jueves, 18 de junio de 2026

CUARTO DE LAS NIÑAS

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Escrita por: “Irene Naridza”

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“Espera. ¿Me estás diciendo que eres Tommy?, ¿el niño que desapareció?” 

“No, Lance. Te dije que soy Tammy.”

“Eso no es lo que acababas de decir.”

“Recapitulemos. Te dije que yo antes era Tommy.”

“Lo ves, eres Tommy.”

“¿Podrías por favor dejarme terminar?”

“Vale, pero no te enojes… y por cierto. ¿Cómo sabes mi nombre?”

“Empecemos de nuevo. Yo era Tommy, un niño normal del vecindario. Tú y yo íbamos a la misma escuela. Un día mis padres fueron invitados a un baile de un club campestre al que pertenecen.”

“Oh, lo conozco. Mis padres también están allí. Es extraño, solo se reúnen para charlar de cosas aburridas como el clima, dinero de empresas y políticos.”

“Sí, exacto. Ese día me llevaron con ellos, pero para que no muriera de aburrimiento, me dejaron en esta habitación donde había otros niños… más bien, otras niñas.”

“Ahora que lo mencionas, tienes razón. No he visto a ningún otro niño, excepto a tí.”

“No soy un niño, idiota.”

“Está bien, pero el cocacho estaba de más.”

“Escucha. Esas niñas eran muy extrañas, no solo estaban usando vestidos muy anticuados. Tomaban té y jugaban con muñecas. Y antes de que lo digas, sí. Tal y como lo están haciendo en este momento.”

“Ajá”

“Sin embargo, esa vez, todas se reviraron para verme y dijeron que no estaba vestido para la ocasión.”

“¿Traías un traje feo? Recuerdo que decían que ese tal Tommy siempre usaba trajes ridículos ya que su madre nunca lo dejaba escoger su ropa.”

“Voy a ignorar eso…  escucha. Empezaron a rodearme, se movían extraño, no caminaban, pero avanzaban rápidamente. Además, tenían miradas vacías.”

“Me alegro de que en este momento están calmaditas tomando té… que bien que hayan dejado esas malas mañas.”

“Ni que lo digas. Lo siguiente que recuerdo, es que ahora usaba un vestido, tenía cabello largo, una diadema, unas mallas que daban comezón y bueno… en pocas palabras, ahora soy una niña.”

“Usar ropa de niña no te convierte en una. Si así fuera… la hubiera pasado aún peor el Halloween pasado.”

“Aquí sí, Lance. Este lugar es muy extraño.”

“Vale…entonces. ¿Por qué no te vas?”

“Ninguna podemos abrir la puerta principal. Las ventanas, aunque puedas ver el exterior, si logras de alguna forma abrirlas, solo verás un cuarto idéntico a este, con la misma gente, pero sin ser copias, no sé si me explico.”

“Quieres decir… ¿Esto es un bucle?”

“Sí, eso. Es una especie de bucle, al menos si intentas salir por las ventanas.”

“¿Qué hay de los adultos que vi antes de entrar?, ¿Qué hay de tus padres?”

“Jamás volvieron… intenté por quien sabe cuanto tiempo llamarlos a gritos en la puerta principal, nadie nunca contestó. En cambio, las otras niñas se molestaron conmigo diciendo que estaba armando un escándalo. No me detuve, entonces hicieron una especie de seña y mis labios desaparecieron.”

“Eso es aterrador… espera un momento. Sí tienes tus labios, estás hablando en este momento.”

“Me los devolvieron cuando me resigné y dejé de golpear la puerta o arrojar cosas a las ventanas. Celeste me aplicó labial, unos labios crecieron en el lugar y volví a poder hablar.”

“Suena como un invento útil… el rosa pálido no te queda tan mal.” dijo en tono burlón. Sin embargo, su sarcasmo no fue percibido.

“Por fin dices algo bonito, gracias Lance.” 

“... no hay de qué…”

“Es permanente, no se quita a menos que use una toallita húmeda especial. Una vez te calmas, empiezan a incluirte en sus actividades y darte tus propias cosas.”

“Para ser entes raros, son amables.”

“Solo si cooperas. Antes de tí, hubo otros niños, dos de ellos renegaron de todo. Intentaron romper sus vestidos e incluso pisotearon un labial que intenté darles.”

“Una reacción muy lógica. No me sorprende de que tú no lucharas mucho, niño de mami.”

(...)

“Oye, esa bofetada dolió.”

“Preferirás tener otra antes de compartir el destino de esos dos ilusos.”

“¿Qué les pasó?, ¿Los castigaron enviándolos al rincón?, o, ¿los hicieron escribir cien veces en un pizarrón; No volveré a romper las niñerías de Tommy?”

Tammy intentó golpearlo de nuevo, pero logró contenerse y suspiró hondo antes de volver a mirarlo con seriedad.

