viernes, 5 de junio de 2026

Evento Navideño Escolar

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Escrita por: “Irene Naridza”

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Me desperté y fui al baño a lavarme la cara y los dientes. Lo primero que hice después fue ponerme de vuelta los aretes de rosas que mamá me regaló. Tenía razón, ni bien se fue el efecto del anestésico, me empezaron a doler las orejas, pero no lo suficiente como para impedirme dormir.

Hoy es el programa navideño, casi no suelen darnos clases en estos días, pero nos hacen asistir por protocolo. Y, en efecto, los maestros solo llegaron, pero no nos dieron clases. Solo dijeron: “Avancen en los deberes que dejamos ayer. Recuerden venir al evento navideño que es esta tarde.” La misma frase con punto y letra la repitió cada profesor, uno de ellos solo se asomó desde la puerta para decirla antes de retirarse.

Yo intenté hacerlo, pero Darwin no paraba de molestarme. “Nenathan. ¿Ya preparaste tu vestido para cantar esta tarde?” preguntó. Parece una pregunta genuina que haría mi madre, pero la respuesta sería la misma. “No porque cante junto a las chicas usaré un vestido.” Le respondo sin voltear a verlo y su risa de burro se aleja.

“¿Por qué te pusieron a cantar con las niñas, Nenathan?” escucho la voz de Lucio, el ecuatoriano. Su pronunciación es aún acartonada, pero lo suficiente como para que lo entienda. “Porque la profesora de música dijo que mi voz era la adecuada.” Aunque ya no los tomo, esos caramelos de miel cambiaron mi voz para siempre. No es que cante como sirena, pero es ciertamente aguda y decente… o eso me explicó la profesora.

“Oh sí, tiene lógica, hablas como niña, Nenathan” Pensar que Darwin ya era una molestia, viene este y se suma. “Oye…” me reviro para verlo. “¿Por qué me llaman Nenathan?” Si mal no recuerdo, fue él quien empezó a llamarme así. Incluso a Darwin le pareció un apodo extraño, pero algo le dijo Lucio que lo convenció para comenzar a usarlo siempre.

“Oh, te explico.” me dijo mientras se acercaba con todo y pupitre. “En español; Nena, se usa para referirse a una niña pequeña o alguna chica linda. Pero, nenaza, se usa para referirse a algún cobarde o algún amanerado. Como tu pareces niña, eres delicado y te llamas Nathan, Nenathan logra un juego de palabras muy divertido.” explica todo sonriente. 

“Ya veo.” es lo único que le respondo antes de volver a mis deberes. Tengo ganas de golpearlo, pero no soy fuerte y para los problemas en los que terminaría metiéndome, creo que es mejor ignorarlo totalmente. Él pronto vuelve con Darwin a hablar de deportes y otras tonterías.

La mañana pasó entre escribir todos esos ensayos y escuchar a mis compañeros charlar sobre lo que harían en navidad. Muchos harían lo clásico de pasarla en familia, recibiendo regalos. Uno de mis compañeros presumió que pasaría Nochebuena en Estados Unidos con sus familiares. Fue el mismo que le preguntó a Lucio si iría a visitar Ecuador, pero este dijo que no pues no tenía pasaporte.

No tocaba la sirena para la hora de salida y ya todos estaban yéndose, decidí hacer lo mismo. Desde el autobús me deleité viendo las casas adornadas por colores y cosas brillantes, incluso en la claridad del día se veía increíble. Al llegar a casa, allí estaba mi madre. Tenía listo el almuerzo, pero dijo que fuera a cambiarme antes.

Dejé mi uniforme en la cesta para la lavadora y busqué algo para ponerme. No sé si estoy loco o mi armario es cada vez más femenino. En verdad, no recuerdo que estuviese tan lleno de faldas o pantalones con diseños delicados. Aún tengo cosas masculinas, pero son solo casacas o unos pocos pantalones. Literalmente solo eso, y es raro porque… olvídenlo, ya recordé.

ÉRAMOS POBRES, al menos hasta que mamá obtuvo el trabajo en la clínica. Por eso conservé la misma ropa por años, mamá se ponía nerviosa al ver que cada vez me quedaba más pequeña. Cuando empecé a ser Nadia a medio tiempo, ella empezó a darme toda su ropa de cuando tenía mi edad para usarla al menos en casa.

Ahora soy Nadia más seguido y no suelo salir mucho siendo Nathan si no es para el colegio, es lógico que no tenga mucha ropa masculina… como sea. Tal vez le pida que me compre ropa masculina aprovechando las ofertas navideñas.

Mamá debe estar poniendo todo en mi armario, reemplazando lo que definitivamente no me queda, como esa camiseta de Piolin que usé hasta que luchaba para ponérmela y me quedaba muy ajustada. Ahora tengo para escoger… entre blusas, pero ya es una mejora.

