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Escrita por: “Irene Naridza”
IMAGEN IA HECHA POR: Proximamente...
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Margot era una mujer de 45 años, casada, con un trabajo
estable como secretaria de su esposo en una empresa de seguros de automóviles.
Tenía una casa bonita y amplia que había logrado comprar junto a Ernest tras
años de trabajo en equipo.
Tenía todo lo que muchos tenían, pero ella sentía que le
faltaba algo; una hija. Desde hace un par de años que sentía que le faltaba
compañía, había algo en ella que la hacía sentir cierta envidia cuando miraba a
las otras parejas pasear con sus hijos por el parque.
Se lo hubiera comentado a su esposo, Ernest, pero en los
últimos años se había vuelto muy gruñon. Ya no quería dar paseos junto a ella,
siempre era algo; hacía mucho sol, estaba nublado, prefería quedarse en casa
viendo el fútbol o simplemente no quería en ese momento.
Eso no era lo único, se había vuelto poco colaborativo.
Cuando había recolectas de dinero para algún necesitado en su trabajo, él nunca
aportaba. Decía que su dinero lo ganaba él y solo lo gastaría en él. Cuando
Margot proponía hacer un viaje, si no era a un lugar donde Ernest quería ir, no
pagaría ni un solo centavo de ese viaje.
Ernest también hacía planes con los que Margot no coincidía,
como ir a partidos sin invitarla a menos que ella pagara su entrada, salir de
pesca con sus amigos, diciendo que era reunión de hombres y que ella no estaba
invitada. Esas y otras actitudes empezaban a convencer a Margot que Ernest ya
no era el hombre galán y caballeroso del que se enamoró en su juventud.
Todo se rompió cuando fue la fecha de su aniversario. Margot
quería ir a comer en un restaurante con vista al lago frente a la ciudad. Las
luces de los edificios pintaban de colores sus cristalinas aguas mientras
reflejaba también el rosa del cielo al atardecer en la primavera.
Ernest dijo que no, prefería hacer algo más calmado como…
comer pizza mientras veían una película que a ambos les gustaba. Margot le
propuso de nuevo la idea, ofreciéndo a pagar toda la cena de sushi, el plato
favorito de Ernest. “Ya te dije que no, mujer.”
dijo alzando la voz. “Ya te dije lo que haría, si
no te gusta ya vete a dormir.” Exclamó esto último sin siquiera
mirarla.
Margot fingió compostura. “Saldré
con amigas.” dijo con una voz que empezaba a quebrarse. “Cuidate.” dijo Ernest sin quitar su mirada del
televisor donde se transmitía una película de acción y romance. Era la película
favorita de ambos, pero ella no quería quedarse a verla.
Salió de casa y se subió en su sedán. Arrancó el auto con
algunas lágrimas en sus ojos, algunas que tuvo que limpiarse para poder ver el
camino al conducir. Al llegar al bar donde sabía que encontraría a sus amigas a
esa hora, se soltó a llorar. Ellas la consolaron de inmediato.
“Es un grosero y un patán.” dijo
al usar una séptima servilleta para secar sus lágrimas. “Es egoísta y tacaño… ya no es el hombre de quién me
enamoré.” agregó entre llanto que hacía sus palabras inaudibles para
quien estuviera a más de un metro de ella.
“Cuando nos graduamos de la
universidad. Allí en la tarima, él me levantó tomándome de la cintura. Me
prometió que creceríamos juntos, tendríamos una casa, un perro y unos hermosos
hijos juntos.” rompió a sollozar nuevamente. Una de sus amigas tenía
su mano en su hombro. “Ni siquiera tenemos perro
porque dijo que no quería estar limpiando popo.” volvió a sollozar.
Una de sus amigas le acercó una jarra de cerveza, que bebió rápidamente.
“Ya no te valora, ya no te
merece.” dijo una de sus amigas. “Lo
mejor es divorciarse a ver si le va mejor solo.”
agregó con despreció. Margot asintió. “Desde
hace mucho que ya no me ama, solo esperaba que volviera a ser amable y
cariñoso.” dijo calmandose al secarse las lágrimas nuevamente. “Nunca esperes a que un hombre cambié.” dijo
su otra amiga. “Son como una llanta reventada,
no vale la pena parcharla porque volverá a reventarse. Lo mejor es desecharla y
cambiarla por una nueva.” las
tres asintieron ante esa idea.
Estuvieron charlando por unas horas más sobre cómo los
hombres tenía por naturaleza ser infieles o lastres a menos que se los tuviera
muy ‘entrenados’, las tres brindaron por la soltería antes de tener que
retirarse por lo avanzada de la noche. Margot decidió quedarse ya que le
gustaba los nachos que servían en aquel bar. Pidió su tercer orden y comió con
celeridad la bandeja con chiles, queso derretido, crema y nachos recién ordenados.
El bar no estaba vació en absoluto, había un montón de gente
ahogando sus penas o dándose un descanso de esa larga semana. Margot no notó en
ningun momento que habia una mujer vestida completamente de negro que habia
estado mirandola fijamente por toda esa noche.
Margot escuchó el rechinar de la silla y el sonido de unas
uñas golpear la mesa de donde estaba sentada. “Escuche
que has tenido un desamor recientemente.” aquella mujer fue muy
directa sobre lo que quería hablar. Margot estaba tan dolida que no le pareció
mala idea contarle sobre su situación amorosa a la desconocida.
“... y es por eso que lo he
decidido, me divorciaré.” terminó de poner al tanto a la desconocida
de todo. “Me lastima oirlo.” dijo
ella. “Pero aún tienes un problema.” la
desconocida tomó una cereza del tazón frente a ella, clavó una de sus largas
uñas para tomarla y llevarse a los labios.
