domingo, 5 de abril de 2026

SU PRIMERA BÚSQUEDA DE PASCUA - HISTORIA TG

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Escrita por Irene Naridza.

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----- Su Primera Búsqueda de Pascua -----

— Escrita por Irene Naridza.

Eduardo no tenía amigos porque era nuevo en el vecindario y sus padres no confiaban en los hijos de los vecinos como para darle permiso de jugar con ellos. Los otros padres tenían la misma desconfianza, preferían conocer un poco más a la familia nueva antes de intentar formar cualquier lazo social importante.

Lastimosamente, aunque los meses pasaron, la familia de Eduardo no ‘pasó’ ninguna prueba de confianza. Sus padres estaban casi todo el día en su trabajo y él era demasiado callado. Esto porque sus padres siempre recalcaban que no debía hablar con absolutamente nadie y que, si quería entretenerse, ya tenía un montón de libros de literatura para ello.

Sus padres olvidaban que Eduardo era un niño que hubiera preferido una Fábula de Esopo antes que literatura dura de su región natal. 100 año de Soledad — por García Márquez — podría haber ganado varios premios de literatura, pero Eduardo se aburría a morir con él y Huasipungo — por Jorge Icaza— era demasiado violento.

Las fechas de pascua llegaron. Los adornos florales, colores pasteles y huevos de pascua coloridos que estaban en todas partes fue un espectáculo visual que llevó a Eduardo a desobedecer la regla de no salir de casa. Se ponía a contemplar la decoración de cada casa de su calle, que parecía ser más impresionante una tras otra.

Así fue como terminó llegando cerca de un patio donde un grupo de niños jugaba a buscar huevos de chocolate entre los arbustos. En ese mismo momento, Eduardo encontró un huevo pintado de celeste, rosado y blanco. Lo tomó con cuidado, sintiendo su ligereza. En Ecuador, la pascua no se celebraba con conejos ni huevos de dulce. Ese nuevo ambiente lo asombraba.

Desafortunadamente, cuando los otros niños lo notaron, dejaron de jugar. Le pidieron amablemente que dejara el huevo y se fuera. Eduardo no quería causar problemas, por lo que asintió con la cabeza, devolvió el huevo de dulce y se fue sin mirar atrás por la vergüenza.

Parecía que sería otra tarde de ver el día soleado y colorido desde la ventana de la sala, pero una voz repentina lo llamó. “Oye. ¿Quieres jugar con nosotras?” dijo una niña que usaba un vestido de color celeste. Eduardo no respondió porque no creía que le estuvieran hablando con él, pero entonces la otra niña que usaba un vestido verde hizo un mejor esfuerzo para llamar su atención al caminar hacia él. “Hola. ¿Quieres jugar con nosotras?”

Eduardo se le quedó mirando, sorprendido porque alguien intentara incluirlo en sus juegos. “Em… ¿Entiendes mi idioma?” preguntó la niña de verde al ver que Eduardo no había cambiado su cara de póker por casi un minuto. Esto lo hizo volver a la realidad, asintiendo y presentándose con emoción.

“Gusto en conocerte, Eduardo. Yo soy Penny.” Se presentó la niña del vestido verde. “Ella es Stephany, pero todos la llaman Steph.” Señaló a la niña de vestido celeste que saludaba con la mano. “¿Quieres jugar a buscar huevos de pascua?” Steph también se acercó.

“¿Huevos de pascua?,¿Se refieren a esos dulces en forma de huevo de gallina?” Eduardo se sorprendió de no haber tartamudeado. “Claro. Están escondidos por el patio. Quien encuentre más, gana.” Steph señaló hacia su casa. “¿Cuál es el premio por ganar?” ambas niñas rieron ante esa pregunta. “Nada. Es como un logro. Te puedes quedar con los huevos de dulce, claro.” Explicó Penny.