“La puerta se abrió, afuera no se distinguía nada, oscuridad total, susurros y respiraciones pesadas. Entonces una figura blanca con vestido negro entró. Era muy alta, casi tocaba el techo, pero era tan delgada como un poste de luz.”

“¿Seguro? Esta es una habitación con dos pisos.”

“Sí. Esa mujer extendió sus brazos que crujían como madera vieja, los agarró del cuello y se los llevó. En ninguna de las ocasiones, ninguno ha vuelto.”

“Eso es… aterrador… pero ¿Y si se los llevó a detención? Conozco varios que los enviaron allá y nunca volvieron.”

“Esto no es la escuela, este no es nuestro vecindario… ni siquiera estoy segura que sea nuestro mundo de los vivos.”

“No creo que sea el infierno, según lo que escuché en la iglesia, no hay vestidos ridículos ni té allí. Pero escuché que sí hay chicos poco masculinos." Miró de reojo a Tammy con una sonrisa.

“¿Quieres otra bofetada?” 

“No. Y eso es evidencia de que esto tampoco es el cielo. ¿Qué otra cosa hacen aquí?”

“Bueno… Allí arriba hay unos pasillos que dirigen a dormitorios con literas, aunque rara vez te puede dar sueño.”

“Solo con verlas tomando té ya quiero bostezar.”

“También hay un cuarto lleno de baúles con muñecas, un cuarto que es un armario muy grande con vestidos, mallas, zapatos,  ...”

“Lo pillo, mucha ropa de niña.”

“Oh y también hay una biblioteca con cuentos. De alguna forma, todas en cantidades infinitas. Esto de aquí es más como un salón principal donde jugamos juntas con las muñecas, bebemos té de varios sabores, hacemos desfiles o leemos juntas algún cuento.”

“Sabes qué, sí empieza a sonar como el infierno.”

“Lance, intento ser amable contigo porque te conozco, pero en verdad no estás ayudando.”

“¿Nos conocemos personalmente?”

“Claro. Éramos compañeros en la escuela. Incluso jugábamos fútbol juntos, pero nunca hablamos mucho.”

“Este… he jugado fútbol con muchos chicos…”

“Hicimos junto a otros dos compañeros un proyecto de ciencias sobre un volcán de bicarbonato.”

“Bueno, lo hago todos los años con compañeros al azar…”

“¿En serio fui tan invisible para tí?”

“El vestido y la peluca no me ayudan a recordarte.”

“No es una peluca, bueno fuera. Así no doliera cuando me lo cepillo.” Acarició su cabello delicadamente, recordando los momentos de pesadilla para arreglarlo. “Caracoles suecos.” murmuró con frustración.

“¿Caracoles suecos?... esa frase la he escuchado antes. Oh espera, eres Tommy… Tommy Block. El niño que era tan malo para el fútbol que nadie lo escogia en el recreo.”

“Sí… qué bueno que me recuerdes.”

“Siempre que fallabas un gol super fácil exclamavas; ¡Caracoles Suecos!” 

“Ahora yo recuerdo por qué odio el fútbol.”

“Y sobre esa feria de ciencia, aplicaste demasiado bicarbonato que el volcán de papel explotó en tu cara, manchó hasta a la profesora.”

“Sí, Lance. Fue porque trajiste papel de baño en lugar de papel periodico como acordamos y ya no teníamos más tiempo.” Tammy ya no sabía si estar contenta o molesta

“Quién diría que en realidad estuve en contacto con el niño desaparecido antes de que fuese un desaparecido.” rio nuevamente. “Disculpa mi mala memoria es que todo eso…” hizo una pequeña pausa. “Eso fue hace 4 años.”

“¿Qué?” sus brazos cruzados perdieron soporte y cayeron.

“Fue hace años. Tus padres decían que saliste a comprar dulces y ya nunca volviste. Buscaron por el bosque, las alcantarillas e incluso por la escuela, pero no estabas por ningún lado.”

“No… esto… esto no es posible. Mis papás nunca me abandonarían… no han pasado más de…” Intentó buscar un calendario o algo que la ayudara a marcar el tiempo, pero solo tenía su memoria para ello. “6… 6 meses he pasado aquí y… tú.” lo señaló con su dedo, temblando un poco. “Tú deberías verte más viejo, pero luces exactamente como te recuerdo.” 

“¿Qué tonterías dices? Ya soy grande, hasta me está empezando a salir barba.” Tocó su barbilla, esperando encontrar un reciente rasposidad, pero solo encontró suavidad.

“Claro que no. Mira.” Tammy alcanzó un bolso del sofá cercano y sacó un espejo de bolsillo.

“NO PUEDE SER…” Le quitó el espejo para verse con urgido detalle. “SOY UN MOCOSO DE NUEVO. ¿EN QUÉ MOMENTO OCURRIÓ?”

“Luces así desde que cruzaste la puerta.”