“¿Problema?”
Margot hablaba con la boca llena, pero se le entendió. “Sí. Los divorcios son procesos largos y desgastantes.
Económica y emocionalmente. Tienes que ver a quien considerabas tu alma gemela
luchas con uñas y dientes por quedarse con todo lo que alguna vez
compartieron.” Margot dejó caer su mirada y suspiró. “Sí, he escuchado sobre eso.” sus labios se
torcieron al recordar esa conversación. “El
inhumano del ex-esposo de mi amiga estaba más preocupado por llevarse el
Cadillac que por tener la custodia compartida de sus propios hijos.”
quiso volver a llorar.
“Ningún hombre tiene
corazón.” puso una mano en su hombro. “Ninguna
mujer debería sentir eso.” agregó. “Tú
no tienes que pasar por eso y conozco de una forma para que no lo hagas.” susurró
la mujer desconocida.
“¿De qué…de qué hablas?”
Margo extrañada, dejó de comer. “Conozco a una
mujer, vive en las afueras, cerca del bosque. Muchas dicen que es una bruja, no
se si eso será verdad. Pero estoy segura de qué garantiza resultados.” Le
acercó una tarjeta que Margot no recordaba haber visto que esa mujer llevara.
Margot no la tomó, la leyó desde donde estaba. “YERBATERA
LILITH” decia un título en blanco en un fondo negro como la oscuridad misma.
“616 ROAD - ROE AVENUE” decía con el mismo color blanco más abajo, pero con
letra más pequeña y del mismo tamaño al final de la tarjeta estaba un número
telefónico. “242038”
“¿Qué…qué es esto?”
Margot levantó la mirada, pero frente a ella ahora había una silla vacía. “Eh… oye…” giró su cabeza en todas
direcciones, pero no vió a ninguna mujer con la misma vestimenta negra y piel
pálida de aquella mujer extraña con la que estaba hablando justo hace unos
instantes. “Ya estoy borracha.” pensó para sí-misma.
Consideró que ya había tomado suficiente, decidió dejar su
auto estacionado fuera y llamar un taxi para que la llevara a casa. Dejar los
autos estacionados era permitido en clientes que ya estaban muy mareados y
solos, pero se les cobraba un tarifado. Mientras llegaba a casa, pensó que era
mejor a intentar conducir y arriesgarse a multas o incluso tener un accidente.
Le pagó al taxista con un billete mayor al precio del viaje.
“Quédese con el cambio.” dijo antes de bajarse y caminar hacia su casa. Notó
que todas las luces ya estaban apagadas. Al acostarse, esperó que su esposo la
abrazara, justo como lo hacía antes. Él no lo hizo, solo roncó ruidosamente,
ella apenas pudo dormir.
Margot se levantó muy tarde, pero sin ese dolor de cabeza
que venía con el chuchaqui. Después de una ducha, bajó a la cocina. Su esposo
no estaba por ninguna parte y tampoco había desayuno preparado. Ella se preparó
para ella misma unos huevos revueltos, recordando como ella siempre preparaba
comida para ambos sin importar su humor. Lo pensó con esfuerzo, pero no pudo
recordar una ocasión reciente en que él le agradeciera una sola vez por ello.
Recordó que había dejado su auto en el bar. Tomó un taxi y
volvió al bar donde vió una cadena entre los postes de metal donde estaba su
sedán. Fue con un cantinero, pagó el tarifado y pidió un café para llevar.
Mientras esperaba por su pedido en un banco en la barra, escuchó a un par de
meseros susurrar. “Es esa mujer que ayer estaba
hablando sola.” Margot se reviró en dirección a esas voces,
encontrando a dos hombres que al notar su mirada volvieron enseguida a su labor
de limpiar las mesas.
En menos de 5 minutos otro mesero llegó con su mocachino y
la llave de los candados que bloqueaban la cadena. Le dió una propina y se
subió a su auto, estaba por arrancar e irse pero al mirar el retrovisor para
salir, allí estaba esa tarjeta negra. Cualquier letargo y somnolencia que
quedaba en su cuerpo se escurrió.
Se bajó del auto casi de un brinco. Caminó alrededor de este
mirando hacia dentro, no había nadie. Incluso abrió el maletero, pero allí solo
estaba el extintor, llave, triángulos de emergencia e incluso una vieja maleta
que solía usar para viajar.
Volvió a entrar al bar y preguntó si alguien había tocado su
auto. Uno de los empleados dijo que no, ella insistió un poco por lo que le
mostró en cámara rápida una repetición de las grabaciones de la cámara de
seguridad del estacionamiento. Gente pasaba junto a su auto, algunos
tambaleando, algunos recargándose en él para charlar pero nadie entró en él.
“Disculpe las molestias.” Margot
salió avergonzada, pero tenía otras preocupaciones en ese momento. Al volver a
su sedán, la tarjeta seguía allí. Así que la tomó, la información era la misma
que recordaba de aquella noche. “YERBATERA LILITH. 616 ROAD - ROE AVENUE.
242038” Pensó que probablemente entró en su auto antes de subir a taxi, no
había otra explicación lógica. Finalmente dejó la tarjeta en la bandeja tras el
freno de mano y salió del estacionamiento.
Mientras escuchaba música de Alejandra Guzmán por la radio
mientras conducía de vuelta a casa. Le dió un sorbo a su café y pensó en lo que
haría ese día. Era sábado, un perfecto día para dedicarlo al ocio con su
esposo, sonaba perfecto en su mente, hasta que recordó que él había hecho sus
propios planes y salido a quien sabe donde sin decirle nada.
