sábado, 8 de febrero de 2025

LA NIÑA DE MAMÁ — PARTE 3

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-- Escrito por “Irene Naridza”

Imagen IA hecha por HotPot: https://hotpot.ai/art-generator


----- Parte 3: Platicas y Medias Verdades -----


“¿Por qué te suspendieron del colegio, Nadia?” preguntó Jenifer mientras practicábamos con los ángulos de estiramiento de piernas. Me quedé quieto un momento y tuve que aferrarme a la barra para no perder el equilibrio.

Miro alrededor del salón de ballet. Jenifer, Olga y yo estamos en una sección un poco apartada de las demás chicas. Madame Melody les está dando indicaciones para que puedan realizar mejor el ejercicio. En especial a Lizbeth, ella es un poco torpe. Vuelvo mi vista a Jenifer intentando no mostrar nerviosismo.

“Estaba… jugando con una pelota de Baseball, la lancé muy duro… y rompí el trofeo más preciado del director.” Contesté tragando saliva cuando no me veían. Soy un idiota, estaba tan concentrado en estirar mi pierna a 45 grados que apenas puse atención en la conversación de las chicas donde hablaban del colegio. Se me escapó mencionar que fui suspendido en el mío.

“Pero eso fue en septiembre. Ahora ya estoy de vuelta.” Agregué mientras continuaba el ejercicio. “Eso fue cuando comenzaron las clases de ballet.” Comentó Olga, notando la magnitud de la suspensión. “¿Qué estas clases no comenzaron en julio?” preguntó Jenifer.

“Esas eran clases de verano, concluyeron en agosto con el evento que se hizo en el patio. Mi mamá convenció a la tuya para que tomaras estas también. ¿Recuerdas?” Corrigió su prima. “Oh, sí. Que despistada estoy. Lo que hacen las clases de matemáticas.” Dijo con una risita nerviosa. Eso fue extraño, pero tiene razón, las matemáticas son agotadoras.

“Entonces ¿Tuviste un mes más de vacaciones?” pregunta Olga. “Claro que no. me mandaron muchísimas tareas para compensar el tiempo.” Es un horror solo recordarlo. “El día que volví mi mochila pesaba una tonelada. Se aligeró mientras entregaba las carpetas a los respectivos maestros” terminé de estirar la pierna izquierda y la dejé en el suelo, sintiendo como los músculos ardían.

“Saben. Cuando puse la carpeta en el escritorio del profesor de biología, él se llevó las manos a la cabeza y salió gritando que renunciaría ya que no le pagaban lo suficiente.” Las chicas y yo dejamos escapar una risita. “Fue porque tendría que calificar todo eso en menos de una semana.”

Comienzo a estirar verticalmente mi pierna derecha, distrayéndome y descuidando mis palabras. “Ojalá hayan tenido que sacrificar todo su tiempo libre o en familia esa semana mientras calificaban la montaña de tarea.” Digo antes de poder contenerme.

Las chicas me miran extrañadas. “¿Por qué eres tan malvada?” dice Jenifer arrugando el ceño. “Bueno…es una historia un poco larga.” Ya metí la pata. “Vamos, cuéntanosla.” Me motiva Olga. No puedo decirles la verdad, pero tampoco quiero mentirles y que esto se haga una mentira más grande… ¡Ya sé que hacer!

“Antes de la suspensión tenía unos amigos varones con los que jugaba fútbol.” Les diré solo una parte de la verdad. “Pero cuando volví… ellos eran muy toscos… se burlaron de mi aspecto… de mi cabello.” Ellos me llamaron afeminado ya que mantenía el cabello largo y bien cuidado en una cola de caballo. “Pensé que era una de sus bromas pesadas. Solíamos hacerlas, pero esta se sintió diferente.” Me lo dijeron mirándome de arriba abajo.

“Al menos me dejaron conversar con ellos. Hablamos sobre la serie de Super Bolívar.” En efecto, lo hicimos. Pero no dejaban de interrumpirme. “¿Te gusta super Bolívar? A NOSOTRAS TAMBIÉN.” dice Jenifer alzando la voz antes que Olga la hiciera hablar más bajo.

“Lo siento… ¿Sabías que es la adaptación de una historieta del mismo nombre?” susurra. “¿Una historieta? Suena genial.” Esto es increíble, me gustaría leerlos. “¿Qué pasó después con tus amigos?” Olga nos devuelve a la conversación. Debo centrarme, las historietas pueden esperar.

“Durante el receso, quería jugar fútbol con ellos, pero no me dejaron.” Desde que no estaba se habían conseguido otro chico con quien jugar. Por lo visto era mejor que yo. “Me terminé uniendo a un grupo de chicos que no conocía, pero al menos así podría estar en el partido.” Fue una mala decisión.

“No dejaban de taclearme y quitarme la pelota con bastante fuerza.” Estaban jugando como animales. “¿Jugabas así con ellos antes?” pregunta Jenifer. La verdad es que sí lo hacíamos. Creo que algo cambió en mí. “Sí, pero acostumbrarme a volver al ritmo me costó mucho y ellos no querían bajar la intensidad.” Madame Melody nos mira desde el otro lado del salón y asiente en aprobación. Estamos progresando con los ejercicios.

Esta leve alegría se va cuando recuerdo que cuando les pedí a los chicos que fueran más despacio, se enojaron y dijeron ‘Si no puedes jugar como un hombre ve a pintarte las uñas con las niñitas.’ Debí irme, pero quería continuar en el juego.

