domingo, 19 de abril de 2026

ARETES DE ROSAS - LA NIÑA DE MAMÁ - HISTORIA TG

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 ----- La Niña de Mamá – Parte 10: Brillos en las Orejas -----

-- Escrito por “Irene Naridza”

Los hábitos son algo que se planta muy fuerte en las mentes de las personas. Mi memoria muscular está tan acostumbrada que hoy llegué, me duché y me alisté con mi traje de ballet. Estaba de camino a la parada de autobús cuando recordé que ya habían terminado las clases. Regresé rápidamente usando el camino trasero, como siempre, estaba solitario. 

Ahora que ya no tengo que ir a clases de ballet, las cosas se sienten extrañas. Esas tardes de martes y jueves de entrenamientos en el salón de Madame Melody, charlando con Olga y Jennifer… ya no están, ahora solo tardes solitarias en casa.

Para no perder la costumbre ni elasticidad, me puse a practicar un par de movimientos y estiramientos en mi habitación. Afortunadamente, esa grabadora vieja de mamá aún funciona. Allí reproduce un disco con música de danza para ballet que Madame Melody nos dio al principio de la academia.

Estuve ahí por una hora, lo que solían durar las clases, entonces. estuve nuevamente en silencio. Entonces busqué mi celular, era de mi madre, me lo regaló para mantenernos comunicados y porque se había comprado uno de esos nuevos celulares que son solo pantalla que reacciona cuando la tocas.

Este es uno rosado con teclas blancas, pareciera que tuviera pocos botones, pero es de esos que se deslizan. Al hacerlo, revela el teclado de números con letras. El chip es de prepago, por lo que no puedo endeudarme por llamadas ni por accidente. Tampoco es como si pudiera llamar a mucha gente.

Hace mucho, mientras comíamos en la cafetería de un parque cercano al estudio de Madame Melody, entre todas las chicas de su clase compartimos nuestros números. Esa fue una tarde agradable. Lamentablemente, el calor del recuerdo no dura mucho. Marqué el número de Olga, pero no contestó, intenté con el de Jenifer, pero tampoco contestó. Tienen que estar muy ocupadas. Resignado, pasé el resto de la tarde mirando televisión

Cuando volvió mamá, ella estaba muy sonriente. Ese brillo inusual ya lo conocía, tendría una cita esta noche. Había traído un paquete de comida congelada para microondas. Me dijo que comiera y que no me preocupara por ella. Era un plato de pollo, arroz y verduras. Lo comí en la sala viendo televisión.

Cuando subí hacía mi habitación, ella tenía la puerta de su dormitorio abierta. Ella ya tenía su mejor vestido y estaba terminando de maquillarse en su tocador. Le dio un beso volado a su propio reflejo antes de buscar algo en esa cajita de su joyero. De él sacó unos aretes de diminutas cadenas doradas de donde colgaban esferas blancas que brillaban.

“Te ves muy bonita, mami.” le dije, porque, en verdad estaba muy deslumbrante y lista para su cita. Ella me miró por el reflejo del espejo. “Gracias, Nadia, eres un amor.” un calor invadió mi corazón. 

“¿Qué te parecen mis aretes?” preguntó ella, aun viéndome por el reflejo. “Son lindos.” desvió mi mirada al suelo alfombrado. “Me gusta cómo se ven.” agregó al devolver mi vista hacia ella y notó que tenía una mirada inusual. Es la que pone mientras fórmula algún plan creativo en su cabeza, la he visto poner antes cuando me ayuda a hacer maquetas del colegio.

“Tienes buen gusto” Ella se pone de pie y toma su bolso. Me aparto de la puerta para que pueda pasar, allí ella se agacha y me da un beso en la frente. “No te duermas tarde, cariño.” yo asiento, sintiendo el brillo labial que había dejado en mi frente.

Por la ventana de mi cuarto puedo ver como sale en el auto compacto y se aleja. Como prometí, no me quedé despierto mucho más.

El viernes fue como cualquier otro, clases aburridas, clases tediosas, literatura y el estorbo de Darwin. Tenía un pendiente de calavera, decía que se lo hizo él mismo. Se paseó por toda la escuela con una actitud de rudo y repitiendo; “Mira mi pendiente.” fue un alivio que llegara la hora de salida antes de que intentara mostrármelo.

Aprovechando que es viernes y me bajo un par de paradas antes de la que me deja en mi vecindario, así puedo dar un paseo.