Al esperar en un semáforo, pensaba en como un proceso de
divorcio sacudiría todo lo que había construido durante esos años. La idea
dejaba de ser favorable, pensó en simplemente seguir ignorando la situación y
tolerar la actitud de Ernest. No era lo opción con más dignidad, pero sí era la
más pacífica.
El sonido de risas llamó su atención. Por el paso cebra
caminaban una pareja con su hija. La niña iba de la mano de su padre, ella le
hablaba sobre cómo era la mejor de su clase. La madre de la niña le decía lo
orgullosa que estaba de ella.
Cuando el semáforo se puso en verde, la familia ya se había
alejado y con ella esas risas. Incluso la música había dejado de sonar, Margot
estaba en silencio en su auto, con la mirada perdida. El sonido del pito del
auto que esperaba tras ella la hizo reaccionar.
Miró hacia el retrovisor antes de ponerse en marcha, pero no
se fijó en aquel auto. Su rostro con arrugas le era un recuerdo de que su edad
no paraba de aumentar y que el tiempo estaba jugando en su contra. No había
lugar a dudas, consideraba que, si quería ser mamá, el tiempo no la ayudaría.
Ernest no quería, un divorcio, encontrar una nueva pareja y formar una familia
estable con él para tener una familia tomaría muchos años que ya no podía
desperdiciar.
Suspiró nuevamente, una lágrima empezó a rodar por su
mejilla izquierda. Volvió a ver el retrovisor para comprobar si el auto seguía
tras ella. Allí en el espejo, estaba nuevamente la tarjeta. Giró su cabeza
hacia la bandeja, allí ya no había nada. Al volver a ver hacia delante, vió que
se estaba desviando del caminó. Enderezó el volante, las llantas levantaron
polvo y tierra al cambiar su dirección de forma tan repentina.
Afortunadamente, ya no había auto alguno tras ella, por lo
que Margot se permitió frenar a un lado del camino. Miró aquella tarjeta de
nuevo, sacudió su cabeza varias veces, no estaba soñando y imaginandoselo. La
tarjeta se había movido sola.
Lentamente, acercó su mano y la tomó. “...Muchas dicen que es una bruja, no se si eso será verdad…” La
voz de esa mujer extraña vestida de negro resonó entre sus recuerdos. Margot
volvió a sacudir la cabeza. “Es el estrés, no se
conforma con agregarme arrugas.” pensó antes de bajar su ventanilla
con la palanca. Estaba lista para desechar la tarjeta cuando otro recuerdo
irrumpió en su mente. “...estoy segura de qué
garantiza resultados” su mano se detuvo.
Margot volvió a mirar la dirección, no quedaba muy lejos de
donde estaba. Había una gran posibilidad de que solo fuese una charlatana que
vendiera agua con flores, pero era un sábado y nadie la esperaba en casa. “No hace daño ir a dar un vistazo.” se puso en
marcha el auto y llegó rápidamente al siguiente cruce. “Además, un paseo tampoco queda tan mal.” murmuró
al virar hacia la izquierda.
Recorrió la autopista ‘ROE AVENE’ hasta llegar a una salida
hacia un camino secundario que se adentraba al bosque. La sombra de los
altos árboles del bosque le hacían una intermitente sombra al adentrarse
en aquel camino. “Kilómetro 610”
murmuró al ver el letrero de color verde y señalres fosforecentes. Pudo ver un
par de aves volando entre los árboles e incluso un venado vagando a lo lejos
entre los árboles.
“Kilómetro 616”
había llegado al kilómetro que buscaba. Buscó algún signo de que alguien
siquiera viviera allí, no tardó en encontrar una entrada para vehículos unos
metros más adelante. Bajo la velocidad y pudo ver que el camino llevaba hacia
una casa de madera negra y aspecto muy antiguo.
El aspecto de la casa y lo solitario del lugar la hizo
arrepentirse de haber venido. Pensó que llegar allí ya era una aventura
suficientemente interesante como para contarla a sus amigas. Dió vuelta usando
esa misma entrada, estaba lista para irse, pero entonces, su auto se apagó. El
motor no rechinó, el auto no dio la típica sacudida al apagar el auto por no
controlar bien las marchas. De un momento a otro, este se paró, la radió se
silenció y el motor se detuvo sin hacer el mínimo ruido o movimiento.
Giró la llave repetidamente, pero no había reacción alguna.
Le pareció extraño, pero ese no le pareció el lugar más adecuado para pensar en
teorías raras. “Debe ser una de esas fallas de
fabrica.” se dijo a sí-misma. Tomó su celular para llamar a una
grúa, pero al levantar la tapa, la pequeña pantalla no se iluminó. “¿Pero qué?”
Las palabras escaparon de sus labios. Aplastó el botón de
encendido, pensando que se había apagado por error, pero este no reaccionó de
ninguna forma. Había visto decenas de películas con amigos o incluso Ernest
cuando él aún era amoroso. Sabía que; auto averiado, teléfono inservible,
camino en medio de la nada, chica solitaria. Era la suma para una película de
terror donde nada bonito le esperaba a la damisela en apuros.
Intentó mantener la calma. “Esto
no es más que un par de coincidencias.” se dijo a sí-misma. Volvió a
estudiar su entorno. El camino pese a ser secundario y estar en lo profundo del
bosque, estaba pavimentado y no se veía descuidado. La casa tenebrosa junto a
ella, se veía vieja pero cuidada. No había telarañas y las ventanas eran
cristalinas. El metal del buzón de correo al costado de la entrada relucía con
los rayos del sol. Caminar no era una opción, eran más de 10 kilómetros hasta
llegar a una carretera perimetral donde pasaban pocos autos.
