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Escrita por: “Irene Naridza”
IMAGEN IA HECHA POR CHA-GPT: https://chatgpt.com/
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A Mike le gustaba usar ropa de chica desde muy joven. Siempre pensó que esos deseos que se sentían como una necesidad se irían con el tiempo, no ocurrió.
Lo que sí se terminó yendo fue la gente de su vecindario. Era una zona rural, no estaba nada mal y no le faltaba ningún servicio básico. Y eso también era el problema. Tenía lo básico, pero no lo que la gente moderna quería; la gran ciudad y sus maravillas.
No eran meros caprichos. Tener tu fuente de trabajo, servicios de emergencias, centros de ocio o al menos repartidores cerca de tu hogar era algo que cualquiera desearía y muchos daban por sentado. Fue así como uno a uno, se fueron mudando y las calles se hicieron más silenciosas de lo que ya eran.
Incluso la hermana de Mike se fue cuando se casó. Él lo hubiera hecho si no fuera porque tenía un trabajo remoto donde solo necesitaba su computadora con internet.
Lo segundo que le cayó bien fue que su hermana dejara mucha ropa suya en su antigua habitación. Sus padres acordaron que seguiría siendo su habitación para cuando viniera de visita. Mike había tomado la llave, le había sacado una copia y devuelto la original antes de que nadie lo notara, asegurando así acceso a un armario generosamente lleno.
Lo tercero que le cayó de maravilla, fue que ahora el vecindario era casi un pueblo fantasma. Él podía vestirse enteramente como chica y dar un paseo por sus calles sin tener miedo a que alguien lo reconociera.
Sus padres trabajaban en la ciudad, de lunes a viernes regresaban ya cuando atardecía y en los fines de semana pasaban todo el día en casa, pero toda la noche divirtiéndose en sus clubs de póker de gente mayor.
La primera vez, salió en medio de la noche de un sábado, agregando el manto oscuro nocturno a su camuflaje. Solo caminó en círculos frente a su casa, escuchando como el chasquido de sus tacones hacían un eco ruidoso en la calle. Se arrepintió de no ponerse algún par de las decenas de mallas que tenía a disposición. Volvió dentro después de estornudar tras recibir varias brisas heladas de la noche. Eso fue lo que le hizo perder el miedo.
Ahora, siempre que estaba solo en casa durante su trabajo remoto, se ponía algún conjunto. Por reformas de la ley, era prohibido exigir cámaras encendidas, no tenía nada que temer en ese aspecto.
Cuando llegaba su hora de descanso, daba un corto paseo por el jardín trasero, donde comía su almuerzo. Cuando llegaba su hora de salida a las 16:00 PM, aún tendría una hora para sí mismo antes que sus padres volvieran. Era cuando daba sus largas caminatas.
Este era uno de esos días. Usaba tacones negros, mallas negras hechas de un nylon algo rígido pero que reflejaba la luz directa. Una falda marrón rígida que llegaba hasta sus muslos, una blusa negra de mangas largas tubo. Usaba también un sujetador y calcetines para imitar formas de senos, ponérselo era una de sus rutinas matutinas.
Salió de su casa y recibió directamente la briza fría vespertina. Esta vez, el uso de esas mallas gruesas le aseguraba mantener cierta protección cálida en sus piernas. Ya no necesitaba dar un profundo suspiro para reunir fuerzas, simplemente sonreía y bajaba las escaleras de cemento hasta la calle y decidía qué ruta tomaría. Se había vuelto muy confiado, tal vez demasiado.
Ya se había acostumbrado a que sus tacones hicieran ruido. El viento soplando por las calles era el único otro ruido que lo acompañaba. Viera a donde viera, veía casas con letreros que las declaraban en venta.
Antaño era un vecindario lleno de vida, pero también lleno de ojos inquisidores que no veían bien los gustos que estuvieran fuera de la norma. Esa fue otra de las razones por las que Mike no había intentado mudarse.
Él no quería ir donde estaba la gente. No quería tentar a la suerte comprobando si eran prejuiciosos o de mente abierta. No había garantías de no ganarse burlas o estigma social. Pero allí, la gente brillaba por su ausencia, y Mike prefería ese tipo de brillo. Todo un vecindario por el cual pasear sin preocupaciones.
El viento volvió a soplar, acariciando y moviendo su cabello largo. Veía el cielo azul pálido mientras sentía la tela rígida de la falda rozando sus muslos con suavidad. La caricia de las mangas tubo que sentía a cada que movía sus brazos le recordaban que estaban allí. Todo un momento de paz sin nadie más que lo juzgase. No pudo evitar emitir una risita.
La incomodidad ocasionada por la fatiga tras usar tacones todo el día era lo que le indicaba que era hora de volver a casa. Miró por última vez a un conjunto de casas vacías que tenían un bosque tras de sí. Dio media vuelta y se dirigió a casa.
Tarareó una canción que sincronizó con el chasquido de sus pasos. Acercó su muñeca a su rostro para consultar la hora en su reloj inteligente. Eran las 16:43, su paseo había tenido una duración adecuada. Un par de minutos más tarde, la silueta de su casa no tardó en aparecer.
Justo en el umbral, palpó su falda, en busca de los ajustados bolsillos donde había puesto sus llaves, pero se encontró con el plano tacto de la tela revisara donde revisara. El escalofrío que sintió fue más helado que cualquier briza. Se dio cuenta, se había confiado y se había descuidado.
Esa era una falda sin bolsillos, ya las había usado antes, llevando su celular y sus llaves en la mano. Esa tarde no notó que había dejado ambos sobre su escritorio antes de salir.
No había árboles altos ni fuertes cerca, no había ventanas laterales en el primer piso, el camino hasta el patio trasero estaba bloqueado por una puerta de metal, los muros eran muy lisos, las ventanas frontales estaban con seguro y no podía hacerle nada a esa puerta de vidrio. Hasta ahora, nunca había maldecido la extraña forma de caja de zapatos que tenía su casa.
Mike estaba sentado en las gradas de cemento, se había quitado los tacones y los había acomodado junto a él. Acercó su muñeca a su rostro por quinta vez, pero el tiempo parecía haberse ralentizado. Seguían siendo las 17:27 y sus padres todavía no volvían a casa. Eso no era un alivio, era una agobiante tortura.
Solo podía esperar la larga espera mientras buscaba la mejor forma de explicarles a sus padres sobre su gusto por la ropa femenina.
FIN
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