sábado, 23 de mayo de 2026

CONVERSACIONES DE ESCALERAS

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Escrita por: “Irene Naridza”

IMAGEN IA HECHA POR CHAT-GPT: https://chatgpt.com/ 

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Desde que se divorció, mamá vive en su propio mundo de farándula bajo los destellos de las cámaras y micrófonos de los reporteros que siempre quieren saber su opinión. Resulta sorprendente que tantos estén pendientes de ella mientras que cuando hablo con gente por medio de cuentas falsas en internet, muchos no tienen idea de quién es Teti Llivicura. 

Mi madre es diseñadora de moda aquí en Francia, pero no somos franceses. Somos de Ecuador, de la zona andina. Allí hace frío pero no lo suficiente como para que caiga nieve como aquí… o eso decía mi padre.

Llegamos a Francia gracias a que mamá era costurera. Tenía su propio taller de costura donde hacía uniformes de niñas para todas las escuelas y colegios de nuestra localidad. Pero no se quedaba allí, su sueño era ser una gran diseñadora de moda cuyas prendas las lucieran las mejores celebridades.

Un día, tuvo un golpe de suerte cuando confeccionó el vestido de quinceañera a una niña que era nieta de unos jubilados franceses que venían de vacaciones. Desde entonces ellos la recomendaron entre sus amigos cercanos quienes eran gente pudiente. 

En un año ya era reconocida como alguien talentosa y creativa entre esa clase alta. Fue entonces que uno de los extranjeros le propuso llevarla a trabajar a Francia como una de sus diseñadoras. Esa es la historia del ascenso de mi madre… o al menos eso es lo que me ha contado medio millón de veces. Yo era un bebé en ese entonces.

Lo que sí pude corroborar de primera mano fue como mamá se hizo millonaria con las regalías de sus diseños y que sus vestidos se venden en boutiques o secciones costosas de las tiendas departamentales.

( … )

¿Qué pasó con mi padre? Él era albañil, siempre me contaba sus historias de trabajar de sol a sol partiéndose la espalda haciendo trabajos pesados. Mamá le consiguió contactos para que pudiera trabajar como asistente de ingenieros mientras estudiaba una carrera en ese campo.

Yo apenas empezaba a entender las cosas cuando se graduó. Mamá le diseñó un terno especial. Si te fijabas, las hebras negras formaban un patrón de ladrillos sobre la tela gris, había también patrones de reglas y lápices junto a planos con una especie de tela reflectante. Incluso le confeccionó unos zapatos de cuero pese a que no era su especialidad.

El problema es que se enamoró de una de sus compañeras de esa academía y se mudaron a Inglaterra. No necesité que mamá me lo contara, lo ví hacerlo. Él dijo que era cuestión de compatibilidad y que cuando ya no hay amor, lo mejor es cortar por lo sano. ¡Tremendo enfermo! mamá le pagó la carrera e incluso armó un escándalo cuando intentaron deportarlo cuando aún no tenía la nacionalidad.

Eso fue hace muchos años. Al divorciarse dejó a mamá con mi custodia. Al revisar sus redes sociales en ese tiempo, descubrimos que había tenido una bebé con esa otra mujer. Eso pareció romper algo en la mente de mamá, quien empezó a actuar de forma super extraña.

Primero se cambió de nombre. No solo se quitó el apellido de papá, cosa que  me han dicho que pasa en todos los divorcios. Ya no quería que nadie la llamara Tatiana. Ahora es Teti y se molesta conmigo si incluso la llamo Tati. También quemó su vestido de novia, que pese a ser sencillo, lo amaba. Lo había confeccionado ella misma cuando aún vivía en Ecuador y no tenía mucho dinero.

( … )

¿En cuanto a mí?... bueno… hay algo que no he explicado… soy un chico… jeje. Mamá dijo que le recordaba demasiado a papá y que como no quería conservar nada relacionado a él… empezó a vestirme de niña... jeje. No le fue difícil. Con su sentido de la moda, siempre tenía una idea de que conjunto debía usar para no levantar dudas, si no existía en las tiendas, las creaba en una sola tarde.

Al principio pensé que era una broma extraña o parte de un episodio de delirio, pero este se extendió y se extendió, y ahora ya pasaron 3 años de eso. No he visto ni una sola prenda masculina en casa desde entonces, cortó toda y las rediseñó en un estilo femenino.

Como en casa tenemos todo lo que necesitamos, casi no salía de ella. Fue así como no mucha gente notó este cambio, excepto en mi escuela, estudio en línea. Mamá habló al respecto con las maestras y ellas empezaron a referirse a mí como Alya y tratarme como a una niña nueva. Como fueron tan cariñosas, no le vi problema alguno, me gusta esa escuela.

Ahora que sacó su colección de primavera, empezó a hacer más presentaciones a la prensa en festivales de moda alrededor de toda Francia. Me lleva con ella ya que le dije que no quería quedarme con niñeras.

Ella siempre tiene preparado un vestido, mallas, zapatos e incluso estilos de peinado diferentes para cada una de las presentaciones. Por ejemplo, este vestido blanco de ahora es uno de sus nuevos diseños de primavera. Me gusta como se ve este moño en forma de flor que tiene enfrente, aunque es muy grande y simplemente no puedo hacerlo sola.

Las mallas también son un diseño suyo, ahora que hay rayos de sol sobre nosotras, se pueden notar los patrones en color gris de flores florecientes. Los zapatos rosados bajos de hebilla los diseñó como alternativa de los tacones, pero están hechos de sus mismos materiales.

Ella también diseña mis peinados, siempre son simples pero ciertamente bonitos. Una coleta lateral sujetada por un lazo de listón rosado. Hace que parezca que tengo más cabello del lado derecho. Lo que termina de darle estilo es que está ondulado. Esta vez usó rizadores en lugar de planchas de calor.

Mamá acordó no hacerme llevar conjuntos ni peinados incómodos porque yo ya tengo suficiente con los destellos de las cámaras que también me terminan cubriendo. No me gustan porque me irritan los ojos, me marean y luego me cuesta dormir.