Al llegar a casa, mi mamá ya estaba allí. La clínica privada donde trabaja no siempre le da el mismo horario, a veces la hace trabajar poco y a veces mamá solo llega a ducharse y decirme que no haga nada tonto mientras ella no está. Hoy era de esos días.

“Nadie, por fin llegas.” ella estaba sentada en la sala viendo algo en su celular. Noto que, junto a ella, hay una bolsa pequeña de plástico. “Te traje algo.” dijo antes de poner el dispositivo en su bolsillo y tomar la bolsa. 

No es usual que me diera un regalo, parecía ser algo interesante. Me acerqué para verlo. Ella sacó de la bolsa una caja en miniatura de color rojo, al tocarla noto que es de eso que mamá llama terciopelo sintético.

Cuando lo abre, este lo hace como si fuera un baúl, dentro había un par de aretes de rosas. tenían un capullo floreciente de color rosado, la aguja era de color dorado, al igual que una pequeña bolita que era atravesada por estos.

“¿Qué te parecen?” dice ella. “Están lindos… pero…” murmuró. “pero… no son de imán… no puedo usarlos.” levanto mi mirada hacia mi madre, quien no parece desalentada en absoluto. “Tengo la solución a ello, querida.” cierra la cajita con cuidado y me toma de la mano. “Vamos a agujerearte los oídos. ¿Qué te parece?” Cuando me doy cuenta, estamos subiendo las gradas hasta su habitación.

Allí ella me sienta frente a su tocador y va hasta su armario de donde no le toma mucho tiempo encontrar una botellita pequeña y un artefacto extraño de color blanco. Con esto será rápido y no te dolerá.

“Mamá… no estoy seguro de esto…” no tardo en decir y la verdad quisiera decirle que no porque los chicos no usamos aretes, pero en eso recuerdo todo esto de Nadia, el ballet y que en este momento estoy usando mallas. Ese argumento sería redundante. Es más, siento que incluso estaría fuera de lugar.

“No… no me dolerá… ¿verdad?” mamá conseguirá que los use de todas formas, quiero evitarle molestias ideando planes para convencerme y a mí el tedio de tener que rechazarlos todos. Es aceptar lo inevitable.

“Para nada.” responde ella. “Este de aquí es un anestésico.” mostró el frasquito de antes, tiene un nombre impronunciable en letras azules. “Sabes. En la clínica donde trabajo tiene una farmacia propia.” Dijo al asentarlo en el tocador, entonces abre un cajón de dónde saca un cotonete nuevo de un frasco plástico.

“Esta tiene su propio consultorio para cuando un paciente necesita ayuda para administrarse insulina o alguna medicina que acabase de comprar.” Empezó a mojar uno de los extremos algodonados con el líquido del frasco. “También, a veces llegan padres que quieren ponerles aretes a sus hijas. Es cuando usamos esto.” levantó el cotonete listo.

“Entumece la zona donde haremos la perforación.” Ella se agachó y empezó a frotar el algodón en el lóbulo de mi oreja. La humedad y la suavidad del cotonete me hacen cosquillas, incluso me muevo un poco. “Espera un momento, ya casi está.” dice ella al alcanzar de nuevo mi oreja y terminar de aplicar el fármaco. entonces camina hacia mi izquierda y repite el proceso.

No pasa mucho tiempo hasta que siento que comienza a hacer efecto, mis orejas se sienten ajenas. Ella entonces toma esa especie de pistola pequeña de color blanco. “Esto de aquí es una perforadora.” la muestra. 

Tiene un mango con un gatillo negro, la parte superior tiene una forma cilíndrica y un espacio antes de la punta. Ella aprieta el gatillo para dejarme ver cómo del lado largo salía un pistón empujando una especie de micro soporte hasta presionar con el del otro extremo. “Con esto se hace la perforación y se colocan los aretes al mismo tiempo y en tan solo un segundo.” 

Deja el artilugio sobre el tocador antes de buscar en otro de sus cajones. Saca un atomizador que contenía alcohol desinfectante. Entonces toma la cajita de los aretes y los saca con cuidado antes de rociarlos un poco. “Hay que procurar que todo esté bien esterilizado.” Dijo antes de tomar la perforadora y colocar con precisión el arete en un lado y el broche en el otro.