“Les pediré prestado el
teléfono a quien sea que viva allí.” Margo se decidió. Salió del
auto y comenzó a caminar hacia aquella casa. Las aves trinaban a lo lejos. El
crujir de los guijarros de grava bajo el peso de sus pasos sonaba
rítmicamente.
Mientras tarareaba junto a este, noto que no había cable
alguno saliendo ni entrando hacia la casa. Se reviró y miró hacia el camino,
había tendido electrico y telefonico. Pero ninguno de sus cables se dirigía a
la casa. Margot ignoró las múltiples implicaciones que tenía eso, sólo pudo
desear que al menos dentro hubiera un teléfono satelital.
Allí sobre la entrada había un letrero. “YERBATERA LILITH” leyó las palabras talladas
en madera. “Bueno, al menos comprobé que
existe.” murmuró antes de subir las gradas del porche de la casa.
Estas no hicieron ningún ruido como se lo imaginaba. Levantó su manó para
llamar a la puerta, pero antes de que su puño tocara, la puerta se abrió.
“Bienvenida, Margot.”
dijo una mujer bastante mayor. Tenía cabello blanco descuidado y una nariz
torcida. “¿En qué puedo ayudarte?”
agregó con una voz risueña que contrastaba con su aspecto.
Margot se quedó inmovil, sin saber que hacer. “C…com…ust…” sus palabras chocaban en su
lengua. “¿Cómo sabe mi nombre?” hizo
un esfuerzo para vocalizar. “Conozco muchas
cosas.” dijo la mujer. “Sé que buscas
algo y tal vez pueda ayudarte.” dio un paso a un lado, dando vía
libre delante de la puerta. “Pasa.”
invitó.
Margot quería salir corriendo, incluso gritando, pero
recordó que era una adulta y que reaccionar como si fuera una niña pequeña la
haría ver ridícula. Suspiró y decidió pasar. “Gracias…
solo necesito un teléfono.” Margot entró, encontrándose una sala con
estanterías llenas de frascos de colores con etiquetas de un papel de aspecto
grueso y amarillento donde había escrito con letra elegante nombres extraños.
“Hay un teléfono justo allí.”
señaló la señora. Margot tomó el tubo, estaba por presionar los botones, pero
entonces recordó. “(No hay cables)” recordó.
Acercó la oreja a la bocina, pero había silencio total. “(Por supuesto, no
funciona. Ni siquiera debe haber electricidad en esta casa.)” pensó algo irritada.
“Disculpe.” se
reviró. “Tiene algún teléfono que funcione.”
fingió una sonrisa. “Ese de allí fusiona.”
dijo la anciana señalando el teléfono que sostenía Margot. “Pero es solo para clientes.” volvió a poner
su atención en el libro viejo en el que escribía.
“Hum…” Margot no
sabía qué decirle. Su primera idea fue gritarle algo, pero procuró mantener la
calma. Pensó en explicarle que su auto se había descompuesto y que no quería
hacer otra cosa que salir de allí lo antes posible. Pensó en la comodidad de su
casa que ya extrañaba y entonces.. Recordó a Ernest. Aquel hombre que ya no la
amaba estaría allí también.
Recordar la situación de su matrimonio en plena mediana edad
la hizo desanimarse. De repente ya no tenía urgencia por volver. “¿Ya tienes pensado en lo que necesitas?” dijo
la anciana, rompiendo el silenció en la sala. Margot la miró y rindiéndose a la
situación, asintió.
“¿Tiene alguna pócima para el
amor?” preguntó sin sarcasmo. “De
todo tipo.” sonrió la anciana. Dejó la pluma junto a su cuaderno y
buscó con su mirada entre los estantes cercanos. “Oh,
allí.” señaló con su delgado dedo. Se levantó de su silla y… por un
momento parecía que creía, entonces el dobladillo del vestido que llevaba asomo
y con este las puntas de sus zapatos.
La anciana se movió a través del aire hasta la estantería
que señaló, tomó una botella de líquido morado que estaba en lo más alto. Su
cuello se giró antinaturalmente hacia Margot. “Esta
de aquí es perfecta para reavivar las llamas de un amor que se apaga.”
esta vez, al aire silbó entre sus palabras. Margot no se movió, ni siquiera
parpadeó mientras miraba a la anciana esbozar una sonrisa.
Margot no dijo nada, el ruidoso latir de su corazón y el
sudor de su frente hablaron por ella. La bruja se acercó hacia ella, aun
moviéndose en el aire. “No tengas miedo,
querida.” dijo mientras ponía su mano en su mejilla. Margot sintió
esa arrugada mano demasiado fría, su textura no era la de una mano humana, se
sentía quebradiza y seca.
“No pienso hacerle daño a una
hermana. Las mujeres estamos para ayudarnos después de todo.”
aseguró. “Tal vez mis ademanes puedan provocarte
miedo, pero es algo momentáneo.” la anciana le miraba a los ojos. “Se que tienes otro miedo, uno más fuerte que no se irá
cuando partas de regreso a casa. Es tu esposo.” la anciana no quitó
la sonrisa de sus labios rojos. Estaba lo suficientemente cerca como para que
Margot notara que no era labial.
“Creaste tu vida junto a él,
pero ahora, él siente que ya no te necesita. Es tan terco que no le importará
volver a la austeridad de la vida solitaria y en su egoísmo, te arrastrará a ti
también a ese punto de partida donde te dejará a tu suerte.” los
latidos de Margot fueron menguando, no porque ya no tuviera miedo. Estaba
aterrada, pero supo que la anciana extraña tenía razón.
La anciana se alejó sin apartar su vista. “Entonces, querida. No me digas lo que quieres, dime lo
que necesitas.” Margot se quedó en silenció. Un rechinar cercano la
obligó a mirar hacia la puerta, se había abierto. “Si
te sientes indispuesta, eres libre de marcharte.” Miró a la bruja
que esperaba pacientemente en medio del aire.
