lunes, 13 de abril de 2026

PETERNIDAD RECHAZADA - BORRADOR HISTORIA TG

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Escrita por: “Irene Naridza”

IMAGEN IA HECHA POR: Proximamente...

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Margot era una mujer de 45 años, casada, con un trabajo estable como secretaria de su esposo en una empresa de seguros de automóviles. Tenía una casa bonita y amplia que había logrado comprar junto a Ernest tras años de trabajo en equipo.

Tenía todo lo que muchos tenían, pero ella sentía que le faltaba algo; una hija. Desde hace un par de años que sentía que le faltaba compañía, había algo en ella que la hacía sentir cierta envidia cuando miraba a las otras parejas pasear con sus hijos por el parque.

Se lo hubiera comentado a su esposo, Ernest, pero en los últimos años se había vuelto muy gruñon. Ya no quería dar paseos junto a ella, siempre era algo; hacía mucho sol, estaba nublado, prefería quedarse en casa viendo el fútbol o simplemente no quería en ese momento.

Eso no era lo único, se había vuelto poco colaborativo. Cuando había recolectas de dinero para algún necesitado en su trabajo, él nunca aportaba. Decía que su dinero lo ganaba él y solo lo gastaría en él. Cuando Margot proponía hacer un viaje, si no era a un lugar donde Ernest quería ir, no pagaría ni un solo centavo de ese viaje.

Ernest también hacía planes con los que Margot no coincidía, como ir a partidos sin invitarla a menos que ella pagara su entrada, salir de pesca con sus amigos, diciendo que era reunión de hombres y que ella no estaba invitada. Esas y otras actitudes empezaban a convencer a Margot que Ernest ya no era el hombre galán y caballeroso del que se enamoró en su juventud.

Todo se rompió cuando fue la fecha de su aniversario. Margot quería ir a comer en un restaurante con vista al lago frente a la ciudad. Las luces de los edificios pintaban de colores sus cristalinas aguas mientras reflejaba también el rosa del cielo al atardecer en la primavera.

Ernest dijo que no, prefería hacer algo más calmado como… comer pizza mientras veían una película que a ambos les gustaba. Margot le propuso de nuevo la idea, ofreciéndo a pagar toda la cena de sushi, el plato favorito de Ernest. “Ya te dije que no, mujer.” dijo alzando la voz. “Ya te dije lo que haría, si no te gusta ya vete a dormir.” Exclamó esto último sin siquiera mirarla.

Margot fingió compostura. “Saldré con amigas.” dijo con una voz que empezaba a quebrarse. “Cuidate.” dijo Ernest sin quitar su mirada del televisor donde se transmitía una película de acción y romance. Era la película favorita de ambos, pero ella no quería quedarse a verla.

Salió de casa y se subió en su sedán. Arrancó el auto con algunas lágrimas en sus ojos, algunas que tuvo que limpiarse para poder ver el camino al conducir. Al llegar al bar donde sabía que encontraría a sus amigas a esa hora, se soltó a llorar. Ellas la consolaron de inmediato.

“Es un grosero y un patán.” dijo al usar una séptima servilleta para secar sus lágrimas. “Es egoísta y tacaño… ya no es el hombre de quién me enamoré.” agregó entre llanto que hacía sus palabras inaudibles para quien estuviera a más de un metro de ella. 

“Cuando nos graduamos de la universidad. Allí en la tarima, él me levantó tomándome de la cintura. Me prometió que creceríamos juntos, tendríamos una casa, un perro y unos hermosos hijos juntos.” rompió a sollozar nuevamente. Una de sus amigas tenía su mano en su hombro. “Ni siquiera tenemos perro porque dijo que no quería estar limpiando popo.” volvió a sollozar. Una de sus amigas le acercó una jarra de cerveza, que bebió rápidamente.

“Ya no te valora, ya no te merece.” dijo una de sus amigas. “Lo mejor es divorciarse a ver si le va mejor solo.” agregó con despreció. Margot asintió. “Desde hace mucho que ya no me ama, solo esperaba que volviera a ser amable y cariñoso.” dijo calmandose al secarse las lágrimas nuevamente. “Nunca esperes a que un hombre cambié.” dijo su otra amiga. “Son como una llanta reventada, no vale la pena parcharla porque volverá a reventarse. Lo mejor es desecharla y cambiarla por una nueva.” las tres asintieron ante esa idea.

Estuvieron charlando por unas horas más sobre cómo los hombres tenía por naturaleza ser infieles o lastres a menos que se los tuviera muy ‘entrenados’, las tres brindaron por la soltería antes de tener que retirarse por lo avanzada de la noche. Margot decidió quedarse ya que le gustaba los nachos que servían en aquel bar. Pidió su tercer orden y comió con celeridad la bandeja con chiles, queso derretido, crema y nachos recién ordenados.

El bar no estaba vació en absoluto, había un montón de gente ahogando sus penas o dándose un descanso de esa larga semana. Margot no notó en ningun momento que habia una mujer vestida completamente de negro que habia estado mirandola fijamente por toda esa noche.

 

Margot escuchó el rechinar de la silla y el sonido de unas uñas golpear la mesa de donde estaba sentada. “Escuche que has tenido un desamor recientemente.” aquella mujer fue muy directa sobre lo que quería hablar. Margot estaba tan dolida que no le pareció mala idea contarle sobre su situación amorosa a la desconocida.