( … )

¿Qué pienso de esto de Alya? No estoy segura, es algo extraño sin lugar a dudas y hasta riesgoso cuando es en público. No quiero ni imaginar lo que pensaría la gente de mí o mi madre. Es por eso que casi siempre intento ir a un rincón donde no me enfoquen mucho las cámaras. Como estas escaleras amplias, me gusta la forma de alfil de las barandas. Se alejan del minimalismo que papá tanto promueve en sus redes sociales con sus trabajos.

Disculpa si estoy bostezando demasiado. Al principio de esta semana, mamá me llevó con una doctora para hacerme un chequeo médico. Tal parece que estoy sano, aún así ella me recetó unas pastillas que dice que debo tomar hasta nuevo aviso. Explicó que me harán crecer como una niña sana, pero que tenían algunos efectos secundarios inofensivos.

Sumado a los destellos, me han hecho sentir tan mareada que he tenido que sentarme. Fue en eso que te vi a tí, ajustando tu maquillaje en un espejo de bolsillo. Recordé que mamá me había comprado un brillo labial. Ella dice que será perfecto para las sesiones de fotos porque ya tengo edad para usarlo, pero nunca me explicó cómo aplicarlo.

En verdad hice un pequeño desastre manchándome la mejilla. Fue cuando me notaste, me ayudaste a limpiarlo e incluso ofreciste aplicarlo correctamente. A la vez me preguntaste cómo una niña tan linda como yo no sabía de labiales. Aún estaba tan mareada que incluso me había olvidado un poco el idioma, pero como se me estaba pasando, empecé a hablar y bueno, la explicación fue un poco larga, perdona por eso.

( ….. )

Gracias de nuevo por tu ayuda. Ya me llama mamá para que salga con ella junto a otras celebridades. Le gusta que posemos juntas para las fotos. Dice que es para guardarlas en un álbum especial y para presumirlas a papá para que vea lo que abandonó por una extraña. Aunque creo que ni las ve porque no me ha escrito en estos tres años.

No se como decirlo, señorita… Presse. Eso en tu gafete es tu nombre, ¿verdad?... Qué pregunta más tonta, disculpa. Es solo que, por favor, guarda el secreto. Esto no es algo que mamá quiera admitir y yo tampoco quiero que la gente empiece a decir que en realidad soy un niño en vestidos.

Si te he contado todo esto es por qué, aunque tengo algunas amigas, no he podido hablar con alguién más sobre esto, en verdad necesitaba hacerlo.

( … ) 

MUCHAS GRACIAS, SEÑORITA PRESSE. Usted es muy amable. Tengo que volver con mamá antes de que me llame por algún micrófono. Fue un gusto conocerla, que tenga un buen día.

FIN

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lunes, 18 de mayo de 2026

¿QUÉ MÁS DA?

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Escrita por: “Irene Naridza”

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Camino lentamente por un sendero solitario en la periferia. La brisa fría que viene del bosque desnudo de hojas acaricia mis piernas cubiertas por mallas negras y hace tintinear mi falda corta negra. Mi bufanda y mi melena ondulada también se mueven en dirección al viento cuando la brisa es más fuerte.

El suéter grueso de mangas largas de color gris y estampado de hojas termina de hermetizar mi atuendo, dejándome lo suficientemente abrigada para que una caminata tranquila no me cause una hipotermia.

 Lo único poco abrigado son mis zapatos planos negros. Están tan relucientes que reflejan el paisaje en su superficie. Pisar los pequeños rastros de nieve con ellos me causa cosquillas. A ratos también balanceo mi bolso marrón de forma juguetona.

Pero, ¿por qué estoy completamente vestido de chica en medio de la calle en este invierno? Tú decídelo, no quiero distraerme explicando el motivo. Forzado, chantajeado, víctima de magia o cualquier trauma manejado de forma poco convencional. Por mi parte ¿Qué más da? Me gusta mi atuendo y cómo me siento en estos momentos.

Bueno, te dejo, quiero concentrarme en este paseo que en verdad me está ayudando a despejar mi mente. Es más, ¿Por qué no te pones un bonito atuendo femenino y te me unes? El aire es fresco, la tarde tranquila y hay suficiente espacio en este sendero para otra chica más. Aquí te espero.


FIN

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--------------- Opinión de la Autora ---------------

 [Notas opcionales sobre la historia o su etapa de desarrollo]

 

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lunes, 11 de mayo de 2026

BUENAS MENTIRAS - HISTORIA TG

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Escrita por: “Irene Naridza”

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– Mejores Mentiras –

-- Escrito por “Irene Naridza”                           

“Mamá, ¿estás segura de esto?” preguntó tímidamente José mientras extendía la falda del vestido azul, la suave tela se sentía extrañamente bien entre sus dedos donde también resaltaban sus uñas recién pintadas de un pálido color celeste.

“Por supuesto, Julia.” Respondió la mujer mientras buscaba entre una caja con ropa que usaba cuando tenía la misma edad de su hijo. Esbozó una sonrisa cuando encontró lo que buscaba. “Esto combinará perfectamente.” Maribel levantó un par de mallas blancas de algodón. “Siéntate, te ayudaré a ponértelas.” José no objetó, asintió y se sentó en la silla del tocador.

Maribel trabajaba como recepcionista de un bufete de abogados de mediana categoría, necesitaban alguien que hablase español e inglés. El anterior sujeto era un local que renunció por la mala paga, pero para Maribel, ese sueldo básico con oportunidad de aumentos era todo un privilegio.

Al ser madre soltera sin muchos recursos, sabía que debía hacer cualquier cosa para garantizar sus ingresos. Eso para ella significaba ser muy simpática y contar historias fascinantes sin importar si estas eran falsas o no.