Eduardo estaba por decir que sí, pero la voz de una mujer irrumpió de forma tan repentina que las tres se sobresaltaron. “Niñas, vengan aquí.” Dijo la mujer que estaba junto a la puerta. Steph fue la única que acudió a aquel llamado, pues esa era su madre. Ella le susurró un par de palabras antes de subir a su auto y salir.

“¿Qué fue lo que dijo?” preguntó Penny. “Dijo algo sobre no juntarnos con extraños y cosas así.” Respondió ella. “Como sea. ¿Quieres jugar?” agregó mirando a Eduardo. “Creo… creo que por extraños se refería a mí.” Dijo apenado. La verdad tras las palabras de su madre le cayó de golpe a Steph. “Oh, lo siento. Ella no quería ser grosera, solo es suspicaz.” Se apresuró a decir.

“No quiero meterte en problemas…será mejor irme.” Eduardo estaba apenado. “No, eso no sería justo.” Dijo Penny. “Tus mamás no siguen desconfiando de los chicos, ¿verdad?” Ella se reviró a ver a su amiga. “Tal vez… pero tengo una idea.” Steph sostenía su mentón mirando a Eduardo de pies a cabeza. “¿Cuál es tu talla?” preguntó ella. “¿En letras o números?” dijo Eduardo. “Perdona, es que no me acostumbro a su forma de medir.” Llevó su mano a su nuca.

“Olvídalo, ya encontraremos algo.” Dijo Steph antes de hacerle una seña a Penny. “Ven con nosotras.” Ella lo tomó de su muñeca con delicadeza. Eduardo sonrió y las siguió.

UNA HORA DESPUÉS.

Tres niñas con vestidos largos y coloridos jugaban en el patio de una de las casas del amplio vecindario que estaba decorado para las pascuas. “Oigan, encontré otro.” Dijo la niña del vestido rosado. Sostuvo por todo lo alto un huevo de dulce cuyo cascarón estaba pintado de un patrón muy familiar; celeste, rosado y blanco.

“Vaya, con ese ya tienes 7. Nada mal.” Dijo Penny. “Pero yo tengo 11.” Mostró su canasta donde había amontonado huevos de pascua con distintos diseños y colores. “Es un buen número, pero modesto.” Stephany acercó su canasta para que ambas pudieran contar rápidamente. “Wow, son 15.” Penny estaba asombrada.

“Mis madres dijeron que había 50 huevos ocultos. Solo 17 más y habremos terminado.” Anunció Steph, devolviéndole a ambas las esperanzas de poder ganar la búsqueda de pascua. “¿Qué se hace después de que termina la búsqueda?” preguntó la niña de vestido rosado.

“Comeremos los huevos con té. Tenemos un juego de vajillas que siempre usamos para estas ocasiones.” Dijo Steph. “Mami me enseñó a cómo usar la tetera sin quemarme.” Agregó. “Vas a quedarte al té, ¿verdad, Adelaida?” Penny y Steph sonrieron mientras esperaban una respuesta de su nueva amiga.

“Claro que sí.” Dijo ella. “Pero… ¿tu mamá no se dará cuenta de que en realidad soy ese ‘extraño niño nuevo’ con uno de tus vestidos, mallas y una peluca?” susurró con preocupación. “Claro que no.” Exclamó Steph. “Si después de varios meses ninguna se ha dado cuenta de que Penny es en realidad nuestro vecino Peter, tú tampoco tendrás problemas en pasar como una simpática niña.” Sonrió.

Eduardo parpadeó un par de veces, luego se quedó viendo a Penny quien se encogió de hombros. “Espera. ¿También eres un niño?” preguntó con incredulidad. “Ya la escuchaste, soy Penny.” Dijo ella, estaba más enfocada en revisar uno de sus huevos de pascua que tenía una fisura. Eduardo se quedó en silencio, pero finalmente, también se inclinó de hombros. “Volvamos a la búsqueda de pascua.” Exclamó Adelaida. “Claro que sí.” Dijeron sus nuevas amigas al unísono.

FIN

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SU PRIMERA BÚSQUEDA DE PASCUA - HISTORIA TG

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