“... y es por eso que lo he decidido, me divorciaré.” terminó de poner al tanto a la desconocida de todo. “Me lastima oirlo.” dijo ella. “Pero aún tienes un problema.” la desconocida tomó una cereza del tazón frente a ella, clavó una de sus largas uñas para tomarla y llevarse a los labios. 

“¿Problema?” Margot hablaba con la boca llena, pero se le entendió. “Sí. Los divorcios son procesos largos y desgastantes. Económica y emocionalmente. Tienes que ver a quien considerabas tu alma gemela luchas con uñas y dientes por quedarse con todo lo que alguna vez compartieron.” Margot dejó caer su mirada y suspiró. “Sí, he escuchado sobre eso.” sus labios se torcieron al recordar esa conversación. “El inhumano del ex-esposo de mi amiga estaba más preocupado por llevarse el Cadillac que por tener la custodia compartida de sus propios hijos.” quiso volver a llorar.

“Ningún hombre tiene corazón.” puso una mano en su hombro. “Ninguna mujer debería sentir eso.” agregó. “Tú no tienes que pasar por eso y conozco de una forma para que no lo hagas.” susurró la mujer desconocida.

“¿De qué…de qué hablas?” Margo extrañada, dejó de comer. “Conozco a una mujer, vive en las afueras, cerca del bosque. Muchas dicen que es una bruja, no se si eso será verdad. Pero estoy segura de qué garantiza resultados.” Le acercó una tarjeta que Margot no recordaba haber visto que esa mujer llevara.

Margot no la tomó, la leyó desde donde estaba. “YERBATERA LILITH” decia un título en blanco en un fondo negro como la oscuridad misma. “616 ROAD - ROE AVENUE” decía con el mismo color blanco más abajo, pero con letra más pequeña y del mismo tamaño al final de la tarjeta estaba un número telefónico. “242038”

“¿Qué…qué es esto?” Margot levantó la mirada, pero frente a ella ahora había una silla vacía. “Eh… oye…” giró su cabeza en todas direcciones, pero no vió a ninguna mujer con la misma vestimenta negra y piel pálida de aquella mujer extraña con la que estaba hablando justo hace unos instantes. “Ya estoy borracha.” pensó para sí-misma.

Consideró que ya había tomado suficiente, decidió dejar su auto estacionado fuera y llamar un taxi para que la llevara a casa. Dejar los autos estacionados era permitido en clientes que ya estaban muy mareados y solos, pero se les cobraba un tarifado. Mientras llegaba a casa, pensó que era mejor a intentar conducir y arriesgarse a multas o incluso tener un accidente.

Le pagó al taxista con un billete mayor al precio del viaje. “Quédese con el cambio.” dijo antes de bajarse y caminar hacia su casa. Notó que todas las luces ya estaban apagadas. Al acostarse, esperó que su esposo la abrazara, justo como lo hacía antes. Él no lo hizo, solo roncó ruidosamente, ella apenas pudo dormir.

 

Margot se levantó muy tarde, pero sin ese dolor de cabeza que venía con el chuchaqui. Después de una ducha, bajó a la cocina. Su esposo no estaba por ninguna parte y tampoco había desayuno preparado. Ella se preparó para ella misma unos huevos revueltos, recordando como ella siempre preparaba comida para ambos sin importar su humor. Lo pensó con esfuerzo, pero no pudo recordar una ocasión reciente en que él le agradeciera una sola vez por ello.

Recordó que había dejado su auto en el bar. Tomó un taxi y volvió al bar donde vió una cadena entre los postes de metal donde estaba su sedán. Fue con un cantinero, pagó el tarifado y pidió un café para llevar. Mientras esperaba por su pedido en un banco en la barra, escuchó a un par de meseros susurrar. “Es esa mujer que ayer estaba hablando sola.” Margot se reviró en dirección a esas voces, encontrando a dos hombres que al notar su mirada volvieron enseguida a su labor de limpiar las mesas.

En menos de 5 minutos otro mesero llegó con su mocachino y la llave de los candados que bloqueaban la cadena. Le dió una propina y se subió a su auto, estaba por arrancar e irse pero al mirar el retrovisor para salir, allí estaba esa tarjeta negra. Cualquier letargo y somnolencia que quedaba en su cuerpo se escurrió.

Se bajó del auto casi de un brinco. Caminó alrededor de este mirando hacia dentro, no había nadie. Incluso abrió el maletero, pero allí solo estaba el extintor, llave, triángulos de emergencia e incluso una vieja maleta que solía usar para viajar.

Volvió a entrar al bar y preguntó si alguien había tocado su auto. Uno de los empleados dijo que no, ella insistió un poco por lo que le mostró en cámara rápida una repetición de las grabaciones de la cámara de seguridad del estacionamiento. Gente pasaba junto a su auto, algunos tambaleando, algunos recargándose en él para charlar pero nadie entró en él.

“Disculpe las molestias.” Margot salió avergonzada, pero tenía otras preocupaciones en ese momento. Al volver a su sedán, la tarjeta seguía allí. Así que la tomó, la información era la misma que recordaba de aquella noche. “YERBATERA LILITH. 616 ROAD - ROE AVENUE. 242038” Pensó que probablemente entró en su auto antes de subir a taxi, no había otra explicación lógica. Finalmente dejó la tarjeta en la bandeja tras el freno de mano y salió del estacionamiento. 

Mientras escuchaba música de Alejandra Guzmán por la radio mientras conducía de vuelta a casa. Le dió un sorbo a su café y pensó en lo que haría ese día. Era sábado, un perfecto día para dedicarlo al ocio con su esposo, sonaba perfecto en su mente, hasta que recordó que él había hecho sus propios planes y salido a quien sabe donde sin decirle nada.