Me pongo unas mallas negras con puntos violetas, una falda violeta que me cae hasta los tobillos y un sueter negro con cuello de tortuga. Es increíble todo lo que mamá guardó por décadas. No se ve nada mal. 

Al bajar, ella me mira de reojo, como si me analizara. “Tengo una idea.” Dice mientras se quita las horquillas blancas que llevaba. Se me acerca y usa una para recoger mi cabello hacia un lado, acomodando los mechones tras mi oreja, dejando lucir por mis aretes. 

“Son muy prácticas.” dijo ella antes de darme la otra horquilla. “Vamos, inténtalo.” me indicó. No me fue difícil hacerlo, ella aplaudió con el resultado mientras me veía en el espejo de la sala. Nada diferente a lo de antes, veo a una linda niña con un lindo peinado y esta vez, unos lindos aretes… vaya, y ahora se sonroja un poco… no puedo evitarlo.

“¿Quieres que vaya a buscarte horquillas?” le pregunto mientras volvemos a la cocina. “No será necesario, quedatelas.” responde antes de sentarse. Tomamos todo y vamos al comedor. “Nadia. ¿Ya preparaste tu vestido para cantar esta tarde?” preguntó de la nada y casi escupo mis verduras.

“Mamá...” logro decir después de regular mi ingesta. “No porque cante junto a las chicas usaré un vestido.” Ella empieza a reírse torpemente. “Era solo una sugerencia.” Continúa un poco antes de continuar comiendo.

Después de comer y lavar platos, mamá dijo que tendría que salir a hacer unos trámites, pero que volvería a tiempo para llevarme al colegio. Tengo que llegar un poco antes para un último ensayo para el recital.

Yo me dediqué a seguir con los ensayos, mientras ponía música en la grabadora de mamá. Tiene un librito lleno de discos muy buenos de baladas, aunque las de español no las entiendo mucho, tiene buen ritmo. Terminaba un ensayo a la par que tenía que levantarme a cambiar de disco, así hasta que finalmente los terminé todos. 

Estiré mis dedos para liberar tensión, pude escuchar un par de crujidos. La marca del esfero es más notoria y mis dedos están algo morados. Asusta un poco, pero afortunadamente, mamá ya me explicó que eso es normal y basta con reposo.

Como prometió, mamá volvió a tiempo. Llevaba consigo varias fundas con medicamentos. “¿Te ayudo con eso mamá?” Sugerí.“No, puedo sola.” dijo con voz seria. “Es un material delicado que me encargaron.” De un segundo a otro, volvió con su cara simpática.

Mamá a veces se pone así cuando trae medicamentos, creo que son de su trabajo. Supongo que es normal que maneje ese material con esa seriedad teniendo en cuenta el buen salario que gana ahora. ¿Qué hace con tanto dinero que todavía no tengo ropa nueva? Ella dice que está ahorrando para una casa nueva y un mejor automóvil. Lo que tenemos ahora no está mal, pero dice que está lejos de su trabajo y lugares que le interesan.

“¿Irás con eso al programa navideño? No está nada mal.” bromea nuevamente. “Oh…” veo que sigo con la ropa femenina. “Iré a ponerme el traje navideño.” Digo antes de ir a mi habitación.

Después de un rato, volví a la sala, donde mi mamá esperaba. “Todo listo.” Digo al mostrarme con el disfraz de Papá Noel que nos dieron en el colegio. Ella frunce los labios. “Bueno… si tú lo dices.” Habla con genuino desinterés.

El viaje en auto fue rápido, no hubo mucho tráfico pues aún íbamos temprano. Ella me dejó en la entrada del colegio. “Adelántate, iré a estacionar el auto.” me indicó. Yo asentí y empecé a caminar adentro. Los adornos de Navidad hechos con papel ya estaban siendo colocados por los mismos profesores que no se veían muy felices.

Fuí directo al aula de música, la profesora se alegró al verme. Me puso junto a las otras niñas para repasar el recital una vez más. Era una presentación simple con las canciones de ‘Blanca Navidad’ y ‘Feliz Navidad a todos’ Perfeccionamos todo enseguida.

Después de eso fui a sentarme con mamá porque en realidad no había mucho más que hacer antes de que empezara el evento. Que constó de canciones hechas por distintos grados escolares, presentación de títeres, un refrigerio de pan y leche chocolatada, más títeres y ahora sí, mi turno de cantar.

Me levanté y me dirigí al escenario. Perdí el equilibrio repentinamente y caí de bruces. Como puse mis manos, no me golpeé la cara, solo las rodillas. Me esforcé en cubrir mis aretes con mi cabello para que nadie los notara. Al revirarme, vi el pie de Darwin interrumpiendo el camino por donde pasé, una sonrisa estúpida muy grande estaba en su rostro.