“Intenté seguir jugando, pero me patearon intencionalmente en el tobillo y no pude evitar derrumbarme a llorar.” Mientras estiraba mi pierna derecha, toqué mi tobillo y sin querer palpé ese relieve que ya no duele tanto. La patada dejó una cicatriz pequeña, ahora oculta por las mallas blancas.

“¡Que groseros!” dijo Jenifer. “Sí. Eso fue una agresión. ¿Se lo dijiste a los maestros?” Olga también estaba indignada. “Allí vino la peor parte.” Digo enfadado. “Aun cojeando intenté decírselo a los maestros. ¿Qué me contestaron?” Las chicas me miran expectantes por saber la respuesta.

“Si eres tan delicada no juegues con ellos y asunto arreglado.” remedo la voz de cuarentón del inspector. Gracias a los caramelos que agudizan mi voz, ese intento es una imitación más cómica que patética.

“¡Qué insensibles!” dijeron ellas al unísono. “Cuando el inspector dijo eso, todos, sin dejar de ver los apuntes en sus mesas de trabajo dijeron; ‘ajá’” ni intentándolo podría imitar ese mugido.

“Tienes razón. Ojalá hayan pasado horas calificando esas tareas.” Dice Jenifer mientras examina su ejercicio en el espejo. “No creo que eso los haya hecho reflexionar. Pero creo que sí arruinó su semana.” Objetó Olga. No soy exigente, cualquiera de las dos me sirve.

“Cuando volví a casa, mamá vio la cicatriz. Aún estaba roja y con un moretón alrededor.” Olga palideció y Jenifer dio un respingo. “Ella usó sus habilidades de enfermera; Limpió la herida con alcohol y una cosa amarilla, luego la vendó.” Recuerdo que me dio un analgésico porque no dejaba de moverme.

“Tu madre es muy habilidosa.” Dijo Olga, antes de girar a ver a su madre. Madame Melody también es muy talentosa, ya veo porque son amigas, las mentes brillantes piensan igual.

“Claro que lo es, trabaja en una clínica del centro de la ciudad. Antes lo hacía en un hospital público, pero no le pagaban lo suficiente.” Muy poco de hecho. Solo 12 mil maygels al mes. (alrededor de 400 dólares en ese entonces) En la clínica gana casi el triple.

“¿No se quejó con el colegio?” Trato de concentrarme en el ejercicio de ballet antes de contestar. “Ella tomó un par de fotos a la herida y fuimos al colegio a reclamar, pero el director se negó a tomar responsabilidad porque ya no me dolía al caminar.” Esa respuesta decepciona a las chicas tanto como a mí.

“Al menos ahora sabes con quien no juntarte.” Comentó Olga. “¿No hay otras chicas con las que puedas jugar futbol?” Preguntó Jenifer mientras estiraba su pierna derecha sin mucho esfuerzo. Sí las hay, pero no son muy amigables. Cuando lloraba en el suelo por la patada, ellas veían desde la cancha continua. Levantaban una ceja como si vieran un bicho raro.

“Ellas son muy cerradas con sus círculos.” El día después de la patada, ya no hablé con mis ahora ex amigos. Cuando traté de entablar conversaciones con chicas, todas dejaban de hablar, miraban hacia otro lado y una me contestaba con un “Charla de chicas, largo de aquí.” Oh no, dije eso en voz alta.

“Digo, eso me decían cuando quería acercarme a ellas. Se creen las divinas.” Intento corregirme, aunque ellas no han notado nada raro. “En nuestro colegio también hay chicas así. Las populares se creen intocables y que debes ‘ganarte’ ser su amiga.” Dice Olga con un tono claro de disgusto.

Regreso mi vista a mi pierna derecha, está estirada a 45 grados. Eso es un logro que me hace sonreír, estoy avanzando. Las campanas que anuncian el fin de las clases me toman desprevenida. Todas nos sentamos en el suelo a descansar nuestros músculos por unos minutos.


“¿Con quién jugarás fútbol ahora?” la pregunta de Jenifer me toma aún más desprevenido. “Yo… ya no jugaré fútbol.” No puedes jugar solo, dependes de tener amigos para ello. En el colegio no tengo amigos. Los chicos me rechazan por ser ‘afeminado’ y las chicas me rechazan por ser un chico.

Aquí las tengo a ellas, Olga y Jenifer. Pero a ellas no les interesa el fútbol, sino el ballet. “Creo que por ahora me concentraré más en el ballet y en alguno de mis otros pasatiempos.” contesto con sinceridad.

“Tal vez leer sea buena idea.” Sugiere Olga. “Las historietas de Super Bolívar son una buena opción.” Dice emocionada Jenifer. “Sí, creo que le daré un vistazo.” Creo que había un par en la biblioteca del colegio. Lo comprobaré el lunes.


Continuará...

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domingo, 2 de febrero de 2025

GUSTOS Y COLORES — HISTORIA TG

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Escrita por: “Irene Naridza”

IMAGENES IA HECHAS POR HOTPOT

Mamá está en un grupo extraño de madres solteronas. Algunas de las integrantes son completas desconocidas. Pero a cada que una se casa, todas asisten a la boda. Por supuesto, eso nos incluye a sus hijas. Sí, solo hijas, el grupo no permite hombres.

Otra de sus actividades extrañas es realizar reuniones, nunca he ido. Pero por lo que he podido sobre escuchar de mamá; debaten detalles de proyectos y exigencias al municipio para aumentar pensiones de viudas y otras cosas que no termino de entender, pero me gustan.

