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-- Escrita por “Irene Naridza”
Qué fastidio. Nadie viene a la librería a esta hora los
sábados. Eso antes me tranquilizaba. Era un terror constante que algún
compañero del colegio entrara por la puerta y me reconociera con el uniforme de
la tienda. Pero ahora, con lo mucho que he cambiado en el último año, eso es
simplemente imposible.
Han pasado casi dos años desde que mi madre me obligó a ser
Nadia como segunda identidad. El castigo más largo que cualquiera podría
imaginar. Si lo pienso bien… ahora dudo que todo esto sea realmente un castigo.
Puedo entender esos meses en la academia de ballet con el uniforme de chicas.
¿Pero dos años siendo Nadia después de la escuela? ES MUY EXTRAÑO.
Algo que he notado últimamente es que… mientras mis
compañeros son altos, musculosos y ya se les ve el vello facial, yo sigo
teniendo la misma altura y complexión que hace dos años. Por no hablar de mi
pelo largo. La profesora de biología nos enseñó que cada persona se desarrolla
de forma diferente. Bueno, nos dio esa explicación después de que los idiotas
de mi clase me empujaran al baño de chicas mientras se burlaban de mi
apariencia. Al menos esa vez, las chicas no se enojaron conmigo, aunque tampoco
se sentían muy cómodas con la situación. Una dijo que cortarme el pelo me
ayudaría a evitar el acoso. ¡Qué tontería! ¿Por qué iba a ser yo quien cambiara
solo para que dejaran de acosarlas? Al final, el director, tan cobarde, solo
las suspendió dos míseros días. ¡Menuda cobarde!
Fuera del colegio tampoco es mejor. Tengo que pasar aquí en
mi único día libre, el sábado sagrado. Al menos me pagan 1600 maygels (40
dólares) por toda la jornada diaria. Un poco alto, pero justo. Nadie más quiere
usar su sábado para estar sentado por horas esperando por pocos clientes. Ni
siquiera la gerente.
Suspiro mientras veo un auto pasar lentamente tras la hilera
de árboles que delimitan la acera con la calzada. Estos a la vez son el hogar
de aves que siempre trinan durante el día y hacen sombra para las bancas de las
cafeterías que emiten un olor a café bastante agradable. La biblioteca
está muy bien ubicada, leer un libro en las bancas de afuera se sentiría como
estar en algún libro de romance adolescente. No me molestaría protagonizar una
historia así, la verdad.
Aquí se vendía todo tipo de libros. O eso se intentaba, el
formato digital en verdad que está desplazando el formato físico a pasos
agigantados. Por las bajas ventas pasamos a vender otro tipo de literatura.
Comics, mangas, historietas e incluso el periódico local. Con eso las ventas
mejoraron. A los raritos y a los ñoños les fascinan los libros de dibujitos de
chicas asiáticas.
Atenderlos a ellos es ciertamente incómodo porque me miran
de forma fija y… ¡EW! Un momento. ¿Dije EW? Bueno, no lo dije, lo pensé. ¿Qué
pasa conmigo? 2 años siendo chica a medio tiempo definitivamente está
comenzando a cambiar mi mente de maneras extrañas. Un ejemplo es este atuendo,
el uniforme de la librería. Normalmente era solo una sudadera con el logo del
lugar. Pero también estaba este. Falda celeste, camisa blanca, mallas negras y
tacones bajos oscuros. Escogí este atuendo porque quería verme linda al estar
en un puesto de atención a clientes.
Espera, ¿Qué fue eso?, ¿QUÉ PASA CONMIGO? Quería decir que
con la sudadera daba mucho calor, caso contrario con la camisa y la falda. En
verano al medio día hacía tanto calor que me quitaba las mallas, pero me las
ponía de vuelta cuando caía la tarde y la temperatura también. Afortunadamente
esa estación ya pasó. La temperatura es más fresca por el medio día y más fría
por la mañana y tarde. Yo entro a las 8:00 AM y salgo a las 7:00 PM. El otro
día vine sin las mallas porque no las encontraba. Las brisas frías me hacían
tiritar. Resultó que mamá las tomó por error. Como disculpa me regaló unos
pares para que siempre tenga un repuesto.