Lo supo entonces; esa era una situación de la que, sí salía,
no se volvería a repetir. Miró por largos segundos hacia las estanterías
llenas de pócimas. Volvió su mirada a la bruja, pero sin miedo en sus ojos. “Necesito tener una hija.” habló con una
tranquilidad que incluso a ella la sorprendió. “La
hija de mis sueños.”
“Es algo noble.” habló
la bruja. “Pero debo advertirte, tus deseos se
tropiezan con los límites de la magia.” flotó hacia un estante
cercano donde habia libros con lomos de cuero negro. Escogió uno y pasó
rápidamente sus páginas hasta encontrar una. “Aquí.” señaló al hacer mover el libro el aire en
dirección a Margot. Ella pudo ver el dibujo hecho a mano de una figura humana,
habían texto y notas rodeando la figura, pero estaban en un idioma extraño.
“Una persona como la que tu
deseas, necesita un alma. Si no será una marioneta a tamaño real demasiado
compleja.” explicó. “Además, los
seres sin alma no son muy amigables con otros seres vivos.” advirtió.
“¿Puedes crear un alma?” preguntó
Margot, mirando a la bruja por esima de aquel libro antiguo. “Oh, querida. Todo en este mundo tiene sus límites,
incluso la magia.” cantó la anciana. “El
alma es como la energía. No se crea ni se destruye, se transforma.”
hizo un movimiento con sus dedos que hizo que las páginas pasaran hasta otra
página. Allí había otro dibujo de una silueta humana en el extremo de un
símbolo de infinito, al otro lado había una silueta humana, pero esta vez,
femenina.
“Para obtener un alma para
nuevas funciones, necesito otra alma ya existente.” recitó la bruja.
“Un alma puede tener cualquier edad terrenal,
pero una vez el cuerpo es destruido, está lista para tomar el cuerpo de
cualquier persona, de cualquier edad, sexo, raza o cualquier otra
particularidad dentro el diverso abanico de lo que el humano puede ser.” concluyó.
Margot volvió a quedarse en silencio mirando aquellas
escrituras. Entonces volvió a mirar a la bruja. “¿Qué
propones entonces?” habló sin miedo. “Esa
es una de las preguntas correctas, querida.” respondió la
bruja.
“A lo largo de mi vida, he
recibido varios pedidos peculiares. El deseo humano siempre quiere algo que se
ajuste a sus deseos específicos.” se acercó a una de las estanterías.
“Hace muchos años, una mujer desesperada vino a
mí con una situación parecida a la tuya, pero ella no tardó en especificar lo
que quería.” pasó su delgado dedo sobre la etiqueta de una de las
pociones. El nombre que tenía escrito cambió y el color del brebaje con
ella.
“Al igual que todas mis
pociones, conserve la receta y… no son pocas las que han querido una
reproducción de esta en específico.” se acercó con una pequeña
botellita que cabía fácilmente dentro del puño casi esquelético de la bruja. Contenía
un líquido de un color rosado pálido que recordaba el típico color estilo que
le facinaria a toda niña pequeña.
“¿Qué es lo que hace?”
preguntó Margot, casi hipnotizada por el relucir del brebaje dentro del pulcro
cristal. “Puede transformar a cualquier persona
en una niña pequeña que reconocerá cariñosamente como madre a quien le
haya dado el brebaje a dicha persona. Para el resto del mundo, ella siempre
había existido y esa persona, será recordada por poco tiempo y nadie la
extrañará.” explicó, haciendo que el mundo entero desapareciera de
la atención de Margot.
Sus ojos seguían con precisión a dicha botellita, no pudo
evitar levantar la mano para tocarla. El cristal estaba frío, no tanto como las
manos de la bruja. Era una temperatura ambiente fresca. Por un momento sintió
que estaba soñando o que era todo una mentira. El sudor de su frente secándose
le recordó que estaba despierta y la anciana que estaba suspendida en el aire
dentro de una casa vieja en medio de la nada le recordó que ya todo era
posible, al menos allí.
“¿Cuál es su precio?”
preguntó Margot. “Oh, querida. Otra pregunta
correcta.” felicitó la bruja. “Debes
sentirte afortunada. No atiendo a cualquier persona, solo a mujeres. Tampoco
atiendo a cualquier mujer, solo a un grupo selecto que sé que necesitan mis
servicios.” aseguró ella. “Esta
posición, para tí, tiene también un precio especial.” agregó mirando
fijamente a los ojos de Margot con una sonrisa que hizo un crujido al
extenderse de forma antinatural, dejando ver dientes chuecos y un paladar seco.
Margot se quedó sin aire… los latidos de su corazón
volvieron a acelerarse. Temía que ya supiera la respuesta. “Es…¿mi alma?” las palabras salieron con
esfuerzo.
La bruja rió con carcajadas secas que recordaban a la tos de
una persona que se ahogaba. “No soy un demonio,
querida. No puedo hacer tratos a cambio de almas.” continuó con su
risa. “A menos que queramos que una parda de
cuervos nos devore en cuero y alma por romper las reglas; Las brujas tenemos
que conformarnos con ofrendas humanas, esclavos de cuál absorber su vida hasta
que nos aburramos.” explicó causándole un escalofrío a Margot.
“Sin embargo…”
dejó de reír. “Eso ya me aburre.” aseguró.
“Desde hace mucho tiempo que decidí ser una
bruja independiente fuera de mi clan natal… me tope que fuera de su seguridad,
tengo que hacer muchas cosas por mi cuenta.” Miró con nostalgia
hacia un cuadro donde había un grupo de mujeres con vestimentas de los años
50s.