“Esto es malo, este lugar está embrujado.” Soltó el espejo, pero ella pudo atraparlo antes de que se estrellara en el suelo. “Tenemos que salir de aquí yá.”

“¿No escuchaste nada de lo que dije? No hay salida.” agitó sus brazos, formando una x.

“Tú eres un torpe con vestido. ¿Qué sabes sobre buscar una solución en verdad?”

“Es suficiente. Intenté hablar contigo primero para explicarte como son las cosas aquí y así no tengas que pasar por lo que yo pasé. Quería que todo fuera menos pesado para tí, pero no dejas de ser alguien brusco.”

“Un niñito de mami como siempre. Pero adivina qué, ella se mudó antes de que dieran por cerrado tu caso y la policía dejara de buscarte.”

Ese fue un golpe directo, Tammy agachó la cabeza y no dijo nada por unos segundos. “... debe ser… debe ser este lugar… no sé qué les hace a las personas… pero las cambia…” mantuvo la mirada en el suelo y sus zapatitos de hebilla.

“Solo quítate el vestido, actúa como un hombre y ayúdame a abrir esa puerta.”

Ella negó lentamente. “Fuera hay susurros. A veces rasguñan las puertas, la golpean desde fuera e intentan girar el pomo, pero nunca logran entrar.” Finalmente volvió a mirar a Lance. “A veces también llaman nuestros nombres, Celeste me dijo que hay que ignorarlas.”

“Está bien, si tienes miedo de un espantapájaros, quédate jugando a las muñecas y probándote falditas con tus amigas. Pero yo me largo.”

“No… no lo harás.” su mirada era una cansada.

“¿Tú me vas a detener? Creo que hoy tomarás té con galletas de puño.” empezó a recogerse la manga de su saco, pero se quedó batallando con el botón.

Tammy dio unos cuantos pasos hacia atrás. “Mamá…” dijo instintivamente, suspiró hondo al darse cuenta de que ya nadie respondería a ese llamado.

CHICAS…” ese llamado, en cambio, hizo que las niñas se reviraran lentamente hacia ellos dos. Es imposible razonar con él… pueden encargarse ustedes.” Enseguida, todas empezaron a moverse anormalmente rápido. Se adhirieron y avanzaron por el suelo, muros y hasta el techo de aquella habitación.

“Oh, repámpanos…” Lance se dió cuenta de que estaba rodeado después de por fin liberar el botón, varios ojos oscuros lo observaban. “Bueno… No sería la primera vez que una estúpida niña me hace usar vestidos.” tragó saliva mientras intentaba resignarse y mantener la calma.

“Esa oportunidad ya pasó.” Dijo Tammy al sentarse a una de las mesitas de té. 

“¿A qué te refieres?” 

“Transformarte en niña es un gesto amable que tienen, solo lo usan con quienes les agradan.” dijo al cruzar sus piernas envueltas en mallas y tomar la oreja de una taza.

“Si hacerte un afeminado es porque les agradas, no me quiero imaginar que hacen si les caes mal.” su voz empezaba a temblar.

“Te transformarán en una muñeca de porcelana.” dijo antes de llenar su taza con té.

“¿Qué?”

“Eso es… desafortunado. La porcelana es delicada y aunque juguemos suavemente… esta tiende a romperse.” no se molestó en levantar su mirada de la taza.

“No… no pueden hacerme esto… aléjense de mí…” dijo, pero ellas empezaron a reír, mostrando sus dientes. “Tommy… deténlas.” suplicó.

“Ese no es mi nombre…. supongo que le hablas a alguien más.” dijo mientras cerró los ojos con elegancia para sorber de su té. 

“Nooo….” el grito fue apagado rápidamente mientras las niñas saltaban sobre él. Ella no dijo nada, se quedó mirando su taza vacía, con algunas manchas dejadas por el té de durazno.

“Mira, Tammy. ¿te gusta?” ella miró la muñeca que una niña de vestido celeste sostenía con los brazos extendidos. La muñeca tenía un vestido victoriano de color negro, con volantes blancos y bordados delicados. Su expresión estaba congelada en una de horror.

“Se ve… diferente….” dijo Tammy al tomarla. “Pero es bueno tener variedad de vez en cuando.” colocó a la muñeca en una silla alta frente a la mesita de té. “Ahora es tuya. Disfrútala.” sonrió. “Oh, y no olvides ponerle un nombre.” aconsejó antes de volver a su mesita. 

“Es un lindo regalo. Muchas gracias a todas.” hizo una pequeña reverencia hacia las otras niñas, quienes sonrieron con aprobación.

Aún de pie y con la atención de las demás, tocó su mentón con su dedo índice por un corto momento. “Se llamará…Lori.” la bautizó. Todas aplaudieron desde sus mesitas. “Bienvenida, Lori.” dijeron al unísono.

