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Escrita por: “Irene Naridza”
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Alexa estaba muy ocupada con exigencias de su trabajo, su jefa no le estaba dando ni un respeto pues un importante cliente le pidió algo urgente. Era una campaña publicitaría para aprovechar lo mediático que era el ambiente futbolista de la Copa del Mundo.
Sin embargo, hoy Alexa no solo estaba sobrecargada por su trabajo, su hija Rose había estado pidiéndole que la llevara al centro para comprar algo que quería.
“¿Cómo va la búsqueda de trabajo?” preguntó Alexa cuando tuvo un respiro. Iba a la cocina por agua, pero no pudo ignorar la buya del televisor en la sala. Allí estaba su esposo, Richard. “Ya envié mi hoja de vida a todas las vacantes que encontré. Solo estoy esperando alguna respuesta.” dijo antes de darle un trago a su cerveza.
“Cariño, creo que te estás tomando esto muy a la ligera.” Alexa habló con un tono serio. “Tranquila amor, solo estoy dándome un descanso.” reclinó el sillón.
“No es un descanso. Te despidieron por dormir en el trabajo.” contestó su esposa. “¿Lo ves? Trabajaba tanto que me quedaba dormido.” intentó excusarse sin despegar su mirada del partido. “Trabajabas en una caseta de un centro comercial.” replicó ella.
Él ya no contestó, solo brincó para celebrar el gol de una selección de un país del que no había escuchado antes. “¿Estás apostando por esa selección?” preguntó Alexa. Él había dicho que ganaba algunos dólares gracias a las apuestas.
“¿Qué cosa?” Richard se frenó en seco. Ambos se quedaron viendo fijamente por unos segundos, sin mover un músculo, solo acompañados por el sonido del televisor. “Oh… las apuestas… sí… lo había olvidado…” dijo escondiendo su rostro. “Pero apostaré en el siguiente partido.”
Alexa contuvo su enojo apretando los puños, estuvo así por un momento hasta que dio un largo suspiro. “Richard, no dudo que vayas a conseguir un trabajo. Siempre te las arreglas para conseguir uno, pero en este momento, solo estás holgazaneando.” lo regañó.
“Escucha, Rose quiere ir a comprar un libro de su autora favorita. Justamente sale hoy y yo no tengo tiempo para llevarla.” dijo bajando el tono de su voz, dando incluso una pausa para volver a suspirar. “Así que, por favor, llévala tú.” Al levantar la vista de nuevo, vio que Richard estaba con la vista pegada al televisor.
“Richard…” intentó llamarlo, pero él no contestó. “RICHARD” exclamó, ahora sí obteniendo su atención. “¿Si amor?” contestó él. “¿Escuchaste lo que te pedí?” preguntó esperando una buena respuesta. “Perdón ¿qué dijiste?” dijo con auténtica confusión.
Alexa sintió que su rostro se calentaba, Richard se puso nervioso con esa reacción.
El cielo despejado se vio sacudido por un estruendo posterior a un destello. Un relámpago violeta impactó en el techo de aquella casa.
De vuelta en la sala, ya no había tanto ruido. El televisor se había apagado y habia una neblina de color violeta por todas partes. “Ahh, un incendio.” chilló una voz suave. “¿Qué…qué está ocurriendo?”
La neblina se despejó tan rápido como había llegado, allí en el sillón ahora estaba una niña de como 12 años dentro de ropa que le quedaba muy grande. Era nada menos que Richard… no daba crédito a lo que veían sus ojos o a lo que sentía ahora.
“Alexa… creo que estoy alucinando.” levantó su mirada para encontrarse con el rostro de su esposa, pero allí solo encontró un rostro rojo que parecía lanzar fuego por los ojos. “AHHHH, UN DEMONIO.” volvió a chillar mientras intentaba esconderse en el sillón, que ahora le parecía enorme.
“Bruja.” corrigió Alexa. “Mira lo que has hecho.” dijo con una voz escalofriantemente ronca. “No puede ser…” dijo Richard. “Si me convertiste en niña… eso significa que vas… ¿vas a comerme?” dijo con voz temblorosa.
“¿Qué?” Alexa volvió a su rostro de siempre. “Eso es un inventó de los hombres para criminalizarnos.” respondió ofendida. “No comemos niños, maldita sea.” exclamó. “O al menos no es una práctica de mi clan.” dijo susurrando esta vez.
“Esto no fue intencional.” puso su mano en su barbilla. “Las brujas usamos magia como reacción reflejo, algo así como cubrirse en situaciones repentinas.” explicó. “Esto ocurrió porque tu en verdad me sacaste de quicio.” habló apretando los dientes.
“Eso no explica el porqué del hechizo de regresión… pero mira el lado bueno, ahora puedes salir con Rose y comprar ese libro que quiere.” dijo mientras se cruzaba de brazos.
Ricciardo no podía creer lo que oía. “ESTÁS LOCA” fue lo primero que pudo vocalizar después de un rato. “ESTOY FURIOSA.” exclamó volviendo a encender su rostro en fuego. “lo… lo siento.” Richard volvió a tiritar.
“Espera… si eres una bruja… ¿Por qué no usaste un hechizo para que Rose no te molestara?” preguntó con miedo. “¿Por qué crees que no se ha asomado a ver que ocurre en la sala?” respondió su esposa. “Pero no estará así por mucho tiempo, estos hechizos son temporales, allí es donde entras tú.” señaló quién antes era su esposo, quién se movía como gelatina.