“Ahora cobro con dinero.” volvió
a mirar a aquella mujer. “Esa posición que
cumplirá el sueño de tu vida, te costará 50 mil dólares.” Margot
sintió que le estaban haciendo una mala broma. Una absurda y sin sentido.
Frunció el ceño demasiado que la bruja pudo notar su confusión. “Eres la primera que parece no agradarle que le cobre con
dinero y no con sangre.” comentó.
Margot no habló, lo pensó. Todo parecía demasiado extraño. “Para qué necesitas dinero si tienes magia.” preguntó
aún arrugando el rostro. “Es lo que yo me
pregunté. Fuera de los clanes de mis hermanas en belcebú, no podemos hacer todo
lo que queramos solo porque sí. Hay demasiadas reglas.” explicó
decepcionada. “Por suerte, encontré una forma de
moverme entre ellas sin llamar demasiado la atención.” agregó,
esperando a Margot decidir.
“50 mil dólares… es mucho
dinero…” Margot habló. “...pero puedo
conseguirlo…” agregó. “La empresa
donde trabajamos, tiene asegurado a cada empleado y a sus parejas. Si Ernest
desaparece… y jamás vuelve… me darán una compensación." Miró
finalmente a la bruja. “Además, podré heredar
todo lo que construimos juntos, todo lo que ahora él quiere destruir.” estaba
convencida de cada palabra.
“Entonces… será un pagaré.”
sugirió la bruja. “No sería la primera vez que
recibo uno, no es la primera vez que consigo mi pago dentro del plazo, pero
tampoco la primera vez que no me cumplen y…” la bruja se acercó a
una pequeña estatuilla de una mujer hecha de madera. Pasó su larga y puntiaguda
lengua a lo largo de esta. Un grito ahogado sonó muy bajo, pero Margot pudo
oírlo desde donde estaba. “Tengo que cobrar el
pagaré.” la bruja no le quitaba la vista a la estatuilla.
“Pensé que no cobrabas con
almas.” Margaret se puso nerviosa. “Y
no lo hago.” respondió rápidamente. “Es
que… hay más de una forma de entretenerse con la vida y cuerpo de una persona.
Pueden ser tus esclavos o…” presionó su larga uña en la estatuilla y
pasó su dedo, tallando la madera mientras otro grito lejano agonizaba. “Ser literalmente juguetes.” le entretenía lo
que hacía.
“Entonces…¿tenemos un trato?”
preguntó Margot. La bruja giró hacia ella y la miró incrédula. “Se suponía que yo debía decir eso.” aún
sonriendo, abrió un cajón de su escritorio y sacó una cartilla anillada donde
empezó a rellenar un pequeño formulario. “Firma
este pagaré y tendremos un trato.” prometió.
Margot sintió algo en su mano, de repente tenía una pluma.
Esta era de color blanca, era de un material duro. No la miró por mucho, caminó
decidida hacia el escritorio de la bruja. En aquel documento había información
simple; la fecha, el lugar, su nombre, el de la bruja y un pequeño texto que
establecía que ella se comprometía a pagar el monto acordado o el efecto de la
posición desaparecida y su vida le pertenecería a Lilith por el tiempo que esta
quisiera.
Sin dudarlo, firmó con su apellido de soltera. La pluma
rasgó el papel rugoso con tinta roja. La pequeña obra de arte de la caligrafía
selló el trato. La bruja dió una carcajada antes de arrancar de la cartilla el
documento y enrollarlo. Se inclinó hacia atrás y abrió su mandíbula lo máximo
humanamente posible. Tras un crujido, sus mejillas se estiraron hasta
enrojecerse, dejando ver las líneas de las fibras musculares.
Decenas de voces susurraron al otro lado de aquella
oscuridad en el agurejo de su garganta, una pequeña mano poco desarrollada y
cubierta con un líquido espeso y rojo se tambaleó fuera y tomó el pequeño
pergamino y volvió a la oscuridad. Lilith cerró su boca en medio de crujidos
ruidosos que devolvieron sus labios a esa sonrisa antinatural.
“Es un trato, Margot.”
estiró su mano para estrecharla como mera cordialidad. Margot correspondió el
gesto y al bajar su mano, estaba allí. La botellita relucía en todo su
esplendor. Margot sonrió y por primera vez en mucho tiempo, sintió auténtica
felicidad.
Tras una corta despedida, salió de aquella casa. Su auto la
esperaba justo al terminar las escaleras con la puerta abierta y el motor en
marcha. Margot subió y puso la botellita en uno de los portavasos que ahora
tenía un artilugio de madera tallada donde encajaba perfectamente.
Su celular sonó, tenía la batería llena y señal completa.
Miró la notificación en la pequeña pantalla, era un mensaje de Ernest. Margot
no levantó la tapa para leerlo, ya tenía su plan. Lo que ahora haría, era
emprender el camino de regreso a casa.
Esa misma noche, Ernest regresó de su día con amigos
haciendo mucho ruido. Miró a Margot cocinar en la cocina tarareando una
canción. No la salió con un beso como lo hacía tras casarse, tampoco le dio un
abrazo como había acostumbrado tras dejar los besos. “Ya volví.” dijo al pasarla de largo.
Abrió la nevera buscando una lata de cerveza, pero no
encontró ninguna, en su lugar había una única botella de una ‘Crown’, era una
cerveza de calidad que le gustaba beber, pero no siempre podía permitirse. “¿Qué pasó con la cerveza, mujer?” ni siquiera
dijo su nombre, eso fue una punzada para Margot, pero ya no dolía.