Al esperar en un semáforo, pensaba en como un proceso de divorcio sacudiría todo lo que había construido durante esos años. La idea dejaba de ser favorable, pensó en simplemente seguir ignorando la situación y tolerar la actitud de Ernest. No era lo opción con más dignidad, pero sí era la más pacífica.

El sonido de risas llamó su atención. Por el paso cebra caminaban una pareja con su hija. La niña iba de la mano de su padre, ella le hablaba sobre cómo era la mejor de su clase. La madre de la niña le decía lo orgullosa que estaba de ella.

Cuando el semáforo se puso en verde, la familia ya se había alejado y con ella esas risas. Incluso la música había dejado de sonar, Margot estaba en silencio en su auto, con la mirada perdida. El sonido del pito del auto que esperaba tras ella la hizo reaccionar.

Miró hacia el retrovisor antes de ponerse en marcha, pero no se fijó en aquel auto. Su rostro con arrugas le era un recuerdo de que su edad no paraba de aumentar y que el tiempo estaba jugando en su contra. No había lugar a dudas, consideraba que, si quería ser mamá, el tiempo no la ayudaría. Ernest no quería, un divorcio, encontrar una nueva pareja y formar una familia estable con él para tener una familia tomaría muchos años que ya no podía desperdiciar.

Suspiró nuevamente, una lágrima empezó a rodar por su mejilla izquierda. Volvió a ver el retrovisor para comprobar si el auto seguía tras ella. Allí en el espejo, estaba nuevamente la tarjeta. Giró su cabeza hacia la bandeja, allí ya no había nada. Al volver a ver hacia delante, vió que se estaba desviando del caminó. Enderezó el volante, las llantas levantaron polvo y tierra al cambiar su dirección de forma tan repentina.

Afortunadamente, ya no había auto alguno tras ella, por lo que Margot se permitió frenar a un lado del camino. Miró aquella tarjeta de nuevo, sacudió su cabeza varias veces, no estaba soñando y imaginandoselo. La tarjeta se había movido sola. 

Lentamente, acercó su mano y la tomó. “...Muchas dicen que es una bruja, no se si eso será verdad…” La voz de esa mujer extraña vestida de negro resonó entre sus recuerdos. Margot volvió a sacudir la cabeza. “Es el estrés, no se conforma con agregarme arrugas.” pensó antes de bajar su ventanilla con la palanca. Estaba lista para desechar la tarjeta cuando otro recuerdo irrumpió en su mente. “...estoy segura de qué garantiza resultados” su mano se detuvo.

Margot volvió a mirar la dirección, no quedaba muy lejos de donde estaba. Había una gran posibilidad de que solo fuese una charlatana que vendiera agua con flores, pero era un sábado y nadie la esperaba en casa. “No hace daño ir a dar un vistazo.” se puso en marcha el auto y llegó rápidamente al siguiente cruce. “Además, un paseo tampoco queda tan mal.” murmuró al virar hacia la izquierda. 

 

Recorrió la autopista ‘ROE AVENE’ hasta llegar a una salida hacia un camino secundario que se adentraba al bosque. La sombra de los altos  árboles del bosque le hacían una intermitente sombra al adentrarse en aquel camino. “Kilómetro 610” murmuró al ver el letrero de color verde y señalres fosforecentes. Pudo ver un par de aves volando entre los árboles e incluso un venado vagando a lo lejos entre los árboles.

“Kilómetro 616” había llegado al kilómetro que buscaba. Buscó algún signo de que alguien siquiera viviera allí, no tardó en encontrar una entrada para vehículos unos metros más adelante. Bajo la velocidad y pudo ver que el camino llevaba hacia una casa de madera negra y aspecto muy antiguo. 

El aspecto de la casa y lo solitario del lugar la hizo arrepentirse de haber venido. Pensó que llegar allí ya era una aventura suficientemente interesante como para contarla a sus amigas. Dió vuelta usando esa misma entrada, estaba lista para irse, pero entonces, su auto se apagó. El motor no rechinó, el auto no dio la típica sacudida al apagar el auto por no controlar bien las marchas. De un momento a otro, este se paró, la radió se silenció y el motor se detuvo sin hacer el mínimo ruido o movimiento.

Giró la llave repetidamente, pero no había reacción alguna. Le pareció extraño, pero ese no le pareció el lugar más adecuado para pensar en teorías raras. “Debe ser una de esas fallas de fabrica.” se dijo a sí-misma. Tomó su celular para llamar a una grúa, pero al levantar la tapa, la pequeña pantalla no se iluminó. “¿Pero qué?”

Las palabras escaparon de sus labios. Aplastó el botón de encendido, pensando que se había apagado por error, pero este no reaccionó de ninguna forma. Había visto decenas de películas con amigos o incluso Ernest cuando él aún era amoroso. Sabía que; auto averiado, teléfono inservible, camino en medio de la nada, chica solitaria. Era la suma para una película de terror donde nada bonito le esperaba a la damisela en apuros.

Intentó mantener la calma. “Esto no es más que un par de coincidencias.” se dijo a sí-misma. Volvió a estudiar su entorno. El camino pese a ser secundario y estar en lo profundo del bosque, estaba pavimentado y no se veía descuidado. La casa tenebrosa junto a ella, se veía vieja pero cuidada. No había telarañas y las ventanas eran cristalinas. El metal del buzón de correo al costado de la entrada relucía con los rayos del sol. Caminar no era una opción, eran más de 10 kilómetros hasta llegar a una carretera perimetral donde pasaban pocos autos.