“Oye. ¿le metiste el pie?” preguntó mi madre al levantarse de su asiento. Darwin se hizo el sordo. “¡Oye!” repitió en voz alta, pero siguió como si nada. “Darwin. Fuera de aquí.” dijo el maestro de matemáticas. Él intentó seguir fingiendo no escuchar nada, pero el profesor fue hasta su asiento. “Te lo advertimos, retírate.” dijo alzando la voz.

Eso fue suficiente como para que Darwin se pusiera de pie y se fuera sin decir nada, pero mirándome de reojo. Yo solo pude reírme mientras lo hacía. 

Noté también que el pantalón rojo del traje tenía una pequeña rasgadura a la altura de la rodilla. Era pequeña, pero al menos yo, pude notar mis mallas de antes. No, no me las quité, hace frío. Además, de no ser por ellas ahora tendría una raspadura seria en la rodilla.

Allí en el escenario canté con ambas canciones como estaba planeado. Pude ver a mamá grabando con su cámara desde su asiento. Su sonrisa me hizo sentir feliz.

El resto del evento fue sencillo, más canciones y un último agasajo navideño que consistía en un cuadernillo y pinturas. Lucio no estaba muy lejos, lo oí decir que en su país se regalaban algo llamado ‘fundas de caramelos’ que consistía en fundas pequeñas con diseños navideños llenas de galletas y distintos tipos de dulces. Suena como un buen regalo rápido.

Después de eso, el director nos deseó una feliz navidad, feliz año nuevo y que la pasáramos bien en estas vacaciones.

En menos de lo que pensaba, estábamos de vuelta en el auto compacto de mamá. Fuimos a cenar en un local de pizza. Antes de bajarnos, mamá me quitó el sombrero navideño y me revolvió cariñosamente mi cabello.

“Noté que rasgaste tus pantalones.” dijo mientras extendía su brazo hacia la parte de atrás. “Por suerte vine preparada.” de una bolsa sacó una falda roja, del mismo estilo navideño que mi traje. “Gracias.” fue lo único que se me ocurrió decir. Se nota que deseaba verme con algo más femenino en esta ocasión.

Cuando entramos a la pizzería, ya lucía la falda y mi cabello suelto libremente, era Nadia de nuevo. Mamá pidió una pizza de pepperoni y soda de manzana que nos encanta a ambas. Hace solo un año esto sería una cena algo costosa, ahora… Es una cena de pizza entre madre e hija.

Mamá es la más sonriente. “Estoy muy orgullosa de tí, Nadia.” dice mientras esperamos la pizza. “Diste una presentación casi perfecta.” dice haciendo una mueca. “¿Por qué ‘casi perfecta?’” preguntó confundido. “Tu atuendo estaba roto, si tan solo me hubieras escuchado y hubieras usado una falda desde el principio, tendría un recuerdo perfecto.” dijo antes de reír.

“Bueno… si quieres podemos regresar y volver a cantar.” digo de forma despreocupada, de repente ella toma mi mano. “¿Eso es posible?” dice dándome un apretón. “Bueno… ahora lo es.” ella me mira fijamente.

“Desde hace varios meses ya no hay guardias, escuché que ya no podían pagarlos. Ahora simplemente ponen candados, pero son fácilmente forzables.” explico. “¿Cómo sabes eso?” pregunta mirándome de reojo. “Bueno, a veces olvidaba cosas y para cuando volvía al colegio, estaba todo vacío y cerrado.” me excuso. “Es fácil entrar por una de las ventanas.”

Ella vuelve a sonreír y tocó el brazo de una mesera que pasaba junto a nosotras. “Nuestra orden para llevar, por favor.” Todo pasó rápido y cuando me dí cuenta, estábamos nuevamente en el estacionamiento de mi colegio.

Me pidió que le mostrara la dichosa entrada. Normalmente, no hubiera puesto un pie fuera del auto mientras llevaba falda estando en lugar donde sí me conocían, pero como el lugar estaba desierto, pude animarme.

La llevé hacia uno de los rincones y le señalé una de las ventanas. Ella comprobó que no estaba bloqueada. Me ayudó a entrar y me llevó de la mano por los pasillos. “Es un alivio que no haya cámaras.” dijo mientras llegábamos a las puertas del auditorio. “Los recortes públicos al fin son un alivio.” dijo mientras entrábamos.

No le fue difícil encontrar los paneles de energía y encender la luz. Me dió un micrófono que funcionaba y fue a sentarse en la zona del público. Encendió su cámara y me apuntó. Yo me quedé sin saber qué hacer, era demasiado extraño.

