viernes, 24 de julio de 2026

UN BUEN TRATO

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Escrita por Irene Naridza

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------- Índice de Capítulos. -----------------------------------

Capítulo 1: https://irenenaridzastorycaptions.blogspot.com/2026/06/agobiante-espera.html

> Capítulo 2: https://irenenaridzastorycaptions.blogspot.com/2026/07/un-buen-trato.html

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“Estás perfecto, solo intenta no ensuciarte esta vez.” dijo mi madre mientras me daba un último vistazo después de pasar una eternidad vistiéndome, maquillándome y echándome cosas que huelen muy dulce.

“Sí mamá…” respondo mientras parpadeo rápidamente por esa última pasada de perfume de esa botellita rosa con forma de granada acolchada. “¿Ya puedo tener tu celular para pasar el tiempo?” le recuerdo mi parte del trato.

Ella camina hacia un lado del tocador donde está su bolso. Busca por unos segundos y saca un teléfono. Tiene una funda tipo agenda de color beige. “Toma, pero no hagas mucho ruido.” dice al ponerlo en mis manos, con el esmalte blanco ya seco en mis uñas.

“Sí, mamá.” respondo de inmediato. “Ahora que lo tienes, espero que te mantengas quieto en una silla sin hacer relajo.” dijo mientras empieza a guardar el maquillaje y todos esos cachivaches que acaba de usar para cambiar mi apariencia de un niño promedio a la de una niña algo guapa. “Sí, mamá.” digo mientras estoy más concentrado en el celular.

Salgo del camerino de damas y voy hasta la zona común. No tengo miedo de que nadie me reconozca, ya pasé la mitad del tiempo sorprendiéndome por la habilidad de mi madre para hacerme irreconociblemente femenino. Nadie más me notará.

SIN EMBARGO…SOY UN NIÑO. Esto sigue siendo algo molesto, pero ahora que tengo su celular, esto es más tolerable.

El vestido se siente algo más pesado de lo que había imaginado. Siento un poco más la brisa por su falda. Afortunadamente, no me dieron zapatos de tacón como lo llevan las chicas más grandes. Eso es una ventaja, no quisiera tropezar con esto.

No puedo decidir qué me da más comezón. Si esta peluca rubia, sostenida en su lugar por una corona de flores o estas mallas blancas, aunque ayudan un poco a que no me de frío. Lo cual es bueno. Hoy amaneció lloviendo y sigue nublado.

Agh, creo que me decido por las mallas. ¿Cómo es que las niñas las usan todos los días sin volverse locas?

Mamá y papá me arrastraron a la boda de una de sus amigas. Es la Señora Emilia, la conozco desde hace años. No, ella no es quien se casa, quien se casa es la hermana de la Señora Emilia, pero fuimos invitados por ser considerados amigos de la familia.

Me hubiera gustado que mi amigo Dante hubiera estado aquí para al menos charlar de algo, pero no lo he visto por ningún lado.

Este campo de ceremonias tiene un área recreativa al aire libre, pero todo está con charcos de agua o empleados del lugar intentando barrerla.

Soy el único niño de mi edad. El resto de varones son niños que no se despegan de sus madres, adolescentes que me echan de sus conversaciones o adultos que ni bien me acerco me dicen que me vaya para otro lado.

Fue en ese momento que unas niñas que también estaban aburridas propusieron que jugáramos a las cogidas en un pasillo solitario, uno de los pilares sería casa, osea la zona segura. Ellas habían traído zapatillas bajas, por lo que no tendrían problemas para correr.

Finalmente pude entretenerme un rato. Había otras niñas que querían unirse, pero usaban tacones, los que les impedía correr sin tropezarse. Solo se quedaban a un costado apoyando a alguno de nosotros o curiosas por ver quién corría más rápido o era más escurridizo.

Todo iba perfecto, hasta que una de las chicas que se nos había unido tropezó por sus taconcitos dorados. Para no caer de bruces se agarró de mí y me terminó empujando fuera del pasillo. Caí directo hacia un charco en el césped.

El choque de frío fue tan repentino que todo mi cuerpo tuvo un espasmo. Todas las otras chicas dieron un suspiro al mismo tiempo. 