Hoy es la boda de una de las integrantes. No es que no me gusten las bodas. Son muy bonitas, los vestidos de novia, la consumación del amor, el pastel de boda, las decoraciones y demás. Pero justo tengo que hacer un ensayo para el colegio y mamá insistió en que debíamos venir.

Así que aquí estoy, con mi vestido esponjoso celeste, zapatos bajos plateados y mallas blancas. En mi hombro se sostiene la correa de mi bolso. En él puedo llevar mi cartera, labial, teléfono e incluso cuadernos del colegio. Es más práctico que una mochila.

Camino buscando un lugar alejado en donde poder leer en silencio el libro sobre la independencia. El ensayo es de 10 páginas. Con la cantidad de cosas que pasaron en esos años de batalla campal, solo con resumir torpemente los acontecimientos tendrías 50 páginas.

No es algo complicado, pero sí largo y escabroso. No hubo abrazos ni pelearon con almohadas. Este libro de historia podría ganar sin problemas el primer puesto en la categoría de horror.

Finalmente encuentro un lugar dentro de una pequeña casita. Cuatro paredes y un techo, con mesas y flores dentro. No tiene ventanas, solo marcos. Está destinado a usarse para tomar fotos y cubrirse del sol.

Me siento y antes de sacar el libro de mi bolso, noto que hay un libro idéntico en la mesa de enfrente. Hay una chica con mi mismo atuendo, solo que el suyo es de color rosado. Ella tiene el cabello rizado donde resalta una corona de flores simple.


Nunca la he visto. No creo que vayamos al mismo colegio. De hecho, ninguna de las chicas de aquí va a mi colegio. Estos libros son del ministerio, todos los colegios públicos los usan, podría ser de cualquier sitio. En fin, no creo que sea perder el tiempo tener una corta charla con ella.

“Hola. ¿También estás preparando un ensayo?” Me acerco un poco. Ella evita mirarme, incluso acerca más el libro a su rostro. “No. Ya lo terminé, fue muy fácil. Solo leo porque me gusta la materia de historia.” Dice en voz tan baja que tengo que inclinarme para poder terminar de escucharla.

Entonces cruzamos miradas por un corto segundo. Oh cielos. “¿Diego?, ¿ERES TÚ?” exclamo sin cuidado. La chica en el vestido rosado deja caer su libro, este rebota en su falta y termina en el suelo. “¿Diego?, no sé quién es él, pero suena a alguien lindo.” Dice antes de apresurarse a recogerlo.

“Vamos, Diego. Puedo reconocer ese lunar en la barbilla. Eres tú.” Antes no lo noté porque él tenía la cabeza inclinada concentrándose en leer. Pero una vez lo vi, no pude dejar de verlo. Es Diego, en un vestido, mallas y rizos.

“Está bien, Wendy. Soy yo.” Dijo al asentar el libro en la mesa. “Ya puedes dejar de alzar la voz.” Comenzó a jugar con uno de los rizos, deslizándolo entre su dedo índice. Aprieto mis labios por un momento, pero al segundo siguiente ya no puedo hacerlo.

Una carcajada escapa de mi mandíbula. En serio lo siento, pero no puedo evitarlo. “Oye, al menos no escupas.” Se alejó un poco mientras interponía su mano entre su rostro y yo.  “Incluso tienes esmalte celeste.” Tomo su mano, examinándola. “Buena manicura.” Perdón, pero tengo que reírme de nuevo.

Cuando me calmo, me siento en la silla junto a él. “Cuéntame, ¿Porqué de repente muestras este lado femenino?” es una duda auténtica, no es por burlarme de él.

“Mamá me obligó a venir aquí así.” Dijo entre un susurro. “Aquí solo admiten chicas. Odio esto.” Miró su vestido por un segundo para luego mirar sus manos sobre la mesa, frotaba sus estilizadas uñas. Logro aguantar la risa. “Creo que el rosa no es tu color.” Se me escapa torpemente y tengo que apretar los labios para no reír nuevamente.

“¿No te gustaba el celeste?” No puedo creer que haga esto, perdóname Diego, pero no puedo evitarlo. “Oye, creo que tú y yo somos de la misma talla.” Es lo más probable, somos de la misma estatura. Soy medianamente alta para mi edad y él medianamente bajito.

“¿Y qué con eso?” Dice sin mirarme. “Tú eres bueno en historia, yo no. Tal vez si haces mi ensayo de la guerra de independencia… podamos intercambiar vestidos.” Suelto mi propuesta, solo espero que no se ofenda y se vaya pisoteando e insultándome.

“Trato hecho.” Salta de su asiento y estrecha mi mano. Me quedo mirando su rostro donde se dibuja una gran sonrisa. “ESPERA… ¿QUÉ?” En serio, ¿Qué acaba de decir? “Haré tu ensayo, te lo daré el próximo martes.” No ha perdido su sonrisa.

No puedo creerlo. EN VERDAD LE GUSTAN LOS VESTIDOS, bueno a mí también, pero yo soy una chica, él un chico. “Si te gustan los vestidos… ¿Por qué la cara tan larga?” que mal momento para hacer esa pregunta. “Ya te lo dije, odio el rosa.” Dio una risita al terminar la frase.

Aun sujetando su mano me pongo de pie. “Andando. Oh, y procura no mancharlo.” No voy a faltar a mi palabra ni cuestionar sus gustos. Después de salir del cambiador pude comprobar que el celeste es su color, combina con sus uñas y ojos.