Lamentablemente, no supo cuando dejar de ser creativa con sus historias. Intentando ganarse aún más la simpatía con una historia conmovedora, mintió sobre muchas cosas, entre ellas el género de su hijo. Logró que su historia de madre soltera e inmigrante que se supera mientras cría sola a su ‘hija’ se ganara el corazón del personal. Obtuvo un dinero extra en su primer bono navideño y otros regalitos.

Así pasaron varios meses. Maribel esperaba que las menciones a la historia de su vida siguieran siendo meramente ocasionales y que a nadie le importase indagar más profundo en ella. Se dio cuenta de que se equivocó ampliamente cuando nada menos que el jefe del bufete la invitó a ella y a ‘Julia’ a su cena de Acción de Gracias.

Aceptó la invitación poniendo su mejor cara de póker, pero durante el camino de regreso a casa no pudo estar más pálida. Tenía muy poco tiempo para indicarle a su hijo todo el libreto que debía seguir para que la verdad no saliese a la luz.

“Recuerda no hablar mucho.” Dijo ella mientras ataba un listón en un moño en el cabello de José, ya lo traía un poco largo porque quería parecerse a su cantante favorito, no fueron necesarias pelucas ni extensiones. “Si intentan conversar contigo, diles que NO entiendes su idioma.” Enfatizó mientras pasaba el cepillo con esmero.

“OUCH… pero SÍ entiendo el inglés, lo hablo desde los 6 años… OUCH… incluso mejor que algunos de mis compañeros.” dijo José antes de volver a quejarse por uno de los tirones del cepillo. Las mentiras de Maribel eran más grandes de lo que quería aceptar. Ella no era inmigrante, era hija de inmigrantes. Nació y creció en el país, lejos de la influencia cultural de Ecuador. Era literalmente una nativa que hablaba español gracias a sus padres.

Se puede sacar a un latino de Latinoamérica, pero difícilmente se podrá sacar a Latinoamérica de un latino. Maribel tuvo a su madre como modelo a seguir… y terminó embarazándose muy joven. Cuando sus padres se enteraron, su madre la golpeó y su padre decidió que debía irse de la casa porque si no, los haría ‘quedar en vergüenza’.

Así terminó empezando esa nueva etapa de su vida en la que parecía que todos se olvidaron de ella y que era una extranjera en las propias calles en las que había crecido. Sus hábitos mitómanos empezaron porque mientras relataba sus mentiras, sentía reales cada una de esas palabras de una vida mejor, viviendo en ellas por un momento antes de caer de vuelta en su dura realidad.

“Listo, estás perfecta.” Maribel sonrió satisfactoriamente mientras admiraba su trabajo con ayuda del espejo de su tocador. José también se quedó mirando fijamente su reflejo antes de sonrojarse levemente. “Me veo…bonita.” Murmuró antes de volver a mirar casi hipnotizado al perfectamente aplicado esmalte de sus uñas.

“Mira la hora, habrá que darnos prisa para no llegar tarde. Llamaré a un taxi.” Miró su reloj y salió de su habitación en busca de su teléfono, José se quedó solo con su reflejo. Él no sabía qué opinar, solo sabía que debía seguir con la mentira ya que mientras más grande es una mentira, más grandes son las consecuencias de la verdad.

Para su sorpresa, ni su reflejo le molestaba ni mucho menos la sensación de esa ropa nueva que llevaba. Cada vez que le daba un vistazo al espejo, no podía evitar sentir cosas extrañas. Habría evitado hacerlo, pero como su madre empezaba a tardar, empezó a jugar con su reflejo. Ponía su mano en su mejilla para que sus uñas resaltasen junto a su rostro, imitó varias poses que había visto en las revistas de salas de espera. Muy pronto se encontró sonriendo, le parecía algo divertido por lo bonito que lucía.

“Vámonos ya, el taxi está aquí.” Maribel lo sacó abruptamente de la hipnosis de su juego femenino al tomarlo de la muñeca y apresurarlo a salir. Mientras iban por el camino, el paisaje de casas y campo a veces se desenfocaba y José podía volver a ver su rostro en el reflejo de la ventana del auto. Esa sensación no se iba.

Allí es donde supo otra cosa; tal vez, entre todas las mentiras que había dicho su madre, la de ‘Julia’ no era tan mala. “Las mejores mentiras son las que tienen algo de verdad.” Murmuró con convicción para sí mismo antes de sentir que el taxi se estacionaba.

Recorrió con su vista la casa grande decorada con esmero hasta que sintió un leve toque en su hombro. “Las mejores mentiras merecen mantenerse.” Aseguró su madre mientras le compartía una contagiosa sonrisa.

FIN

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viernes, 8 de mayo de 2026

POR CUALQUIER MÉTODO - HISTORIA TG

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Escrita por: “Irene Naridza”

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EN ALGÚN LUGAR DE ECUADOR.

Era un día tranquilo en un lugar apartado de la ciudad. En una cafetería con un puñado de clientes, había un grupo de chicas con vestidos de sirvienta atendiendo a los clientes con sonrisas amplias.

Era una cafetería con temática de Maid. Esta era una estrategia divisiva, por un lado, había un determinado grupo de gente que amaba esas temáticas, en especial si las chicas eran bonitas. Por otro lado, era algo considerado inadecuado por buena parte de la sociedad y que te vieran allí podía manchar tu reputación.

Por eso el lugar nunca llegaba a llenarse completamente, pero tampoco estaba vacío. Siempre llegaban aquellos con poca o nula reputación y los que poco o nada les importaba lo que dijeran de ellos.

Había docenas de cafeterías en la ciudad. Podían ser como las demás, más “amigables” para el público general o continuar con su temática atendiendo a ese nicho que ya habían formado. La dueña consideró la incertidumbre un riesgo que no podía asumir.

Allí trabajaba un grupo de 5. Dos cocineras, una cajera y dos meseras. Muchas habían pasado por allí, pero la presión social había hecho que renunciaran y buscaran algo menos comprometedor. Las que quedaban estaban porque su necesidad de dinero era más importante que los chismes de gente extraña.