Aquella chica torpe se disculpó mientras evitaba mirarme a la cara. La verdad, si hubiese sido un chico, la habría golpeado. Terminé empapado, con frío y con mi padre regañándome. 

Los otros adultos llegaron y pusieron fin al juego, llevándose a sus hijas a otro lugar del centro de ceremonias.  Papá dijo que me dejaría así para que ‘aprendiera la lección’. 

La señora Emilia se disculpó conmigo, al parecer esa niña era la amiga de su hija y por eso la invitaron. Me llevó a una habitación donde había un calefactor y me dijo que esperara mientras me buscaba ropa seca.

Eso hice, pero empezaban a pasar varios minutos y nadie me llevaba nada. La sensación del lodo húmedo es algo que no le deseo a nadie.

Escuché que alguien discutía y me asomé por la puerta. Pude ver a la Señora Emilia alzando la voz a uno de los encargados del lugar, junto a ella estaba una de las niñas con las que estaba jugando, ahora con la cara roja y lagrimeando.

Resulta que los encargados tomaron mal las indicaciones y trajeron cestas de rosas en lugar de lirios como ella había pedido. No era un pedido por capricho, la niña de las flores era alérgica a las rosas y por eso había pedido una alternativa como esa.

Por lo visto, alguien no estaba muy atento el día de tomar el pedido y ahora la niña de las flores estaba teniendo una reacción alérgica. No sólo la cesta tenía rosas, toda la decoración estaba compuesta con rosas de distintos colores.

El hombre con el que hablaba no paraba de disculparse, asegurando que como compensación no le cobrarían las decoraciones florales, pero que lamentablemente, no había tiempo para reemplazarlas.

Aunque lo hicieran, ya era tarde. Los padres de la niña de las flores decían que tendrían que llevarla al hospital y que ya no volverían.

La Señora Emilia intercalaba entre reclamarle al encargado a una disculpa dócil con los padres de la niña. No quería meterme en ese lío, simplemente volví a sentarme junto al calefactor.

Poco después, mi mamá y la señora Emilia entraron a la habitación. Pude notar que querían algo pues tanto ella como mi madre tenían unas miradas demasiado simpáticas como para haber estado discutiendo hace solo unos segundos.

El vestidito blanco que la Señora Emilia traía dentro de un forro plástico me dió una pista sobre lo que querían. “Necesitamos que seas la niña de las flores.” fueron sus palabras. Por supuesto que me negué. Si me reconocían, jamás me dejarían en paz en la escuela. Si mi padre me ve así, tendrían que darle tranquilizante de osos para que deje de vociferar.

Les dije que se lo pidieran a alguna de las tantas niñas que estaban aquí. Pero me dijeron que ninguna era de la talla exacta del vestido de repuesto que tenían. Sus vestidos tampoco eran similares al estilo exacto al que la novia había pedido.

La Señora Emilia me dijo que la novia no quería algo parecido, quería exactamente lo que había soñado para su boda ideal. Al parecer, quién más se acercaba a esa posibilidad, era yo.

Cuando intenté volver a negarme, Mamá dijo que pescaría un resfriado si no me ponía algo limpio y seco pronto. La única ropa de repuesto que alguién tenía disponible, era el vestido de la niña de las flores.

La idea de algo limpio, cómodo y seco ya era tentadora, pero quedaba la duda sobre qué diría papá. “Despreocúpate. Se lo comenté y dijo que mientras no tenga que hacerlo conducir a ningún lado, podía vestirte de lo que sea.” dijo Mamá.

Eso no fue lo que me convenció, aunque ayudó que mamá dijera que además me prestaría su celular hasta que empezara la ceremonia.

La señora Emilia es la madre de Dante. Intentando cambiar el tema, le pregunté porque él no estaba en la ceremonia. Ella dijo que estaba castigado.

Era algo que suponía. La semana pasada tuvimos un examen de matemáticas y Dante fue el único en reprobar. El exámen no era difícil, él se quedó dormido sobre la hoja y la manchó con baba. Solo se despertó cuando la maestra dijo que recogería las hojas.