“Te ves muy bonita.” Se lo digo de forma genuina, él lo entiende y gira sobre sí como una ballerina. “Se siente perfecto.” Sonríe mientras contempla su reflejo en el espejo del cambiador. Incluso hace un par de poses con sus manos, como un corazón. Emito una risita, no se ve patético, se ve adorable.

“¿Qué te parece ir por una sesión de fotos juntas?” No terminaba de sugerir cuando él se gira de inmediato para tomar mi mano y ponernos en camino. Vaya, no esperaba que accedieras tan rápido. “¿No te preocupa que alguien más te reconozca?” Una pregunta torpe, pero válida.

“Soy la niña de las flores, tontita. ¿Quieres unírteme?” dice mientras pasamos bajo la sombra de los pinos. “Por supuesto.” Parece que tendremos un poco de protagonismo en esta ceremonia, eso me gusta, pero es él quien lo está disfrutando más.

 


FIN

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viernes, 24 de enero de 2025

SISTER TO ESCAPE

DISCLAIMER: SENSITIVE CONTENT 

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Written by: “Irene Naridza”

Tomas threw a towel he had nearby. It landed on Marian, covering her like a net. Ruby was momentarily distracted as she tried to assist her. A can of deodorant hit her in the head, leaving her dazed.

When Marian removed the towel from her body, she saw her friend crouched on the floor, holding the spot where she had been hit. The sound of the mattress springs alerted her, but when she looked up, it was just in time to see Tomas's fist coming at her.

A moment later, Marian felt the same sensation she had when, as a child, she played hopscotch with her brother on the sidewalk in their neighborhood. That day, she had tripped over her untied shoelaces and fallen face-first onto the solid, warm concrete.

Her brain felt strange, as though the temperature had risen, and a fog engulfed her. She held her face. Her cheekbone felt firm but grew softer and warmer as the seconds passed. She removed her hand when the light touch began to hurt.

"Leave now, or it'll be worse for you, whores!" Tomas shouted, standing over Marian. He raised his fist again, glaring at her.

"Fuck you." Marian said, lying flat on her back. She kicked him as hard as she could in the groin, which was conveniently close. Tomas fell to his knees, groaning in pain. "You damn bitch!"  he screamed. "You should be on my side... Xander deserves this!" His face was on the floor as he struggled to catch his breath. 

"Xander has mocked and taken advantage of all of us."  he kept yelling as he tried to get back up. "Shut up!" Ruby said as she sprayed pepper spray directly into his face. He screamed again and tried to shield himself. She kept pressing the trigger even as Tomas coughed uncontrollably, and even after the canister was empty.

"Ruby, I need you here!" her friend's voice snapped her out of her vengeful frenzy. Marian was struggling to free Xander from his bindings, but he thrashed desperately. "Calm down, we're trying to get you out of here." she explained, but Xander continued struggling too much.

Ruby scanned the room and quickly found a small knife, the kind usually used to cut sandwich bread. With it, they managed to slice through the thick ropes that bound Xander's limbs to each corner of the bed.

He leaped away from them into a corner, curling into a ball and trying unsuccessfully to remove the gag. "Calm down. Come here, and we'll get that off you." Ruby said, taking the knife.

Suddenly, Daniel entered the room and shut the door behind him. His nervous expression eased when he saw his sister and her friend in control of the situation. He spat on the floor before starting to push one of the small but heavy wardrobes to block the door.

"You made too much noise." Daniel said, panting for breath. "The other guys are coming this way." The new alert made the girls nervous. Marian quickly took out her phone and called Bondy. "Back alley, NOW!" she shouted before hanging up.

They could attest to what Daniel was saying, they had lowered the volume of the loud music, although it would not be the only sign.

"What's going on in there? Open the door!" yelled voices from the other side as they pounded and rattled the door. Marian delivered another low blow to Tomas to ensure he wouldn't get up anytime soon. He writhed in pain. "We need to get out of here."

The boys trying to get in weren't the only problem. The pepper spray in the air was starting to get to them. Marian in particular could feel the dry and irritating taste in her throat. Ruby opened the window completely, she and Marian climbed out onto the roof.

"Look, you and we don't exactly get along." Daniel explained. "But unless you want to stay with these guys, COME WITH US." he said, extending his hand. Xander took it nervously and was pulled outside.

The cold tiles felt uncomfortable underfoot. Xander was still wearing the cheerleader-style outfit. There was no time for embarrassment or a wardrobe change, but it was definitely impractical for the situation.


“Danny, close the window.” Marian instructed, she want to put all the barriers between them and the frat guys, but being on the third floor didn't make things any better. "Great, there's a trampoline." Ruby said, spotting it in the yard. "No, it's dangerous. It's full of trash." Marian pointed out, indicating the cans and bottles littering it.

She searched for an alternative and found one in a nearby tall tree. "Quick, jump to the tree." she instructed. "Like in that gym class exercise." she added. The girls nodded, recalling the drill. But Xander, who played football instead of taking gym in college didn't know what they were talking about.

"Just build up speed, jump at the edge, and grab onto the branches." Daniel instructed. He led by example, running the short distance along the roof outside the room and leaping toward the tree, grabbing onto the thick branches and moving to the trunk to begin climbing down. Marian and Ruby did the same, achieving the same result. They made it look so easy. Xander was petrified with fear. They had at least minimal practice, he didn't.