La dueña, una de las cocineras, era quien dirigía el lugar y conocía las mejores recetas. Su asistente en cocina eran su hija mayor y su hija menor. Ambas eran universitarias que trabajaban allí a medio tiempo para ayudarla. Una por la mañana y otra por la tarde.

En la caja estaba Selena, sobrina de la dueña que ya se había graduado. Por otro lado, las dos meseras eran nada menos que Luis y Marcelo. Dos chicos que Selena había conocido en la universidad. No eran los chicos más avispados del lugar y seguían intentando graduarse de la carrera de contabilidad.

Antes ellos trabajaban en un bar como meseros ya que era algo que no les era complicado. Pero por mala suerte, la mano del crimen organizado golpeó el negocio. Los extorsionadores pusieron una bomba en el lugar cuando se negaron a pagar una vacuna. Lo que no se destruyó por la explosión, se quemó en el incendio.

Todo el personal se quedó sin trabajo y el dueño tuvo que vender el terreno a una empresa extranjera que quería poner un Airbnb. Los vacunadores, aunque fueron arrestados. Salieron en libertad a las pocas horas bajo “medidas sustitutivas” ya que no encontraron pruebas suficientes o eso dijo el juez. En realidad, le dieron 70 dólares cada uno y él los dejó ir.

Ese evento coincidió cuando las anteriores meseras del turno vespertino renunciaron. Selena repartió panfletos por su universidad con la oferta de trabajo, pero casi nadie se animó. Fue cuando Luis y Marcelo se le acercaron preguntando si podían aplicar para el puesto. Ella les dijo que solo buscaban mujeres, pero que, de todas formas, los llamaría si surgía algo. 

Al final de la semana, ninguna chica había aplicado. Al informarle a su tía, ella palideció. Decidió hacer una excepción con su regla y admitir chicos. Los primeros en tomar el puesto fueron Luis y Marcelo, quienes tuvieron que usar un traje de mayordomo.

La recepción no fue nada favorable, la clientela que habían formado quería chicas lindas con vestidos de sirvienta y mallas blancas, ninguna otra temática. La dueña notó esto al revisar las cámaras del local.

Temiendo que su negocio se viniera abajo, decidió hacerle una oferta al dúo. Que se vistieran como chicas o que fueran despedidos. Los chicos en verdad necesitaban el trabajo, en Ecuador no hay quien viva con poco dinero, ni se diga sin un sucre.

Fue así como llegaron temprano al local. Las hijas de la dueña pasaron varios minutos maquillándolos y arreglándoles extensiones de cabello para que lucieran lo más natural posible. Para la voz les dieron miel y extracto de manzanilla, no sonarían como ángeles, pero tampoco como varones veinteañeros.

Entonces vinieron los vestidos, estos eran negros, con dobladillos blancos. El delantal era aparte. Las pantimedias y los zapatos negros de hebilla eran prendas genéricas. La cofia blanca ayudó a sujetar las extensiones en su lugar.

Luis estaba por morir de vergüenza, pero Marcelo estaba más resignado. Las chicas hicieron tan buen trabajo que ningún cliente notó la diferencia, ellos estaban contentos con que las ‘chicas lindas’ hubieran regresado.

La actitud nerviosa de Luis fue interpretada como una tierna timidez, típica de algunos personajes de animes, lo que les fascinó a los clientes. Marcelo era quien trabajaba de forma más serena.

Hubo pedidos de cafés simples, de capuchinos, mocaccinos con empanadas, pasteles de chocolates o tortillas de papa con centro de omelette.

Al terminar ese primer día, su jefa les dijo que lo habían hecho bien y que sería el primero de muchos. Lo que parecía un reto, ahora era una rutina. los días se volvieron semanas y luego en meses. La dueña le pidió a Luis que mantuviera su actitud nerviosa pues encajaba con su ‘personaje’, en realidad no tenía que pedirlo, Luis seguía sin adaptarse del todo.

La situación mejoró un poco. El Maid Café aumentó su número de clientes, el dúo logró ganar dinero suficiente para mantenerse e incluso ahorrar.

En cuanto a su antiguo trabajo, el negocio de Airbnb quebró por sus excesivos precios y porque su formato no era compatible con un lugar tan irregular. El anterior dueño logró comprar el local a la mitad del precio por el que lo vendió y volvió a poner su negocio de bar, el cual pudo mantenerse a flote. Aunque nadie sabía de dónde sacó el dinero.

Los vacunadores volvieron otra vez, pero el que debía poner la dinamita fue torpe y el de la moto fue alcanzado por el populacho y bueno… ya no serían un problema para nadie más. No era la mejor forma de lidiar con los vacunadores, pero era el único método que le quedaba a la ciudadanía. 

Luis se vio tentado a volver a su anterior trabajo para dejar los vestidos y las sonrisas fingidas. Su anterior jefe apenas lo reconoció por que, tras un año de cuidados femeninos, sonaba y lucía de forma afeminada. De todas formas, le dijo que ya tenía llena su nómina.

Luis no se rindió, decidió buscar en otros lugares. Hoteles, centros comerciales y restaurantes. Pero se repetía la historia; ya tenían a todo el personal que necesitaban o pagaban menos que en su actual trabajo.

Como ya no dependía tanto del Maid Café, Luis estaba dispuesto a dejarlo y buscar algo diferente, aunque pagara un poco menos. Fue cuando su amigo Marcelo lo detuvo.

“No pensarás en renunciar justo ahora, ¿verdad?” le preguntó mientras se arreglaban para ir a su turno. Tras ese año, habían aprendido a maquillarse solos, tampoco necesitaban extensiones ahora que habían dejado crecer su cabello, solo cuidarlo y peinarlo.

“Estoy cansado de toda esta tontería.” dijo Luis mientras se aplicaba sombra de ojos. “Una tontería sería dejar un buen trabajo solo porque no puedes hacer un pequeño sacrificio.” replicó Marcelo antes de ponerse labial.