“Bien, ¿estás lista?” pregunta mientras sostiene la perforadora en alto. “Claro, mamá.” respondo. Ella asiente y vuelve a agacharse, acerca la perforadora hasta que mi oreja queda en aquella abertura. “3… 2… 1…” escucho que aprieta ese gatillo, hay una presión en mi oreja al mismo tiempo que escuchó en primera final un chasquido. “Listo este lado.” 

Tenía razón, no sentí nada de dolor, lo que sí siento es que ahora mi oreja derecha es más pesada. Noto enseguida esa figura rosada en mi oreja en mi reflejo. “3… 2… 1…” no me di cuenta de cuándo caminó hacia mi otro lado. Esta vez escuché el chasquido antes de la presión en mi oreja. “Todo listo.” dijo mi madre antes de caminar hacia detrás de mí.

“¿Te gusta el resultado?” susurró a mi oído mientras veo mi reflejo. Destacando enseguida e incluso destellando un poco al recibir la luz, están esas rosas. Brillan un poco, no puedo dejar de mirarlas. Le dan un aspecto completamente a mis orejas, llevó las yemas de mis dedos y puedo sentir el frío material del que están hechos… me gustan.

“Sí… son… hermosos.” respondo mientras los muevo juguetonamente, mi oreja se siente extraña mientras lo hago. “Excelente pequeña.” dice mamá mientras me da un beso en la mejilla. “Oh, y no los toques tanto. Puede aflojarlos o hacerte daño.” aconseja ella mientras empieza a guardar todo. “Cuando vuelvas a sentir tus orejas, tal vez sientas un poco de dolor, pero es normal.” dice mientras giro mi cabeza y me acerco al espejo para verlos mejor. 

Como todas las cosas nuevas y femeninas que mamá me hace usar, estás tiene algo hipnótico en ellas, siento que no puedo dejar de mirarlas y siento que tampoco puedo dejar de sentirlas, aunque en teoría el anestésico hizo que no sienta nada.

No sé porque, pero a mi mente vienen los recuerdos de Darwin pavoneándose con su pendiente feo que… “Ay no…” dejo escapar a mis labios. “Mamá… esto será difícil de explicar en el colegio.” no puedo creerlo. ¿Por qué no pensé en eso antes? “¿Cómo me los saco por cierto?” intentó aflojar el broche, pero este está sólido en su sitio

“Este modelo es especial, se afloja con un imán.” busca por última vez en un cajón y saca un pequeño objeto alargado con aros en los costados, parece un pedazo de metal. Lo acerca a la parte de atrás de mi oreja. “Tienes que pasar la aguja en medio del aro y acercarla levemente.” Vuelvo a escuchar otro chasquido antes de sentir que la presión se aflojaba.

Mamá me muestra la palma de su mano donde ahora estaba el arete. “¿Lo ves? es muy fácil.” dice antes de volver a colocármelo. Un chasquido y la presión vuelve. “De vuelta a su sitio.” sonríe y pone el imán en mi mano. “Ponlo en tu llavero, así no lo pierdes.” me mira en el espejo. 

“Por higiene, en los siguientes días solo quítatelos para ducharte, dormir o si es estrictamente necesario.” aconseja. “Así no pescarás una infección mientras cicatriza el agujero y se hace permanente.” siento la presión de sus manos en mis hombros.

Esa última palabra ‘permanente’ hace que mi corazón de un vuelco. La ropa y el peinado puede cambiarse con facilidad, pero esto… esto ya no se irá. Comienzo a arrepentirme hasta que veo en el espejo nuestro reflejo. Parece una de esas fotos de ella y la abuela que hay en el álbum familia. Su sonrisa orgullosa hace que este nuevo problema tedioso valga la pena.

“Mamá. Si tengo que llevarlos a la escuela ¿Cómo los oculto?” pregunto porque la idea de usar capucha no serviría por mucho tiempo. “Eso también es muy fácil.” Ella toma un cepillo cercano y comienza a moldear mi cabello, en un par de pasadas, acomoda mi cabello de forma que cubre mis orejas y los aretes. “¿Ves? Como si no estuvieran allí.”

Giro mi cabeza de lado a lado, desaparecieron… pero quedaba un problema… Ese no era precisamente el peinado más masculino, pero bueno, yo tampoco lo soy. “Gracias, mamá.” digo mientras tomó el cepillo. Será mejor que aprenda a hacer este peinado, pues algo me dice que el hábito de usar aretes llegó para quedarse.

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