martes, 24 de febrero de 2026

LA NIÑA DE MAMÁ - PARTE 8 - RECITAL NAVIDEÑO

 

----- Parte 9: No es lo que ella quería, pero está satisfecha -----

-- Escrito por “Irene Naridza”

Mientras avanzamos en el sedán por las calles de la ciudad, me siento confundido. No se como afrontar esto, pero supongo que ya se me ocurrirá estando allí. Estamos de camino al recital… como espectadores. Sí, es un poco vergonzoso que la única forma de estar allí sea pagando un boleto de entrada.

Mi madre ya sabía que sí me interesaba. No le dije textualmente, pero verme llorar casi a moco tendido por no lograr un puesto le dijo todo. Además, en el paquete de las clases de ballet venía un 25% de descuento en boletos de zona general para el recital final para las alumnas que no fueran seleccionadas y hasta 2 representantes.

Los boletos en dicha zona estaban a 800 maygels (20 dólares), con el descuento son solo 600 maygels. No es mucho, pero al menos podemos usar esos 200 maygels para comprar canguil y sodas. Realmente me gusta una soda de color amarillo, Picchu Cola. Si mal no estoy, fue creada en Perú. La receta es tan buena que una cadena de refrescos multinacional la compró.

El frío del invierno puede sentirse cuando mamá y yo bajamos del sedán en el estacionamiento. Estoy usando una sudadera celeste con corazones y un calentador blanco con rosas bordadas. Por debajo está mi traje de ballerina, incluso me peiné con el moño. Es porque quería sentirme parte del espectáculo de alguna forma.

Llegamos un poco temprano para evitar las largas filas cuando faltan pocos minutos para el recital. Mientras caminamos hacia el teatro municipal me doy cuenta de que no somos los únicos tempraneros ni yo la única en llevar un traje de ballerina.

Dos hombres llevan de la mano a dos niñas pequeñas vestidas con trajes de ballerina completos. Desde el tutú amplio hasta las zapatillas punteras, solo que llevaban colores distintos.

Mientras hacíamos la corta fila pude escuchar como las niñas estaban muy emocionadas. “Papis, nos van a inscribir en clases de ballet ¿verdad?” chilla la que tenía tutú violeta. “Claro, azucarillo. Pero si sacan buenas calificaciones.” Dice el hombre de chaqueta roja.

No pude evitar sonreír. es muy aconsejable comenzar con ballet a temprana edad si se quieren resultados profesionales. Madame Melody sí tiene clases más avanzadas, pero el ballet simplemente no es para mí en un enfoque más avanzado. Este recital era la única oportunidad para estar bajo los reflectores sin dejar de lado mis otros planes.

“Aug” suspiro mientras trato de resignarme. Una vez estamos dentro, la calefacción hace que me sienta más cómoda. “Creo que deberíamos comprar las picaditas cuando empiece el recital. Dudo que si lo hacemos ahora duren hasta que siquiera apaguen las luces.” Me mamá dice con una sonrisa. Asiento en silencio y buscamos nuestros asientos, 14G y 15G.

Creo que mejoraron los asientos. Pues al sentarme estos se sentían más agradables. Estuve aquí hace dos años por que mamá quería ver el recital de Madame Melody de esa ocasión. Como en ese entonces no me gustaba el ballet, me aburrí mucho. Por no hablar del cuero duro que tenias las sillas en ese entonces.

No me gustaba porque yo mismo me limitaba y lo rechazaba por ser algo femenino, me negaba a verle el lado divertido o artístico. Gracias a mamá que me envió forzadamente a las clases de Ballet, eso y otras cosas han cambiado.

En un momento veo a Madame Melody rondar un par de veces en el escenario. Lleva el mismo traje de ballet que usaba en las fotos que tenía en la academia. Es de la vez que ganó una competencia de ballet amateur.

En un momento noto que ella me reconoce entre el público y me llama al escenario. Me acerco porque sería lindo intercambiar un par de palabras con ella. “Nadia, querida. Me alegra que vinieras.” Dice con una sonrisa. “También estoy feliz de encontrarnos, Madame.” Le contesto.

“Vayamos al grano.” Dice mientras pone su mano en mi hombro. “Por una falla en la organización. Estamos necesitando a alguien para abrir tanto el gran telón rojo como el telón blanco secundario. ¿Quieres hacerlo por mí?” dice sin más rodeos.

Me quedo con la mirada perdida por uno segundos recordando cuanto lloré cuando no fui seleccionado. Cuando vuelvo a mirar a Madame Melody no puedo evitarlo. “¡CLARO QUE SÍ!, ¡YO ME ENCARGO DEL TELÓN!” exclamo temblando de la emoción.

“Perfecto, querida. Avísale a tu madre y ven enseguida a los vestidores, hay que prepararte.” Dijo antes de regresar dentro del escenario. “Mike. Esta niña está en la presentación. Déjala pasar cuando vuelva.” Le indica al guardia más cercano.