Minutos después, sirvió más té para sí misma, la tasa de su nueva muñeca permanecía intacta. “Pese a que ahora seas de porcelana y tela, sigues pudiendo sentir.” aclaró Tammy. “No es tan malo. Aquí ninguna sentimos hambre, sed o necesidad de ir al baño. El sueño es una excepción puntual.” le dió otro sorbo al té. “Y ahora, me ayudaste a confirmar.” le dedicó una mirada. “Tampoco envejecemos.”  

Se mantuvo en silencio antes de volver a llenar su taza, usó aquella tetera que había comprobado, no tenía fondo. Vió su reflejo en el té de durazno, dándose cuenta que ya no recordaba cómo lucía su antiguo yo.

“Hubiéramos podido hablar de TANTAS COSAS.” Miró a Lori, con su mueca petrificada. Se mantuvo en silencio, mirándose a sí misma por otro rato hasta volver su mirada a la muñeca. “Por un largo futuro juntas.” brindó con su taza, chocando suavemente con la de Lori.

“Me gusta mucho tu vestido.” Tammy improvisó una voz similar a la de Lance. “Muchas Gracias…Tu vestido también es bonito.” dijo Tammy antes de otro sorbo. “Perdón por ser grosera… solo querías ayudarme” fingió nuevamente esa voz mientras movía la muñeca de porcelana. “Descuida… solo… no vuelvas a ser pesada.” continuó Tammy.

“Seamos las mejores amigas y tengamos aventuras juntas… ” movió su brazo de tela, levantandolo. “Claro que sí.” le chocó los cinco a la muñeca.

El crujir de la puerta principal hizo que todas se giraran a verla abriéndose. Un niño de su edad miraba confundido la habitación, se sobresaltó cuando la gran puerta se cerró tras de sí. Luego intercambiaron miradas en silencio.

“Ho… Hola.” saludó tímidamente. “Hola.” Tammy fue la primera en responder. Luego se giró hacia su amiga. “Celeste, esta vez encárgate tú. Quería charlar un poco más con Lori.” pidió amablemente. La niña cuyo vestido combinaba con sus ojos y su nombre asintió.

Se puso de pie y fue hasta donde estaba aquel niño. Una a una, sus compañeras fueron sumándose. sus miradas fijas empezaban a inquietar al niño nuevo.


FIN

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domingo, 14 de junio de 2026

NORMA PARTICULAR

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Para Sheen ya era normal pasar las vacaciones con su abuela, Sydney. Su casa grande en el campo construida tras una vida de negocios exitosos era un lugar muy acogedor y tranquilo.

Lo que todavía no era muy normal para Sheen, era esa norma particular de su abuela; mientras estuviese allí, tendría que ser su prima ballerina. Eso incluía usar mallas, leotardos, todo tipo de faldas de ballet, e incluso dejarse crecer el cabello para poder atarlo en moños.

Antaño, Sydney había sido dueña de varios gimnasios, negocios que ahora manejaban sus hijos. Pocos sabían que aquello era más un premio de consolación. Desde niña soñó con ser una ballerina, pero la vida y sus medios no le sonrieron. Más tarde, quiso poner una academia de ballet, pero la competencia entre esa poca demanda hacía que fuese una idea económicamente inviable.

Fue con Sheen con quién encontró una forma de vivir su sueño de ser una maestra de ballet sin preocuparse por márgenes de ganancias o análisis contables. Ella no le exigía perfección, que estuviera en el promedio era un resultado que la ponía orgullosa.

Al principio Sheen no podía creerlo, se sentía un poco avergonzado, pero con el tiempo fue cediendo al notar que de esa forma ponía contenta a su abuela e incluso lograba ser su consentido.

En ese momento, él estaba con su traje de ballerina practicando estiramientos en el marco de madera de una de las ventanas. Un lugar inusual para practicar, pero cómodo. La abuela Sydney hizo un excelente trabajo para que toda la casa se sintiera como un lugar seguro y cada rincón fuera un lugar perfecto para practicar de forma sencilla.

En ese momento, ella estaba charlando con unas mujeres en el salón de práctica. Aceptó ser inversora de una academia de ballet y estaba dando unas ideas de cómo quería que fuesen ciertos detalles.

Aunque podía pasar desapercibido al lucir como cualquier otra niña, Sheen prefería no ser visto por nadie que no fuese su abuela mientras era una ballerina.

Pronto escuchó pasos y voces acercándose al pasillo donde estaba. Podía escuchar a su abuela dar detalles de cómo quería que fuesen los uniformes y que tenía a la modelo perfecta para referencias.

Algo que Sheen no sabía era que su abuela lo hubiera dejado usar los trajes masculinos en cualquier momento. Cuando Sydney explicó las normas de su casa, se refería a que quería practicar ballet juntos, no que debía ser específicamente una ballerina.

Sheen, desconociendo sobre los bailarines masculinos, asumió avergonzado que tendría que usar los trajes femeninos. Cuando volvió al salón de prácticas, ya llevaba un tutú y mallas rosadas.

