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Escrita por: “Irene Naridza”
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Me quedo de pie
intentando procesar todo, sin saber por dónde empezar. Estoy notando como los
tacones que estoy usando se hunden en la blanca escarcha acumulada por todas
partes. No hace falta que sople el viento para sentir lo frío que está el
ambiente en estas montañas.
Llevar mangas hasta el
codo no es lo mejor, tampoco que este sea un vestido corto, pero estas mallas
blancas sí hacen un buen trabajo protegiéndome del frío, además de combinar con
la nieve.
Sigo hipnotizado en mi
figura y en este atuendo que olvidé por un momento mi situación concreta. Mi
novia me acaba de dejar en este lugar en medio de la nada.
Todo empezó hace una
semanas. Yo perdí mi trabajo tras el quiebre de la empresa donde trabajaba como
oficinista. Un trabajo rutinario y mundano. Algunos lo llamarían aburrido, pero
para mí era una rutina cómoda.
Intenté buscar empleo
en todos lados, pero alguien que solo sabe redactar cosas y llevar agendas no
es muy solicitado hoy en día. Mi novia me ayudó a conseguir trabajos, pero como
barrendero o conserje. Eso me pareció humillante, pero tuve que tragarme mi
orgullo a regañadientes por el dinero.
Todo tiene un límite,
y ese trabajador en la oficina que entró con lodo justo después de que limpiara
el pasillo, cruzó un límite claro de desconsideración. Le reclamé de forma
leve, sin alzar la voz ni ser ofensivo. Resultó que era buen amigo del jefe y
me despidieron. “Si no te gusta tu trabajo,
podrás encontrar algo mejor en otro sitio.” fue lo que me dijeron
mientras me dieron la carta de terminación de contrato.
Los siguientes días
estuve tan molesto que lo único que hacía era quedarme en casa, ordenar todo,
enviar hojas de vida y sentarme a jugar vídeo juegos. En verdad no se me ocurría
nada más y no quería volver a ser conserje, pues no era un trabajo respetado.
Un mes entero pasó en
un parpadeo, solo me di cuenta por la nueva temporada del juego en el que
viciaba. Mi novia estaba enfadada conmigo. Ella me había conseguido contactos,
pero todos eran lo mismo; conserje, limpia baños o cosas por el estilo.
Creo que yo también
crucé otro límite con ella cuando me escondió la consola de videojuegos y me
exigió que consiguiera un trabajo en lo que sea. Fue cuando por fin puse los
pies en la tierra, estaba desperdiciando demasiado tiempo y oportunidades que,
aunque no eran las mejores, eran mejor que no tener nada.
Por mala suerte, ahora
todos esos puestos ya estaban ocupados. No tenía palabras para explicárselo
adecuadamente, por lo que simplemente se lo escupí. “Ya
no hay vacantes disponibles.” lo dije en voz baja, pero ella lo
escuchó correctamente. Esa noche dormí en el sofá.
Me despertó con otro
ultimátum. “Vas a tomar el próximo trabajo que
te consiga, sea en lo que sea y con las condiciones que sean.” dijo
Natasha de forma cortante. “Si no, AQUÍ
TERMINAMOS.” exclamó. Yo asentí sin decir nada.
Dicho y hecho. Ella
logró conseguir un trabajo en un lugar lejano. En pocas palabras; es un motel
de lujo. En palabras más apropiadas; es una cabaña campestre en las montañas
con una asombrosa vista al paisaje de los bosques de pinos y las colinas
blancas. Se renta a parejas que buscaban una cita inolvidable o amantes de la
naturaleza y tranquilidad.
Necesitaban que
alguien limpiara a cada que los inquilinos se iban y que dejara todo listo para
los nuevos. Allí es donde entraría yo, como conserje nuevamente.
Había una letra
pequeña en esto. Los dueños de la cabaña, o mejor dicho, dueñas, preferían contratar
solo mujeres. No me detuve a cuestionar las razones de ello, solo pensé que era
una opción descartable… hasta que mi novia me pasó una caja con su ropa vieja.
“Ahora
esto es para tí.” dijo con una
cara seria. “¿Quieres que las venda?” pregunté
sin ganas. “No, tonto. Vas a usarlas para tu
trabajo en la cabaña.” la sorpresa fue tan grande que dejé caer la
caja. “¿Qué?” dije con voz
desafinada. “Vas a trabajar en la cabaña y sí.
Tendrás que hacerte pasar por chica.” me aclaró mientras buscaba
algo en su tocador.
“¿PERDISTE
LA CABEZA?” pregunté cuando
por fin salí de mi asombro. “Esto no es solo más
humillante que ser conserje. Es ilegal ir contra términos de un contrato."
Este era un problema en el que no quería meterme.
“Tú
descuida. No estamos estafando a nadie.” respondió al ordenar un par de productos de maquillaje. “Solo ocultando ciertos detalles que, en este caso
específico. No tienen mucha importancia.” señaló el banquito. “Ahora siéntate, tengo que maquillarte para tu
entrevista, es en unas horas.”