Fui corriendo para avisarle a mamá. Ella me sonrió y dijo que no perdiera tiempo. “El ballet te espera.” La escuché decir antes de correr al escenario. El guardia me ayuda a pasarme la barda con cuidado. Él era bastante fuerte.

Al encontrarla, Madame Melody me toma de la mano y me lleva hasta los vestidores donde ya todas estaban con los atuendos, solo les daban unos retoques de maquillaje. Allí me quité la sudadera, dejándole ver el traje de ballet que llevaba por debajo.

“Genial. Viniste preparada. Eso nos ahorrará tiempo.” Me señaló un casillero donde dejé la sudadera, el calentador y los tenis. Entonces me pasó unos punteros rojos y un tutú rígido con lentejuelas que era doradas de un lado y rojas del otro. Me los puse enseguida y fui hasta una silla frente a los tocadores.

Allí una de las maquilladoras empezó a echarme agua con un atomizador y pasar un pañito de algodón para limpiar mi rostro. No es la primera vez que alguien me maquilla, pero sí la primera vez de forma profesional.

La mujer me aplicó sombras doradas, delineador negro y brillo labial rojo. “Estás lista.” Dijo al girar la silla, permitiéndome verme en el espejo. Me quedo sin palabras ante este lindo resultado. Una sensación cálida en mi pecho se hace presente. “Muchas Gracias, señora.”

Veo que Madame Melody me hace una seña y voy con ella. “Estamos por empezar. El telón funciona por un sistema de correderas en el marco superior del escenario. Solo tendrás que tirar de la soga dorada del centro para que se abra.” Me explica mientras avanzamos, el murmullo de la gente se hace más alto.

Un leve temblor de nervios recorre mi cuerpo al pararme en la esquina del escenario mientras Madame Melody presentaba. Todo pasa de forma extraña, se siente irreal. Puedo escuchar como ella explica algo, pero apenas noto sus palabras hasta una frase en específico “Me complace presentarles. EL CASCANUECES.” Dice por el micrófono antes de mirarme.

Suspiro hondo y salgo al centro dando un par de giros sobre mí misma. Se nota que las clases fueron excelentes, ya que no pierdo el rumbo recto hasta llegar a la soga dorada del telón. Un par de personas me aplaude por la hazaña. Entre ellas noto a mi madre, quien sonríe de orgullo mientras sostiene su cámara.

Le sonrío devuelta para enseguida tomar la soga y regreso al costado del escenario con los mismos giros, la soga serpentea sobre mi mientras el telón se abre, desvelando a las ballerinas y coristas que desempeñarían el recital. Todo el auditorio empezó a aplaudir.

Es totalmente hermoso. La elegancia se mezcla con la danza, música suave y canticos del coro. Pensar que yo podría haber sido una de las ballerinas ya no es tan frustrante. No es como fantaseaba, pero aún así se me ha permitido formar parte de esta joya de espectáculo.

Siento que quiero llorar. Algo dentro de mí me dice que no debería pues a la final, soy un chico y debería estar odiando esto. Otra parte de mí le grita a la primera que se calle. A mí también me grita, también con que no debería llorar. Eso arruinaría el maquillaje y el teatro estaba lleno de espectadores atentos a cada detalle.

Uno de los mejores momentos fue cuando Lizbeth, chica que eligieron en vez de mí, SE TROPEZÓ con un simple arabesque. ¡UN ARABESQUE! Cualquiera con la mínima práctica puede hacerlo, incluso con un traje pesado como el de soldado casca nuez.

Hice un arabesque propio al costado del escenario. El público no me vio por el muro, pero espero que Lizbeth sí. TODO el auditorio se estaba carcajeando. Incluso parte de los niños que hacían el coro se cubrieron sus bocas para que sus risas no se escucharan por los micrófonos. Por suerte Jenifer, la chica que hacía de Clara, improvisó. Danzó hasta la torpe para ayudarla a levantarse y seguir con el recital.

Ninguna nos quejamos cuando la escogieron como principal, ni siquiera las más dedicadas. Irónicamente solo Lizbeth lo hizo. Qué bueno que el recital haya demostrado cual lugar se merecía cada una.

Al terminar todos aplaudimos. Algunos lanzaron rosas y otras flores al escenario cuando cerraba el gran telón rojo. Allí en el centro una reverencia al público antes de regresar tras el telón mientras los aplausos aún rugían.

Lo que siguió fue una sesión de fotos en la que me incluyeron en las tomas generales y en una individual con Madame Melody y mamá, también otra con Olga y Jenifer. Las felicité a casi todas con un abrazo que recibieron gustosas. Algunas me susurraron que definitivamente yo merecía el lugar de ballerina y cierta torpe el del telón.

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