A Sydney le pareció un detalle bastante tierno, era casi como verse a sí misma de esa edad de nuevo. Sumado a que pensó que era Sheen quién prefería los atuendos de niña, nunca le dijo nada al respecto. En cambio, le explicó todo sobre ser una prima ballerina.

Sin embargo, Sydney sabía cómo podía ser la gente y sus prejuicios. Con tal de protegerlo de las malas lenguas y miradas juiciosas, lo había presentado ya como su tímida nieta que no le gustaba mucho hablar con extraños. 

Una mentirita blanca, pero eficaz. ¿Qué es lo peor que podría pasar?


FIN

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miércoles, 10 de junio de 2026

AGOBIANTE ESPERA

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“Carolina, date prisa.” gritó la madre de familia mientras golpeaba la puerta de su hija mayor. “Vamos a llegar tarde.” exclamó muy molesta. “¿Cómo se te ocurre dejar todo para última hora? ¡Irresponsable!” continuó vociferando, completamente furiosa.

Dante apoyaba su espalda contra la puerta de su habitación, prefería quedarse en silencio, no aterrado, solo agobiado. Había visto a su madre perder la calma tantas veces que había aprendido que no era peligrosa, solo muy desesperante.

El problema con ella es que era muy perfeccionista, siempre quería organizar todo a su alrededor a cada que podía. Nunca dejaba que sus hijos hicieran las cosas a su modo. Siempre los presionaba a tomar un cronograma y hacer todo de forma impecable, incluso si eso los ponía más nerviosos que cómodos.

Hoy era la boda de su tía, por fin había encontrado al hombre ideal después de tantas relaciones infructuosas. La madre de Dante estaba un peldaño más arriba de la obsesión por la perfección.

Había estado detrás de todo para asegurarse que; las rosas tuvieran el tono correcto de blanco, que la decoración tuviese el estilo ideal, que los postres fueran del sabor favorito de su hermana e incluso enviando tarjetas EXIGIENDO que usaran la vestimenta apropiada.

Dante en ese momento, prefería pasar lo más desapercibido posible. No solo porque su madre estuviera con el cuarto de hora, sino porque en ese momento no llevaba el atuendo más masculino. Usaba un vestido blanco con flores bordadas, mallas blancas y unos zapatos dorados. Una joyería sencilla de pulsera y collar dorados completaban su conjunto.

Mientras olía el perfume de dulce de durazno, Dante recordaba cómo terminó en esa situación. En la última reunión familiar, era la primera comunión de una de sus primas pequeñas. A él no le interesaba ir, pero fue arrastrado allí.

Aburrido, intentó distraerse con los otros niños. Mientras corría por los pasillos en plena ceremonia, terminó chocando contra el Cura, que a la vez terminó cayendo sobre la fuente de agua bendita, esta cayó sobre su prima que terminó empapada, cayendo de espaldas y enviando a su tía al suelo.

Todos se apresuraron a ayudar a las mujeres, mientras que a él lo llevaron de la mano a un rincón en medio de un montón de miradas de desaprobación. Junto a su madre y hermana tuvieron que retirarse en silencio. Al llegar a casa tuvo la regañada de su vida.

Luego se enteró que habían quedado vetados de las fiestas familiares, al menos mientras lo llevaran a él. Para esta ocasión, su tía había insistido en que no lo quería cerca en tan importante ocasión.

Su madre no quería perderse la boda de su hermana, pero tampoco quería tener que pagar una niñera para un niño tan travieso. Por eso, decidió vestirlo como niña y decir que era una de las amigas de Carolina. Aunque era algo difícil de creer al tener 6 años de diferencia, Carolina relató tan bien el guion hecho por su madre, que todos terminaron creyéndoselo.

¿Cómo convenció a Dante? Cortó en pedacitos todos sus juegos de XBOX 360 y le dijo que haría lo mismo con la consola de videojuegos si no obedecía y se comportaba en la boda. No necesitó decir más para que Dante se apresurara a ponerse el vestido. Aunque obsoleta, era su única consola y su madre la consideraba un lujo innecesario que no reemplazaría.

La sesión de maquillaje había sido larga y agobiante. Dante no podía evitar preguntarse cómo su hermana no estuvo haciendo lo mismo. Ahora su madre parecía un ogro gruñón que estaba por echar fuego por la boca.

Dante solo podía jugar con la peluca o chuparse los labios maquillados. No tenía forma de matar el tiempo como en otras ocasiones. Su consola sin juegos estaba retenida, la computadora guardada y tampoco tenían señal de televisión. 

La espera era agobiante y su atuendo no ayudaba. Se le corrían las mallas, el vestido apretaba y esos zapatos, aunque fueran de tacón muy bajo, ya lo estaban matando y ni siquiera habían salido de casa.

Dante sabía que le esperaba un día demasiado largo.