Entonces noté esa mirada esperanzada en el rostro de mi madre, no podía entender por qué, pero el vivir cada momento especial conmigo siendo Nadia era mucho más importante para ella de lo que puedo imaginar.

Aclaré mi garganta y empecé a cantar esas mismas canciones navideñas, esta vez no porque fuese una presentación donde me relegaron. Fue para complacer al público más importante que tenía, mi querida madre. Supe que lo hacía perfectamente al notar un par de lágrimas en sus mejillas.


Continuará...




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martes, 2 de junio de 2026

LA CADENA DORADA - HISTORIA TG COMISIONADA POR Anónimo.

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Maldición. Todavía estoy muy lejos de casa y casi no siento mis piernas. Debo haber caminado ya más de 10 kilómetros. Al menos el sol ya se ocultó entre las nubes. Eso es bueno, ya no me queda dinero, me queda poca agua en esta botella y ningún auto se está deteniendo. 

Insensibles. ¿Por qué no les conmueve una chica caminando a lado de la carretera? Qué dilema es este en el que me he metido.

Yo era un chico universitario llamado Kevin. Estudio contabilidad y me iba regular. Cuando llegó mi etapa de prácticas profesionales, me enviaron a una vieja casa de empeño que tenía más polvo que objetos de valor en sus repisas. 

Aun así, la anciana que dirigía el lugar seguía atendiendo gente que venía de vez en cuando a cambiar oro o cheques. Hacer su documentación era tedioso, pues debía pasar a digital las anotaciones a mano de la anciana y por su edad, no tiene la mejor caligrafía. Encima tenía que limpiar mi zona de trabajo si no quería estornudar erráticamente.

La anciana siempre limpiaba torpemente, enfocada en contar sus historias de cómo antaño, esa era una Casa de Empeño llena de clientes que le traían todo tipo de tareas y objetos misteriosos, casi mágicos. Yo siempre le daba la razón en todo, para contentarla y hacer que me diera un buen trato.

Esto que voy a contar, no me enorgullece, pero… es lo que pasó. Antes de que terminaran mis prácticas, noté que la anciana dejaba olvidados muchos de los objetos de la tienda. Uno de ellos, era una cadena de oro que estaba literalmente enterrada en polvo. Si no fuera porque yo limpiaba, jamás la habría notado en la parte baja de esa vitrina.

Me llamaba mucho la atención los símbolos extraños que tenía grabados en cada eslabón. Una rápida investigación dijo que eran algo de tribus antiguas de Europa del este. Esa cadena debía ser toda una reliquia, una de buen valor.

Revisando los inventarios de la anciana, ni esa cadena ni otros objetos estaban en sus garabatos que tenía en sus cuadernos. Para no levantar sospechas si alguna vez recordaba estas cosas, solo tomé la cadena antes de irme.

Las siguientes semanas, no escuché que ella pusiera alguna queja o que notara su ausencia. Había logrado sacarla sin que se diera cuenta de nada.

Por sí sola no me servía de nada, necesitaba dinero, no presumir cosas costosas. Fue así como se me ocurrió ir a Las Vegas. Aproveché que tenía un fin de semana libre y que tenía un poco de dinero ahorrado.

Mi plan era ir a una tienda de joyas y venderla. Conocía algunas que no pedían comprobante de propiedad, pero a cambio no te daban el precio completo. Era un cambio justo.

Mi amigo que está en la facultad de derecho me ha contado que hay UN MONTÓN de formas de seguir las pistas de alguién. Por eso decidí ir en bus. Sería más discreto que ir en auto y dejar registro de placas en los peajes. También decidí dejar en mi habitación del campus mi identificación, así ni aunque de alguna forma me requisaran, no sabrían quién era.

Allí en el bus decidí ponerme la cadena y tomarme un par de fotografías con mi teléfono. La vendería de todas formas, pero no estaba mal tomarme un par de fotos antes de hacerlo. Se me veía genial, brillaba de forma discreta alrededor de mi cuello, resaltando de forma elegante entre mi chaqueta negra y mi camisa blanca.

Empezó a darme sueño, por lo que me acomodé en mi asiento y bostecé antes de cerrar los ojos. Antes de quedarme dormido, sentí un calorcito recorrer todo mi cuerpo, pensé que era la comodidad, por lo que simplemente me seguí poniendo cómodo.

Me desperté de golpe cuando sentí que alguien me tiraba al suelo. Todo estaba de cabeza y escuchaba susurros, no me daba cuenta aún de nada. Entonces, en el pasillo del autobús, ví como un sujeto encapuchado y delgado se estaba bajando corriendo del bus con la cadena de oro en la mano.