Intentando ayudarlo con su madre, se me ocurrió decir. “No sea muy dura con él. Ese examen fue muy complicado, media clase lo reprobó.” una mentirita blanca, la verdad es que él mismo me dijo que la noche anterior se quedó hasta tarde jugando videojuegos.

“¿QUÉ EXAMEN?” respondió ella mirándome a los ojos y en un tono repentinamente serio. “...el de… el de matemáticas.” supe que metí la pata. Ella apretó los puños y la mandíbula mientras mi madre me preguntaba si yo lo había aprobado, me apresuré a decirle que sí.

“Tengo otra propuesta.” dijo la Señora Emilia tras dar un ruidoso suspiro. “Si aceptas ser la niña de las flores… te daré la consola de mi hijo.” dijo con una sonrisa. “Él no va a necesitar esas cosas en un buen tiempo.” se notaba como contenía su furia.

Intenté negarme, sé qué consola tiene, la XBOX-360. ¿Cómo es que aún se usan? Mi padre me contó que dejaron de fabricarlas antes de que yo naciera.

Mamá intervino para decir que debería estar agradecido, pues al final, era una consola. Lo pensé por un momento y… me di cuenta de que ya sonaba como un buen trato. Terminé aceptando.

Creo que debería sentirme mal por Dante pero… no importa, lo invitaré a jugar a mi casa cuando termine el castigo que muy seguramente tendrá.

En FIN… Aún falta para que la ceremonia empiece, jugaré en el celular mientras tanto. En silencio no es lo mismo, pero, es lo que hay por el momento.

FIN

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miércoles, 22 de julio de 2026

DÍA DE LIMPIEZA

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Escrita por: “Irene Naridza”

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— Cecil, deja ya de mirarte en el espejo. Si ya terminaste de limpiarlo, continúa con las ventanas. — Regañó una mujer que pasaba el trapeador seco por el suelo de madera que ahora estaba reluciente.

— Sí mamá pero… — dijo el niño mientras seguía viendo la ropa que ahora llevaba puesta. —¿Por qué tengo que usar la ropa de Patricia? — preguntó, aún inseguro de la decisión de su madre. — La tuya o está mojada o está lavándose. — respondió la mujer, sin dejar de prestarle atención a lo que hacía. 

En casa siempre tenían un día de limpieza general donde todos se ponían manos a la obra y ayudaban a dejar impecable cada rincón de la casa. Sin embargo, ese día el plan no fue como en otras ocasiones.

Normalmente, lavaban la ropa por turnos, luego la ponían a secar, luego la doblaban juntos para que luego cada uno la guardara dónde correspondía. Aquel era un proceso largo y que su hermana Patricia consideraba demasiado tedioso.

Patricia se levantó temprano e intentó poner toda la ropa de Cecil de una sola vez, ya sea que estuviera sucia o limpia. Según ella, para ahorrar tiempo en la lavandería. ¿El resultado? Una lavadora averiada con ropa mojada y jabonosa atascada en su interior.

Como reprimenda, ahora Patricia tendría que lavarla a mano, al menos hasta que su padre reparara la lavadora, cosa que no sería en poco tiempo. 

A Cecil solo le quedaba su pijama, el cuál no era adecuado para el día de limpieza. La solución más conveniente a ello, era que usara la ropa de Patricia hasta que la suya estuviera limpia y seca. 

— Alégrate. Fue lo menos femenino que tenía Patricia. — dijo su madre. — Sigue siendo ropa de niña.— dijo Cecil apenado mientras veía aquella selección de ropa; un suéter azul oscuro, unos pantalones cortos de mezclilla y tirantes y por último unas mallas de color blanco que Patricia solía usar en la escuela.

— Patricia tiene un montón de pantalones. ¿No puedo usarlos? — preguntó. — También los puso junto a tu ropa. — respondió su madre. — Ahora deben de estar en esa amalgama sólida de ropa. Tu padre tuvo que usar un gancho, una cadena y sus músculos para sacarla. Patricia sigue intentando identificar una prenda de la otra. — agregó.