Already on the ground but with dirt and leaves on her clothes, Marian ran to the back door and used a rake to jam the handle just in time to make it hard for the guys to open it.

There were a couple of guys out there, luckily most of them were already drunk enough to notice what was going on, but the others were too surprised. "What the hell are you doing?" said one of the guys by the diving board as he put his beer aside.

A loud crash caught everyone attention. A white car had entered the backyard, smashing through the wooden fence. "Everyone, get in!" Bondy shouted. Marian pulled out the hidden pepper spray and released an irritating cloud, which managed to drive those guys away from the yard amid a symphony of coughing.

"Xander, just jump!" Daniel called out. Xander hear a noise inside the room caught his attention. The frat guys had break into the room and Tomas was back on his feet opening the window.

Panicked, he lost his balance. The tights and tiles were a slippery mix. The girls let out a shriek. He fell for a few seconds before landing hard on the pile of trash on the trampoline and bouncing into some bushes.

Daniel rushed to him, who seemed stunned, almost passed out.  "Xander's hurt!" He tried to carry him but wasn't strong enough. His sister came to help, and together they managed to drag him to the car.

"There's no time or room inside. BONDY, THE TRUNK!" The blonde popped the designated lever while looking in the rearview mirror at the frat boys coming out of the first-floor windows, looking anything but friendly.

A beer can hit the passenger-side mirror, where Ruby had climbed in, causing her to let out a small scream. She moved to the back, trying to hide.

Daniel and Marian loaded Xander into the Trans Am's trunk. But in the rush, the younger brother climbed in, too. "LET'S GO!" Marian shouted as she boarded. Bondy shifted into first gear, pressed the accelerator, and let go of the clutch to speed away from the backyard.

Objects rained down on the car: rocks, empty bottles, and other debris. A stone shattered the driver's side mirror, and even the window cracked. "Freaking lunatics!" the blonde exclaimed as she noticed the fracture but turned her attention back to the alley. "Hold on tight back there!" she yelled. They left running over some trash cans.

The colorful, flashing lights of the fraternity house faded into the distance quickly. Daniel was on top of Xander, unintentionally putting his full weight on him. Since Xander still had the gag in his mouth, he could only let out muffled groans.

“Oh, sorry.” Daniel said as he shifted to one side, being careful not to fall out of the vehicle. Luckily, both of them were thin enough to fit inside. Daniel tried reaching for the trunk door to close it, but it was too far up.

The fleeting glimpses of headlights, the force of the wind, and the jerking motion of the car made it clear they were speeding down the road, and standing up would be dangerous.

One of the reasons Bondy adored her coupe so much was its ability to go incredibly fast. Whenever she could save money, she spent it on gas to take late-night highway drives and floor it. In this moment the experience was far from enjoyable.

“Are they following us?” Bondy shouted. The open trunk made it hard for her to see through the rearview mirror, the only one she had left. A brief glance at the mostly empty highway gave Daniel a moment of relief.

That was until he saw a car speeding onto the road from the same direction they had come from. A familiar car, also a coupe. “He’s coming!” Daniel shouted. Marian used a mirror she had in her purse to look through the window. “Damn it! It’s Tomas!” She immediately recognized the ’71 DeTomaso.


“Can you lose him?” the redhead asked nervously. The sound of the custom horn from Tomas’s car was her answer. He pulled up alongside the back of the girls’ car, where he could see Xander. Daniel saw him pointing and shouting something before ramming their car.

“LUNATIC!” Bondy yelled as she tried to steady the wheel. “You really messed with the wrong guy by bullying him so much.” Daniel muttered, holding on tight. “You harassed the craziest one.”

A police officer was sitting next to the highway on his motorcycle, rubbing his forehead from the stress of a recent incident. “Why... Adam…” he muttered, taking out some yellow pills prescribed to him.

The Trans Am sped past him so suddenly that it startled him, making him drop the medication. He didn’t need the speed detector on his belt to know they were well over the limit.

He started his motorcycle, a 1150 RTP. Just as he was about to enter the road, the ’71 Tomaso zoomed past, almost grazing him. “SHIT!” he shouted as he turned on the siren and started the chase. “2324. Two suspects exceeding the speed limit on the western perimeter, kilometer 161. They’re in two different coupes. White and gray.” he reported over his radio before accelerating to catch up with the cars.

Despite de speed, the sirens were unmistakable. “We’re in trouble. It’s the cops. What do we do?” Ruby asked nervously, looking out the back window.

“Being caught isn’t the problem. My plates being identified is.” Bondy replied, flooring the accelerator. Tomas rammed the back of the car again. Breaking his own front lights and shouting nearly unintelligible insults.

“I think he called you a bitch.” Ruby said. “Just me, or all of us?” Bondy asked, dodging a small car passing on the highway. “Just you.” Ruby clarified.

“Screw that.” Marian said. “Approach to the right side of the road.” she instructed, pointing at the metal fence separating the highway from the woods. “YOU WANT US TO GET PINNED?!” Bondy shouted, trying to control the vehicle.

Xander noticed the police officer closing in behind Tomas. Normally, this would have been his salvation, but now, everyone was too compromised.

The car started moving closer to the right. From his position, Daniel could see how dangerously near they were to the fence. The fact that they were slowing down didn’t do much to ease his nerves.

“Girls, that maniac is catching up.” he tried to warn, but no one answered. He could see Tomas grinning from his car. He moved to the left lane and then accelerated, gaining the momentum he wanted.