De inmediato, grité que lo detuvieran y lo raro empezó. Mi voz era muy aguda y femenina. Pensé que era por no tomar agua, por lo que me puse de pie e intenté perseguirlo. Me vi ralentizado porque mi ropa me quedaba grande. 

Cuando llegué a la puerta del bus, ví al sujeto subir en una moto dónde lo esperaba un secuaz y alejarse rápidamente. Solo allí me di cuenta de dónde estábamos en una pausa en la gasolinera.

Intenté pedirle a alguien que persiguiera a esos tipos, estaba muy alterado. Fue en eso cuando un hombre se me acercó y me preguntó. “¿Está bien, señorita?” eso me dejó sin palabras, lo ignoré e intenté explicar que ese sujeto me había robado la cadena.

Fue en eso que pude verme en el reflejo del parabrisas del bus… me había convertido en una chica. No sé qué me ocurrió, de pronto perdí fuerza en las piernas y luego solo vi blanco.

Recuerdo despertarme en una camilla de una ambulancia. Mucha gente me estaba viendo y un par de policías querían hablar conmigo. Yo seguía tan alterado, sin saber que hacer ni por dónde empezar. No podía decir palabra alguna.

No tenía idea alguna de cómo terminé con esta forma… probablemente haya sido esa cadena, pero incluso ahora no estoy seguro. Lo que sí estaba seguro en ese momento, es que lo que menos debía hacer era llamar la atención.

La idea de denunciar el robo era ideal. Pero eso implicaría que me pregunten de dónde saqué la cadena o quién era yo. Decir que era un chico y que la había robado era tan descabellado que si no terminaba en la cárcel por hurto habría terminado en algún manicomio.

No pude evitar que me llevaran a la comisaría, solo guardar silencio. Allí dije que no quería presentar cargos y que solo quería irme a casa. Ellos no insistieron y se ofrecieron a llamar a mis familiares. Les dije que estaba bien, que no lo necesitaba. No podía esperar a que me dejaran ir, cuando ellos me dijeron que tomarían mis datos como registro rutinario.

Me quedé en blanco cuando me preguntaron mi nombre y número de identificación. Estaba por decirles mis credenciales reales, pero temiendo que se dieran cuenta de todo, simplemente me quedé en silencio.

Inventé que por la presión y porque me golpeé la cabeza, no recordaba mis datos. Ellos dijeron que intentara revisando mi billetera. Decirles que no la traía hubiera sido muy sospechoso, pero para mala suerte, o buena suerte en ese caso, al buscarla mi billetera noté que no la tenía, solo mis llaves quedaban. Decidí usarlo como excusa para poder irme.

Ellos entonces solo pidieron mi nombre, para dejar alguna constancia. Un nombre inundó mi mente, “Kendall McLean” dije sin saber de dónde venía. Eso les bastó y finalmente pude irme. Es así como terminé aquí varado en la ciudad. Sin dinero, sin identificaciones y sin idea de lo que realmente había pasado con mi cuerpo.

Sin saber qué hacer, me quedé sentada en un parque cercano. Intentaba pensar en una forma de volver, pero no se me ocurría nada. De pronto, algo cayó frente a mí. Al verlo bien, noté que era un billete de 5 dólares. Al levantar mi vista, vi a un hombre con traje que me miraba con lástima mientras se alejaba. ME ESTABAN TOMANDO POR ALGUNA VAGABUNDA.

Indignado, pensé en tirarle el dinero, pero luego, pensé en mi situación. Una chica joven con aspecto desaliñado y con ropa que le queda grande. A simple vista… en verdad parecía una chica de la calle.

Como no tenía dinero. Decidí seguir sentado allí, dando lastima para conseguir un poco de limosna. Intentaba reunir lo suficiente para al menos volver a casa. Puse una lata que había sacado de un basurero cercano para dejar más claras mis súplicas.

Por el resto de la mañana, la gente siguió dándome algunas monedas. La lata se llenó rápidamente. Lo bueno de Las Vegas es que hay mucha gente con dinero. Muchos vienen a malgastarlo en los casinos, por lo que, no sentía que los estafaba de ninguna forma.

El único problema era el sol. Pero estar cerca de una fuente era un poco refrescante. Me hubiera gustado quedarme más tiempo. Pero vi que alguien me señalaba a la distancia. Al fijarme, noté que estaba con unos policías.

Antes pensaba que eso de echar a los vagabundos de las zonas públicas es algo cruel, ahora sé que es completamente inhumano. Terminé caminando sin rumbo otra vez, pero al menos ya con algo de dinero.

Fui directo a una terminal de buses e intenté pedir un boleto de vuelta a mi ciudad. Pero me exigían dar alguna identificación. Eso es una tontería, tenía el dinero justo, pero insistieron en que sin identificaciones no podían vender. ¿Cuál es la necesidad de las empresas de siempre querer los datos personales de los clientes? QUE TONTERÍA, en otros estados no te piden eso.