“Seguramente te las
terminaste.” respondió ella. “Guardé
esa para cerrar con broche de oro nuestra cena de aniversario, pero desde que
decidiste no celebrarlo, la puse junto a la leche.” no se giró a
verlo, se mantenía atenta a lo que cocinaba.
“Vaya, mujer…” dijo
al tomar la botella. “Te daré gustó.” abrió
la chapa usando su anillo. “Salud por nuestro
aniversario.” levantó la botella y dió un profundo sorbo. Su
garganta se movió mientras bebía con celeridad. Al bajarla, quedaba la mitad de
su contenido. “Uf, debiste guardarla en la hielera,
casi echas a perder su sabor.” Movió su lengua sintiendo al extraño,
pero como estaba casi ebrio, no fue suficiente como para rechazar la
botella.
Tomó una vaso cercano y empezó a llenarlo con lo que
quedaba, se la ofreció a Margot. “No gracias. Nunca
fue lo mío.” rechazó ella. “Soy más del
vino.” agregó mientras terminaba de agregar los ingredientes y ponía la
tapa sobre la olla. “Más para mí.”
Ernest no tardó en llevarse el vaso a los labios y vaciarlo de un solo sorbo.
Dejó el vaso en la mesa y arrojó la botella al cesto de la basura antes de ir a
la sala donde encendió el televisor.
Margot sonrió, estaba hecho. Fue hasta una repisa donde
tenía una botella de vino ya abierta y se sirvió un poco del rojizo contenido
en una copa. Desde allí miró hasta donde estaba sentado Ernest, esperando a ver
la magia.
Ernest empezó a toser repentinamente. Intentó aclararse la
garganta, pero la tos no respondía. “Diablos” exclamó
con esfuerzo. Intentó levantarse, pero sus rodillas temblaron, cediendo a los
pocos pasos. Margot dió un sorbo de su vino, al ver que todo el cuerpo de
Ernest comenzaba a temblar. “Que… que has
hecho…mujer” gritó antes que su garganta se cerrara finalmente. “Lo que yo merezco.” respondió Margot.
Todo el cuerpo de Ernest se puso morado, se retorció
mientras su piel empezaba a hundirse. Jadeos aparecieron cuando sus brazos y
piernas se contorsionaban en posiciones imposibles, levantandolo del suelo a
ratos para dejarlo caer al siguiente. Un gemido era lo único que podía emitir
mientras abrió sus ojos tanto que parecía que se saldrían de sus cuentas.
Margot dió otro sorbo de su copa antes de acercarse a
Ernest. Este la vió por el rabillo de sus ojos, entonces, su abdomen se hundió,
el aire salió ululando por sus labios. El crujir de huesos y desgarro de
músculos resonaron cuando parte de su fémur retrocedió dentro de su cuerpo. Su
húmero izquierdo fue el siguiente en meterse dentro de su cuerpo. Ernest ya no
podía hacer sonido alguno, solo abrir sus labios y girar sus ojos hasta que
estaban completamente blancos.
Pronto sus extremidades estaban dentro de su cuerpo. Otro
crujido se escuchó cuando la cara de Ernest se hundió por el pómulo. Una
cacofonía de crujidos terminó con el rostro deformado en una masa de huesos
sobresaliendo y carne expuesta.
El tornos que ahora era el cuerpo de Ernest dejó de moverse
erráticamente y comenzó a expandirse y retraerse. La ropa comenzó a disolverse
formando un montículo carnoso que causaría arcadas a cualquiera. El sonido de
la carne y los músculos presionando entre sí era asqueroso. Margot dió un largo
sorbo de su copa para poder tolerarlo.
Los crujidos volvieron a sonar, esta vez, una mano más
delgada salió por al agujero en el hombro de aquella masa de carne y huesos.
Otra apareció en el lado contrario, lentamente fueron saliendo, dejando ver su
piel delicada y dedos pequeños. Cuando los pies asomaron, tenían el mismo
aspecto.
Margot miró con atención como de la carne empezaba a salir
pedazos de tela blanca, poco a poco esta estuvo en todos lados hasta que formó
una prenda; un camisón blanco sin mancha alguna. Aquella cabeza desfigurada
empezó a tomar forma nuevamente.
Margot dejó de lado su copa al notar como cientos de
cabellos empezaron a crecer y las facciones de un rostro femenino empezaban a
notarse. Un suspiro que no era el suyo rompió el ambiente.
Allí frente a ella, ahora estaba una pequeña niña dormida.
Margot miró su rostro y no pudo contener las lágrimas, se parecía a ella. Con
cuidado, la levantó entre sus brazos. “Hola,
Erin.” dijo con su voz quebradiza. “Te
llevaré a tu cama para que descanses.”
Subió las escaleras con su hija en brazos, no tuvo tiempo
para fijarse en las fotos donde salía con su familia de tres en momentos
felices, como en paseos al zoológico o la playa. Ella siguió adelante, con
mucho cuidado de no moverse bruscamente y despertarla.
Al llegar al pasillo vió una puerta blanca decorada con
mariposas y flamencos. Un letrero tenía escrito con letras de madera rosadas el
nombre de la niña. Margot no tuvo problemas en abrirla y entrar al cuarto
pintado de colores pasteles. Caminó hasta la cama donde sabanas esponjosas con
motivo de princesas esperan a la consentida de la casa.
Margot arropó a su hija con cuidado. “Dulces sueños, Erin.” le dió un beso en la
frente antes de volver entre sus pasos. No hacía ruido al caminar gracias al
suelo alfombrado. Miró uno de los armarios blancos entreabiertos que dejaban
ver los coloridos vestidos en su interior. Miró también el escritorio donde
había un cuaderno de dibujo y lápices de colores. Encendió una linterna
de noche junto al interruptor de luz y cerró suavemente la puerta.