Como sea. Allí viene una clienta. Preparo la sonrisa cálida.
Después de meses de práctica por fin luce genuina. La mantengo antes y después
de saludarla. “Bienvenida a La Librería de
Ginger. ¿En qué te puedo ayudar?” Es
una chica de mi edad, íbamos juntos a las clases de ballet, pero nunca hablamos
mucho. “Hola, Nadia.” me devuelve el
saludo y sigue su camino hasta la sección de literatura gráfica que está cerca
de la caja. Trabajando aquí entendí que un manhua, manhwa, manga, comic e
historieta no son lo mismo. Provienen de culturas y regiones del mundo
diferentes. Lo que influye mucho en su contenido y estilo de dibujo.
La chica vuelve enseguida con un manhwa, es decir, una
historieta coreana. ‘La flor entre tú y yo’ Trata de un chico adinerado
que forma una amistad con su compañero de habitación, un chico becado que hacía
sus mejores esfuerzos por aprovechar su beca, graduarse de doctor y poder
ayudar económicamente a su familia. Pronto se dan cuenta de que hacen un buen
equipo dentro y fuera de las clases.
Ese era el tomo más reciente. Digito su código en la
computadora para realizar la factura que la chica quería sin sus datos y cobro
480 maygels (12 dólares) “Que tengas un buen
día, Lizbeth.” Digo con una sonrisa falsa mientras se va. Todavía no
le perdono que haya sido elegida en vez de mí para el recital. “Rata a dos patas, dos patas derechas. Te tropezabas en
las últimas clases e incluso casi tropiezas durante el recital. ¡Ridícula!”
Murmuro una vez se ha alejado lo suficiente. Desde hace tiempo que ya no
necesito los caramelos de miel para tener esta voz femenina. Lo cual es bueno,
comenzaba a hartarme su sabor, además que a la larga me podría haber dado
diabetes por tomarlos a cada rato.
Los largos minutos sin tener otro cliente y limpiar por
quinta vez los libreros con música de ‘Twenty Three Pilots’ hace que la
curiosidad me invade. Cuando llega la hora de descanso donde por normativa se
cierra la tienda, tomo el tomo de ‘La flor entre tú y yo’ y voy hasta la
sala de descanso.
Allí me quito los tacones. No importa que sean bajos, llega
a cansar usarlos por largas horas. De forma automática acomodo mi falda antes
de sentarme. Con cuidado abro la pegatina de la funda. Algo complicado, pero si
se hace bien, podré volver a poner el manhwa en su lugar y nadie notará nada. Finalmente
lo tengo en mis manos. En secreto empecé a leerlo ya que me aburría bastante en
las largas horas sin clientes, ahora lo sigo porque la historia es muy buena.
En la siguiente hora en la que se suponía debía almorzar, me la pasé leyendo
las 100 páginas del tomo de principio a fin.
“QUÉ DECEPCIÓN. NO PASÓ NADA
RELEVANTE.” No puedo evitar exclamar una vez termino la última
página. La alarma que me indica que el descanso terminó hace que me apresure a
dejar el tomo como estaba. Me pongo los tacones de vuelta y regreso al frente
de la tienda. Después de atender a un cliente que buscaba un libro de yoga
puedo por fin sentarme a reflexionar. “¿Cómo es
que alguien se tarda tanto para sacar algo tan corto y mediocre?” Está
bien, sé que dibujar es complicado y hacer un guion también. Pero es que el
último tomo de ‘La flor entre tú y yo’ es un trabajo tan aburrido que es
simplemente indefendible. Incluso reutilizó bocetos y temáticas que ya había
usado más de una vez.
Espera un momento. ¿Por qué me importa tanto un libro para
chicas?, ¿Porqué es que tengo ganas de matar al autor por no hacer que Derek y
Sebastián se besen de una vez? DESGRACIADO, YA VAN MÁS DE 100 CAPÍTULOS.
¿Continuará?
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