Con menos opciones. Decidí que regresaría caminando y pidiendo aventón en la carretera, pero primero necesitaba comprar comida y algo nuevo que ponerme. Lo bueno es que incluso aquí hay tiendas de segunda mano con baratijas. Lo malo, es que no siempre tienen lo más discreto.

Lo único que estaba en mi presupuesto eran unos pantaloncillos de mezclilla cortos y algo apretados. Decidí comprarlos ya que, de todas formas, hacía mucho calor. También compré unos tenis de mi talla de color blanco. Mi camisa y chaqueta, aunque algunas tallas más grandes, se sentían bien, aunque tenía que llevar la chaqueta en la mano.

Pude cambiar mis zapatos y pantalones de hombre al vendedor por unos cupones de comida para un restaurante cercano. Por supuesto acepté. La comida nunca supo mejor, aunque sabía que esos restaurantes servían peor comida que las cadenas de comida chatarra.

Lo último que compré fueron unas botellas de agua y me puse a pedir aventón de vuelta a mi ciudad. No tardé en conseguirla, un sujeto joven se detuvo de inmediato y me preguntó muy sonriente a dónde iba. Lo bueno de ser una cara bonita, supongo.

Al subirme se puso a interrogarme incluso más que los policías. Preguntó de dónde era, qué me gustaba y si tenía novio. Sabía a dónde quería llegar, yo mismo había usado esa técnica de ligar antes, pero siendo más discreto. Este tipo no podía ocultar estar algo urgido por tener una cita.

Pensé en decirle las palabras mágicas para quitármelo de encima. “(Vuelvo de un seminario. No puedo esperar a ver a mi novio.)” eso en definitiva funcionaría, pero también podría hacer que me dejara a un lado de la carretera. Por lo que simplemente me la pasé dándole la razón en todo lo que decía.

Cuando finalmente llegamos a mi ciudad, decidí darle el primer número que me vino a la mente. Le dije que había perdido mi celular, pero que ese era el número de una amiga. Eso lo hizo sonreír. Me siento un poco mal por él, pero no podía complacerlo como él buscaba.

Caminé otra hora hasta poder llegar al campus, por un momento pensé que no me dejarían entrar sin identificación. Probé caminar despreocupadamente por la entrada y… el sujeto de la caseta solo me chifló y se rió entre dientes cuando volteé a verlo. Sonreí torpemente y seguí mi camino.

Apenas pude evitar correr por los pasillos hacia mi habitación. Al entrar, sentí mi corazón caer al piso. Mis cosas no estaban. Mis sábanas rojas ahora eran violetas y mi escritorio dónde estaba mi laptop ahora tenía una MacBook con unas estampas de ositos.

Estaba desesperándome cuando alguien tocó mi hombro y me volteé sobresaltado. Una chica que nunca había visto estaba allí. “Kendall. aquí estás.” dijo ella. “¿Quieres salir un rato?” dijo despreocupada. “Las chicas y yo vamos a salir por café en ese nuevo StarBucks.”

Me quedé quieto, esperando que notara que no era a quién buscaba, pero ella me seguía mirando, esperando una respuesta. “¿Estás bien?… luces algo quemada. ¿saliste a caminar?” su tono preocupado no hacía más que confundirme más.

“Te pondré una pomada.” antes que pudiera decir algo, me tomó de la mano y me sentó en una silla cerca del escritorio. Allí recordé algo. Abrí lentamente el cajón del escritorio. Entre lápices, una calculadora y un paquete de compresas estaba una identificación. “LICENCIA DE CONDUCIR DE CALIFORNIA.” leí en voz baja mientras esa chica buscaba la pomada.

La levanté para verla. “NOMBRE: KENDALL MCLEAN PANE – Fecha de nacimiento: 26/05/2005 – SEXO: Femenino. – Estatura: 1,61 m – C. OJOS: Marrones – DIRECCIÓN: Bakersfield, CA.” 

Allí, estaba yo… o al menos. La chica que ahora era yo… esto no puede estar pasando.


FIN

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viernes, 29 de mayo de 2026

UN TRABAJO AL FIN

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Escrita por: “Irene Naridza”

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Me quedo de pie intentando procesar todo, sin saber por dónde empezar. Estoy notando como los tacones que estoy usando se hunden en la blanca escarcha acumulada por todas partes. No hace falta que sople el viento para sentir lo frío que está el ambiente en estas montañas.

Llevar mangas hasta el codo no es lo mejor, tampoco que este sea un vestido corto, pero estas mallas blancas sí hacen un buen trabajo protegiéndome del frío, además de combinar con la nieve.