FIN

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viernes, 5 de junio de 2026

Evento Navideño Escolar

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Escrita por: “Irene Naridza”

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Me desperté y fui al baño a lavarme la cara y los dientes. Lo primero que hice después fue ponerme de vuelta los aretes de rosas que mamá me regaló. Tenía razón, ni bien se fue el efecto del anestésico, me empezaron a doler las orejas, pero no lo suficiente como para impedirme dormir.

Hoy es el programa navideño, casi no suelen darnos clases en estos días, pero nos hacen asistir por protocolo. Y, en efecto, los maestros solo llegaron, pero no nos dieron clases. Solo dijeron: “Avancen en los deberes que dejamos ayer. Recuerden venir al evento navideño que es esta tarde.” La misma frase con punto y letra la repitió cada profesor, uno de ellos solo se asomó desde la puerta para decirla antes de retirarse.

Yo intenté hacerlo, pero Darwin no paraba de molestarme. “Nenathan. ¿Ya preparaste tu vestido para cantar esta tarde?” preguntó. Parece una pregunta genuina que haría mi madre, pero la respuesta sería la misma. “No porque cante junto a las chicas usaré un vestido.” Le respondo sin voltear a verlo y su risa de burro se aleja.

“¿Por qué te pusieron a cantar con las niñas, Nenathan?” escucho la voz de Lucio, el ecuatoriano. Su pronunciación es aún acartonada, pero lo suficiente como para que lo entienda. “Porque la profesora de música dijo que mi voz era la adecuada.” Aunque ya no los tomo, esos caramelos de miel cambiaron mi voz para siempre. No es que cante como sirena, pero es ciertamente aguda y decente… o eso me explicó la profesora.

“Oh sí, tiene lógica, hablas como niña, Nenathan” Pensar que Darwin ya era una molestia, viene este y se suma. “Oye…” me reviro para verlo. “¿Por qué me llaman Nenathan?” Si mal no recuerdo, fue él quien empezó a llamarme así. Incluso a Darwin le pareció un apodo extraño, pero algo le dijo Lucio que lo convenció para comenzar a usarlo siempre.

“Oh, te explico.” me dijo mientras se acercaba con todo y pupitre. “En español; Nena, se usa para referirse a una niña pequeña o alguna chica linda. Pero, nenaza, se usa para referirse a algún cobarde o algún amanerado. Como tu pareces niña, eres delicado y te llamas Nathan, Nenathan logra un juego de palabras muy divertido.” explica todo sonriente. 

“Ya veo.” es lo único que le respondo antes de volver a mis deberes. Tengo ganas de golpearlo, pero no soy fuerte y para los problemas en los que terminaría metiéndome, creo que es mejor ignorarlo totalmente. Él pronto vuelve con Darwin a hablar de deportes y otras tonterías.

La mañana pasó entre escribir todos esos ensayos y escuchar a mis compañeros charlar sobre lo que harían en navidad. Muchos harían lo clásico de pasarla en familia, recibiendo regalos. Uno de mis compañeros presumió que pasaría Nochebuena en Estados Unidos con sus familiares. Fue el mismo que le preguntó a Lucio si iría a visitar Ecuador, pero este dijo que no pues no tenía pasaporte.

No tocaba la sirena para la hora de salida y ya todos estaban yéndose, decidí hacer lo mismo. Desde el autobús me deleité viendo las casas adornadas por colores y cosas brillantes, incluso en la claridad del día se veía increíble. Al llegar a casa, allí estaba mi madre. Tenía listo el almuerzo, pero dijo que fuera a cambiarme antes.

Dejé mi uniforme en la cesta para la lavadora y busqué algo para ponerme. No sé si estoy loco o mi armario es cada vez más femenino. En verdad, no recuerdo que estuviese tan lleno de faldas o pantalones con diseños delicados. Aún tengo cosas masculinas, pero son solo casacas o unos pocos pantalones. Literalmente solo eso, y es raro porque… olvídenlo, ya recordé.

ÉRAMOS POBRES, al menos hasta que mamá obtuvo el trabajo en la clínica. Por eso conservé la misma ropa por años, mamá se ponía nerviosa al ver que cada vez me quedaba más pequeña. Cuando empecé a ser Nadia a medio tiempo, ella empezó a darme toda su ropa de cuando tenía mi edad para usarla al menos en casa.

Ahora soy Nadia más seguido y no suelo salir mucho siendo Nathan si no es para el colegio, es lógico que no tenga mucha ropa masculina… como sea. Tal vez le pida que me compre ropa masculina aprovechando las ofertas navideñas.

Mamá debe estar poniendo todo en mi armario, reemplazando lo que definitivamente no me queda, como esa camiseta de Piolin que usé hasta que luchaba para ponérmela y me quedaba muy ajustada. Ahora tengo para escoger… entre blusas, pero ya es una mejora.