“GIRLS!” Daniel shouted. The Trans Am braked suddenly, the force causing the trunk door to close.

Tomas watched as the girls break behind, but with the speed and momentum he had gained, he headed straight for the fence. “Oh, SHIT.” he yelled as he slammed the brakes, but the wheels skidded, sending his car straight into the steel barrier.

The officer pursuing them saw the gray car crash, shards of glass scattering in the air like frost. The passenger door split in two before tearing off completely. The sound of screeching tires on asphalt stopped as the car flipped over itself.

Tomas shielded his face as everything spun, gravity shifting from top to bottom over and over. Even with the seatbelt on, his body slammed against the seat and the driver’s side door with tremendous force.

The officer watched as the car stop after colliding with the barrier again. He cautiously parked his motorcycle. “2324, we need an ambulance on the western perimeter, kilometer 165. Severe crash involving one of the suspects. The other suspect is still fleeing.” he reported over the radio while getting off to assist the injured.

He approached the car, now windowless. A pair of wheels had come off, and the engine sounded like a popcorn machine. “My arm... my arm.” Tomas muttered before losing consciousness from the multiple cuts and fractures across his body.

To Be Continued…

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------------------------------ THANK YOU SO MUCH for WATCHING ------------------------------

HERMANA AL ESCAPE

ADVERTENCIA: CONTENIDO SENSIBLE.

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Escrita por: “Irene Naridza”

IMAGENES IA HECHAS POR HOTPOT


Tomas arrojó una toalla que tenía junto a él. Esta cubrió a Marian como si de una red se tratase. Ruby se despistó al intentar asistirla. Un bote de desodorante impactó en su cabeza dejándola aturdida.

Cuando Marian se quitó la toalla de encima vio a su amiga de cuclillas en el suelo, sujetándose la parte donde sufrió el golpe. El sonido de los resortes del colchón la alertaron, pero solo levantó su mirada para ver el puño de Tomas acercándose.

Un parpadeo después y Marian sintió lo mismo que aquella vez cuando niña jugaba a la rayuela con su hermano en la acera de su vecindario. Ese día se tropezó con sus agujetas desatadas y se dio de bruces en el sólido y tibio cemento.

Su cerebro se sintió extraño, como si la temperatura hubiese aumentado y una neblina la envolviera. Sujetó su rostro. Su pómulo estaba duro, pero conforme pasaban los segundos, se puso más suave y cálido. Retiró su mano cuando su leve tacto comenzó a causar dolor.

“Váyanse ahora o les irá peor, ¡Perras!” Voceó Tomas, quien se mantenía de pie ante Marian. Levantaba nuevamente su puño, mientras la miraba fijamente.

“Púdrete.” Marian se puso de espaldas al suelo y con todas sus fuerzas pateó en la entrepierna a Tomas, la cual estaba muy cerca. Él cayó de rodillas al suelo. “¡Maldita puta!” gritó. Deberían estar de mi lado… Xander merece esto.” Tenía su rostro en el suelo mientras intentaba tomar aire. “Xander se ha burlado y se ha aprovechado de todos nosotros.” Siguió gritando antes de intentar levantarse.

“Silencio.” Ruby se acercó y le tiró gas pimienta directo en el rostro. Él gritó nuevamente e intentó cubrirse. Ella continuó apretando el gatillo del atomizador cuando Tomas tosía frenéticamente e incluso cuando este ya estaba vacío.

“Ruby, te necesito acá.” su amiga la sacó de su frenesí de venganza. Marian luchaba por liberar a Xander de sus ataduras, pero él se retorcía desesperadamente. “Cálmate ya, estamos intentando sacarte de aquí.” Explicó, pero Xander seguía moviéndose demasiado.

Ruby buscó con la mirada, encontrando rápidamente un cuchillo pequeño, de los que usualmente se usaban para cortar pan de emparedados. Con eso lograron cortar las gruesas sogas que tenían a Xander con sus extremidades sujetas a cada esquina de la cama.

De un salto se alejó de las chicas hasta un rincón donde se hizo bolita y trató inútilmente de quitarse la mordaza. “Con calma, ven aquí y te sacaremos eso.” Dijo Ruby.

De repente Daniel entró a la habitación y cerró la puerta detrás de sí. Su mirada nerviosa se calmó al ver a su hermana y amiga estar al control de la situación. Escupió en el suelo antes de comenzar a empujar uno de los pequeños pero pesados guardarropas para bloquear la puerta.

“Hicieron mucho ruido.” Exclamó Daniel mientras tomaba bocanadas de aire. “Los demás chicos están viniendo hacia aquí.” La nueva alerta puso nerviosas a las chicas. Marian tomó su teléfono y marcó rápidamente a Bondy. “Calle trasera, ¡YA!” Gritó antes de colgar.

Podían dar fe de lo que Daniel decía, habían bajado el volumen de la estridente música, aunque no sería la única señal.

“¿QUÉ OCURRE AQUÍ? ¡ABRAN LA PUERTA!” sonaron los gritos al otro lado de la puerta mientras la golpeaban y la sacudían. Marian le dio otro golpe bajo a Tomas para asegurarse que no se levantara aún. Este se retorció de dolor. “Hay que salir de aquí.”

Los chicos que intentaban entrar no eran el único problema. El gas pimienta que había en el aire empezaba a afectarles. Especialmente Marian, podía sentir el sabor seco e irritante en la garganta. Ruby abrió la ventana por completo y ambas salieron al tejado.