Sigo hipnotizado en mi figura y en este atuendo que olvidé por un momento mi situación concreta. Mi novia me acaba de dejar en este lugar en medio de la nada.

Todo empezó hace una semanas. Yo perdí mi trabajo tras el quiebre de la empresa donde trabajaba como oficinista. Un trabajo rutinario y mundano. Algunos lo llamarían aburrido, pero para mí era una rutina cómoda.

Intenté buscar empleo en todos lados, pero alguien que solo sabe redactar cosas y llevar agendas no es muy solicitado hoy en día. Mi novia me ayudó a conseguir trabajos, pero como barrendero o conserje. Eso me pareció humillante, pero tuve que tragarme mi orgullo a regañadientes por el dinero.

Todo tiene un límite, y ese trabajador en la oficina que entró con lodo justo después de que limpiara el pasillo, cruzó un límite claro de desconsideración. Le reclamé de forma leve, sin alzar la voz ni ser ofensivo. Resultó que era buen amigo del jefe y me despidieron. “Si no te gusta tu trabajo, podrás encontrar algo mejor en otro sitio.” fue lo que me dijeron mientras me dieron la carta de terminación de contrato.

Los siguientes días estuve tan molesto que lo único que hacía era quedarme en casa, ordenar todo, enviar hojas de vida y sentarme a jugar vídeo juegos. En verdad no se me ocurría nada más y no quería volver a ser conserje, pues no era un trabajo respetado.

Un mes entero pasó en un parpadeo, solo me di cuenta por la nueva temporada del juego en el que viciaba. Mi novia estaba enfadada conmigo. Ella me había conseguido contactos, pero todos eran lo mismo; conserje, limpia baños o cosas por el estilo.

Creo que yo también crucé otro límite con ella cuando me escondió la consola de videojuegos y me exigió que consiguiera un trabajo en lo que sea. Fue cuando por fin puse los pies en la tierra, estaba desperdiciando demasiado tiempo y oportunidades que, aunque no eran las mejores, eran mejor que no tener nada.

Por mala suerte, ahora todos esos puestos ya estaban ocupados. No tenía palabras para explicárselo adecuadamente, por lo que simplemente se lo escupí. “Ya no hay vacantes disponibles.” lo dije en voz baja, pero ella lo escuchó correctamente. Esa noche dormí en el sofá.

Me despertó con otro ultimátum. “Vas a tomar el próximo trabajo que te consiga, sea en lo que sea y con las condiciones que sean.” dijo Natasha de forma cortante. “Si no, AQUÍ TERMINAMOS.” exclamó. Yo asentí sin decir nada.

Dicho y hecho. Ella logró conseguir un trabajo en un lugar lejano. En pocas palabras; es un motel de lujo. En palabras más apropiadas; es una cabaña campestre en las montañas con una asombrosa vista al paisaje de los bosques de pinos y las colinas blancas. Se renta a parejas que buscaban una cita inolvidable o amantes de la naturaleza y tranquilidad.

Necesitaban que alguien limpiara a cada que los inquilinos se iban y que dejara todo listo para los nuevos. Allí es donde entraría yo, como conserje nuevamente.

Había una letra pequeña en esto. Los dueños de la cabaña, o mejor dicho, dueñas, preferían contratar solo mujeres. No me detuve a cuestionar las razones de ello, solo pensé que era una opción descartable… hasta que mi novia me pasó una caja con su ropa vieja.

“Ahora esto es para tí.” dijo con una cara seria. “¿Quieres que las venda?” pregunté sin ganas. “No, tonto. Vas a usarlas para tu trabajo en la cabaña.” la sorpresa fue tan grande que dejé caer la caja. “¿Qué?” dije con voz desafinada. “Vas a trabajar en la cabaña y sí. Tendrás que hacerte pasar por chica.” me aclaró mientras buscaba algo en su tocador.

“¿PERDISTE LA CABEZA?” pregunté cuando por fin salí de mi asombro. “Esto no es solo más humillante que ser conserje. Es ilegal ir contra términos de un contrato." Este era un problema en el que no quería meterme.

“Tú descuida. No estamos estafando a nadie.” respondió al ordenar un par de productos de maquillaje. “Solo ocultando ciertos detalles que, en este caso específico. No tienen mucha importancia.” señaló el banquito. “Ahora siéntate, tengo que maquillarte para tu entrevista, es en unas horas.”

Debí quedarme en otro shock, porque recuerdo que me tomó de los hombros y me hizo sentarme para pasar varios minutos con ella frotando brochas con productos que olían extraño. También me dio un caramelo que cambió mi voz. Cuando terminó, me parecía un poco a mi hermana. Las chicas en verdad pueden hacer magia con su maquillaje.

