martes, 2 de junio de 2026

LA CADENA DORADA - HISTORIA TG COMISIONADA POR Anónimo.

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Escrita por: “Irene Naridza”

Comisión pagada por “Anónimo”

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Maldición. Todavía estoy muy lejos de casa y casi no siento mis piernas. Debo haber caminado ya más de 10 kilómetros. Al menos el sol ya se ocultó entre las nubes. Eso es bueno, ya no me queda dinero, me queda poca agua en esta botella y ningún auto se está deteniendo. 

Insensibles. ¿Por qué no les conmueve una chica caminando a lado de la carretera? Qué dilema es este en el que me he metido.

Yo era un chico universitario llamado Kevin. Estudio contabilidad y me iba regular. Cuando llegó mi etapa de prácticas profesionales, me enviaron a una vieja casa de empeño que tenía más polvo que objetos de valor en sus repisas. 

Aun así, la anciana que dirigía el lugar seguía atendiendo gente que venía de vez en cuando a cambiar oro o cheques. Hacer su documentación era tedioso, pues debía pasar a digital las anotaciones a mano de la anciana y por su edad, no tiene la mejor caligrafía. Encima tenía que limpiar mi zona de trabajo si no quería estornudar erráticamente.

La anciana siempre limpiaba torpemente, enfocada en contar sus historias de cómo antaño, esa era una Casa de Empeño llena de clientes que le traían todo tipo de tareas y objetos misteriosos, casi mágicos. Yo siempre le daba la razón en todo, para contentarla y hacer que me diera un buen trato.

Esto que voy a contar, no me enorgullece, pero… es lo que pasó. Antes de que terminaran mis prácticas, noté que la anciana dejaba olvidados muchos de los objetos de la tienda. Uno de ellos, era una cadena de oro que estaba literalmente enterrada en polvo. Si no fuera porque yo limpiaba, jamás la habría notado en la parte baja de esa vitrina.

Me llamaba mucho la atención los símbolos extraños que tenía grabados en cada eslabón. Una rápida investigación dijo que eran algo de tribus antiguas de Europa del este. Esa cadena debía ser toda una reliquia, una de buen valor.

Revisando los inventarios de la anciana, ni esa cadena ni otros objetos estaban en sus garabatos que tenía en sus cuadernos. Para no levantar sospechas si alguna vez recordaba estas cosas, solo tomé la cadena antes de irme.

Las siguientes semanas, no escuché que ella pusiera alguna queja o que notara su ausencia. Había logrado sacarla sin que se diera cuenta de nada.

Por sí sola no me servía de nada, necesitaba dinero, no presumir cosas costosas. Fue así como se me ocurrió ir a Las Vegas. Aproveché que tenía un fin de semana libre y que tenía un poco de dinero ahorrado.

Mi plan era ir a una tienda de joyas y venderla. Conocía algunas que no pedían comprobante de propiedad, pero a cambio no te daban el precio completo. Era un cambio justo.

Mi amigo que está en la facultad de derecho me ha contado que hay UN MONTÓN de formas de seguir las pistas de alguién. Por eso decidí ir en bus. Sería más discreto que ir en auto y dejar registro de placas en los peajes. También decidí dejar en mi habitación del campus mi identificación, así ni aunque de alguna forma me requisaran, no sabrían quién era.

Allí en el bus decidí ponerme la cadena y tomarme un par de fotografías con mi teléfono. La vendería de todas formas, pero no estaba mal tomarme un par de fotos antes de hacerlo. Se me veía genial, brillaba de forma discreta alrededor de mi cuello, resaltando de forma elegante entre mi chaqueta negra y mi camisa blanca.

Empezó a darme sueño, por lo que me acomodé en mi asiento y bostecé antes de cerrar los ojos. Antes de quedarme dormido, sentí un calorcito recorrer todo mi cuerpo, pensé que era la comodidad, por lo que simplemente me seguí poniendo cómodo.

Me desperté de golpe cuando sentí que alguien me tiraba al suelo. Todo estaba de cabeza y escuchaba susurros, no me daba cuenta aún de nada. Entonces, en el pasillo del autobús, ví como un sujeto encapuchado y delgado se estaba bajando corriendo del bus con la cadena de oro en la mano.

De inmediato, grité que lo detuvieran y lo raro empezó. Mi voz era muy aguda y femenina. Pensé que era por no tomar agua, por lo que me puse de pie e intenté perseguirlo. Me vi ralentizado porque mi ropa me quedaba grande. 

