lunes, 1 de enero de 2024

CIBER TROLL - HISTORIA TG

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Escrita por: “Irene Naridza”

Imagen IA por CHAT-GPT: https://chatgpt.com/

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Link to Caption en Inglés en Deviant Art: https://www.deviantart.com/nair-tg-stories/art/CyberTroll-TG-STORY-1007264414

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----- Ciber Troll -----

-- Escrito por “Irene Naridza”

Franco no tenía nada mejor que hacer que molestar con una de sus cuentas falsas de DevianArt a creadores de contenido al azar. Le divertía mucho dejar comentarios ofensivos en cada Deviant que se le aparecía por delante, muchas veces no tenía ninguna respuesta, otras eliminaban su comentario e incluso el dueño del canal se ponía a pelear con él. Esas eran las ocasiones que más le gustaba, se le hacía una práctica divertidísima, pero para el resto era algo realmente molesto.

Un día, encontró una página que subía Captions de Historias TG, es decir, una imagen acompañada de un texto donde algún protagonista termina vistiéndose o transformándose en el sexo contrario. Ajeno a esta afición, le pareció algo totalmente tonto “que ridiculez tan mierda.” se burló en una de las Captions, como no recibió respuesta alguna siguió con su día. 

Una semana después, estaba teniendo un mal día, desde que amaneció se sintió enfermo, era como una gripe, pero sin los fastidiosos problemas nasales u orales. Eso no lo detuvo de molestar en internet. No duró mucho tiempo, la sensación de fiebre y escalofríos empeoró, por lo que decidió dormirse de una vez, esperando a despertar mejor.

Al despertarse sintió extraño, se movió para intentar sentirse un poco más cómodo, pero a pesar de intentarlo, sus músculos no le hicieron caso. Abrió los ojos y no pudo reconocer dónde estaba. No podía mover su cabeza, pero ese techo definitivamente no era de su habitación, en vez de madera, el tumbado era de cemento negro, miró a los alrededores, alguna luz blanca provenía de algún sitio.

“¿Pero… ¿qué?” Intentó hablar, pero ya no tenía cuerdas bucales. Entró en pánico, sin poder moverse, sin poder hacer sonido alguno, encerrado en la celda que ahora era su cuerpo. Entonces, escuchó un susurro venir de algún lado, comenzó a mover sus ojos en busca del sonido, pero ya no le respondía.

De repente sintió gotas de agua caer sobre su rostro, un rápido vistazo lo hizo descubrir que venían del tumbado. Estaba por apartar la vista cuando notó que lentamente aparecían grumos, uno cada vez más grande que el otro. Aún con la poca iluminación, pudo distinguir como si comenzasen a formar una sonrisa torcida.

Su corazón se aceleró al ver que los grumos cobraban vida y un ser con aspecto de larva comenzó a descender. A pesar de sus latidos, los crujidos del cuerpo del monstruo penetraban sus oídos hasta apuñalar sus nervios. Se posó frente a sus ojos y el muchacho pudo ver a la bestia. Varios cráneos humanos sobresalían por su grisácea piel, atravesando músculos secos. 

Sus fauces se abrieron dejando escapar un nauseabundo olor. Una hilera de dientes torcidos resplandeció con la poca luz que había, atrapados entre estos, había carne en descomposición de sus anteriores presas.

En sus adentros, el joven gritó con horror, pero nadie — ni siquiera él — pudo oírlo. La bestia no lo atacó, retrocedió al escuchar una voz que la llamó. “Hey, seré yo quien decidirá su suerte. Cuando termine con él, podrás devorar las sobras.” Una mujer delgada, se acercó sin tocar el suelo. Al verla, el joven sintió como si el corazón estuviera por salirsele del tórax. Ella tenía canas, mejillas hundidas y verrugas secas, pero conservaba cierta belleza en su rostro y figura. Ella lo miró de arriba abajo sin decir una palabra.

Con un movimiento rápido de su mano, enterró sus delgados y largos dedos en el pecho del joven, el aire se le escapó de los pulmones. Sin hacer mucha presión, llegó más profundo y con otro movimiento rápido, levantó su mano. Sostenía el corazón aún latiente de Franco. Las venas y válvulas permanecían conectadas, pero tan estiradas que advertían romperse en cualquier momento.

Con una sonrisa, ella se lo acercó a la boca y le dio una mordida. Sangre escurrió por sus labios, la cual lamió al instante siguiente. “Valla, eres… diferente.” Dijo sorprendida. Devolvió el órgano en su lugar. “Hermana, atrás, tendrás que esperar un poco más.” le ordenó a la bestia, la cual pareció molestarse. “…tendrás sus sobras, déjame trabajar.”

La mujer realizó otro movimiento y el lugar donde Franco estaba recostado se levantó hasta quedar en un ángulo inclinado. Mirándolo de reojo, presionó su mandíbula, forzándola a abrirse. Sus uñas puntiagudas pellizcaron su lengua, Franco solo pudo gemir mientras ella empezaba a tirar con fuerza. Un sonido de desgarro seguido de su boca siendo inundada por un líquido rojo precedió a su lengua entera siendo arrancada.

Franco torció para escupir la sangre que empezaba a ahogarlo, empapando su mandíbula, sensación que no notó por el dolor que lo hacía emitir sonidos casi animales. La mujer sonrió mientras examinaba la lengua. Mientras la sangre aún goteaba, se lo comió. En un momento, ella habló y Franco reconoció la voz, era su voz. 

Ella comenzó a hablarle frases e insultos fuera de lugar, él no podía entender la razón de ellos, solo quería desaparecer. “que ridiculez tan mierda.” Tardó en procesar esa frase extremadamente familiar, entonces lo entendió. Sus ojos delataban su descubrimiento.