— Mira el lado positivo. — dijo la mujer al notarlo refunfuñar. — Esas mallas sirven como medias y pantalón al mismo tiempo, son lo más versátil para tí en estos momentos. — bromeó intentando levantarle los ánimos.

Supo que dió resultado cuando Cecil le sacó la lengua antes de empezar a limpiar las ventanas tras otro suspiro resignado.

FIN

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--------------- Opinión de la Autora ---------------

  • Estoy experimentando con un nuevo formato que suprime lo de entintar los diálogos de los personajes, espero se siga entendiendo.

  • Al principio tenía pensado darle a todo una explicación más larga y algo detallada como lo suelo hacer. Pero decidí hacer más inocente y repentina, similar a las historias TG de antaño que tanto me gustaban.

  • Actualmente estoy trabajando en una comisión. Ya tenía esta historia lista antes, por eso la publico.


------------------------------------ GRACIAS POR VER ------------------------------------


viernes, 17 de julio de 2026

UN MOMENTO CON SU HIJA

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Escrita por: “Irene Naridza”

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Alexa estaba muy ocupada con exigencias de su trabajo, su jefa no le estaba dando ni un respeto pues un importante cliente le pidió algo urgente. Era una campaña publicitaría para aprovechar lo mediático que era el ambiente futbolista de la Copa del Mundo.

Sin embargo, hoy Alexa no solo estaba sobrecargada por su trabajo, su hija Rose había estado pidiéndole que la llevara al centro para comprar algo que quería.

“¿Cómo va la búsqueda de trabajo?” preguntó Alexa cuando tuvo un respiro. Iba a la cocina por agua, pero no pudo ignorar la buya del televisor en la sala. Allí estaba su esposo, Richard. “Ya envié mi hoja de vida a todas las vacantes que encontré. Solo estoy esperando alguna respuesta.” dijo antes de darle un trago a su cerveza.

“Cariño, creo que te estás tomando esto muy a la ligera.” Alexa habló con un tono serio. “Tranquila amor, solo estoy dándome un descanso.” reclinó el sillón.

“No es un descanso. Te despidieron por dormir en el trabajo.” contestó su esposa. “¿Lo ves? Trabajaba tanto que me quedaba dormido.” intentó excusarse sin despegar su mirada del partido. “Trabajabas en una caseta de un centro comercial.” replicó ella.

Él ya no contestó, solo brincó para celebrar el gol de una selección de un país del que no había escuchado antes. “¿Estás apostando por esa selección?” preguntó Alexa. Él había dicho que ganaba algunos dólares gracias a las apuestas.

“¿Qué cosa?” Richard se frenó en seco. Ambos se quedaron viendo fijamente por unos segundos, sin mover un músculo, solo acompañados por el sonido del televisor. “Oh… las apuestas… sí… lo había olvidado…” dijo escondiendo su rostro. “Pero apostaré en el siguiente partido.”

Alexa contuvo su enojo apretando los puños, estuvo así por un momento hasta que dio un largo suspiro. “Richard, no dudo que vayas a conseguir un trabajo. Siempre te las arreglas para conseguir uno, pero en este momento, solo estás holgazaneando.” lo regañó.

“Escucha, Rose quiere ir a comprar un libro de su autora favorita. Justamente sale hoy y yo no tengo tiempo para llevarla.” dijo bajando el tono de su voz, dando incluso una pausa para volver a suspirar. “Así que, por favor, llévala tú.” Al levantar la vista de nuevo, vio que Richard estaba con la vista pegada al televisor.

“Richard…” intentó llamarlo, pero él no contestó. “RICHARD” exclamó, ahora sí obteniendo su atención. “¿Si amor?” contestó él. “¿Escuchaste lo que te pedí?” preguntó esperando una buena respuesta. “Perdón ¿qué dijiste?” dijo con auténtica confusión.

Alexa sintió que su rostro se calentaba, Richard se puso nervioso con esa reacción.

El cielo despejado se vio sacudido por un estruendo posterior a un destello. Un relámpago violeta impactó en el techo de aquella casa.

