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Escrito por “Irene Naridza”
Imagen IA hecha por CHAT-GPT: https://chatgpt.com/
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Los hábitos son algo que se plantan
muy fuerte en las mentes de las personas. Mi memoria muscular está tan
acostumbrada que hoy llegué, me duché y me alisté con mi traje de ballet.
Estaba de camino a la parada de autobús cuando recordé que ya habían terminado
las clases. Regresé rápidamente usando el sendero trasero, como siempre, estaba
solitario.
Ahora que ya no tengo que ir a
clases de ballet, las cosas se sienten extrañas. Esas tardes de martes y jueves
de entrenamientos en el salón de Madame Melody, charlando con Olga, Jennifer y
las otras chicas… ya no están, ahora son solo tardes solitarias en casa.
Para no perder la costumbre ni
elasticidad, tomé la grabadora de mamá de la sala y la subí a mi habitación.
Reproduje un disco con música de danza para ballet que Madame Melody nos dio al
principio de la academia. Me puse a practicar un par de movimientos y
estiramientos. Estuve ahí por una hora, lo que solían durar las clases.
Fue entonces que me puse a hacer
los deberes. Mis maestros no perdonan ni en fechas navideñas, nos mandaron casi
a reescribir la enciclopedia. “Tienen hasta el
próximo año.” fue la excusa que dieron en un intento de mal chiste.
Hoy Darwin tampoco perdió su
oportunidad de ser un estorbo. Estaba en la cafetería durante el recreo
haciendo el mayor ruido posible. Jugaba con nuestros compañeros a voltear
tazos, un juego aparentemente común en latinoamérica. Lucio, uno de los niños
extranjeros, nos enseñó el juego: pones los tazos en el suelo, los golpeas
arrojándoles otros tazos y si volteas el que está en el suelo, lo ganas. Desde
entonces se volvió un juego algo popular.
En un momento, Darwin ganó un tazo de aluminio de Pokémon,
precisamente, de Lucio. Este de inmediato se negó a entregarlo y en cambio le
ofreció su llavero de calavera con ojos rojos. Una artesanía que decía, las
hacía su padre allá en Ecuador enteramente con materiales reciclados.
Darwin aceptó, pero no esperó. Se
lo quitó de un manotazo, sacó las llaves una a una y se las fue tirando al
suelo, el otro chico las recogió sin decir nada. Intenté ignorarlo y comer mi
refrigerio – un sándwich de pollo y batido de fresa que siempre me prepara
mamá – Pero un barullo volvió a captar mi atención.
“Vean
esto, VEAN ESTO.” gritó Darwin. Al levantar la vista, estaba en una
de las mesas. Lo vi tomar el limón de un vaso vacío y pedirle a uno de sus
amigos que lo sostuviera tras su oreja. Entonces sacó una aguja de coser –
misma con la que a veces nos molesta pinchándonos – y la calentó con un
mechero rojo. Entonces atravesó su oído con un movimiento rápido.
Todos emitimos jadeos de asombro.
Empezó a pasar la argolla del llavero por la perforación cuando decidí que no
quería ver más. Tomé mi comida y me fui corriendo mientras algunos lo empezaban
a aplaudir.
Darwin se pasó el resto de la tarde
paseándose levantando los hombros, señalando su oreja y repitiendo; “Mira mi pendiente.” y “Sin anestesia.” Fue un alivio que
llegara la hora de salida antes de que intentara mostrármelo.
Buscaba una salida secundaria para
evitarlo cuando pasé cerca de la sala de profesores. Los escuché decir: “Feliz Navidad, inmundos animales.” antes de
reír como hienas. Hablaban de cuántos deberes nos dejaron cada uno como si
fuera la puntuación de esos videojuegos de máquina que hay en las pizzerías. En
serio hay algo mal con ellos.
Me perdí redactando ensayos sobre
independencias y otros eventos históricos usando libros de la escuela. Cuando
tomé una pausa para descansar mis dedos, noté que el esfero se había quedado
marcado en mi dedo índice. Afuera ya había anochecido completamente.