La entrevista fue sorprendentemente bien. Fue por internet. “Hola… ¿Connie?” dijo una mujer de mediana edad que estaba muy atenta a su celular. “Sí, soy yo.” dije torpemente. “Me fuiste recomendada por un contacto. ¿Sabes algo sobre limpiar cabañas?” solo me miró dos veces antes de devolver su mirada a su celular. “Por supuesto.” respondí.

“¿Tienes problemas para transportarte hasta Overlook Hills?” preguntó aún con su indiferencia. Conocía el lugar, Natasha y yo incluso habíamos alquilado esa cabaña para nuestro aniversario hace unos meses, es fácil llegar en auto. “No, tengo un auto decente.” respondí.

“¿Tienes problemas para trabajar en lugares fríos?” levantó sus ojos celestes de su teléfono por un segundo antes de devolver su atención allí. “No, claro que no.” dijo con una sonrisa. En la parte que mostraba mi cámara, pude ver el labial resplandecer.

“¿Te parece bien el sueldo básico?” preguntó sin ganas. “No, es perfecto.” contesté mientras Natasha me miraba inquisitivamente desde la puerta de la habitación. “Perfecto, el trabajo es tuyo.” dijo al mirarme finalmente. “Ven mañana a la cabaña para firmar el contrato. Está en el primer camino secundario del kilómetro 237 del condado de Overlook Hills.” indicó mientras un gran alivio me llenaba.

“No harás ningún trabajo pesado y la cabaña tiene buena calefacción. Hay ya poca nieve, así que no es necesario que vengas muy abrigada.” indicó antes de que nos despidiéramos.

Natasha me dió unas palmaditas en el hombro. “Felicidades, Connie, ya no estás desempleada.” dijo con un sarcasmo tan sutil que parecía que lo decía en serio.

Ella me despertó muy temprano para que me duchara, me maquillara, me pusiera el atuendo de vestido corto negro, mallas blancas y unos tacones. Parecía más un atuendo para ciudad que para ir a una cabaña. “Es para dejarle la impresión correcta de tí… Connie.” dijo mientras ajustaba una peluca negra. “Ella tiene otros negocios que atender. No la verás en mucho tiempo.” aclaró.

El trayecto fue más corto de lo que esperaba. En tan solo una hora, ya estaba frente a la cabaña. “Voy a necesitar el auto hoy, pero no te preocupes, volveré a las 19:00 PM” Natasha no me dejó contestar, se fue antes de que pudiera protestar, podría jurar que la vi sonreír por un momento.

Al no tener mucho más que hacer, recogí el bolso blanco que también me dió y caminé hasta la cabaña, el tacón se hundió en la nieve más de una vez, pero pude mantener mi paso firme.

Ni bien golpeé la puerta, allí estaba mi nueva jefa. “Por fin llegas.” dijo, en verdad tenía prisa, bastante en verdad. Me pidió dejar mis tacones en la entrada, en un armario de zapatos. Las tablas del suelo se sentían tibias mientras caminaba hasta la sala, donde me hizo firmar el contrato, me entregó todas las llaves que necesitaría.

“Esas son las puertas principales, esas de las habitaciones, esas del cobertizo y esas de la caseta del personal. Está media colina más abajo, puedes quedarte allí mientras la cabaña está ocupada por los inquilinos.” Explicó rápidamente. No tendría problemas en recordarlo, pues las llaves tienen un forro plástico de un color específico según su función.

Sin permitirme preguntar algo, me indicó que limpiara las ventanas antes de salir y subirse a su camioneta. Lo siguiente que supe, fue que estaba completamente solo en esta cabaña y con una larga lista de tareas que aparecían en el documento compartido en mi celular.

No puedo detenerme a reflexionar nada más. Los próximos inquilinos estarán aquí en media hora. Se irán antes del atardecer, pero una hora después, otra pareja vendrá a pasar una noche espectacular.

El reflejo de ‘Connie’ se marcó en cada ventana que limpiaba, se veía más bonita mientras sonreía. Ella no me convencía del todo, pero me parece un detalle a asumir bastante justo teniendo en cuenta los beneficios: Tendré la cabaña sola mientras la limpio, un sueldo decente, lo más pesado que haría es palear nieve y lo mejor; no tendré que usar esos tacones aquí dentro. Es un alivio, empezaba a odiarlos.


FIN

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--------------- Opinión de la Autora ---------------

La idea de esta historia ya rondaba por mi cabeza, pero como concepto suelto. Ayer volví a ver la película de “El Resplandor” y por fin pude tener la inspiración para los últimos detalles.

 

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------------------------------------------------------------------- Escrita por: “Irene Naridza” IMAGEN IA HECHA POR CHA-GPT: https://chatgp...