De vuelta en la sala, ya no había tanto ruido. El televisor se había apagado y habia una neblina de color violeta por todas partes. “Ahh, un incendio.” chilló una voz suave. “¿Qué…qué está ocurriendo?” 

La neblina se despejó tan rápido como había llegado, allí en el sillón ahora estaba una niña de como 12 años dentro de ropa que le quedaba muy grande. Era nada menos que Richard… no daba crédito a lo que veían sus ojos o a lo que sentía ahora.

“Alexa… creo que estoy alucinando.” levantó su mirada para encontrarse con el rostro de su esposa, pero allí solo encontró un rostro rojo que parecía lanzar fuego por los ojos. “AHHHH, UN DEMONIO.” volvió a chillar mientras intentaba esconderse en el sillón, que ahora le parecía enorme. 

“Bruja.” corrigió Alexa. “Mira lo que has hecho.” dijo con una voz escalofriantemente ronca. “No puede ser…” dijo Richard. “Si me convertiste en niña… eso significa que vas… ¿vas a comerme?” dijo con voz temblorosa.

“¿Qué?” Alexa volvió a su rostro de siempre. “Eso es un inventó de los hombres para criminalizarnos.” respondió ofendida. “No comemos niños, maldita sea.” exclamó. “O al menos no es una práctica de mi clan.” dijo susurrando esta vez.

“Esto no fue intencional.” puso su mano en su barbilla. “Las brujas usamos magia como reacción reflejo, algo así como cubrirse en situaciones repentinas.” explicó. “Esto ocurrió porque tu en verdad me sacaste de quicio.” habló apretando los dientes.

“Eso no explica el porqué del hechizo de regresión… pero mira el lado bueno, ahora puedes salir con Rose y comprar ese libro que quiere.” dijo mientras se cruzaba de brazos.

Ricciardo no podía creer lo que oía. “ESTÁS LOCA” fue lo primero que pudo vocalizar después de un rato. “ESTOY FURIOSA.” exclamó volviendo a encender su rostro en fuego. “lo… lo siento.” Richard volvió a tiritar.

“Espera… si eres una bruja… ¿Por qué no usaste un hechizo para que Rose no te molestara?” preguntó con miedo. “¿Por qué crees que no se ha asomado a ver que ocurre en la sala?” respondió su esposa. “Pero no estará así por mucho tiempo, estos hechizos son temporales, allí es donde entras tú.” señaló quién antes era su esposo, quién se movía como gelatina.

“¿No es esa una forma desproporcional de usar tu magia?” preguntó Richard, arrepintiéndose al siguiente segundo. “Creo que me quedé corta contigo.” respondió Alexa. “Usualmente la uso para ser la mejor trabajadora de la empresa. Aunque eso me está trayendo más trabajo que dinero.” dijo hastiada de su situación.

“Estarás así a más tardar hasta el atardecer. Así que se bueno y acompaña a Rose por hoy.” pidió mientras le daba una palmadita en la cabeza. “Esto es ridículo, no puedo hacerlo.” contestó Richard. “ENTONCES TE CONVERTIRÉ EN RANA ” Alexa lanzó fuego por ojos y boca, encendiendo el techo.

“EEEEK” chilló Richard. “Oh, por Baphomet.” Alexa se dió cuenta de lo que hizo, chasqueó sus dedos, sus llamas retrocedieron, dejando todo intacto y sin rasguños. Cuando volvió su mirada a Richard, estaba con lágrimas en los ojos y un olor salado inusual.

“Me… me refería a qué…” él tartamudeó. “No tenía ropa para la ocasión.” aguantaba las lágrimas. Alexa se llevó la mano al rostro. “Sí… ya me encargo… pero creo que tendré que hacer unos hechizos de aseo adicionales.” empezó a buscar en su mente las palabras que necesitaba.

UNA HORA DESPUÉS.

“Ven Rachel, ahora vamos por unos helados.” dijo Rose con emoción al caminar entre saltitos hacia la puerta giratoria del centro comercial.

“Ya voy.” dijo Richard, quien caminaba muy atrás sin muchas ganas, cargaba algunas tres bolsas. Una con un peluche, otra con ropa y la última con aquel libro que su Rose tanto quería.