“Siento que mantener esta identidad falsa y ese aspecto andrógino en público es mucho por solo el sueldo mínimo.” volvió a objetar. “Al menos es un lugar estable, ya somos empleados vitales. No pueden despedirnos tan fácilmente como lo harían en otros lugares.” dijo mientras ayudaba a Luis a ponerse la cofia.

“¿No ves la realidad? Casi no hay trabajo para profesionales con título, mucho menos para alguien que todavía no tiene el suyo.” terminó de ajustarle unos moños en el cabello a su amigo. “Además… ¿no querías tú tener una PC GAMER?” le dio un codazo suave en el costado.

“Este año sale el GTA VI. ¿Acaso quieres estar en un trabajo peor pagado y con menos dinero para esas fechas sólo porque te molestaba usar vestidos?” Rodeó con su brazo a su amigo, quien empezaba a reflexionar sobre su situación. “Vamos, Luis. Has este pequeño sacrificio.” lo animó.

Él se quedó pensativo mientras veía el reflejo de ambos, casi irreconocible de las figuras masculinas que hace un año solía ver. Las palabras de Marcelo calaron profundo, imaginó su cuenta bancaria enflaqueciendo y esforzándose para llegar a fin de mes.

“Está bien.” dijo finalmente. “Pero el GTA VI sale solo para consola.” Tomó su bolso, no eran tan necesarios que los tuvieran, pero Marcelo lo había convencido de que eran más versátiles e ideales para su trabajo. “Lo compraremos a medias antes de que vuelvan a subirle el precio.” propuso. “Trato hecho.” respondió Marcelo sin demora.

Salieron de su departamento, ignorando miradas curiosas y susurros extraños. Les esperaba una larga tarde como meseras, una clientela que disfrutaba de su atención, unas compañeras de trabajo amables y un cheque decente a fin de mes.

FIN

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... cuando me cree uno :V -----------


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Enlaces próximamente...

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----------- Gracias por Ver -----------


lunes, 20 de abril de 2026

LIBERANDO PRESIÓN - HISTORIA TG


-- Escrito por “Irene Naridza”

Simond volvió rápidamente a casa después de un aburrido día de escuela, sabía que tendría la casa solo para él en esa tarde. Su madre y su hermana mayor habían salido de viaje por un pedido de vestidos. 

Ambas eran costureras y tenían un taller propio en la ciudad. A veces tenían pedidos especiales donde tenían que ir a recopilar información que era más eficiente recogerlos personalmente, tales como medidas o preferencia en telas que tuvieran disponibles.

Ellas a veces también realizaban diseños de vestidos propios para venderlos a las tiendas en distintos lugares de la provincia. Era por eso que en casa tenían un cuarto donde guardaban todas las muestras junto a otros materiales de confección. Simond sabía dónde ocultaban una copia de la llave. ¿Por qué?

Simond tenía un secreto, le gustaba la ropa de niña. No sabía qué fue lo que le dió la idea de probarse la ropa de su hermana por primera vez, pero agradecía ese empujoncito. Estaba solo en casa y vio un par de mallas blancas de su hermana tiradas en el piso. Fue en ese momento que sintió como si algo lo abrazara y lo hiciera sentir que encontró algo que ahora no quería dejar ir.

Por mala suerte, la presencia de su estricto padre siempre lo hacía sentir nervioso, aunque, no estuviera haciendo nada malo. Su padre tenía un carácter impredecible y aunque no llegaba a los gritos, cualquier error podría desatar sus violentos regaños. 

A veces llegaba al discurso lastimero donde resaltaba que su infancia fue más dura y aun así nunca cometió tantos errores ni se deprimía. Como no podía faltar, terminaba llamando a todos unos débiles sensibles.

Si alguien se atrevía a cuestionarlo en medio de su cantaleta, ahora sí alzaba la voz al punto que su esposa tenía que insistirle en que se calmara. Todos odiaban tener que andar de puntillas para no alterar el carácter de ese hombre, era un esfuerzo agotador.

Simond había asumido correctamente que confesar sus nuevas preferencias a su padre era una pésima idea. Como no estaba seguro de cómo reaccionaría su madre o su hermana ante su secreto, tampoco se los había dicho.

Cuando un día su padre simplemente se fue sin dar explicaciones, a Simond no le interesó preguntar ni entender porque lo hizo, no podía estar más alegre de que esa presencia que lo incomodaba en su propia casa hubiera desaparecido. 

Así habían pasado ya varios meses donde Simond llegaba a casa y sentía que era un verdadero refugio y no otro lugar de presión contínua.

Simond siempre se aseguraba de estar completamente solo y que nadie volvería a casa por las próximas horas antes de ir a su escondite donde guardaba algunos pares de mallas – que le había robado a su hermana – y luego ir hasta aquel cuarto de vestidos.

Le parecía algo mágico el encender las luces y ver los percheros destacar con toda esa variedad de colores y formas delicadas que parecían llamarlo. A veces escogía uno que le gustaba, a veces uno que no se había probado antes y otras veces simplemente uno que le llamara la atención.

Subirse la cremallera de la espalda le transmitía una sensación de ‘No hay vuelta atrás’ ya que muchas veces le sería imposible volver a abrirlo sin ayuda. Era como si la situación misma le dijese; “Ahora estás así y no tiene salida.” lo que le servía de perfecta excusa para quedarse en esa forma femenina.

Por seguridad, había desarrollado una forma de subirse y bajarse el cierre del vestido por sí mismo. Usaba un gancho que había cortado de un armador, le había hecho también un agujero por donde pasó una piola. Era portátil y compacto.

Solo tenía que atar el otro extremo de la piola a algún punto alto y firme, pasar el gancho por el agujerito que tenían casi todos los jaladores y comenzar a retroceder lentamente. El cursor cedía y empezaba a subirse, ajustando la presión del vestido mientras se sellaba en su sitio. Cuando llegaba arriba, solo tenía que quitar el gancho y Simond estaba finalmente en el vestido escogido.