La mujer se tocó la garganta y volvió a hablar, esta vez con su propia voz. “Sabes, tengo más edad que cualquier cosa que hayas visto, excepto la Tierra.” Estaba molesta. “Sin embargo, aunque soy adulta, no suelo tolerar comentarios de gente con odio.” Se acercó más al joven. “Mucho más si son hombres patéticos.” Hizo una mueca que mostraba que le repugnaba. 

“Hubiese dejado que alguna de mis hermanas te destrozase, te disecara para conservarte o te devorase, pero cambié de opinión al probar tu corazón.” Señaló el pecho que aún tenía aquella grieta abierta con el blanco de los huesos asomando y el corazón latiendo en el fondo. “Eres diferente… tu alma, es peculiar… la quiero para mí. Será otro de mis trofeos.” Se notaba un frenesí enfermo. “Pero antes, tengo que… arreglarte.” 

Franco quería arrancarse las orejas, sacarse los ojos, ya no quería estar allí. El dolor en su cuerpo y el miedo ya lo habían dejado casi sin cordura cuando en cualquier caso humano ya lo hubiera fulminado. La muerte no estaba viniendo por él. Ahora esperaba con pavor lo que esa mujer le fuese a hacer.

Ella recitó unos versos, parecían un manojo de palabras con letras desordenadas. Entonces, Franco sintió como su cuerpo cambiaba. Sus huesos y músculos se movían, sentía que se hacía más pequeño y parte de su piel se caía, sobre esta crecía otra nueva de inmediato, mechones de cabello hirviendo cayeron sobre su rostro quemándole los ojos. 

Si hubiese tenido voz, Franco hubiera rogado por la muerte, ahora sentía la suma de los peores dolores. Un olor a carne quemada fue reemplazado con el inconfundible hedor a fibra plástica chamuscada. Su ropa se comenzó a derretir sobre él, formando una nueva. 

Después de una transformación tan cruenta, la mujer realizó otro movimiento y Franco recuperó el control de su cuerpo, este abrió su boca para dejar escapar un grito y desahogar su dolor, pero un sonido ahogado fue todo lo que salió. Se retorció en el suelo, presionando sus dedos sobre su torso en un abrazo a sí mismo que empezaba a lastimar su nueva piel.

Después de lo que parecieron horas, se puso de rodillas, se acomodó el nuevo cabello. Este era castaño y tenía pequeños rizos. Intentó examinar su cuerpo, preocupado por lo que ella le había hecho. Su cuerpo era ahora uno femenino; más delgado y bajito que su yo masculino.

Su ropa era una camisa una talla más pequeña, unos pantaloncillos de mezclilla bastante cortos le apretaba sus caderas. Tenía nuevos atributos sexuales, pero era lo menos que le importaba, quería salir de allí, huir de esa mujer. Con terror escuchó como ella volvía a recitar otro verso, un brillo blanco que inundó la habitación lo segó. 

Cerró los ojos por un buen rato y los abrió lentamente cuando notó detrás de sus párpados que el brillo había disminuido. Ahora estaba en un lugar abandonado, un edificio que era de una gran corporación que quebró y todo lo perdió. Miró al frente y, entre los árboles, la mujer lo acechaba con ojos rojos.

Franco notó algo áspero en su muñeca, una manilla. “Angelin.” Estaba escrito en letras violetas. A su mente vinieron los recuerdos, las historias de aquella página que insultó. Las imágenes de esas chicas, todas tenían ese mismo nombre en algún lugar de su atuendo, como si fuera la marca que un niño dejara en sus juguetes. Levantó su cabeza y los ojos de dicha mujer observó. 

Ella movió una de sus manos y el cuerpo de Franco se movió contra su voluntad. “vieja… bruja” con su último intento de insulto, su voluntad se agotó. En cambio, la mujer a carcajadas reía mientras sus colmillos esbozaban. “Querida, veo que descubriste mi don.”

La bruja recitó un último verso y una luz lo cegó nuevamente. Franco no pestañeo, aún sentía su cuerpo, pero por más esfuerzo, este no se movía. Blanco, era lo que veía, los segundos pasaron, se hicieron minutos, horas y hasta días. Su cuerpo le dolía y los ojos le ardían. 

De repente escuchó un susurro, que se hacía cada vez más fuerte hasta sonar como un grito. Allí pudo entender lo que decía, era un lenguaje soez. El ruido lastimaba sus tímpanos, solo entonces se detuvo. 

Franco volvió a desear la muerte, pero no importaba lo que pensase, le pertenecía a la bruja, solo ella podría librarlo de su sufrimiento, pero era algo que ella no le concedería. Un nuevo susurro apareció, varios de ellos, como si alguien estuviera leyendo algo. Era una historia, lo mencionaba en situaciones vergonzosas. 

La bruja lo había encerrado en una de sus Captions y lo estaba exhibiendo con orgullo, era su trofeo. 

Franco sintió vergüenza antes de que sintiera como los gritos le desgarraban los tímpanos. 

Esta historia se repetía una y otra vez, solo siendo interrumpidas por todos los comentarios vulgares que había escrito alguna vez en línea.

Franco no perdía la conciencia, no podía hacer nada, era un ciclo sin fin de dolor, vergüenza y desesperación.

FIN

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---- Si por allí encuentran alguna falta de ortografía, por favor, háganmelo saber ----

 

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--------------- Opinión de la Autora ---------------

·         Una vez un hater se puso a insultar en los comentarios. No sé si me afecto mucho, pero sí me dejo muy enojada. No solo eso, también me dejó creativa, tanto como para crear esta historia.

·         Intentaré hacer de oídos sordos al próximo muspo que venga a molestar. Pero no voy a borrarlo, que todos se enteren de su actitud.

 

------------------------------------ GRACIAS POR VER ------------------------------------


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