El sonido de la puerta anunció que
volvió mamá, ella estaba muy sonriente. Ese brillo inusual ya lo conocía,
tendría una cita esta noche. Había traído un paquete de comida congelada para
el microondas. Me dijo que comiera y que no me preocupara por ella. Era un
plato de pollo, arroz y verduras. Decidí que sería el perfecto descanso comerlo
en la sala viendo televisión.
Mamá no suele comer conmigo cuando
va a salir de cita, eso porque dice que comerá en un bar, o si es más formal,
lo hará en un restaurante. Normalmente sale de cita los viernes o en fines de
semana, pero la recuerdo decir que mañana no tendría turno alguno. La clínica
privada donde trabaja no siempre le da el mismo horario. Hay semanas donde
trabaja poco y semanas donde solo llega a ducharse, comer y decirme que no haga
nada tonto mientras ella no está.
Decidí que haría el resto de esa
tonelada de deberes al siguiente día. Cuando subí hacia mi habitación, ella
tenía la puerta de su dormitorio abierta. Ella ya tenía su mejor vestido y
estaba terminando de maquillarse en su tocador. Le dio un beso volado con su
labial fresco a su propio reflejo antes de buscar algo en esa cajita de su
joyero. De él sacó unos aretes de diminutas cadenas doradas de donde colgaban
esferas blancas que brillaban.
“Te
ves muy bonita, mami.” le dije, en verdad estaba muy deslumbrante y
lista para su cita. Ella me miró por el reflejo del espejo. “Gracias, Nadia, eres un amor.” un calor
invadió mi corazón.
“¿Qué
te parecen mis aretes?” preguntó aún viéndome por el reflejo. “Son lindos.” desvío mi mirada al suelo
alfombrado. “Me gusta cómo se ven.”
agrego al devolver mi vista hacia ella. Noto que tenía una mirada inusual. Es
la que pone mientras formula algún plan creativo en su cabeza, la he visto
ponerla cuando me ayuda a hacer maquetas del colegio.
“Tienes
buen gusto” Ella se pone de pie y se acerca hacía mí. Me aparto de
la puerta para que pueda pasar, pero allí ella se agacha. “¿Te gustaría usar
unos también?” pregunta poniendo
su mano en mi hombro.
“¿Qué?”
su pregunta me ha tomado por sorpresa. Tanto que ni siquiera noto que me empujó
suavemente hasta el banquillo de su tocador hasta que noto un doble mío
aparecer frente a mí, que no era más que mi reflejo en el espejo.
Buscó por un momento en ese mismo
joyero y sacó una caja en miniatura de color rojo, al tocarla noto que es de
eso que mamá llama terciopelo sintético. Cuando la abre, esta lo hace como si
fuera un baúl, dentro había un par de aretes de rosas.
“Una
de mis citas me regaló estos, pero el color rosado no es realmente mi color.” Tenían
un capullo floreciente de color rosado, la aguja era de color dorado, al igual
que una pequeña bolita que era atravesada por estos, debe ser un broche.
“Sería
una lástima dejarlos olvidados para siempre. ¿Qué te parecen?” dice
ella. “Están lindos… pero…” murmuro. “pero… no son de imán… no puedo usarlos.” levanto
mi mirada hacia mi madre, quien no parece desalentada en absoluto. “Tengo la solución a ello, querida.” Ella
camina hasta su armario. “Vamos a agujerearte
los oídos. ¿Qué te parece?” no tarda mucho tiempo encontrar una botellita
pequeña y un artefacto extraño de color blanco. “Con
esto será rápido y no te dolerá.”
“Mamá…
no estoy seguro de esto…” Quisiera
decirle que no, los chicos no usamos aretes, pero ese argumento sería
redundante. Es más, siento que incluso estaría fuera de lugar porque en este
momento estoy usando mallas celestes, shorts blancos y una blusa rosada. Son
ropa de niña que ya tengo tan naturalizado usar en casa que no recuerdo
habérmelas puesto.