Me pongo unas mallas negras con puntos violetas, una falda violeta que me cae hasta los tobillos y un sueter negro con cuello de tortuga. Es increíble todo lo que mamá guardó por décadas. No se ve nada mal. 

Al bajar, ella me mira de reojo, como si me analizara. “Tengo una idea.” Dice mientras se quita las horquillas blancas que llevaba. Se me acerca y usa una para recoger mi cabello hacia un lado, acomodando los mechones tras mi oreja, dejando lucir por mis aretes. 

“Son muy prácticas.” dijo ella antes de darme la otra horquilla. “Vamos, inténtalo.” me indicó. No me fue difícil hacerlo, ella aplaudió con el resultado mientras me veía en el espejo de la sala. Nada diferente a lo de antes, veo a una linda niña con un lindo peinado y esta vez, unos lindos aretes… vaya, y ahora se sonroja un poco… no puedo evitarlo.

“¿Quieres que vaya a buscarte horquillas?” le pregunto mientras volvemos a la cocina. “No será necesario, quedatelas.” responde antes de sentarse. Tomamos todo y vamos al comedor. “Nadia. ¿Ya preparaste tu vestido para cantar esta tarde?” preguntó de la nada y casi escupo mis verduras.

“Mamá...” logro decir después de regular mi ingesta. “No porque cante junto a las chicas usaré un vestido.” Ella empieza a reírse torpemente. “Era solo una sugerencia.” Continúa un poco antes de continuar comiendo.

Después de comer y lavar platos, mamá dijo que tendría que salir a hacer unos trámites, pero que volvería a tiempo para llevarme al colegio. Tengo que llegar un poco antes para un último ensayo para el recital.

Yo me dediqué a seguir con los ensayos, mientras ponía música en la grabadora de mamá. Tiene un librito lleno de discos muy buenos de baladas, aunque las de español no las entiendo mucho, tiene buen ritmo. Terminaba un ensayo a la par que tenía que levantarme a cambiar de disco, así hasta que finalmente los terminé todos. 

Estiré mis dedos para liberar tensión, pude escuchar un par de crujidos. La marca del esfero es más notoria y mis dedos están algo morados. Asusta un poco, pero afortunadamente, mamá ya me explicó que eso es normal y basta con reposo.

Como prometió, mamá volvió a tiempo. Llevaba consigo varias fundas con medicamentos. “¿Te ayudo con eso mamá?” Sugerí.“No, puedo sola.” dijo con voz seria. “Es un material delicado que me encargaron.” De un segundo a otro, volvió con su cara simpática.

Mamá a veces se pone así cuando trae medicamentos, creo que son de su trabajo. Supongo que es normal que maneje ese material con esa seriedad teniendo en cuenta el buen salario que gana ahora. ¿Qué hace con tanto dinero que todavía no tengo ropa nueva? Ella dice que está ahorrando para una casa nueva y un mejor automóvil. Lo que tenemos ahora no está mal, pero dice que está lejos de su trabajo y lugares que le interesan.

“¿Irás con eso al programa navideño? No está nada mal.” bromea nuevamente. “Oh…” veo que sigo con la ropa femenina. “Iré a ponerme el traje navideño.” Digo antes de ir a mi habitación.

Después de un rato, volví a la sala, donde mi mamá esperaba. “Todo listo.” Digo al mostrarme con el disfraz de Papá Noel que nos dieron en el colegio. Ella frunce los labios. “Bueno… si tú lo dices.” Habla con genuino desinterés.

El viaje en auto fue rápido, no hubo mucho tráfico pues aún íbamos temprano. Ella me dejó en la entrada del colegio. “Adelántate, iré a estacionar el auto.” me indicó. Yo asentí y empecé a caminar adentro. Los adornos de Navidad hechos con papel ya estaban siendo colocados por los mismos profesores que no se veían muy felices.

Fuí directo al aula de música, la profesora se alegró al verme. Me puso junto a las otras niñas para repasar el recital una vez más. Era una presentación simple con las canciones de ‘Blanca Navidad’ y ‘Feliz Navidad a todos’ Perfeccionamos todo enseguida.

Después de eso fui a sentarme con mamá porque en realidad no había mucho más que hacer antes de que empezara el evento. Que constó de canciones hechas por distintos grados escolares, presentación de títeres, un refrigerio de pan y leche chocolatada, más títeres y ahora sí, mi turno de cantar.

Me levanté y me dirigí al escenario. Perdí el equilibrio repentinamente y caí de bruces. Como puse mis manos, no me golpeé la cara, solo las rodillas. Me esforcé en cubrir mis aretes con mi cabello para que nadie los notara. Al revirarme, vi el pie de Darwin interrumpiendo el camino por donde pasé, una sonrisa estúpida muy grande estaba en su rostro.

