sábado, 8 de agosto de 2026

Sacrificios Familiares

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Escrita por Irene Naridza

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------- Índice de Capítulos –-----

Capítulo 1: https://irenenaridzastorycaptions.blogspot.com/2026/08/nuevo-pais-nuevas-leyes-nuevo-tu.htm

> Capítulo 2: https://irenenaridzastorycaptions.blogspot.com/2026/08/sacrificios-familiares.html

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Matilde era una programadora talentosa, sin embargo, en Ecuador nunca le prestaron atención a su potencial. Siempre dudaron de sus capacidades con tan solo verla, nunca la dejaron desempeñarse libremente y siempre la relegaban a tareas repetitivas donde no podía destacar.

Hubo quienes le ofrecieron puestos mejores, pero a cambio de reunirse fuera del trabajo en horarios extraños y lugares que no dejaban a la imaginación, como moteles.

Su jefe incluso había sido directo la vez que ella pidió un aumento argumentando que su impecable puntualidad y cumplimiento la hacía merecerlo. El le respondió con un “Veme en mi oficina después del trabajo.” con una sonrisa sencilla. Ya había escuchado a muchas amigas relatar lo que significaba.

Matilde se negaba fingiendo amabilidad, cuando en realidad estaba asqueada. Algo que le enseñó el ver a tantas compañeras siendo despedidas era que tenía que soportar el tóxico ambiente patriarcal en el trabajo si quería poder llevar el pan a su mesa.

La paga no era lo único que la hacía tolerar esa situación. En ese periodo conoció al amor de su vida, con quien se terminó casando y eventualmente, quedándose embarazada. Ambos estaban muy contentos. Algunos de sus compañeros en el trabajo también los felicitaron, pero había quien no estaba nada contento.

Su jefe no solía contratar mujeres embarazadas por los permisos y prestaciones que implicaba, pero tuvieron que mantener a Matilde pues despedirla en ese punto sería ilegal. Pero no perdía la oportunidad de hacerla sentir incómoda enviándola a hacer trabajos físicos como recoger carpetas o documentación física pesada. “Si es mucho para tí, puedes renunciar.” era lo que decía.

Matilde consideró hacerlo, pero pensó en su esposo y en el hijo que esperaban, decidió que valía la pena hacer algunos sacrificios por su familia. Cuando Ethan nació, fue de los días más felices de ambos. Fué su esposo quien eligió el nombre basándose en un personaje de videojuegos.

“Que afortunados, fue un niño.” fue el desubicado comentario que soltó su jefe al enterarse de la noticia. Matilde supo contenerse y fingir risa.

Sin embargo, las complicaciones no hicieron más que comenzar. Cuidar a un bebé era completamente agotador y necesitaba mucha atención. Pronto el permiso de maternidad terminó y ella tuvo que confiarle a su bebé a una niñera, aún así, llegaba exhausta al trabajo.

Esa fue la época más pesada. Trabajaba todo el día y cuidaba a su bebé toda la noche, no había tiempo de descanso y su rendimiento empezaba a mermar. Su jefe tomó esto como una oportunidad. “Si no eres capaz de estar a la altura como los demás, toma tus cosas y lárgate.”

Fué cuando habló con su esposo y acordaron que ella renunciaría para poder cuidar de Ethan hasta que fuera más independiente. Matilde insistió en que él se quedara en la empresa, pues tenía un mejor puesto y ganaba más. Podía mantenerlos sin problema por un tiempo.

Su jefe aceptó su renuncia con una enorme sonrisa. Matilde más tarde se enteraría por su esposo que su jefe ahora comentaba en las reuniones que ella era el perfecto ejemplo del porque no le gustaba contratar mujeres. “Tienen su lugar y ya vieron. No es éste.” habían sido sus palabras.

El siguiente año y medio. Matilde cuidó a su bebé y ayudó a su esposo siendo ocasionalmente su secretaria. Él le contó que siempre relataba como ella le ayudaba en esos detalles, pero a su jefe no le gustaba oírlo. “¿También le pides ayuda para atarte los zapatos?” era lo que decía cortante.

Finalmente, Ethan tenía dos años y ya no necesitaba atención constante con pañales o biberones. Fue cuando Matilde intentó volver a ejercer su profesión, pero una a una, sus solicitudes fueron rechazadas. Ella nunca entendió por qué.

Hubo ofertas que se veían justo como lo que buscaba, pero al presentarse a la entrevista se daba cuenta de las verdaderas intenciones y ambiente en el que estaría. Cosas como; horarios muy largos, actividades adicionales que no estaban descritas en las ofertas laborales y salarios bajos con la vaga promesa de aumentos si se cumplían con sistemas muy extraños de cuotas.

Rechazó todas esas ofertas, por irreal que le pareciera, eran aún peores que su vieja empresa.

Sabiendo que su esposo no podría mantenerlos por mucho más tiempo, decidió volver a esa empresa y ver nuevamente la cara de ese hombre al que deseaba no volver a llamar ‘jefe’. Este alegó ya estar con el personal lleno, pero que reconsideraría el expandir la nómina si ella le hacía ‘cierto favor.’