“Mira, tú y nosotras no nos agradamos.” Explicó Daniel. “Pero a menos que quieras quedarte con estos chicos, VEN CON NOSOTRAS.” Dijo al extenderle su mano. Xander la tomó con nerviosismo y fue jalado por ella. El tacto con la teja fría era incómodo. Xander aún usaba aquel atuendo estilo porrista. No había tiempo para sentir vergüenza ni cambiarse de ropa, pero definitivamente era poco práctico para la situación.


“Danny, cierra la ventana.” Indicó Marian, quería poner todas las barreras posibles entre ellos y los chicos de la fraternidad. Estar en un tercer piso no hacía mejores las cosas. “Que bien, hay un trampolín.” Dijo Ruby al notar la estructura en el patio. “No. Es peligroso. Está lleno de basura.” Recalcó Marian al señalar las latas y botellas dejadas sobre este.

Intentó buscar alguna alternativa, la cual encontró al ver un árbol cercano considerablemente alto. “Rápido, salten hacia el árbol.” Dijo ella. “Como en ese ejercicio de las clases de gimnasia.” Agregó. Las chicas asintieron al recordar el ejercicio. Pero Xander, quien iba a las clases de fútbol de la universidad, no sabía de qué hablaban.

“Solo toma impulso, salta justo al estar en el borde y aférrate a las ramas.” Indicó Daniel mientras salían por la ventana. Daniel dio el ejemplo al correr el corto tramó del techo fuera de la habitación y saltar hacia el árbol, logrando aferrarse a las gruesas ramas y moverse al tronco para empezar a bajar. Marian y Ruby hicieron lo mismo, logrando el mismo resultado.

Ellas lo hacían ver tan fácil. Xander estaba petrificado por el miedo. Ellas podían hacerlo porque tenían una práctica mínima, él no.

Ya en el suelo, pero con tierra y hojas en la ropa, Marian decidió correr y colocar un rastrillo que bloqueó la manija de la puerta trasera justo a tiempo para que los chicos tuvieran dificultad para abrirla.

Allí abajo había un par de chicos, afortunadamente la mayoría ya estaban ebrios como para notar lo que estaba pasando, pero los que no, estaban muy extrañados. “¿Qué rayos haces?” dijo uno de los chicos junto al trampolín mientras dejaba de lado su cerveza.

Un estruendo llamó la atención de todos. Un auto blanco había entrado al patio trasero destruyendo la valla de madera. “¡Todas suban!” Gritó Bondy. Marian sacó el gas pimienta oculto y lanzó una nube irritante, lo que logró alejar a los sujetos del patio en medio de una sinfonía de tos.

“Xander, ¡Solo salta!” indicó Daniel. Xander escuchó un sonido y miró hacia dentro de la habitación. Los chicos de la fraternidad habían entrado, Xander se había incorporado e intentaba abrir la ventana.

Asustado, perdió el equilibrio. Las mallas y las tejas eran una mezcla resbalosa. Las chicas dejaron escapar un chillido. Él cayó por uno segundos hasta impactar con fuerza en el montículo de basura del trampolín y rebotar hacia unos arbustos.

Daniel se acercó rápidamente. Xander estaba muy aturdido, casi inconsciente. “Él está herido.” Intentó cargar al chico, pero al no ser tan fuerte no tuvo éxito. Su hermana fue a ayudarlo, juntos lograron arrastrarlo hasta el auto.

“No hay tiempo ni espacio dentro. BONDY, EL MALETERO.” La rubia movió la palanca designada mientras miraba por el retrovisor como los chicos de la fraternidad comenzaban a salir por las ventanas del primer piso con caras nada amigables.

Una lata de cerveza impactó con el espejo del lado del copiloto donde se había subido Ruby, haciéndola dar un pequeño grito. Se movió hacia la parte de atrás intentando esconderse.

Daniel y Marian cargaron a Xander en el maletero del Trans Am. Pero por las prisas el hermano menor se metió allí también. “ACELERA” Gritó Marian al subir a bordo. Bondy metió la primera marcha, presionó el acelerador antes de soltar el embrague para salir rápidamente del jardín trasero de la casa de la fraternidad.

Piedras, botellas vacías y otros objetos arrojadizos llovieron sobre el auto. El espejo del lado del conductor se hizo pedazos por una piedra, incluso la ventanilla se quebró. “¡Malditos enfermos!” exclamó la rubia mientras veía la fractura, pero volvió su vista al callejón. “Sujétense fuerte allí atrás.” Salieron de allí arrollando unos botes de basura.

Las luces coloridas e intermitentes de la casa de la fraternidad se fueron alejando rápidamente. Daniel estaba sobre Xander y estaba poniendo todo su peso sobre él sin querer. Como aún tenía la mordaza solo pudo emitir quejidos ahogados.

“Oh, lo siento.” Dijo mientras se movía hacia un lado, teniendo cuidado de no caer fuera del vehículo. Por fortuna ambos eran lo suficientemente delgados como para caber dentro. Daniel intentó alcanzar la puerta del maletero para cerrarla, pero estaba muy arriba.

Lo fugaces que resultaban los faros de las lámparas, la fuerza del viento y el movimiento que podían sentir en el maletero dejaban en claro que estaban yendo a toda marcha y que era peligroso intentar incorporarse.