“Les pediré prestado el teléfono a quien sea que viva allí.” Margo se decidió. Salió del auto y comenzó a caminar hacia aquella casa. Las aves trinaban a lo lejos. El crujir de los guijarros de grava bajo el peso de sus pasos sonaba rítmicamente. 

Mientras tarareaba junto a este, noto que no había cable alguno saliendo ni entrando hacia la casa. Se reviró y miró hacia el camino, había tendido electrico y telefonico. Pero ninguno de sus cables se dirigía a la casa. Margot ignoró las múltiples implicaciones que tenía eso, sólo pudo desear que al menos dentro hubiera un teléfono satelital.

Allí sobre la entrada había un letrero. “YERBATERA LILITH” leyó las palabras talladas en madera. “Bueno, al menos comprobé que existe.” murmuró antes de subir las gradas del porche de la casa. Estas no hicieron ningún ruido como se lo imaginaba. Levantó su manó para llamar a la puerta, pero antes de que su puño tocara, la puerta se abrió.

“Bienvenida, Margot.” dijo una mujer bastante mayor. Tenía cabello blanco descuidado y una nariz torcida. “¿En qué puedo ayudarte?” agregó con una voz risueña que contrastaba con su aspecto. 

 

Margot se quedó inmovil, sin saber que hacer. “C…com…ust…” sus palabras chocaban en su lengua. “¿Cómo sabe mi nombre?” hizo un esfuerzo para vocalizar. “Conozco muchas cosas.” dijo la mujer. “Sé que buscas algo y tal vez pueda ayudarte.” dio un paso a un lado, dando vía libre delante de la puerta. “Pasa.” invitó.

Margot quería salir corriendo, incluso gritando, pero recordó que era una adulta y que reaccionar como si fuera una niña pequeña la haría ver ridícula. Suspiró y decidió pasar. “Gracias… solo necesito un teléfono.” Margot entró, encontrándose una sala con estanterías llenas de frascos de colores con etiquetas de un papel de aspecto grueso y amarillento donde había escrito con letra elegante nombres extraños.

“Hay un teléfono justo allí.” señaló la señora. Margot tomó el tubo, estaba por presionar los botones, pero entonces recordó. “(No hay cables)” recordó. Acercó la oreja a la bocina, pero había silencio total. “(Por supuesto, no funciona. Ni siquiera debe haber electricidad en esta casa.)” pensó algo irritada.

“Disculpe.” se reviró. “Tiene algún teléfono que funcione.” fingió una sonrisa. “Ese de allí fusiona.” dijo la anciana señalando el teléfono que sostenía Margot. “Pero es solo para clientes.” volvió a poner su atención en el libro viejo en el que escribía.

“Hum…” Margot no sabía qué decirle. Su primera idea fue gritarle algo, pero procuró mantener la calma. Pensó en explicarle que su auto se había descompuesto y que no quería hacer otra cosa que salir de allí lo antes posible. Pensó en la comodidad de su casa que ya extrañaba y entonces.. Recordó a Ernest. Aquel hombre que ya no la amaba estaría allí también.

Recordar la situación de su matrimonio en plena mediana edad la hizo desanimarse. De repente ya no tenía urgencia por volver. “¿Ya tienes pensado en lo que necesitas?” dijo la anciana, rompiendo el silenció en la sala. Margot la miró y rindiéndose a la situación, asintió.

“¿Tiene alguna pócima para el amor?” preguntó sin sarcasmo. “De todo tipo.” sonrió la anciana. Dejó la pluma junto a su cuaderno y buscó con su mirada entre los estantes cercanos. “Oh, allí.” señaló con su delgado dedo. Se levantó de su silla y… por un momento parecía que creía, entonces el dobladillo del vestido que llevaba asomo y con este las puntas de sus zapatos.

La anciana se movió a través del aire hasta la estantería que señaló, tomó una botella de líquido morado que estaba en lo más alto. Su cuello se giró antinaturalmente hacia Margot. “Esta de aquí es perfecta para reavivar las llamas de un amor que se apaga.” esta vez, al aire silbó entre sus palabras. Margot no se movió, ni siquiera parpadeó mientras miraba a la anciana esbozar una sonrisa.

 

Margot no dijo nada, el ruidoso latir de su corazón y el sudor de su frente hablaron por ella. La bruja se acercó hacia ella, aun moviéndose en el aire. “No tengas miedo, querida.” dijo mientras ponía su mano en su mejilla. Margot sintió esa arrugada mano demasiado fría, su textura no era la de una mano humana, se sentía quebradiza y seca.

“No pienso hacerle daño a una hermana. Las mujeres estamos para ayudarnos después de todo.” aseguró. “Tal vez mis ademanes puedan provocarte miedo, pero es algo momentáneo.” la anciana le miraba a los ojos. “Se que tienes otro miedo, uno más fuerte que no se irá cuando partas de regreso a casa. Es tu esposo.” la anciana no quitó la sonrisa de sus labios rojos. Estaba lo suficientemente cerca como para que Margot notara que no era labial.

“Creaste tu vida junto a él, pero ahora, él siente que ya no te necesita. Es tan terco que no le importará volver a la austeridad de la vida solitaria y en su egoísmo, te arrastrará a ti también a ese punto de partida donde te dejará a tu suerte.” los latidos de Margot fueron menguando, no porque ya no tuviera miedo. Estaba aterrada, pero supo que la anciana extraña tenía razón.