“No…
no me dolerá… ¿verdad?” mamá conseguirá que los use de todas formas,
quiero evitarle molestias ideando planes para convencerme y a mí el tedio de
tener que rechazarlos todos. Es aceptar lo inevitable. “Para nada.” responde ella.
“Primero.” dice al pasarme una liga cercana. “Recoge tu cabello
para que no nos estorbe.” En un segundo, recojo mi cabello. Mi
memoria muscular vuelve a actuar y me hago un moño rápido en lugar de una cola
de caballo. “Perfecto.” Ella me levanta el pulgar.
“Este
de aquí es un anestésico.” muestra el frasquito de antes, tiene un
nombre impronunciable en letras azules. “Sabes.
La clínica donde trabajo tiene una farmacia propia.” Dijo al
asentarlo en el tocador, entonces abre un cajón de donde saca un cotonete nuevo
de un frasco plástico.
“Allí
hay un consultorio para cuando un paciente necesita ayuda para administrarse
insulina o cualquier medicina que acabase de comprar.” Empezó a
mojar uno de los extremos algodonados con el líquido del frasco. “A veces también llegan padres que quieren ponerles
aretes a sus hijas. Es cuando usamos esto.” levantó el cotonete
listo.
“Entumece
la zona donde haremos la perforación.” Ella se agachó y empezó a
frotar el algodón en el lóbulo de mi oreja derecha. La humedad y la suavidad
del cotonete me hacen cosquillas. Me muevo un poco dando unas risitas. “Espera un momento, ya casi está.” dice ella
al alcanzar de nuevo mi oreja y terminar de aplicar el fármaco. entonces camina
hacia mi izquierda y repite el proceso.
No pasa mucho tiempo hasta que
siento que comienza a hacer efecto, mis orejas se sienten ajenas. Ella entonces
toma esa especie de pistola pequeña de color blanco. “Esto de aquí es una perforadora.” la muestra.
Tiene un mango con un gatillo
negro, la parte superior tiene una forma cilíndrica y un espacio antes de la
punta. Ella aprieta el gatillo para dejarme ver cómo del lado largo salía un
pistón empujando una especie de micro soporte hasta presionar con el del otro
extremo. “Con esto se hace la perforación y se
colocan los aretes al mismo tiempo en tan solo un segundo.”
Deja el artilugio sobre el tocador
antes de buscar en otro de sus cajones. Saca un atomizador que contenía alcohol
desinfectante. Toma la cajita de los aretes y los saca con cuidado antes de
rociarlos un poco. “Hay que procurar que todo
esté bien esterilizado.” Tomó la perforadora y colocó con precisión
el arete en un lado y el broche en el otro.
“Bien,
¿estás lista?” pregunta mientras sostiene la perforadora en alto. “Claro, mamá.” respondo. Ella asiente y vuelve
a agacharse, acerca la perforadora hasta que mi oreja queda en aquella
abertura. “3… 2… 1…” escucho que
aprieta ese gatillo, hay una presión en mi oreja al mismo tiempo que escucho de
cerca un chasquido. “Listo este lado.”
Tenía razón, no sentí nada de
dolor, lo que sí siento es que ahora mi oreja derecha es más pesada. Noto
enseguida esa figura rosada en mi oreja en los reflejos. “3… 2… 1…” no me di cuenta de cuándo caminó
hacia mi otro lado. Esta vez escuché el chasquido antes de la presión en mi
oreja. “Todo listo.” dijo mi madre
antes de caminar hacia detrás de mí. “¿Te gusta
el resultado?” susurró a mi oído.
Veo mi reflejo. Destacando enseguida
e incluso destellando un poco al recibir la luz, están esas rosas. No puedo
dejar de mirarlas y el conjunto de triple espejo del tocador me ayudan a ver
varios de sus ángulos. Le dan un aspecto completamente diferente a mis orejas.
Paso las yemas de los dedos y puedo sentir el frío material del que están
hechos… me gustan.