“¿No es esa una forma desproporcional de usar tu magia?” preguntó Richard, arrepintiéndose al siguiente segundo. “Creo que me quedé corta contigo.” respondió Alexa. “Usualmente la uso para ser la mejor trabajadora de la empresa. Aunque eso me está trayendo más trabajo que dinero.” dijo hastiada de su situación.
“Estarás así a más tardar hasta el atardecer. Así que se bueno y acompaña a Rose por hoy.” pidió mientras le daba una palmadita en la cabeza. “Esto es ridículo, no puedo hacerlo.” contestó Richard. “ENTONCES TE CONVERTIRÉ EN RANA ” Alexa lanzó fuego por ojos y boca, encendiendo el techo.
“EEEEK” chilló Richard. “Oh, por Baphomet.” Alexa se dió cuenta de lo que hizo, chasqueó sus dedos, sus llamas retrocedieron, dejando todo intacto y sin rasguños. Cuando volvió su mirada a Richard, estaba con lágrimas en los ojos y un olor salado inusual.
“Me… me refería a qué…” él tartamudeó. “No tenía ropa para la ocasión.” aguantaba las lágrimas. Alexa se llevó la mano al rostro. “Sí… ya me encargo… pero creo que tendré que hacer unos hechizos de aseo adicionales.” empezó a buscar en su mente las palabras que necesitaba.
UNA HORA DESPUÉS.
“Ven Rachel, ahora vamos por unos helados.” dijo Rose con emoción al caminar entre saltitos hacia la puerta giratoria del centro comercial.“Ya voy.” dijo Richard, quien caminaba muy atrás sin muchas ganas, cargaba algunas tres bolsas. Una con un peluche, otra con ropa y la última con aquel libro que su Rose tanto quería.
En los espejos internos de la puerta giratoria, Richard pudo ver su reflejo y el de su hija.
Alexa había usado un hechizo de aseo que le quitó toda la mugre que tenía encima y lo dejó oliendo a flores. Luego chasqueó los dedos de nuevo y le dió un atuendo bastante similar al que Rose solía preferir para salir de paseo.
Consistía en un vestido heterogéneo. La falda plisada tenía un patrón de cuadrados y círculos de colores por todos lados y la parte superior era de un solo color sólido. El de su hija era violeta pálido y el suyo de un rosa algo chillón.
También usaban unas mallas blancas y zapatos bajos negros. Rose usaba unos sin hebilla y Rachel usaba unos de cinta elástica.
Su hija tenía un collar adicional. A simple vista, parecía un collar de perlas sintéticas, pero en realidad era un amuleto de protección hecho por Alexa. No eran perlas, era una especie de fruto de un pez mágico de los lagos de su pueblo natal. Impedía que los hechizos oscuros de otras brujas la afectaran e incluso alejaba a personas malintencionadas.
No le dio uno a Richard, le aseguró que él estaría bien siempre y cuando estuviera con Rose, por lo que era una razón más para no perderla de vista durante su paseo.
“¿Por qué no compramos helado dentro del centro comercial?” preguntó Richard, aun sin acostumbrarse a la voz de su cuerpo temporal. “Es muy caro, además. Aquí no tienen el sabor que quiero.” dijo con una sonrisa antes de adelantarla dando saltitos.
Mientras se alejaban, Richard escuchó como dentro del centro comercial, la gente que se había congregado para ver los partidos por las pantallas gigantes del patio de comida rugian de emoción ante un aparente gol.
En su mente se preguntaba sobre cuál selección y jugador habría anotado, a ello se le sumaban más incógnitas. Todas esas conjeturas se esfumaron al volver su mirada al frente y ver que Rose estaba bastante lejos.
“HEY, ESPÉRAME. NO ME DEJES AQUÍ.” gritó antes de acelerar el paso para alcanzarla. Rose había comprado más cosas que solo su libro favorito. Su madre le había dado una tarjeta de regalo con crédito suficiente para que aprovechara y comprara todo lo que quisiera de una vez. Eso se traducía en que ahora Rachel estuviera cargando con más de una bolsa.
EN ESE MISMO MOMENTO, PERO DEVUELTA EN CASA.
Alexa se daba otro respiro para beber una octava taza de té verde. Ya estaba usando su magia al máximo para terminar más rápido las pancartas que le pedía su jefa, pero al ver la fila de tareas, se dió cuenta de que recién iba por la mitad.
En ese momento recordó cómo su madre siempre le advirtió que salir de su pueblo de brujas no sería la mejor idea. No solo tendría que cuidar que nadie se diera cuenta de que era una, tenía que acoplarse a muchas reglas que allí en su pueblo — gracias a un trato con el gobierno — no tenían validez.
Pensó en Richard, ahora una niña de forma temporal. Sandia que no se le ocurriría decir nada al respecto. No solo por miedo a ella, si no porque sabría que nadie le creería o peor. Al menos había demostrado ser de los más discretos en ese tipo de cosas, pero no en otras.
Alexa recordó también cómo su madre le dijo que si iba a buscar una pareja masculina, buscara un buen espécimen. Un hombre fuerte, apuesto o al menos con una acaudalada riqueza. Alexa en cambio, decidió quedarse con un chico que siempre la hacía reír.
No era que se arrepentía de haberse casado con él ni formar una familia. Era que odiaba cuando Richard se ponía hipnotizado por esos partidos de fútbol que hacían periódicamente. Alexa empezaba a considerar que tal vez un hechizo de corrección de gustos sería lo más aventajante, no sin antes de uno de borrado de memoria.
No era que no confiara del todo en Richard, solo no quería que le empezara a pedir que usara su magia para tonterías cotidianas. Alexa se estiró y volvió a su escritorio, con mucho trabajo por delante, pero al menos, en algo que ella había decidido.
FIN
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