La anciana se alejó sin apartar su vista. “Entonces, querida. No me digas lo que quieres, dime lo que necesitas.” Margot se quedó en silenció. Un rechinar cercano la obligó a mirar hacia la puerta, se había abierto. “Si te sientes indispuesta, eres libre de marcharte.” Miró a la bruja que esperaba pacientemente en medio del aire. 

Lo supo entonces; esa era una situación de la que, sí salía, no se  volvería a repetir. Miró por largos segundos hacia las estanterías llenas de pócimas. Volvió su mirada a la bruja, pero sin miedo en sus ojos. “Necesito tener una hija.” habló con una tranquilidad que incluso a ella la sorprendió. “La hija de mis sueños.”

“Es algo noble.” habló la bruja. “Pero debo advertirte, tus deseos se tropiezan con los límites de la magia.” flotó hacia un estante cercano donde habia libros con lomos de cuero negro. Escogió uno y pasó rápidamente sus páginas hasta encontrar una. “Aquí.” señaló al hacer mover el libro el aire en dirección a Margot. Ella pudo ver el dibujo hecho a mano de una figura humana, habían texto y notas rodeando la figura, pero estaban en un idioma extraño.

“Una persona como la que tu deseas, necesita un alma. Si no será una marioneta a tamaño real demasiado compleja.” explicó. “Además, los seres sin alma no son muy amigables con otros seres vivos.” advirtió.

“¿Puedes crear un alma?” preguntó Margot, mirando a la bruja por esima de aquel libro antiguo. “Oh, querida. Todo en este mundo tiene sus límites, incluso la magia.” cantó la anciana. “El alma es como la energía. No se crea ni se destruye, se transforma.” hizo un movimiento con sus dedos que hizo que las páginas pasaran hasta otra página. Allí había otro dibujo de una silueta humana en el extremo de un símbolo de infinito, al otro lado había una silueta humana, pero esta vez, femenina. 

“Para obtener un alma para nuevas funciones, necesito otra alma ya existente.” recitó la bruja. “Un alma puede tener cualquier edad terrenal, pero una vez el cuerpo es destruido, está lista para tomar el cuerpo de cualquier persona, de cualquier edad, sexo, raza o cualquier otra particularidad dentro el diverso abanico de lo que el humano puede ser.” concluyó.

Margot volvió a quedarse en silencio mirando aquellas escrituras. Entonces volvió a mirar a la bruja. “¿Qué propones entonces?” habló sin miedo. “Esa es una de las preguntas correctas, querida.” respondió la bruja. 

“A lo largo de mi vida, he recibido varios pedidos peculiares. El deseo humano siempre quiere algo que se ajuste a sus deseos específicos.” se acercó a una de las estanterías. “Hace muchos años, una mujer desesperada vino a mí con una situación parecida a la tuya, pero ella no tardó en especificar lo que quería.” pasó su delgado dedo sobre la etiqueta de una de las pociones. El nombre que tenía escrito cambió y el color del brebaje con ella. 

“Al igual que todas mis pociones, conserve la receta y… no son pocas las que han querido una reproducción de esta en específico.” se acercó con una pequeña botellita que cabía fácilmente dentro del puño casi esquelético de la bruja. Contenía un líquido de un color rosado pálido que recordaba el típico color estilo que le facinaria a toda niña pequeña.

“¿Qué es lo que hace?” preguntó Margot, casi hipnotizada por el relucir del brebaje dentro del pulcro cristal. “Puede transformar a cualquier persona en una niña pequeña que reconocerá  cariñosamente como madre a quien le haya dado el brebaje a dicha persona. Para el resto del mundo, ella siempre había existido y esa persona, será recordada por poco tiempo y nadie la extrañará.” explicó, haciendo que el mundo entero desapareciera de la atención de Margot.

Sus ojos seguían con precisión a dicha botellita, no pudo evitar levantar la mano para tocarla. El cristal estaba frío, no tanto como las manos de la bruja. Era una temperatura ambiente fresca. Por un momento sintió que estaba soñando o que era todo una mentira. El sudor de su frente secándose le recordó que estaba despierta y la anciana que estaba suspendida en el aire dentro de una casa vieja en medio de la nada le recordó que ya todo era posible, al menos allí.

“¿Cuál es su precio?” preguntó Margot. “Oh, querida. Otra pregunta correcta.” felicitó la bruja. “Debes sentirte afortunada. No atiendo a cualquier persona, solo a mujeres. Tampoco atiendo a cualquier mujer, solo a un grupo selecto que sé que necesitan mis servicios.” aseguró ella. “Esta posición, para tí, tiene también un precio especial.” agregó mirando fijamente a los ojos de Margot con una sonrisa que hizo un crujido al extenderse de forma antinatural, dejando ver dientes chuecos y un paladar seco.

Margot se quedó sin aire… los latidos de su corazón volvieron a acelerarse. Temía que ya supiera la respuesta. “Es…¿mi alma?” las palabras salieron con esfuerzo. 

 

La bruja rió con carcajadas secas que recordaban a la tos de una persona que se ahogaba. “No soy un demonio, querida. No puedo hacer tratos a cambio de almas.” continuó con su risa. “A menos que queramos que una parda de cuervos nos devore en cuero y alma por romper las reglas; Las brujas tenemos que conformarnos con ofrendas humanas, esclavos de cuál absorber su vida hasta que nos aburramos.” explicó causándole un escalofrío a Margot.