Cuando quería quitárselo; se arrodillaba y ataba la piola a algún lugar bajo y firme. Volvía a pasar al gancho en el jalador y se ponía de pie lentamente, sosteniendo los lados de la espalda del vestido para que el cierre no se arrancara. La presión iba mermando hasta que estaba abierto.


El verse al espejo tras estrenar un vestido era de los mejores momentos, se veía ‘bonita’, se sentía como si hubiera obtenido algo que estuviera esperando por mucho, a veces la sonrisa que esbozaba dejaba escapar risitas. 

A parte de las mallas, adicionaba algún par de zapatos princesa de su hermana, alguna de las pelucas de los maniquíes y otros complementos que venían con los vestidos tales como; guantes princesa, tiaras o listones para el cabello. Había aprendido a hacer moños perfectos ya que algunos vestidos tenían lazos en la parte trasera.

Cuando terminaba, era una niña la que aparecía en el reflejo de los espejos por los que Simond pasaba, eso le era inequívoco y no estaba dispuesto a discutirlo. Ella le sonreía de vuelta e incluso le guiñaba el ojo.

Era entonces cuando empezaba a hacer cosas cotidianas como; almorzar en la cocina, realizar los deberes de la escuela en la sala, ver televisión en el sofá o cualquier cosa que su madre le hubiese encargado. Lo mejor de usar vestidos y mallas, era actuar con normalidad como si fuese cualquier otra niña teniendo un día normal.

Fue mientras terminaba de pasar el trapo por la ventana de la sala que vio el auto de su madre estacionarse silenciosamente frente a la cochera. De inmediato, corrió hacia el cuarto de vestidos, no sería la primera vez que tenía que ir, quitarse el vestido, ponerse su ropa normal y volver a su habitación en un frenético tiempo récord.

Se llevó la mano hacia la cremallera en la parte posterior superior del vestido, ya presentía la presión del vestido liberándose, sin embargo, algo lo hizo detenerse en esa ocasión. Se quedó estático pensando por un momento. Ya le había empezado a cansar el tener que despedirse de los vestidos tras tan pocas horas de disfrutarlos.

Concluyó entonces que, tal vez era otra la presión de la que debía liberarse. Corrigió su camino y se dirigió a la sala donde se ajustó la falda del vestido antes de sentarse cruzando las piernas. Puso su mejor sonrisa mientras esperaba a que su familia cruzase por la puerta.

FIN

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----- Si por allí encuentran alguna falta de ortografía, por favor, háganmelo saber -----


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Link a Caption en inglés en Deviant Art:

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domingo, 19 de abril de 2026

ARETES DE ROSAS - LA NIÑA DE MAMÁ - HISTORIA TG

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Escrito por “Irene Naridza”

Imagen IA hecha por CHAT-GPT: https://chatgpt.com/

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Los hábitos son algo que se plantan muy fuerte en las mentes de las personas. Mi memoria muscular está tan acostumbrada que hoy llegué, me duché y me alisté con mi traje de ballet. Estaba de camino a la parada de autobús cuando recordé que ya habían terminado las clases. Regresé rápidamente usando el sendero trasero, como siempre, estaba solitario.

Ahora que ya no tengo que ir a clases de ballet, las cosas se sienten extrañas. Esas tardes de martes y jueves de entrenamientos en el salón de Madame Melody, charlando con Olga, Jennifer y las otras chicas… ya no están, ahora son solo tardes solitarias en casa.

Para no perder la costumbre ni elasticidad, tomé la grabadora de mamá de la sala y la subí a mi habitación. Reproduje un disco con música de danza para ballet que Madame Melody nos dio al principio de la academia. Me puse a practicar un par de movimientos y estiramientos. Estuve ahí por una hora, lo que solían durar las clases.

Fue entonces que me puse a hacer los deberes. Mis maestros no perdonan ni en fechas navideñas, nos mandaron casi a reescribir la enciclopedia. “Tienen hasta el próximo año.” fue la excusa que dieron en un intento de mal chiste.

Hoy Darwin tampoco perdió su oportunidad de ser un estorbo. Estaba en la cafetería durante el recreo haciendo el mayor ruido posible. Jugaba con nuestros compañeros a voltear tazos, un juego aparentemente común en latinoamérica. Lucio, uno de los niños extranjeros, nos enseñó el juego: pones los tazos en el suelo, los golpeas arrojándoles otros tazos y si volteas el que está en el suelo, lo ganas. Desde entonces se volvió un juego algo popular.

En un momento, Darwin  ganó un tazo de aluminio de Pokémon, precisamente, de Lucio. Este de inmediato se negó a entregarlo y en cambio le ofreció su llavero de calavera con ojos rojos. Una artesanía que decía, las hacía su padre allá en Ecuador enteramente con materiales reciclados.

Darwin aceptó, pero no esperó. Se lo quitó de un manotazo, sacó las llaves una a una y se las fue tirando al suelo, el otro chico las recogió sin decir nada. Intenté ignorarlo y comer mi refrigerio – un sándwich de pollo y batido de fresa que siempre me prepara mamá – Pero un barullo volvió a captar mi atención.

“Vean esto, VEAN ESTO.” gritó Darwin. Al levantar la vista, estaba en una de las mesas. Lo vi tomar el limón de un vaso vacío y pedirle a uno de sus amigos que lo sostuviera tras su oreja. Entonces sacó una aguja de coser – misma con la que a veces nos molesta pinchándonos – y la calentó con un mechero rojo. Entonces atravesó su oído con un movimiento rápido.

Todos emitimos jadeos de asombro. Empezó a pasar la argolla del llavero por la perforación cuando decidí que no quería ver más. Tomé mi comida y me fui corriendo mientras algunos lo empezaban a aplaudir.

Darwin se pasó el resto de la tarde paseándose levantando los hombros, señalando su oreja y repitiendo; “Mira mi pendiente.” y “Sin anestesia.” Fue un alivio que llegara la hora de salida antes de que intentara mostrármelo.