En los espejos internos de la puerta giratoria, Richard pudo ver su reflejo y el de su hija.

Alexa había usado un hechizo de aseo que le quitó toda la mugre que tenía encima y lo dejó oliendo a flores. Luego chasqueó los dedos de nuevo y le dió un atuendo bastante similar al que Rose solía preferir para salir de paseo.

Consistía en un vestido heterogéneo. La falda plisada tenía un patrón de cuadrados y círculos de colores por todos lados y la parte superior era de un solo color sólido. El de su hija era violeta pálido y el suyo de un rosa algo chillón.

También usaban unas mallas blancas y zapatos bajos negros. Rose usaba unos sin hebilla y Rachel usaba unos de cinta elástica.

Su hija tenía un collar adicional. A simple vista, parecía un collar de perlas sintéticas, pero en realidad era un amuleto de protección hecho por Alexa. No eran perlas, era una especie de fruto de un pez mágico de los lagos de su pueblo natal. Impedía que los hechizos oscuros de otras brujas la afectaran e incluso alejaba a personas malintencionadas.

No le dio uno a Richard, le aseguró que él estaría bien siempre y cuando estuviera con Rose, por lo que era una razón más para no perderla de vista durante su paseo.

“¿Por qué no compramos helado dentro del centro comercial?” preguntó Richard, aun sin acostumbrarse a la voz de su cuerpo temporal. “Es muy caro, además. Aquí no tienen el sabor que quiero.” dijo con una sonrisa antes de adelantarla dando saltitos.

Mientras se alejaban, Richard escuchó como dentro del centro comercial, la gente que se había congregado para ver los partidos por las pantallas gigantes del patio de comida rugian de emoción ante un aparente gol.

En su mente se preguntaba sobre cuál selección y jugador habría anotado, a ello se le sumaban más incógnitas. Todas esas conjeturas se esfumaron al volver su mirada al frente y ver que Rose estaba bastante lejos.

“HEY, ESPÉRAME. NO ME DEJES AQUÍ.” gritó antes de acelerar el paso para alcanzarla. Rose había comprado más cosas que solo su libro favorito. Su madre le había dado una tarjeta de regalo con crédito suficiente para que aprovechara y comprara todo lo que quisiera de una vez. Eso se traducía en que ahora Rachel estuviera cargando con más de una bolsa.

EN ESE MISMO MOMENTO, PERO DEVUELTA EN CASA. 

Alexa se daba otro respiro para beber una octava taza de té verde. Ya estaba usando su magia al máximo para terminar más rápido las pancartas que le pedía su jefa, pero al ver la fila de tareas, se dió cuenta de que recién iba por la mitad.

En ese momento recordó cómo su madre siempre le advirtió que salir de su pueblo de brujas no sería la mejor idea. No solo tendría que cuidar que nadie se diera cuenta de que era una, tenía que acoplarse a muchas reglas que allí en su pueblo — gracias a un trato con el gobierno — no tenían validez.

Pensó en Richard, ahora una niña de forma temporal. Sandia que no se le ocurriría decir nada al respecto. No solo por miedo a ella, si no porque sabría que nadie le creería o peor. Al menos había demostrado ser de los más discretos en ese tipo de cosas, pero no en otras.

Alexa recordó también cómo su madre le dijo que si iba a buscar una pareja masculina, buscara un buen espécimen. Un hombre fuerte, apuesto o al menos con una acaudalada riqueza. Alexa en cambio, decidió quedarse con un chico que siempre la hacía reír.

No era que se arrepentía de haberse casado con él ni formar una familia. Era que odiaba cuando Richard se ponía hipnotizado por esos partidos de fútbol que hacían periódicamente. Alexa empezaba a considerar que tal vez un hechizo de corrección de gustos sería lo más aventajante, no sin antes de uno de borrado de memoria.

No era que no confiara del todo en Richard, solo no quería que le empezara a pedir que usara su magia para tonterías cotidianas. Alexa se estiró y volvió a su escritorio, con mucho trabajo por delante, pero al menos, en algo que ella había decidido.


FIN

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