“Sin embargo…” dejó de reír. “Eso ya me aburre.” aseguró. “Desde hace mucho tiempo que decidí ser una bruja independiente fuera de mi clan natal… me tope que fuera de su seguridad, tengo que hacer muchas cosas por mi cuenta.” Miró con nostalgia hacia un cuadro donde había un grupo de mujeres con vestimentas de los años 50s.

“Ahora cobro con dinero.” volvió a mirar a aquella mujer. “Esa posición que cumplirá el sueño de tu vida, te costará 50 mil dólares.” Margot sintió que le estaban haciendo una mala broma. Una absurda y sin sentido. Frunció el ceño demasiado que la bruja pudo notar su confusión. “Eres la primera que parece no agradarle que le cobre con dinero y no con sangre.” comentó.

Margot no habló, lo pensó. Todo parecía demasiado extraño. “Para qué necesitas dinero si tienes magia.” preguntó aún arrugando el rostro. “Es lo que yo me pregunté. Fuera de los clanes de mis hermanas en belcebú, no podemos hacer todo lo que queramos solo porque sí. Hay demasiadas reglas.” explicó decepcionada. “Por suerte, encontré una forma de moverme entre ellas sin llamar demasiado la atención.” agregó, esperando a Margot decidir.

“50 mil dólares… es mucho dinero…” Margot habló. “...pero puedo conseguirlo…” agregó. “La empresa donde trabajamos, tiene asegurado a cada empleado y a sus parejas. Si Ernest desaparece… y jamás vuelve… me darán una compensación." Miró finalmente a la bruja. “Además, podré heredar todo lo que construimos juntos, todo lo que ahora él quiere destruir.” estaba convencida de cada palabra.

“Entonces… será un pagaré.” sugirió la bruja. “No sería la primera vez que recibo uno, no es la primera vez que consigo mi pago dentro del plazo, pero tampoco la primera vez que no me cumplen y…” la bruja se acercó a una pequeña estatuilla de una mujer hecha de madera. Pasó su larga y puntiaguda lengua a lo largo de esta. Un grito ahogado sonó muy bajo, pero Margot pudo oírlo desde donde estaba. “Tengo que cobrar el pagaré.” la bruja no le quitaba la vista a la estatuilla.

“Pensé que no cobrabas con almas.” Margaret se puso nerviosa. “Y no lo hago.” respondió rápidamente. “Es que… hay más de una forma de entretenerse con la vida y cuerpo de una persona. Pueden ser tus esclavos o…” presionó su larga uña en la estatuilla y pasó su dedo, tallando la madera mientras otro grito lejano agonizaba. “Ser literalmente juguetes.” le entretenía lo que hacía.

“Entonces…¿tenemos un trato?” preguntó Margot. La bruja giró hacia ella y la miró incrédula. “Se suponía que yo debía decir eso.” aún sonriendo, abrió un cajón de su escritorio y sacó una cartilla anillada donde empezó a rellenar un pequeño formulario. “Firma este pagaré y tendremos un trato.” prometió.

Margot sintió algo en su mano, de repente tenía una pluma. Esta era de color blanca, era de un material duro. No la miró por mucho, caminó decidida hacia el escritorio de la bruja. En aquel documento había información simple; la fecha, el lugar, su nombre, el de la bruja y un pequeño texto que establecía que ella se comprometía a pagar el monto acordado o el efecto de la posición desaparecida y su vida le pertenecería a Lilith por el tiempo que esta quisiera.

Sin dudarlo, firmó con su apellido de soltera. La pluma rasgó el papel rugoso con tinta roja. La pequeña obra de arte de la caligrafía selló el trato. La bruja dió una carcajada antes de arrancar de la cartilla el documento y enrollarlo. Se inclinó hacia atrás y abrió su mandíbula lo máximo humanamente posible. Tras un crujido, sus mejillas se estiraron hasta enrojecerse, dejando ver las líneas de las fibras musculares.

Decenas de voces susurraron al otro lado de aquella oscuridad en el agurejo de su garganta, una pequeña mano poco desarrollada y cubierta con un líquido espeso y rojo se tambaleó fuera y tomó el pequeño pergamino y volvió a la oscuridad. Lilith cerró su boca en medio de crujidos ruidosos que devolvieron sus labios a esa sonrisa antinatural.

“Es un trato, Margot.” estiró su mano para estrecharla como mera cordialidad. Margot correspondió el gesto y al bajar su mano, estaba allí. La botellita relucía en todo su esplendor. Margot sonrió y por primera vez en mucho tiempo, sintió auténtica felicidad.

Tras una corta despedida, salió de aquella casa. Su auto la esperaba justo al terminar las escaleras con la puerta abierta y el motor en marcha. Margot subió y puso la botellita en uno de los portavasos que ahora tenía un artilugio de madera tallada donde encajaba perfectamente. 

Su celular sonó, tenía la batería llena y señal completa. Miró la notificación en la pequeña pantalla, era un mensaje de Ernest. Margot no levantó la tapa para leerlo, ya tenía su plan. Lo que ahora haría, era emprender el camino de regreso a casa.

 

Esa misma noche, Ernest regresó de su día con amigos haciendo mucho ruido. Miró a Margot cocinar en la cocina tarareando una canción. No la salió con un beso como lo hacía tras casarse, tampoco le dio un abrazo como había acostumbrado tras dejar los besos. “Ya volví.” dijo al pasarla de largo.

Abrió la nevera buscando una lata de cerveza, pero no encontró ninguna, en su lugar había una única botella de una ‘Crown’, era una cerveza de calidad que le gustaba beber, pero no siempre podía permitirse. “¿Qué pasó con la cerveza, mujer?” ni siquiera dijo su nombre, eso fue una punzada para Margot, pero ya no dolía.