Buscaba una salida secundaria para evitarlo cuando pasé cerca de la sala de profesores. Los escuché decir: “Feliz Navidad, inmundos animales.” antes de reír como hienas. Hablaban de cuántos deberes nos dejaron cada uno como si fuera la puntuación de esos videojuegos de máquina que hay en las pizzerías. En serio hay algo mal con ellos.

Me perdí redactando ensayos sobre independencias y otros eventos históricos usando libros de la escuela. Cuando tomé una pausa para descansar mis dedos, noté que el esfero se había quedado marcado en mi dedo índice. Afuera ya había anochecido completamente.

El sonido de la puerta anunció que volvió mamá, ella estaba muy sonriente. Ese brillo inusual ya lo conocía, tendría una cita esta noche. Había traído un paquete de comida congelada para el microondas. Me dijo que comiera y que no me preocupara por ella. Era un plato de pollo, arroz y verduras. Decidí que sería el perfecto descanso comerlo en la sala viendo televisión.

Mamá no suele comer conmigo cuando va a salir de cita, eso porque dice que comerá en un bar, o si es más formal, lo hará en un restaurante. Normalmente sale de cita los viernes o en fines de semana, pero la recuerdo decir que mañana no tendría turno alguno. La clínica privada donde trabaja no siempre le da el mismo horario. Hay semanas donde trabaja poco y semanas donde solo llega a ducharse, comer y decirme que no haga nada tonto mientras ella no está.

Decidí que haría el resto de esa tonelada de deberes al siguiente día. Cuando subí hacia mi habitación, ella tenía la puerta de su dormitorio abierta. Ella ya tenía su mejor vestido y estaba terminando de maquillarse en su tocador. Le dio un beso volado con su labial fresco a su propio reflejo antes de buscar algo en esa cajita de su joyero. De él sacó unos aretes de diminutas cadenas doradas de donde colgaban esferas blancas que brillaban.

“Te ves muy bonita, mami.” le dije, en verdad estaba muy deslumbrante y lista para su cita. Ella me miró por el reflejo del espejo. “Gracias, Nadia, eres un amor.” un calor invadió mi corazón.

“¿Qué te parecen mis aretes?” preguntó aún viéndome por el reflejo. “Son lindos.” desvío mi mirada al suelo alfombrado. “Me gusta cómo se ven.” agrego al devolver mi vista hacia ella. Noto que tenía una mirada inusual. Es la que pone mientras formula algún plan creativo en su cabeza, la he visto ponerla cuando me ayuda a hacer maquetas del colegio.

“Tienes buen gusto” Ella se pone de pie y se acerca hacía mí. Me aparto de la puerta para que pueda pasar, pero allí ella se agacha. “¿Te gustaría usar unos también?” pregunta poniendo su mano en mi hombro.

“¿Qué?” su pregunta me ha tomado por sorpresa. Tanto que ni siquiera noto que me empujó suavemente hasta el banquillo de su tocador hasta que noto un doble mío aparecer frente a mí, que no era más que mi reflejo en el espejo.

Buscó por un momento en ese mismo joyero y sacó una caja en miniatura de color rojo, al tocarla noto que es de eso que mamá llama terciopelo sintético. Cuando la abre, esta lo hace como si fuera un baúl, dentro había un par de aretes de rosas.

“Una de mis citas me regaló estos, pero el color rosado no es realmente mi color.” Tenían un capullo floreciente de color rosado, la aguja era de color dorado, al igual que una pequeña bolita que era atravesada por estos, debe ser un broche.

“Sería una lástima dejarlos olvidados para siempre. ¿Qué te parecen?” dice ella. “Están lindos… pero…” murmuro. “pero… no son de imán… no puedo usarlos.” levanto mi mirada hacia mi madre, quien no parece desalentada en absoluto. “Tengo la solución a ello, querida.” Ella camina hasta su armario. “Vamos a agujerearte los oídos. ¿Qué te parece?”  no tarda mucho tiempo encontrar una botellita pequeña y un artefacto extraño de color blanco. “Con esto será rápido y no te dolerá.”

“Mamá… no estoy seguro de esto…” Quisiera decirle que no, los chicos no usamos aretes, pero ese argumento sería redundante. Es más, siento que incluso estaría fuera de lugar porque en este momento estoy usando mallas celestes, shorts blancos y una blusa rosada. Son ropa de niña que ya tengo tan naturalizado usar en casa que no recuerdo habérmelas puesto.

“No… no me dolerá… ¿verdad?” mamá conseguirá que los use de todas formas, quiero evitarle molestias ideando planes para convencerme y a mí el tedio de tener que rechazarlos todos. Es aceptar lo inevitable. “Para nada.” responde ella.

“Primero.” dice al pasarme una liga cercana. “Recoge tu cabello para que no nos estorbe.” En un segundo, recojo mi cabello. Mi memoria muscular vuelve a actuar y me hago un moño rápido en lugar de una cola de caballo. “Perfecto.” Ella me levanta el pulgar.

“Este de aquí es un anestésico.” muestra el frasquito de antes, tiene un nombre impronunciable en letras azules. “Sabes. La clínica donde trabajo tiene una farmacia propia.” Dijo al asentarlo en el tocador, entonces abre un cajón de donde saca un cotonete nuevo de un frasco plástico.

“Allí hay un consultorio para cuando un paciente necesita ayuda para administrarse insulina o cualquier medicina que acabase de comprar.” Empezó a mojar uno de los extremos algodonados con el líquido del frasco. “A veces también llegan padres que quieren ponerles aretes a sus hijas. Es cuando usamos esto.” levantó el cotonete listo.

“Entumece la zona donde haremos la perforación.” Ella se agachó y empezó a frotar el algodón en el lóbulo de mi oreja derecha. La humedad y la suavidad del cotonete me hacen cosquillas. Me muevo un poco dando unas risitas. “Espera un momento, ya casi está.” dice ella al alcanzar de nuevo mi oreja y terminar de aplicar el fármaco. entonces camina hacia mi izquierda y repite el proceso.

