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Escrita por
Irene Naridza.
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----- Su Primera Búsqueda de Pascua -----
— Escrita
por Irene Naridza.
Eduardo no tenía
amigos porque era nuevo en el vecindario y sus padres no confiaban en los hijos
de los vecinos como para darle permiso de jugar con ellos. Los otros padres tenían
la misma desconfianza, preferían conocer un poco más a la familia nueva antes
de intentar formar cualquier lazo social importante.
Lastimosamente,
aunque los meses pasaron, la familia de Eduardo no ‘pasó’ ninguna prueba de
confianza. Sus padres estaban casi todo el día en su trabajo y él era demasiado
callado. Esto porque sus padres siempre recalcaban que no debía hablar con
absolutamente nadie y que, si quería entretenerse, ya tenía un montón de libros
de literatura para ello.
Sus padres
olvidaban que Eduardo era un niño que hubiera preferido una Fábula de Esopo
antes que literatura dura de su región natal. 100 año de Soledad — por García
Márquez — podría haber ganado varios premios de literatura, pero Eduardo se
aburría a morir con él y Huasipungo — por Jorge Icaza— era demasiado
violento.
Las fechas de pascua
llegaron. Los adornos florales, colores pasteles y huevos de pascua coloridos
que estaban en todas partes fue un espectáculo visual que llevó a Eduardo a
desobedecer la regla de no salir de casa. Se ponía a contemplar la decoración
de cada casa de su calle, que parecía ser más impresionante una tras otra.
Así fue como
terminó llegando cerca de un patio donde un grupo de niños jugaba a buscar
huevos de chocolate entre los arbustos. En ese mismo momento, Eduardo encontró
un huevo pintado de celeste, rosado y blanco. Lo tomó con cuidado, sintiendo su
ligereza. En Ecuador, la pascua no se celebraba con conejos ni huevos de dulce.
Ese nuevo ambiente lo asombraba.
Desafortunadamente,
cuando los otros niños lo notaron, dejaron de jugar. Le pidieron amablemente que
dejara el huevo y se fuera. Eduardo no quería causar problemas, por lo que
asintió con la cabeza, devolvió el huevo de dulce y se fue sin mirar atrás por
la vergüenza.
Parecía que sería
otra tarde de ver el día soleado y colorido desde la ventana de la sala, pero una
voz repentina lo llamó. “Oye. ¿Quieres jugar con
nosotras?” dijo una niña que
usaba un vestido de color celeste. Eduardo no respondió porque no creía que le
estuvieran hablando con él, pero entonces la otra niña que usaba un vestido
verde hizo un mejor esfuerzo para llamar su atención al caminar hacia él. “Hola. ¿Quieres jugar con nosotras?”
Eduardo se le quedó mirando, sorprendido porque alguien intentara
incluirlo en sus juegos. “Em… ¿Entiendes mi idioma?” preguntó la niña de
verde al ver que Eduardo no había cambiado su cara de póker por casi un minuto.
Esto lo hizo volver a la realidad, asintiendo y presentándose con emoción.
“Gusto en conocerte, Eduardo. Yo soy Penny.” Se presentó la niña
del vestido verde. “Ella es Stephany, pero todos la llaman Steph.” Señaló a la niña
de vestido celeste que saludaba con la mano. “¿Quieres jugar a buscar huevos de pascua?”
Steph también se acercó.
“¿Huevos de pascua?,¿Se refieren a esos dulces en forma de huevo de
gallina?” Eduardo
se sorprendió de no haber tartamudeado. “Claro. Están escondidos por el patio. Quien encuentre
más, gana.” Steph señaló hacia su casa. “¿Cuál es el premio por ganar?” ambas niñas
rieron ante esa pregunta. “Nada. Es como un logro. Te puedes quedar con los huevos
de dulce, claro.” Explicó Penny.
Eduardo estaba por decir que sí, pero la voz de una mujer
irrumpió de forma tan repentina que las tres se sobresaltaron. “Niñas, vengan aquí.” Dijo la mujer
que estaba junto a la puerta. Steph fue la única que acudió a aquel llamado,
pues esa era su madre. Ella le susurró un par de palabras antes de subir a su auto
y salir.
“¿Qué fue lo que dijo?” preguntó Penny. “Dijo algo sobre no juntarnos con
extraños y cosas así.” Respondió ella. “Como sea. ¿Quieres jugar?” agregó
mirando a Eduardo. “Creo… creo que por extraños se refería a mí.” Dijo apenado. La verdad
tras las palabras de su madre le cayó de golpe a Steph. “Oh, lo siento. Ella no quería ser grosera,
solo es suspicaz.” Se apresuró a decir.
“No quiero meterte en problemas…será mejor irme.” Eduardo estaba
apenado. “No,
eso no sería justo.” Dijo Penny. “Tus mamás no siguen desconfiando de
los chicos, ¿verdad?” Ella se reviró a ver a su amiga. “Tal vez… pero tengo una
idea.” Steph sostenía su mentón mirando a Eduardo de pies a
cabeza. “¿Cuál
es tu talla?” preguntó ella. “¿En letras o números?” dijo Eduardo. “Perdona, es que no me
acostumbro a su forma de medir.” Llevó su mano a su nuca.
“Olvídalo, ya encontraremos algo.” Dijo Steph antes
de hacerle una seña a Penny. “Ven con nosotras.” Ella lo tomó de
su muñeca con delicadeza. Eduardo sonrió y las siguió.
UNA HORA DESPUÉS.
“Vaya, con ese ya tienes 7. Nada mal.” Dijo Penny. “Pero yo tengo 11.” Mostró su canasta
donde había amontonado huevos de pascua con distintos diseños y colores. “Es un buen número, pero
modesto.” Stephany
acercó su canasta para que ambas pudieran contar rápidamente. “Wow, son 15.” Penny estaba asombrada.
“Mis madres dijeron que había 50 huevos ocultos. Solo 17 más y habremos
terminado.” Anunció Steph, devolviéndole a ambas las esperanzas de poder ganar la búsqueda
de pascua. “¿Qué
se hace después de que termina la búsqueda?” preguntó la niña
de vestido rosado.
“Comeremos los huevos con té. Tenemos un juego de vajillas que siempre
usamos para estas ocasiones.” Dijo Steph. “Mami me enseñó a cómo usar la tetera
sin quemarme.” Agregó. “Vas a quedarte al té, ¿verdad, Adelaida?” Penny y Steph sonrieron mientras esperaban una respuesta
de su nueva amiga.
“Claro que sí.” Dijo ella. “Pero… ¿tu mamá no se dará
cuenta de que en realidad soy ese ‘extraño niño nuevo’ con uno de tus vestidos,
mallas y una peluca?” susurró con preocupación. “Claro que no.” Exclamó Steph. “Si después de varios meses ninguna se ha dado cuenta de
que Penny es en realidad nuestro vecino Peter, tú tampoco tendrás problemas en
pasar como una simpática niña.” Sonrió.
Eduardo parpadeó un par de veces,
luego se quedó viendo a Penny quien se encogió de hombros. “Espera. ¿También eres un
niño?” preguntó con incredulidad. “Ya la escuchaste, soy
Penny.” Dijo ella, estaba más enfocada en
revisar uno de sus huevos de pascua que tenía una fisura. Eduardo se quedó en
silencio, pero finalmente, también se inclinó de hombros. “Volvamos a la búsqueda de
pascua.” Exclamó Adelaida. “Claro que sí.” Dijeron sus nuevas amigas al unísono.
FIN
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