“Seguramente te las terminaste.” respondió ella. “Guardé esa para cerrar con broche de oro nuestra cena de aniversario, pero desde que decidiste no celebrarlo, la puse junto a la leche.” no se giró a verlo, se mantenía atenta a lo que cocinaba.

“Vaya, mujer…” dijo al tomar la botella. “Te daré gustó.” abrió la chapa usando su anillo. “Salud por nuestro aniversario.” levantó la botella y dió un profundo sorbo. Su garganta se movió mientras bebía con celeridad. Al bajarla, quedaba la mitad de su contenido. “Uf, debiste guardarla en la hielera, casi echas a perder su sabor.” Movió su lengua sintiendo al extraño, pero como estaba casi ebrio, no fue suficiente como para rechazar la botella. 

Tomó una vaso cercano y empezó a llenarlo con lo que quedaba, se la ofreció a Margot. “No gracias. Nunca fue lo mío.” rechazó ella. “Soy más del vino.” agregó mientras terminaba de agregar los ingredientes y ponía la tapa sobre la olla. “Más para mí.” Ernest no tardó en llevarse el vaso a los labios y vaciarlo de un solo sorbo. Dejó el vaso en la mesa y arrojó la botella al cesto de la basura antes de ir a la sala donde encendió el televisor.

Margot sonrió, estaba hecho. Fue hasta una repisa donde tenía una botella de vino ya abierta y se sirvió un poco del rojizo contenido en una copa. Desde allí miró hasta donde estaba sentado Ernest, esperando a ver la magia.

Ernest empezó a toser repentinamente. Intentó aclararse la garganta, pero la tos no respondía. “Diablos” exclamó con esfuerzo. Intentó levantarse, pero sus rodillas temblaron, cediendo a los pocos pasos. Margot dió un sorbo de su vino, al ver que todo el cuerpo de Ernest comenzaba a temblar. “Que… que has hecho…mujer” gritó antes que su garganta se cerrara finalmente. “Lo que yo merezco.” respondió Margot.

Todo el cuerpo de Ernest se puso morado, se retorció mientras su piel empezaba a hundirse. Jadeos aparecieron cuando sus brazos y piernas se contorsionaban en posiciones imposibles, levantandolo del suelo a ratos para dejarlo caer al siguiente. Un gemido era lo único que podía emitir mientras abrió sus ojos tanto que parecía que se saldrían de sus cuentas.

Margot dió otro sorbo de su copa antes de acercarse a Ernest. Este la vió por el rabillo de sus ojos, entonces, su abdomen se hundió, el aire salió ululando por sus labios. El crujir de huesos y desgarro de músculos resonaron cuando parte de su fémur retrocedió dentro de su cuerpo. Su húmero izquierdo fue el siguiente en meterse dentro de su cuerpo. Ernest ya no podía hacer sonido alguno, solo abrir sus labios y girar sus ojos hasta que estaban completamente blancos.

Pronto sus extremidades estaban dentro de su cuerpo. Otro crujido se escuchó cuando la cara de Ernest se hundió por el pómulo. Una cacofonía de crujidos terminó con el rostro deformado en una masa de huesos sobresaliendo y carne expuesta. 

El tornos que ahora era el cuerpo de Ernest dejó de moverse erráticamente y comenzó a expandirse y retraerse. La ropa comenzó a disolverse formando un montículo carnoso que causaría arcadas a cualquiera. El sonido de la carne y los músculos presionando entre sí era asqueroso. Margot dió un largo sorbo de su copa para poder tolerarlo.

Los crujidos volvieron a sonar, esta vez, una mano más delgada salió por al agujero en el hombro de aquella masa de carne y huesos. Otra apareció en el lado contrario, lentamente fueron saliendo, dejando ver su piel delicada y dedos pequeños. Cuando los pies asomaron, tenían el mismo aspecto.

Margot miró con atención como de la carne empezaba a salir pedazos de tela blanca, poco a poco esta estuvo en todos lados hasta que formó una prenda; un camisón blanco sin mancha alguna. Aquella cabeza desfigurada empezó a tomar forma nuevamente.

Margot dejó de lado su copa al notar como cientos de cabellos empezaron a crecer y las facciones de un rostro femenino empezaban a notarse. Un suspiro que no era el suyo rompió el ambiente. 

Allí frente a ella, ahora estaba una pequeña niña dormida. Margot miró su rostro y no pudo contener las lágrimas, se parecía a ella. Con cuidado, la levantó entre sus brazos. “Hola, Erin.” dijo con su voz quebradiza. “Te llevaré a tu cama para que descanses.” 

Subió las escaleras con su hija en brazos, no tuvo tiempo para fijarse en las fotos donde salía con su familia de tres en momentos felices, como en paseos al zoológico o la playa. Ella siguió adelante, con mucho cuidado de no moverse bruscamente y despertarla.

Al llegar al pasillo vió una puerta blanca decorada con mariposas y flamencos. Un letrero tenía escrito con letras de madera rosadas el nombre de la niña. Margot no tuvo problemas en abrirla y entrar al cuarto pintado de colores pasteles. Caminó hasta la cama donde sabanas esponjosas con motivo de princesas esperan a la consentida de la casa.

Margot arropó a su hija con cuidado. “Dulces sueños, Erin.” le dió un beso en la frente antes de volver entre sus pasos. No hacía ruido al caminar gracias al suelo alfombrado. Miró uno de los armarios blancos entreabiertos que dejaban ver los coloridos vestidos en su interior. Miró también el escritorio donde había un cuaderno de dibujo y lápices de colores.  Encendió una linterna de noche junto al interruptor de luz y cerró suavemente la puerta.

