-----------------------------------------
Escrita por Irene Naridza
IMAGEN IA POR CHA-GPT: https://chatgpt.com/
Si puedes permitirtelo, apóyame en ☕Ko-fi: https://ko-fi.com/carmensiguachi
-----------------------------------------
Carlos abrió los ojos después de haber estado sentado tiritando. La luz de luna llena le permitió ver que estaba en un pasillo con paredes cuyo papel tapiz estaba hecho jirones y algunas tablas del suelo estaban deformadas por la humedad o directamente rotas.
Lo único que recordaba era haber escuchado voces aterradoras cuando solo quedaba él e Ian en el reto de Halloween. El resto eran fragmentos de él corriendo. Cruzó un pasillo lleno de polvo y telarañas, buscando la típica salida principal, pero al no encontrarla, siguió corriendo y girando cuando encontraba una esquina. Solo recordaba haber hecho eso por varios minutos.
— ¿En qué momento subí las escaleras? — dijo para sí mismo al ver por una de las ventanas y notar que estaba en el tercer piso. En su delante se extendía otro pasillo extraño, oscuro y dónde el viento hacía rechinar todo a su paso. — Que miedo. — Carlos tragó saliva antes de adentrarse en él.
—Al menos aún tengo esto. — dijo al notar que aún tenía su linterna, era una con mango colorido y con una cabeza de payaso. Tenía lentes por ojos, que era de donde salía la luz. Alumbraba perfectamente en un lugar tan oscuro, justo a tiempo.
—CIELOS. — se detuvo en seco al ver que ya no tenía piso delante. La mancha oscura se transformó en un agujero con bordes astillados que dirigía hacia el piso inferior, donde un agujero similar pero más pequeño llevaba a lo que parecía ser el primer piso. —Eso estuvo cerca. — dijo retirando su pié del borde.
Apuntó con la linterna hacia delante, la ausencia de suelo se extendía por varios metros hasta llegar a unas tablas sueltas y lo que parecía un pasamanos. —Las escaleras. — notó Carlos. —pero… por aquí no se puede pasar. —murmuró mientras empezaba a buscar otra ruta.
Junto a él había un muro deteriorado, un agujero, tal vez hecho por termitas. Permitía ver en su interior, había algo extraño. Carlos entró allí, no fue difícil pues la puerta había sido tirada abajo hacia quién sabe cuándo.
El lugar tenía unos pocos muebles destrozados y esparcidos por el suelo. Como si alguien hubiera estado buscando algo y se hubiera puesto furioso al no encontrarlo. Carlos levantó su linterna. El muro había cedido parcialmente, se veía la otra habitación. Más de lo mismo, pero con el cable de una lámpara colgando del techo de yeso que parecía queso de tantos agujeros que tenía.
—Por aquí se puede pasar. — Dijo Carlos. Tuvo que asentar su linterna en el borde del muro para pasar al otro lado sin terminar de bruces, o al menos eso intentó. Su linterna empezó a parpadear, lo que lo hizo quedarse a ciegas y perder el equilibrio.
—Méndigo juguete de feria. — Carlos se levantó rápidamente, impulsado por su enojo. —Empieza a funcionar o te dejaré de juguete para el perro. — dijo mientras le daba golpecitos en la parte de la pila.
La linterna volvió a funcionar justo a tiempo para alumbrar a una niña cruzar el pasillo flotando. Fue como cuando se golpeaba el codo, dando justo en el nervio. Sintió su cuerpo retorcerse, su mirada desviarse y todo se volvió oscuro.
Al despertar, notó que estaba en otra habitación, uno a uno sus recuerdos fueron volviendo hasta el punto cuando vió aquel ente. Después de ver a la niña flotante, volvió a salir corriendo, esta vez, saltó los agujeros del pasillo por pura adrenalina, pero en dirección equivocada. Ahora estaba aún más adentrado en esa mansión abandonada.
Lo siguiente que notó era que se había orinado encima, y al estar acostado… era sin duda la peor de las suertes. Tratando de ignorarlo, caminó hacia la puerta y temerosamente, la abrió mientras temblaba. Allí había un pasillo en relativo mejor estado y completamente vacío.
Carlos tomó un poco de aire antes de salir. Mientras caminaba por el pasillo hacia las escaleras, una de las puertas se abrió lentamente. Casi se le detiene el corazón, pero se forzó a pensar que había sido el viento. Caminó en puntillas al pasar frente a ella, pero la luz de luna le ayudó a ver que no tenía nada en particular.