Cuando llegué a la puerta del bus, ví al sujeto subir en una moto dónde lo esperaba un secuaz y alejarse rápidamente. Solo allí me di cuenta de dónde estábamos en una pausa en la gasolinera.

Intenté pedirle a alguien que persiguiera a esos tipos, estaba muy alterado. Fue en eso cuando un hombre se me acercó y me preguntó. “¿Está bien, señorita?” eso me dejó sin palabras, lo ignoré e intenté explicar que ese sujeto me había robado la cadena.

Fue en eso que pude verme en el reflejo del parabrisas del bus… me había convertido en una chica. No sé qué me ocurrió, de pronto perdí fuerza en las piernas y luego solo vi blanco.

Recuerdo despertarme en una camilla de una ambulancia. Mucha gente me estaba viendo y un par de policías querían hablar conmigo. Yo seguía tan alterado, sin saber que hacer ni por dónde empezar. No podía decir palabra alguna.

No tenía idea alguna de cómo terminé con esta forma… probablemente haya sido esa cadena, pero incluso ahora no estoy seguro. Lo que sí estaba seguro en ese momento, es que lo que menos debía hacer era llamar la atención.

La idea de denunciar el robo era ideal. Pero eso implicaría que me pregunten de dónde saqué la cadena o quién era yo. Decir que era un chico y que la había robado era tan descabellado que si no terminaba en la cárcel por hurto habría terminado en algún manicomio.

No pude evitar que me llevaran a la comisaría, solo guardar silencio. Allí dije que no quería presentar cargos y que solo quería irme a casa. Ellos no insistieron y se ofrecieron a llamar a mis familiares. Les dije que estaba bien, que no lo necesitaba. No podía esperar a que me dejaran ir, cuando ellos me dijeron que tomarían mis datos como registro rutinario.

Me quedé en blanco cuando me preguntaron mi nombre y número de identificación. Estaba por decirles mis credenciales reales, pero temiendo que se dieran cuenta de todo, simplemente me quedé en silencio.

Inventé que por la presión y porque me golpeé la cabeza, no recordaba mis datos. Ellos dijeron que intentara revisando mi billetera. Decirles que no la traía hubiera sido muy sospechoso, pero para mala suerte, o buena suerte en ese caso, al buscarla mi billetera noté que no la tenía, solo mis llaves quedaban. Decidí usarlo como excusa para poder irme.

Ellos entonces solo pidieron mi nombre, para dejar alguna constancia. Un nombre inundó mi mente, “Kendall McLean” dije sin saber de dónde venía. Eso les bastó y finalmente pude irme. Es así como terminé aquí varado en la ciudad. Sin dinero, sin identificaciones y sin idea de lo que realmente había pasado con mi cuerpo.

Sin saber qué hacer, me quedé sentada en un parque cercano. Intentaba pensar en una forma de volver, pero no se me ocurría nada. De pronto, algo cayó frente a mí. Al verlo bien, noté que era un billete de 5 dólares. Al levantar mi vista, vi a un hombre con traje que me miraba con lástima mientras se alejaba. ME ESTABAN TOMANDO POR ALGUNA VAGABUNDA.

Indignado, pensé en tirarle el dinero, pero luego, pensé en mi situación. Una chica joven con aspecto desaliñado y con ropa que le queda grande. A simple vista… en verdad parecía una chica de la calle.

Como no tenía dinero. Decidí seguir sentado allí, dando lastima para conseguir un poco de limosna. Intentaba reunir lo suficiente para al menos volver a casa. Puse una lata que había sacado de un basurero cercano para dejar más claras mis súplicas.

Por el resto de la mañana, la gente siguió dándome algunas monedas. La lata se llenó rápidamente. Lo bueno de Las Vegas es que hay mucha gente con dinero. Muchos vienen a malgastarlo en los casinos, por lo que, no sentía que los estafaba de ninguna forma.

El único problema era el sol. Pero estar cerca de una fuente era un poco refrescante. Me hubiera gustado quedarme más tiempo. Pero vi que alguien me señalaba a la distancia. Al fijarme, noté que estaba con unos policías.

Antes pensaba que eso de echar a los vagabundos de las zonas públicas es algo cruel, ahora sé que es completamente inhumano. Terminé caminando sin rumbo otra vez, pero al menos ya con algo de dinero.