 

 

El sol brillaba y las aves cantaban fuera de la ventana de la pequeña Erin. Un reloj en forma de perrito dálmata empezó a emitir fuertes pero tiernos ladridos cuando marcó las siete de la mañana. Somnolienta, Erin se despertó y presionó el botón para detener el escándalo. Miró hacia los posters de ponis y unicornios que había pegados en su pared, pero apenas pudo sonreír.

Al cabo bajó a la cocina donde le esperaba un plato de tostada, jugo de naranja y huevos con tocino. “Buenos días, cariño.” exclamó Margot al revirarse. “Buenos días mamá.” respondió ella al subir a la silla que era un poco alta. El plato preparado frente a ella invitaba a empezar el día con el pie derecho. Empezó a comer con aparente tranquilidad.

“Ayer vi unas hermosas faldas en un local cerca del parque que tanto te gusta.” Margot empezó con una conversación. “Ya que estás próxima a empezar las clases nuevamente, supuse que era buena idea comprarte ropa nueva.” Terminó de prepararse su propia porción de tocino y se sentó a la mesa. Allí pudo notar la tristeza en el rostro de su hija, supo exactamente por qué.

“La casa… volvió a ser muy silenciosa sin todos esos policías merodeando por aquí.” dijo Erin en voz baja. “Ellos… ¿lograron encontrar alguna pista…de papá?” miró con ojos cristalinos a su madre. “Cariño… lo siento.” Margo se levantó y fue a abrazar a su hija. La niña también la rodeó con sus pequeños brazos y rompió a llorar. 

Margot se quedó allí, consolándola hasta que Erin desahogó toda su pena. “Papá… esté donde esté… te estará cuidando.” dijo Margot. “El siempre estará orgulloso de tí.” agregó mientras le secaba las lágrimas a su hija. “Nunca lo olvides cariño.” la miró a los ojos. “Nunca lo haré… nunca lo olvidaré.” dijo su Erin.

Volvieron a comer, esta vez hablando de cómo Erin se sentía emocionada por volver a la escuela e impresionar a todos con sus dibujos. “Eres una gran artista, cariño.” dijo Margot mientras se reviraba a ver uno de sus dibujos, este había sido colgado en la puerta del refrigerador con ayuda de unos imanes. Era un dibujo juntas donde Margot estaba señalada como la heroína de Erin. 

Después del desayuno, fueron hasta la cochera donde Erin subió en la parte trasera de un sedán reluciente. Margot abrió la puerta, notando que había recibido una carta en su buzón. “Dame un segundo.” le dijo a su hija, quien asintió.

Margot caminó hasta el buzón y lo abrió. Dentro había un sobre hecho de papel viejo y un sello de cera con una runa extraña. La abrió sin mucho cuidado y leyó la carta que contenía. “Querida Margot, espero esta carta te encuentre con salud y alegría. Te escribo para notificarte que recibí correctamente el cheque con el pago acordado. No tiene que preocuparse porque alguien lo rastree o haga más preguntas de las necesarias. Tengo mis métodos para ahuyentar a los curiosos y las narices entrometidas.” Margo respiró muy aliviada antes de seguir leyendo.

“Fue un gusto haber hecho tratos contigo. Espero que de aquí en más, tengas una vida llena de gozo junto a tu hija, Erin. Hacen una bonita familia juntas, les deseo todo lo mejor. Atentamente, Lilith.” la carta terminaba con la firma de aquella bruja que la había ayudado. Dobló la carta y la ocultó en su bolso antes de volver al auto con su hija. 

Fueron rumbo a la mencionada tienda de ropa. En el camino Erin se entretenía viendo las aves volar entre los árboles del bosque cercano. “Ya no tengo esas pesadillas.” lo repentino de su comentario rompió con la calma.

“Esos sueños, en los que te veía triste y donde era un monstruo.” agregó. Margot supo mantener la compostura y sacar una sonrisa tenue. “Me alegra oírlo.” respondió. “La psicóloga dijo que era una sugestión por la desaparición de papá.” le recordó. “No puedes procesar todo eso, que tu gente te jugó una mala pasada con escenarios donde él estaba nuevamente presente.” concluyó sin dejar de ver el camino.

“Antes de despertar, soñé con que eras muy joven. Estabas igual que en esa foto tu graduación de la universidad.” explicó ella. “Esta vez, era una heroína, porque decía tu futuro.” Margot miró por el retrovisor a su hija. “¿Cual era mi futuro?” su hija le devolvió la sonrisa. “Que tendrías una casa bonita y una familia feliz con una hija hermosa.” dijo entre risas.

“Ese es mi presente.” respondió Margot, con sus ojos empezando a humedecerse. “No todavía, nos faltaría un perrito.” dijo la niña emocionada. “¿Quisieras que tengamos una mascota?” preguntó Margot. “Sería genial.” chilló Erin. “Conseguiremos una, cariño.” prometió. 

“Muchas gracias, eres la mejor mamá del mundo.” esas palabras hicieron que Margot derramara una lágrima. “Y tu eres la mejor hija del mundo, Erin.” respondió sonriendo.



FIN

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--------------- Opinión de la Autora ---------------

Todavía falta de pulir detalles de la historia y faltas ortográficas,

pero espero esto les interese al menos al publico de habla hispana... o angloparlantes con traducor.


------------------------------------ GRACIAS POR VER ------------------------------------

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