Al volver su mirada al frente, al final del pasillo, justo donde empezaban las gradas. Aquella niña de viejo vestido blanco flotaba en círculos. —Tú no perteneces aquí.— fueron sus susurros que pudieron escucharse por el silencio que reinaba en la mansión.
Carlos recordó la vez que le dijo a la niña que le gustaba que tenía una verruga, desde allí ella empezó a odiarlo. De hecho, Carlos recordaba cualquier cosa desde que su mente pasó por una especie de reinicio mientras que su cuerpo volvía a moverse por pura adrenalina.
Al volver a tener una sincronía de ambos, notó que estaba oculto dentro del armario de esa habitación de antes. Recordó haber escuchado que el corazón latía como un reloj, en ese momento el suyo parecía un despertador.
Temblando como el motor viejo de la camioneta de su abuelo, se acercó al ojal de la puerta del armario por donde entraba la luz de luna. Fuera, la puerta seguía abierta. Carlos empezó a repetirse a sí mismo que había visto una cortina vieja y escuchado otra vez el viento. Ni un monje había repetido su mejor mantra como la había hecho él en esos cortos instantes.
Los listones de un vestido balanceándose en el aire fue lo primero que vio antes que la niña flotante apareciera frente a la habitación. Sus ojos blancos que de alguna forma se distinguían en esa pálida piel miraron dentro antes de pasar.
Carlos empezó a recitar todos los rezos que había escuchado decir a su abuela, sus padres, su tío judío y hasta el niño hindú que era su compañero en la escuela. Le rogaba a Dios… a superman o cualquiera que pudiera oírlo que lo sacara de esa pesadilla.
La niña empezó a recorrer la habitación, susurrando algo que Carlos se esforzó en descifrar. —¿Dónde estás?— logró escuchar mientras ella se acercaba al armario. —Los niños no están invitados aquí.— agregó. Carlos vió su vida pasar por sus ojos. —Debí ser más amable con Ian. — confesó como si fueran sus últimas palabras.
La niña de blanco escuchó el armario sacudirse, confirmando que había alguien dentro. Con sus frías manos, abrió las puertas de par en par. Allí dentro encontró a una niña con un vestido rojo y un lazo mal hecho en su corto cabello.
—¿Quién eres?— preguntó ella. —Y… ¿Yo?— tartamudeó la niña de rojo. —Sí, tú.— alzó la voz. —Soy… Carlo.... Carl… Carol — se aclaró un poco la voz. —Carol, me llamo Carol. — dijo ella.
—Carol, ¿Has visto a un niño de camisa roja por aquí?— preguntó la fantasma. —No… aquí no hay niños.— dijo poniendo una sonrisa nerviosa. —Me alegro. — dijo la niña flotante. —Sí lo ves… llámame. — indicó. —Sin duda lo haré.— aseguró.
Así como llegó, la niña de vestido blanco se fue flotando hasta la puerta. Allí se reviró hacia él, haciendo que unas gotas de sudor cayeran por su frente. —Me llamo Mary. — se presentó. —Para llamarme, dí mi nombre tres veces frente a un espejo. — la puerta se cerró de un portazo cuando se alejó.
Carlos, por su parte, hundió su rostro en la almohada de la cama vieja que tenía junto a él y gritó con todas sus fuerzas, logrando ahogar su escándalo. Sin embargo, levantó la cabeza tosiendo virutas de polvo. —¿Qué ocurre en este lugar?— se llevó las manos a la cabeza.
Pudo ver la sombra del vestido por la luna, fue así como sintió la necesidad de ver su reflejo. —No puedo creer que esto funcionara de verdad…— se miró de arriba abajo. —En verdad parezco una niña.— confesó Carlos, manteniendo esa voz aguda sin tantos problemas.
Volvió a ver el interior del armario. Oculto en una caja, estaba toda esa ropa de niño que se cambió por el vestido colgado en el armador. Fue todo una acción desesperada que se le ocurrió como último recurso delirante.
Intentó volver a ponérsela, pero recordó a Mary fantasma y cambió de parecer. —Al menos el vestido está seco. — murmuró mientras recordaba que su ropa de chico no estaba en el mejor de los estados. —Debo salir de aquí, eso es lo que importa. — se dijo a sí mismo antes de abandonar esa ropa en aquella habitación.
Sin embargo, para salir de esa mansión, aún tenía un largo camino por delante.
Continuará?
----------------------------------------
----- Si te gustan mis historias y puedes permitirtelo, por favor, considera el apoyarme en ☕Ko-fi -----
--------------- GRACIAS POR VER ---------------

