínimamente sus operaciones, pero nada más espectacular como sabía que a su ex-jefe le gustaría. 

Matilde hubiera querido ver ese edificio arder, pero pronto se resignó a que tal vez la mejor venganza era vivir mejor que ellos. 

Ese fue su nuevo objetivo, lo cual iba viento en popa. Con el dinero que ambos ganaban, pudieron comprar una casa más amplia cerca de un bonito río donde todos los fines de semana hacían picnics en familia.

Un día, Matilde recibió la mayor oferta de su vida. Le ofrecían un puesto de gerencia en la empresa, pero este sería en Venfemia ya que allí quedaba la sede. Le facilitarían un departamento, un auto e incluso un programa de inserción para Ethan. Pero había un problema importante.

Matilde había aprendido mucho de Venfemia. Estaba al tanto de sus políticas centradas en mujeres y otras que tal vez podrían ser consideradas como excluyentes para los hombres. 

Sabía también de la arraigada costumbre de que todos los varones pasaran por un proceso de feminización hasta cumplir 18 donde podían decidir si querían seguir con ese trato femenino o volver a sus raíces masculinas.

Cuando se lo mencionó a su esposo, este le dijo que tenía que pensar en ella. Matilde le dijo que no le estaba preguntando nada, le estaba informando pues ya había aceptado. Le hablaba para discutir cómo hacer los trámites para pasar a trabajar presencialmente en la empresa donde él trabajaba a distancia.

Él no se quejó, le aseguró estar alegre de ese nuevo logro en su vida y que ciertamente le emocionaba la idea de mudarse a otro país del cual ella le hablaba maravillas. Lo único que quedaba por hacer era contarle todo a Ethan. 

Matilde le aseguró que ya se encargaría de eso a su manera.


EL FIN

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