Matilde quiso negarse e incluso golpeárlo, pero recordó que necesitaba con urgencia trabajo y seguir con su carrera, por lo que, decidió hacer otro sacrificio por su familia. No se lo dijo a su esposo, sabía que él hubiera perdido por completo los estribos e ir directamente a sacarle la puta a su jefe y ahora sí estarían en un problema del cual no podrían salir. 

Así Matilde volvió a esa incómoda normalidad. Trabajos repetitivos, casi prohibida de opinar y mantenida en una zona ignorada de la empresa. De nuevo, la paga y los años de experiencia eran lo único que la hacían tolerarlo. Aún más ahora que tenía un hijo que mantener.

Los años pasaron uno a uno hasta que un día, su esposo le pasó el contacto de una atractiva oferta de trabajo que encontró en línea, pero que él no pudo aplicar pues solo contrataban mujeres. Esta era una compañía de programación extranjera, buscaban talento por todo el mundo.

Matilde investigó un poco a dicha empresa para asegurarse de que no era otra oferta estafa. No tardó en comprobar que la empresa sí existía y era una de las que destacaba en su país de origen, Venfemia.

Hasta hacía poco, esta nación formaba parte de un mega país llamado ‘Reino de Regnard’, pero tras décadas de inestabilidad política, atención menguante a las necesidades de sus estados y diferencias culturales marcadas que se mantenían a través de los siglos de irregular convivencia, este finalmente se había fragmentado en 10 naciones independientes.

Una de esas fue Venfemia que, por sus raíces culturales, muchas de sus políticas estaban enfocadas en mujeres y su rol en la innovación en todos los campos posibles. Eso le pareció genial a Matilde.

Ella les envió su hoja de vida y su portafolio, al poco tiempo tuvo su entrevista de trabajo. Un día llegó a la oficina de su jefe con una simple noticia; renunciaba y se lo hacía hacer con la requerida antelación de un mes.

Él fingió indiferencia, pero estaba sorprendido al ver la sonrisa de satisfacción en Matilde. Supo que él no la había hecho renunciar, ella se iba en sus términos. Aquello lo molestó bastante. “Gracias por tu responsable previsión.” respondió conteniéndoce, él quería decirle algo más parecido a “Muérete, golfa.”

En su nuevo trabajo remoto por fin recibió el reconocimiento que buscaba. Siempre la felicitaban por su gran desempeño y estaban muy atentas a las propuestas que hacía para mejorar los productos digitales que ofrecían a un público internacional. En un solo año pasó a ser considerada una pieza fundamental en la empresa, lo que le ganó un ascenso.

Lamentablemente, no todo fue bueno. Su esposo, quién aún trabajaba en esa misógina empresa, había hablado de lo bien que le iba a Matilde. Su jefe no lo tomó nada bien y lo terminó despidiendo con la excusa de que había bajado su rendimiento.

Gracias a contactos que Matilde había hecho, le encontró una empresa en Venfemia que sí contrataba hombres. Así fue como ambos trabajaban desde casa, ganando buen dinero y teniendo tiempo para pasar ratos en familia junto a Ethan. Era la vida perfecta con la que alguna vez habían soñado.

Escuchar de la bancarrota de la empresa de su ex-jefe hubiera sido la cereza sobre el pastel, pero eso no ocurrió. Siguió a flote, con algunas novedades como que ampliaban mínimamente sus operaciones, pero nada más espectacular como sabía que a su ex-jefe le gustaría. 

Matilde hubiera querido ver ese edificio arder, pero pronto se resignó a que tal vez la mejor venganza era vivir mejor que ellos. 

Ese fue su nuevo objetivo, lo cual iba viento en popa. Con el dinero que ambos ganaban, pudieron comprar una casa más amplia cerca de un bonito río donde todos los fines de semana hacían picnics en familia.

Un día, Matilde recibió la mayor oferta de su vida. Le ofrecían un puesto de gerencia en la empresa, pero este sería en Venfemia ya que allí quedaba la sede. Le facilitarían un departamento, un auto e incluso un programa de inserción para Ethan. Pero había un problema importante.

Matilde había aprendido mucho de Venfemia. Estaba al tanto de sus políticas centradas en mujeres y otras que tal vez podrían ser consideradas como excluyentes para los hombres. 

Sabía también de la arraigada costumbre de que todos los varones pasaran por un proceso de feminización hasta cumplir 18 donde podían decidir si querían seguir con ese trato femenino o volver a sus raíces masculinas.

Cuando se lo mencionó a su esposo, este le dijo que tenía que pensar en ella. Matilde le dijo que no le estaba preguntando nada, le estaba informando pues ya había aceptado. Le hablaba para discutir cómo hacer los trámites para pasar a trabajar presencialmente en la empresa donde él trabajaba a distancia.

Él no se quejó, le aseguró estar alegre de ese nuevo logro en su vida y que ciertamente le emocionaba la idea de mudarse a otro país del cual ella le hablaba maravillas. Lo único que quedaba por hacer era contarle todo a Ethan. 

Matilde le aseguró que ya se encargaría de eso a su manera.


EL FIN

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