El sol brillaba y las aves cantaban fuera de la ventana de
la pequeña Erin. Un reloj en forma de perrito dálmata empezó a emitir fuertes
pero tiernos ladridos cuando marcó las siete de la mañana. Somnolienta, Erin se
despertó y presionó el botón para detener el escándalo. Miró hacia los posters
de ponis y unicornios que había pegados en su pared, pero apenas pudo sonreír.
Al cabo bajó a la cocina donde le esperaba un plato de
tostada, jugo de naranja y huevos con tocino. “Buenos
días, cariño.” exclamó Margot al revirarse. “Buenos días mamá.” respondió ella al subir a
la silla que era un poco alta. El plato preparado frente a ella invitaba a
empezar el día con el pie derecho. Empezó a comer con aparente tranquilidad.
“Ayer vi unas hermosas faldas
en un local cerca del parque que tanto te gusta.” Margot empezó con
una conversación. “Ya que estás próxima a empezar
las clases nuevamente, supuse que era buena idea comprarte ropa nueva.” Terminó
de prepararse su propia porción de tocino y se sentó a la mesa. Allí pudo notar
la tristeza en el rostro de su hija, supo exactamente por qué.
“La casa… volvió a ser muy
silenciosa sin todos esos policías merodeando por aquí.” dijo Erin
en voz baja. “Ellos… ¿lograron encontrar alguna
pista…de papá?” miró con ojos cristalinos a su madre. “Cariño… lo siento.” Margo se levantó y fue a
abrazar a su hija. La niña también la rodeó con sus pequeños brazos y rompió a
llorar.
Margot se quedó allí, consolándola hasta que Erin desahogó
toda su pena. “Papá… esté donde esté… te estará
cuidando.” dijo Margot. “El siempre
estará orgulloso de tí.” agregó mientras le secaba las lágrimas a su
hija. “Nunca lo olvides cariño.” la miró a los ojos. “Nunca lo haré… nunca lo olvidaré.” dijo su Erin.
Volvieron a comer, esta vez hablando de cómo Erin se sentía
emocionada por volver a la escuela e impresionar a todos con sus dibujos. “Eres una gran artista, cariño.” dijo Margot
mientras se reviraba a ver uno de sus dibujos, este había sido colgado en la
puerta del refrigerador con ayuda de unos imanes. Era un dibujo juntas donde
Margot estaba señalada como la heroína de Erin.
Después del desayuno, fueron hasta la cochera donde Erin
subió en la parte trasera de un sedán reluciente. Margot abrió la puerta,
notando que había recibido una carta en su buzón. “Dame un segundo.” le dijo a
su hija, quien asintió.
Margot caminó hasta el buzón y lo abrió. Dentro había un
sobre hecho de papel viejo y un sello de cera con una runa extraña. La abrió
sin mucho cuidado y leyó la carta que contenía. “Querida
Margot, espero esta carta te encuentre con salud y alegría. Te escribo para
notificarte que recibí correctamente el cheque con el pago acordado. No tiene
que preocuparse porque alguien lo rastree o haga más preguntas de las
necesarias. Tengo mis métodos para ahuyentar a los curiosos y las narices
entrometidas.” Margo respiró muy aliviada antes de seguir leyendo.
“Fue un gusto haber hecho
tratos contigo. Espero que de aquí en más, tengas una vida llena de gozo junto
a tu hija, Erin. Hacen una bonita familia juntas, les deseo todo lo mejor.
Atentamente, Lilith.” la carta terminaba con la firma de aquella
bruja que la había ayudado. Dobló la carta y la ocultó en su bolso antes de
volver al auto con su hija.
Fueron rumbo a la mencionada tienda de ropa. En el camino
Erin se entretenía viendo las aves volar entre los árboles del bosque cercano. “Ya no tengo esas pesadillas.” lo repentino de
su comentario rompió con la calma.
“Esos sueños, en los que te
veía triste y donde era un monstruo.” agregó. Margot supo mantener
la compostura y sacar una sonrisa tenue. “Me
alegra oírlo.” respondió. “La
psicóloga dijo que era una sugestión por la desaparición de papá.” le
recordó. “No puedes procesar todo eso, que tu
gente te jugó una mala pasada con escenarios donde él estaba nuevamente
presente.” concluyó sin dejar de ver el camino.
“Antes de despertar, soñé con
que eras muy joven. Estabas igual que en esa foto tu graduación de la
universidad.” explicó ella. “Esta
vez, era una heroína, porque decía tu futuro.” Margot miró por el
retrovisor a su hija. “¿Cual era mi futuro?”
su hija le devolvió la sonrisa. “Que tendrías
una casa bonita y una familia feliz con una hija hermosa.” dijo
entre risas.
“Ese es mi presente.”
respondió Margot, con sus ojos empezando a humedecerse. “No todavía, nos faltaría un perrito.” dijo la
niña emocionada. “¿Quisieras que tengamos una
mascota?” preguntó Margot. “Sería
genial.” chilló Erin. “Conseguiremos
una, cariño.” prometió.
“Muchas gracias, eres la
mejor mamá del mundo.” esas palabras hicieron que Margot derramara
una lágrima. “Y tu eres la mejor hija del mundo,
Erin.” respondió sonriendo.
FIN
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----- Si por allí encuentran alguna falta de ortografía, por favor, háganmelo saber -----
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--------------- Opinión de la Autora ---------------
Todavía falta de pulir detalles de la historia y faltas ortográficas,
pero espero esto les interese al menos al publico de habla hispana... o angloparlantes con traducor.
------------------------------------ GRACIAS POR VER ------------------------------------