Fui directo a una terminal de buses e intenté pedir un boleto de vuelta a mi ciudad. Pero me exigían dar alguna identificación. Eso es una tontería, tenía el dinero justo, pero insistieron en que sin identificaciones no podían vender. ¿Cuál es la necesidad de las empresas de siempre querer los datos personales de los clientes? QUE TONTERÍA, en otros estados no te piden eso.

Con menos opciones. Decidí que regresaría caminando y pidiendo aventón en la carretera, pero primero necesitaba comprar comida y algo nuevo que ponerme. Lo bueno es que incluso aquí hay tiendas de segunda mano con baratijas. Lo malo, es que no siempre tienen lo más discreto.

Lo único que estaba en mi presupuesto eran unos pantaloncillos de mezclilla cortos y algo apretados. Decidí comprarlos ya que, de todas formas, hacía mucho calor. También compré unos tenis de mi talla de color blanco. Mi camisa y chaqueta, aunque algunas tallas más grandes, se sentían bien, aunque tenía que llevar la chaqueta en la mano.

Pude cambiar mis zapatos y pantalones de hombre al vendedor por unos cupones de comida para un restaurante cercano. Por supuesto acepté. La comida nunca supo mejor, aunque sabía que esos restaurantes servían peor comida que las cadenas de comida chatarra.

Lo último que compré fueron unas botellas de agua y me puse a pedir aventón de vuelta a mi ciudad. No tardé en conseguirla, un sujeto joven se detuvo de inmediato y me preguntó muy sonriente a dónde iba. Lo bueno de ser una cara bonita, supongo.

Al subirme se puso a interrogarme incluso más que los policías. Preguntó de dónde era, qué me gustaba y si tenía novio. Sabía a dónde quería llegar, yo mismo había usado esa técnica de ligar antes, pero siendo más discreto. Este tipo no podía ocultar estar algo urgido por tener una cita.

Pensé en decirle las palabras mágicas para quitármelo de encima. “(Vuelvo de un seminario. No puedo esperar a ver a mi novio.)” eso en definitiva funcionaría, pero también podría hacer que me dejara a un lado de la carretera. Por lo que simplemente me la pasé dándole la razón en todo lo que decía.

Cuando finalmente llegamos a mi ciudad, decidí darle el primer número que me vino a la mente. Le dije que había perdido mi celular, pero que ese era el número de una amiga. Eso lo hizo sonreír. Me siento un poco mal por él, pero no podía complacerlo como él buscaba.

Caminé otra hora hasta poder llegar al campus, por un momento pensé que no me dejarían entrar sin identificación. Probé caminar despreocupadamente por la entrada y… el sujeto de la caseta solo me chifló y se rió entre dientes cuando volteé a verlo. Sonreí torpemente y seguí mi camino.

Apenas pude evitar correr por los pasillos hacia mi habitación. Al entrar, sentí mi corazón caer al piso. Mis cosas no estaban. Mis sábanas rojas ahora eran violetas y mi escritorio dónde estaba mi laptop ahora tenía una MacBook con unas estampas de ositos.

Estaba desesperándome cuando alguien tocó mi hombro y me volteé sobresaltado. Una chica que nunca había visto estaba allí. “Kendall. aquí estás.” dijo ella. “¿Quieres salir un rato?” dijo despreocupada. “Las chicas y yo vamos a salir por café en ese nuevo StarBucks.”

Me quedé quieto, esperando que notara que no era a quién buscaba, pero ella me seguía mirando, esperando una respuesta. “¿Estás bien?… luces algo quemada. ¿saliste a caminar?” su tono preocupado no hacía más que confundirme más.

“Te pondré una pomada.” antes que pudiera decir algo, me tomó de la mano y me sentó en una silla cerca del escritorio. Allí recordé algo. Abrí lentamente el cajón del escritorio. Entre lápices, una calculadora y un paquete de compresas estaba una identificación. “LICENCIA DE CONDUCIR DE CALIFORNIA.” leí en voz baja mientras esa chica buscaba la pomada.

La levanté para verla. “NOMBRE: KENDALL MCLEAN PANE – Fecha de nacimiento: 26/05/2005 – SEXO: Femenino. – Estatura: 1,61 m – C. OJOS: Marrones – DIRECCIÓN: Bakersfield, CA.” 

Allí, estaba yo… o al menos. La chica que ahora era yo… esto no puede estar pasando.


FIN

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---------- Opinión de la Autora ----------

- Esta es mi primera comisión pagada, muchas gracias por el encargo. Espero les guste.

- Como es un encargo, se sube fuera del calendario usual de mis historias.

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