“Oye. ¿le metiste el pie?” preguntó mi madre al levantarse de su asiento. Darwin se hizo el sordo. “¡Oye!” repitió en voz alta, pero siguió como si nada. “Darwin. Fuera de aquí.” dijo el maestro de matemáticas. Él intentó seguir fingiendo no escuchar nada, pero el profesor fue hasta su asiento. “Te lo advertimos, retírate.” dijo alzando la voz.

Eso fue suficiente como para que Darwin se pusiera de pie y se fuera sin decir nada, pero mirándome de reojo. Yo solo pude reírme mientras lo hacía. 

Noté también que el pantalón rojo del traje tenía una pequeña rasgadura a la altura de la rodilla. Era pequeña, pero al menos yo, pude notar mis mallas de antes. No, no me las quité, hace frío. Además, de no ser por ellas ahora tendría una raspadura seria en la rodilla.

Allí en el escenario canté con ambas canciones como estaba planeado. Pude ver a mamá grabando con su cámara desde su asiento. Su sonrisa me hizo sentir feliz.

El resto del evento fue sencillo, más canciones y un último agasajo navideño que consistía en un cuadernillo y pinturas. Lucio no estaba muy lejos, lo oí decir que en su país se regalaban algo llamado ‘fundas de caramelos’ que consistía en fundas pequeñas con diseños navideños llenas de galletas y distintos tipos de dulces. Suena como un buen regalo rápido.

Después de eso, el director nos deseó una feliz navidad, feliz año nuevo y que la pasáramos bien en estas vacaciones.

En menos de lo que pensaba, estábamos de vuelta en el auto compacto de mamá. Fuimos a cenar en un local de pizza. Antes de bajarnos, mamá me quitó el sombrero navideño y me revolvió cariñosamente mi cabello.

“Noté que rasgaste tus pantalones.” dijo mientras extendía su brazo hacia la parte de atrás. “Por suerte vine preparada.” de una bolsa sacó una falda roja, del mismo estilo navideño que mi traje. “Gracias.” fue lo único que se me ocurrió decir. Se nota que deseaba verme con algo más femenino en esta ocasión.

Cuando entramos a la pizzería, ya lucía la falda y mi cabello suelto libremente, era Nadia de nuevo. Mamá pidió una pizza de pepperoni y soda de manzana que nos encanta a ambas. Hace solo un año esto sería una cena algo costosa, ahora… Es una cena de pizza entre madre e hija.

Mamá es la más sonriente. “Estoy muy orgullosa de tí, Nadia.” dice mientras esperamos la pizza. “Diste una presentación casi perfecta.” dice haciendo una mueca. “¿Por qué ‘casi perfecta?’” preguntó confundido. “Tu atuendo estaba roto, si tan solo me hubieras escuchado y hubieras usado una falda desde el principio, tendría un recuerdo perfecto.” dijo antes de reír.

“Bueno… si quieres podemos regresar y volver a cantar.” digo de forma despreocupada, de repente ella toma mi mano. “¿Eso es posible?” dice dándome un apretón. “Bueno… ahora lo es.” ella me mira fijamente.

“Desde hace varios meses ya no hay guardias, escuché que ya no podían pagarlos. Ahora simplemente ponen candados, pero son fácilmente forzables.” explico. “¿Cómo sabes eso?” pregunta mirándome de reojo. “Bueno, a veces olvidaba cosas y para cuando volvía al colegio, estaba todo vacío y cerrado.” me excuso. “Es fácil entrar por una de las ventanas.”

Ella vuelve a sonreír y tocó el brazo de una mesera que pasaba junto a nosotras. “Nuestra orden para llevar, por favor.” Todo pasó rápido y cuando me dí cuenta, estábamos nuevamente en el estacionamiento de mi colegio.

Me pidió que le mostrara la dichosa entrada. Normalmente, no hubiera puesto un pie fuera del auto mientras llevaba falda estando en lugar donde sí me conocían, pero como el lugar estaba desierto, pude animarme.

La llevé hacia uno de los rincones y le señalé una de las ventanas. Ella comprobó que no estaba bloqueada. Me ayudó a entrar y me llevó de la mano por los pasillos. “Es un alivio que no haya cámaras.” dijo mientras llegábamos a las puertas del auditorio. “Los recortes públicos al fin son un alivio.” dijo mientras entrábamos.

No le fue difícil encontrar los paneles de energía y encender la luz. Me dió un micrófono que funcionaba y fue a sentarse en la zona del público. Encendió su cámara y me apuntó. Yo me quedé sin saber qué hacer, era demasiado extraño.

Entonces noté esa mirada esperanzada en el rostro de mi madre, no podía entender por qué, pero el vivir cada momento especial conmigo siendo Nadia era mucho más importante para ella de lo que puedo imaginar.

Aclaré mi garganta y empecé a cantar esas mismas canciones navideñas, esta vez no porque fuese una presentación donde me relegaron. Fue para complacer al público más importante que tenía, mi querida madre. Supe que lo hacía perfectamente al notar un par de lágrimas en sus mejillas.


Continuará...




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