Una de las razones por las que Bondy estaba tan encantada con su Coupé, era la capacidad para ir muy rápido. A cada que podía ahorrar, lo usaba en gasolina para ir a la autopista por la noche y acelerar a fondo. En ese momento, la experiencia era un poco menos amena.

“¿Están siguiéndonos?” preguntó Bondy. La puerta del maletero hacía que no pudiese ver muy bien por el retrovisor, el único espejo que le quedaba. Un breve vistazo a la autopista semivacía le dio unos instantes de tranquilidad a Daniel.

Solo hasta ver un auto entrando frenéticamente a la carretera por el mismo lugar de donde habían venido. Un auto familiar, también un Coupé. “¡Allí viene!” gritó Daniel. Marian usó un espejo que llevaba en su bolso para ver por la ventana. “Con un demonio. ¡Es Tomas!” Reconoció de inmediato el DeTomaso del 71.


“¿Puedes perderlo?” preguntó nerviosa la pelirroja. El sonido del claxon personalizado del auto de Tomas fue la respuesta. Él se puso a un lado de la parte posterior de las chicas, podía ver a Xander. Daniel vio como lo señalaba y gritaba algo antes de impactarlos.

“¡DEMENTE!” gritó Bondy mientras intentaba estabilizar el volante. “En serio metiste la pata con él al acosarlo tanto.” Se quejó Daniel mientras se sujetaba. “Acosaste al loco equivocado.” Agregó.

Un oficial estaba asentado con su motocicleta junto a la carretera. Se frotaba la frente debido al estrés que sentía por un acontecimiento reciente. “Maldición…Adam.” Susurró mientras sacaba unas pastillas amarillas que le habían recetado.

El Trans Am pasó junto a él de forma tan repentina que lo sorprendió, haciéndolo ponerse en guardia y soltar el medicamento. No era necesario el medidor de velocidad que llevaba en su cinturón. Claramente estaba excediendo por mucho el límite de velocidad.

Puso en marcha su motocicleta, una 1150 RTP. Justo cuando estaba por entrar a la calzada, el DeTomaso del 71 pasó casi rozándolo. “DEMONIOS.” exclamó antes de encender la sirena y comenzar la persecución. “2324. Dos sospechosos en dos autos estilo coupé excediendo el límite de velocidad en el perimetral oeste, kilómetro 161. Uno blanco y otro gris.” Habló por su radio, antes de acelerar y tratar de alcanzar a los autos.

“Estamos en problemas, es la policía. ¿Qué hacemos?” Ruby miraba con nervios desde la ventana trasera. “Que nos alcance no es el problema, que distinga mi matrícula sí lo es.” Dijo Bondy al acelerar aún más.

Tomas volvió a chocar la parte de atrás del auto mientras gritaba improperios casi inteligibles, destrozó sus propios faros delanteros. “Creo que te llamó zorra.” Dijo Ruby. “¿Solo a mí o a todas?” preguntó la rubia mientras esquivaba un auto pequeño que pasaba por la carretera. “Solo a ti.” Aclaró Ruby.

“Al diablo con eso.” Dijo Marian. “Apégate hasta el costado derecho de la carretera.” Indicó mientras señalaba la cerca de metal que separa la calzada con el bosque. “¿QUIERES QUE NOS ARRINCONE?” gritó Bondy mientras trataba de controlar el vehículo.

Xander notó cómo el policía se acercaba detrás de Tomas. Eso hubiese sido su salvación en otro momento, pero ahora todos estaban muy comprometidos.

El auto empezó a acercarse a la derecha. Desde donde estaban, Daniel pudo ver lo peligrosamente cerca que estaban de la barda. Que comenzaran a reducir la velocidad no hizo más que ponerlo nervioso.

“Chicas, ese lunático está alcanzándonos.” Intentó advertir, pero nadie respondió. Pudo ver a Tomas sonreír desde su vehículo. Se movió hasta el carril izquierdo y desde allí aceleró para tomar el impulso que deseaba. “¡CHICAS!” chilló Daniel. El Trans Am frenó de golpe, la fuerza hizo que la puerta del maletero se cerrara.

Tomas vio como las chicas se quedaban atrás, por la velocidad e impulso que había tomado fue directo hasta la barda. “Oh, MIERDA.” Gritó al frenar a fondo, pero las ruedas patinaron llevando su auto directo a la valla de acero.

El oficial que venía persiguiéndolos vio como el auto gris se estrellaba, pedazos de vidrio volaron como escarcha por el aire, la puerta derecha se partió en dos antes de zafarse. El sonido de los neumáticos chillando en la calzada se detuvo cuando el auto dio una vuelta sobre sí mismo.

Tomas se cubría el rostro mientras todo daba vueltas y la gravedad pasaba a estar de arriba a abajo una y otra vez. Pese a estar con el cinturón, su cuerpo se azotaba contra el asiento y la puerta del conductor con mucha fuerza.

El oficial vio como el auto se detenía al impactar de nuevo con la valla. Detuvo su motocicleta con precaución. “2324, necesitamos una ambulancia en la perimetral oeste, kilómetro 165. Aparatoso accidente de uno de los sospechosos. El otro sospechoso sigue a la fuga.” Habló por su radio mientras se bajaba a ayudar al herido.

Se acercó al auto que ya no tenía ventanas. Un par de llantas se habían desprendido y el motor sonaba como una máquina de palomitas. “Mi brazo, mi brazo.” Fue lo que susurró Tomas antes de desmayarse por los múltiples cortes y fracturas por todo el cuerpo.

 

Continuará...

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