Debí quedarme en otro
shock, porque recuerdo que me tomó de los hombros y me hizo sentarme para pasar
varios minutos con ella frotando brochas con productos que olían extraño.
También me dio un caramelo que cambió mi voz. Cuando terminó, me parecía un poco
a mi hermana. Las chicas en verdad pueden hacer magia con su maquillaje.
La entrevista fue
sorprendentemente bien. Fue por internet. “Hola…
¿Connie?” dijo una mujer de mediana edad que estaba muy atenta a su
celular. “Sí, soy yo.” dije
torpemente. “Me fuiste recomendada por un
contacto. ¿Sabes algo sobre limpiar cabañas?” solo me miró dos veces
antes de devolver su mirada a su celular. “Por
supuesto.” respondí.
“¿Tienes
problemas para transportarte hasta Overlook Hills?” preguntó aún con su indiferencia. Conocía el
lugar, Natasha y yo incluso habíamos alquilado esa cabaña para nuestro
aniversario hace unos meses, es fácil llegar en auto. “No, tengo un auto decente.” respondí.
“¿Tienes
problemas para trabajar en lugares fríos?” levantó sus ojos celestes de su teléfono por un segundo antes de
devolver su atención allí. “No, claro que no.” dijo
con una sonrisa. En la parte que mostraba mi cámara, pude ver el labial
resplandecer.
“¿Te
parece bien el sueldo básico?”
preguntó sin ganas. “No, es perfecto.” contesté
mientras Natasha me miraba inquisitivamente desde la puerta de la habitación. “Perfecto, el trabajo es tuyo.” dijo al
mirarme finalmente. “Ven mañana a la cabaña para
firmar el contrato. Está en el primer camino secundario del kilómetro 237 del
condado de Overlook Hills.” indicó mientras un gran alivio me
llenaba.
“No
harás ningún trabajo pesado y la cabaña tiene buena calefacción. Hay ya poca
nieve, así que no es necesario que vengas muy abrigada.” indicó antes de que nos despidiéramos.
Natasha me dió unas
palmaditas en el hombro. “Felicidades, Connie,
ya no estás desempleada.” dijo con un sarcasmo tan sutil que parecía
que lo decía en serio.
Ella me despertó muy
temprano para que me duchara, me maquillara, me pusiera el atuendo de vestido
corto negro, mallas blancas y unos tacones. Parecía más un atuendo para ciudad
que para ir a una cabaña. “Es para dejarle la
impresión correcta de tí… Connie.” dijo mientras ajustaba una peluca
negra. “Ella tiene otros negocios que atender.
No la verás en mucho tiempo.” aclaró.
El trayecto fue más
corto de lo que esperaba. En tan solo una hora, ya estaba frente a la cabaña. “Voy a necesitar el auto hoy, pero no te preocupes,
volveré a las 19:00 PM” Natasha no me dejó contestar, se fue antes
de que pudiera protestar, podría jurar que la vi sonreír por un momento.
Al no tener mucho más
que hacer, recogí el bolso blanco que también me dió y caminé hasta la cabaña,
el tacón se hundió en la nieve más de una vez, pero pude mantener mi paso
firme.
Ni bien golpeé la
puerta, allí estaba mi nueva jefa. “Por fin
llegas.” dijo, en verdad tenía prisa, bastante en verdad. Me pidió
dejar mis tacones en la entrada, en un armario de zapatos. Las tablas del suelo
se sentían tibias mientras caminaba hasta la sala, donde me hizo firmar el
contrato, me entregó todas las llaves que necesitaría.
“Esas
son las puertas principales, esas de las habitaciones, esas del cobertizo y
esas de la caseta del personal. Está media colina más abajo, puedes quedarte
allí mientras la cabaña está ocupada por los inquilinos.” Explicó rápidamente. No tendría problemas en
recordarlo, pues las llaves tienen un forro plástico de un color específico
según su función.
Sin permitirme
preguntar algo, me indicó que limpiara las ventanas antes de salir y subirse a
su camioneta. Lo siguiente que supe, fue que estaba completamente solo en esta
cabaña y con una larga lista de tareas que aparecían en el documento compartido
en mi celular.
No puedo detenerme a
reflexionar nada más. Los próximos inquilinos estarán aquí en media hora. Se
irán antes del atardecer, pero una hora después, otra pareja vendrá a pasar una
noche espectacular.
El reflejo de ‘Connie’
se marcó en cada ventana que limpiaba, se veía más bonita mientras sonreía.
Ella no me convencía del todo, pero me parece un detalle a asumir bastante
justo teniendo en cuenta los beneficios: Tendré la cabaña sola mientras la
limpio, un sueldo decente, lo más pesado que haría es palear nieve y lo mejor;
no tendré que usar esos tacones aquí dentro. Es un alivio, empezaba a odiarlos.
FIN
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--------------- Opinión de la Autora
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La
idea de esta historia ya rondaba por mi cabeza, pero como concepto suelto. Ayer
volví a ver la película de “El Resplandor” y por fin pude tener la inspiración
para los últimos detalles.
------------------------------------ GRACIAS
POR VER ------------------------------------