No pasa mucho tiempo hasta que siento que comienza a hacer efecto, mis orejas se sienten ajenas. Ella entonces toma esa especie de pistola pequeña de color blanco. “Esto de aquí es una perforadora.” la muestra.

Tiene un mango con un gatillo negro, la parte superior tiene una forma cilíndrica y un espacio antes de la punta. Ella aprieta el gatillo para dejarme ver cómo del lado largo salía un pistón empujando una especie de micro soporte hasta presionar con el del otro extremo. “Con esto se hace la perforación y se colocan los aretes al mismo tiempo en tan solo un segundo.”

Deja el artilugio sobre el tocador antes de buscar en otro de sus cajones. Saca un atomizador que contenía alcohol desinfectante. Toma la cajita de los aretes y los saca con cuidado antes de rociarlos un poco. “Hay que procurar que todo esté bien esterilizado.” Tomó la perforadora y colocó con precisión el arete en un lado y el broche en el otro.

“Bien, ¿estás lista?” pregunta mientras sostiene la perforadora en alto. “Claro, mamá.” respondo. Ella asiente y vuelve a agacharse, acerca la perforadora hasta que mi oreja queda en aquella abertura. “3… 2… 1…” escucho que aprieta ese gatillo, hay una presión en mi oreja al mismo tiempo que escucho de cerca un chasquido. “Listo este lado.”

Tenía razón, no sentí nada de dolor, lo que sí siento es que ahora mi oreja derecha es más pesada. Noto enseguida esa figura rosada en mi oreja en los reflejos. “3… 2… 1…” no me di cuenta de cuándo caminó hacia mi otro lado. Esta vez escuché el chasquido antes de la presión en mi oreja. “Todo listo.” dijo mi madre antes de caminar hacia detrás de mí. “¿Te gusta el resultado?” susurró a mi oído.

Veo mi reflejo. Destacando enseguida e incluso destellando un poco al recibir la luz, están esas rosas. No puedo dejar de mirarlas y el conjunto de triple espejo del tocador me ayudan a ver varios de sus ángulos. Le dan un aspecto completamente diferente a mis orejas. Paso las yemas de los dedos y puedo sentir el frío material del que están hechos… me gustan.

“Sí… son… hermosos.” respondo mientras los muevo juguetonamente, mi oreja se siente extraña mientras lo hago. “Excelente, pequeña.” dice mamá mientras me da un beso en la mejilla. “Oh, y no los toques ni los gires tanto. Puede aflojarlos o hacerte daño.” aconseja ella mientras empieza a guardar todo. “Cuando vuelvas a sentir tus orejas, tal vez sientas un poco de dolor, pero es normal.” dice mientras me acerco al espejo para verlos mejor.

Como todas las cosas nuevas y femeninas que mamá me hace usar, hay algo hipnótico en ellas, siento que no puedo dejar de mirarlas y siento que tampoco puedo dejar de sentirlas, aunque en teoría el anestésico hizo que no sienta nada. “Por supuesto.” añade mamá. “Estos son un modelo hecho con materiales seguros, no es higiénico usar cualquier cosa barata.”

A mi mente vienen los recuerdos de Darwin pavoneándose con su pendiente feo que… “Ay no…” se escapa de mis labios. “Mamá… esto será difícil de explicar en el colegio.” no puedo creerlo. ¿Por qué no pensé en eso antes? Mañana es incluso el evento navideño. “¿cómo me los saco?” intento aflojar el broche, pero este está sólido en su sitio.

“Este modelo es especial, se afloja con un imán.” busca por última vez en un cajón y saca un pequeño objeto alargado con aros en los costados, parece un pedazo de metal. Lo acerca a la parte de atrás de mi oreja. “Tienes que pasar el aro por la aguja y acercarlo levemente.” Vuelvo a escuchar otro chasquido antes de sentir que la presión se aflojaba.

Mamá me muestra la palma de su mano donde ahora estaba el arete. “¿Lo ves? es muy fácil.” dice antes de volver a colocármelo. Un chasquido y la presión vuelve. “De vuelta a su sitio.” sonríe y pone el imán en mi mano. “Ponlo en tu llavero, así no lo pierdes.” me mira en el espejo.

“Por higiene, en los siguientes días solo quítatelos para ducharte, dormir o si es estrictamente necesario.” aconseja. “También tendrás que limpiarte los lóbulos con alcohol desinfectante de vez en cuando. Así no pescarás una infección mientras cicatriza el agujero y se hace permanente.” siento la presión de sus manos en mis hombros.

Esa última palabra ‘permanente’ hace que mi corazón de un vuelco. La ropa y el peinado puede cambiarse con facilidad, pero esto… esto ya no se irá. Comienzo a arrepentirme hasta que veo en el espejo nuestro reflejo. Parece una de esas fotos de ella y la abuela que hay en el álbum familiar. Su sonrisa orgullosa hace que este nuevo problema tedioso valga la pena.

“Si tengo que llevarlos a la escuela, ¿Cómo los oculto?” la idea de usar capucha suena bien, pero no serviría por mucho tiempo. “Eso también es muy fácil.” Ella deshace mi moño con un solo movimiento, toma un cepillo cercano y comienza a moldear mi cabello. “El cabello a veces se atorar en ellos, ten cuidado con eso.” En un par de pasadas, acomoda mi cabello de forma que cubre mis orejas y los aretes. “¿Ves? Como si no estuvieran allí.”

Giro mi cabeza de lado a lado, desaparecieron… pero quedaba un problema… Ese no era precisamente el peinado más masculino, pero bueno, yo tampoco lo soy. “Gracias, mamá.” digo mientras tomo el cepillo. Será mejor que aprenda a hacer este peinado, pues algo me dice que el hábito de usar aretes llegó para quedarse.


Continuará...

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----- Si por allí encuentran alguna falta de ortografía, por favor, háganmelo saber -----


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