“Sí…
son… hermosos.” respondo mientras
los muevo juguetonamente, mi oreja se siente extraña mientras lo hago. “Excelente, pequeña.” dice mamá mientras me da
un beso en la mejilla. “Oh, y no los toques ni
los gires tanto. Puede aflojarlos o hacerte daño.” aconseja ella
mientras empieza a guardar todo. “Cuando vuelvas
a sentir tus orejas, tal vez sientas un poco de dolor, pero es normal.” dice
mientras me acerco al espejo para verlos mejor.
Como todas las cosas nuevas y
femeninas que mamá me hace usar, hay algo hipnótico en ellas, siento que no
puedo dejar de mirarlas y siento que tampoco puedo dejar de sentirlas, aunque
en teoría el anestésico hizo que no sienta nada. “Por
supuesto.” añade mamá. “Estos son un
modelo hecho con materiales seguros, no es higiénico usar cualquier cosa
barata.”
A mi mente vienen los recuerdos de
Darwin pavoneándose con su pendiente feo que… “Ay
no…” se escapa de mis labios. “Mamá…
esto será difícil de explicar en el colegio.” no puedo creerlo. ¿Por
qué no pensé en eso antes? Mañana es incluso el evento navideño. “¿cómo me los saco?” intento aflojar el broche,
pero este está sólido en su sitio.
“Este
modelo es especial, se afloja con un imán.” busca por última vez en
un cajón y saca un pequeño objeto alargado con aros en los costados, parece un
pedazo de metal. Lo acerca a la parte de atrás de mi oreja. “Tienes que pasar el aro por la aguja y acercarlo
levemente.” Vuelvo a escuchar otro chasquido antes de sentir que la
presión se aflojaba.
Mamá me muestra la palma de su mano
donde ahora estaba el arete. “¿Lo ves? es muy
fácil.” dice antes de volver a colocármelo. Un chasquido y la
presión vuelve. “De vuelta a su sitio.”
sonríe y pone el imán en mi mano. “Ponlo en tu
llavero, así no lo pierdes.” me mira en el espejo.
“Por
higiene, en los siguientes días solo quítatelos para ducharte, dormir o si es
estrictamente necesario.” aconseja. “También
tendrás que limpiarte los lóbulos con alcohol desinfectante de vez en cuando.
Así no pescarás una infección mientras cicatriza el agujero y se hace
permanente.” siento la presión de sus manos en mis hombros.
Esa última palabra ‘permanente’
hace que mi corazón de un vuelco. La ropa y el peinado puede cambiarse con facilidad,
pero esto… esto ya no se irá. Comienzo a arrepentirme hasta que veo en el
espejo nuestro reflejo. Parece una de esas fotos de ella y la abuela que hay en
el álbum familiar. Su sonrisa orgullosa hace que este nuevo problema tedioso
valga la pena.
“Si
tengo que llevarlos a la escuela, ¿Cómo los oculto?” la idea de usar
capucha suena bien, pero no serviría por mucho tiempo. “Eso también es muy fácil.” Ella deshace mi
moño con un solo movimiento, toma un cepillo cercano y comienza a moldear mi
cabello. “El cabello a veces se atorar en ellos,
ten cuidado con eso.” En un par de pasadas, acomoda mi cabello de
forma que cubre mis orejas y los aretes. “¿Ves?
Como si no estuvieran allí.”
Giro mi cabeza de lado a lado, desaparecieron… pero quedaba
un problema… Ese no era precisamente el peinado más masculino, pero bueno, yo
tampoco lo soy. “Gracias, mamá.” digo
mientras tomo el cepillo. Será mejor que aprenda a hacer este peinado, pues
algo me dice que el hábito de usar aretes llegó para quedarse.
Continuará...
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----- Si por allí encuentran alguna falta de ortografía, por favor, háganmelo saber -----
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Enlace a Caption en inglés en Deviant Art: https://www.deviantart.com/nair-tg-stories/art/Shining-in-Ears-Mommy-s-Girl-Part-10-TG-STORY-1325209341
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